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jueves, 17 de enero de 2013

ÉDOUARD GLISSANT [9120]




Édouard Glissant (Sainte-Marie, Martinica, 21 de septiembre de 1928 – París, 3 de febrero de 2011) fue un poeta, narrador y ensayista antillano de nacionalidad francesa.

Creador de las teorías de la Relación y de la créolisation, así como de los conceptos de antillanidad y Todo-Mundo, su pensamiento poético buscó desmontar los resortes de la esclavitud y del colonialismo, fomentando la solidaridad de los pueblos y el respeto a la diversidad, lo que complementó con un intenso activismo cultural. Debido a ello, era una de las figuras caribeñas más influyentes, gozando de un reconocimiento creciente tanto en Francia como a nivel mundial. Era "distinguished professor" de literatura francesa en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y dirigía el Institut du Tout-Monde, fundado por iniciativa suya en París el año 2007.

Publicaciones

Traducciones al castellano

ENSAYO

Introducción a una poética de lo diverso. Trads. Pérez Bueno y Luis Cayo. Barcelona: Del Bronce, 2002.
Faulkner, Mississippi. Trad. de Matilde París. Madrid: Turner / FCE, 2002.
Sol de la conciencia (1956). Madrid: El Cobre, 2004.
El discurso antillano (1981). Trad. de Aura Marina Boadas y Amelia Hernández. Caracas: Monte Ávila, 2005.
Tratado del todo-mundo. Trad. de María Teresa Gallego Urrutia. Barcelona: El Cobre, 2006.

Poesía

Fastos y otros poemas. Nancy Morejón (selección y traducción). La Habana: Casa de las Américas, 2002.

NOVELA

El lagarto. La Habana: Arte y Literatura, 1980.
El lagarto. Trad. de M. Christine Chazelle y Jaime del Palacio. Barcelona: Del Bronce, 2001.

Originales en francés

Ensayo

Soleil de la conscience. (1956) (Poétique I) Reedición, París: Gallimard.
Le Discours antillais. (1981) París: Gallimard, 1997 (texto modificado de su tesis de doctorado).
Poétique de la relation. (Poétique III). París: Gallimard, 1990.
Discours de Glendon Suivi d'une bibliographie des écrits d'Edouard Glissant établie par Alain Baudot. Toronto: Ed. du GREF, 1990.
Introduction à une poétique du divers. (1995) París: Gallimard, 1996.
Faulkner, Mississippi. París: Stock, 1996; París: Gallimard (folio), 1998.
Traité du Tout-Monde. (Poétique IV). París: Gallimard, 1997.
La Cohée du Lamentin. (Poétique V). París: Gallimard, 2005.
Une nouvelle région du monde. (Esthétique I). París: Gallimard, 2006.
Mémoires des esclavages (avec un avant-propos de Dominique de Villepin). París: Gallimard, 2007.
Quand les murs tombent. L'identité nationale hors-la-loi ? (avec Patrick Chamoiseau). París: Galaade, 2007.
La Terre magnétique : les errances de Rapa Nui, l'île de Pâques (avec Sylvie Séma). París: Seuil, 2007. Miquel Barceló, Collection Lambert, 2007 (ISBN 978-2913893122).
L'intraitable beauté du monde. Adresse à Barack Obama (avec Patrick Chamoiseau). París: Galaade, 2009.
Philosophie de la relation. París: Gallimard, 2009.

Poesía

La Terre inquiète. Lithographies de Wilfredo Lam. París: Éditions du Dragon, 1955.
Le Sel Noir. París: Seuil, 1960.
Les Indes, un champ d'îles, La Terre inquiète. París: Seuil, 1965.
L'Intention poétique. (Poétique II) (1969). Reedición, París: Gallimard, 1997.
Boises; histoire naturelle d'une aridité. Fort-de-France: Acoma, 1979.
Le Sel noir; Le Sang rivé; Boises. París: Gallimard, 1983.
Pays rêvé, pays réel. París: Seuil, 1985.
Fastes. Toronto: Ed. du GREF, 1991.
Poèmes complets. (Le Sang rivé; Un Champ d'îles; La Terre inquiète; Les Indes; Le Sel noir; Boises; Pays rêvé, pays réel; Fastes; Les Grands chaos). París: Gallimard, 1994.
Le Monde incréé: Conte de ce que fut la Tragédie d'Askia; Parabole d'un Moulin de Martinique; La Folie Célat. París: Gallimard, 2000.
La Terre le feu l’eau et les vents : une anthologie de la poésie du Tout-monde. París: Galaade, 2010.

Novela

La Lézarde (1958). Reedición, París: Gallimard, 1997; Port-au-Prince: Presses Nationales d'Haïti, 2007.
Le Quatrième Siècle (1964). Reedición, París: Gallimard, 1997.
Malemort (1975). Reedición, París: Gallimard, 1997.
La Case du commandeur (1981) Reedición, París: Gallimard, 1997.
Mahagony. (1987) Reedición, París: Gallimard, 1997.
Tout-Monde. París: Gallimard, 1995.
Sartorius: le roman des Batoutos. París: Gallimard, 1999.
Ormerod. París: Gallimard, 2003.

Teatro

Monsieur Toussaint (1961). Reedición: París: Gallimard, 1998






Los ojos la voz

¡Las antorchas se acusaban del color negro estanque de la noche
Nuestras manos solubles nuestros aires de rapiña boscosa la paja
flameada de nuestros ojos!
Mares, mi silencio a través de ustedes pacientemente renace
A través de ustedes orillas a través de ustedes el lodo
Y la conjunción del hielo y el deshielo.

Antaño antaño
¡Ay! memoria rocallosa sublévate en matorrales
Cada zarzal de memoria oculta a un tirador.

Sobre nuestras cabezas la pulsación del molino
En nuestras noches tosen los ahumaderos
Haga lo que haga el hombre, el grito echa raíces.




El árbol gran árbol

Tus hojas el resabio de los deseos de las trillas ciegas de los brazos de mar
Tus hojas de llaga de la Edad Media en el recuerdo de mis esplendores
tus ramas de hombros de mujer arada sobre la sed de las hierbas filosas
árbol reiniciado tu cuerpo he desprendido de tu cuerpo la caparazón de 
mil claridades
tu tronco de vástagos de paja dispersa
tu tronco de luz en el campo negro de las reinas de la noche
tu tronco de raíz que ha echado tronco y la maravilla la cama del 
caracol/rodando
tu fronda tus raíces el fuego helado de tus raíces y las masas de hombres
prendidos a los pezones de tus dolores
el sufrimiento como un invierno en la fuente de las profundidades







Para Mycéa

Ay tierra, si es tierra, ay toda-de-luz donde hemos llegado. Ay sumida
en el resplandor de agua y la palabra arada. Mira cómo tus palabras
me han sacado de este largo sueño donde tanto azul sobre tanto ocre
se ha puesto. Y mira cómo desciendo de esta noche; oye

*

Si la noche te deja en lo más alto del mar
No ofendas en ti al mar por el escollo de los dioses antiguos
Sólo las flores saben cómo se escala la eternidad
Te llamamos tierra herida ay qué breve será
nuestro tiempo, así como el agua cuyo lecho no vemos
Canción de agua apilada sobre el agua de la triste tarde
Eres suave con aquel que alejas de tu noche
Como una grava muy pesada hundida en las playas de medianoche
He llevado mi remo entre las islas te he nombrado
Mucho antes de que me designaras para asilo y aliento
Te he nombrado Inasible y Toda-huida
Tu risa ha separado las aguas azules de las aguas desconocidas

*

Te he nombrado Tierra herida, cuya fisura no es gobernable, y te he
vestido de melopeas extirpadas de los recovecos de ayer
Triturando polvo y desplomando mis palabras hasta los cercados y
empujando hasta los bordes los grises toros mudos
Te he consagrado pueblo de viento donde zozobras por silencio para
que tierra me puedas crear
Cuando eleves en tu color, donde es cráter para siempre frondoso, 
visible en el porvenir

*

Escribo en ti la música de toda rama grave o azul
Aclaramos con nuestras palabras el agua que tiembla
Tenemos frío por la misma belleza
Brizna por brizna el país ha desamarrado lo que ayer
Llevabas como carga en tu río desbordado
Tu mano congrega esos rumores como novedad
Te maravillas de arder más que los viejos inciensos

*

Cuando el ruido de los bosques se agosta en nuestros cuerpos
Sorprendidos leemos esa ala de tierra
Roja, en el ancla de la sombra y del silencio
Con cuidado cosechamos en la flor de agave
La quemadura de agua donde ponemos las manos
Tú más lejana que el acoma loco de luz
En los bosques donde él aclama todo el sol y yo
Que sin tregua me ensaño con ese viento
Adonde he llevado el pasado feroz

*

El agua del cerro es más grave
Donde los sueños no derivan
Todo el verde cae en desnuda noche
Qué hoja arriesga su petulancia
Qué pájaros aletean y chillan
Tupido clamor de lodos mi país
Estación arrancada que vuelve a su origen
Sólo un viento rojo empuja a lo alto su flor
En el oleaje que no tiene profundidad y tú
Entre las flores de mayo lacia cansada
De dónde traes esas palabras que coloreas
Con una sangre de tierra sobre la corteza desvanecida
Gritas tu fijeza a todo país maldito
Es ay navegadora el recuerdo

*

Más triste que la noche donde el agutí se detiene
Su pata derecha está lacerada con una espina
En el momento en que llega el día se enconcha y se empeña
Cierra la noche y lame la herida
Así me inclino hacia mis palabras y las reúno
En la ventolera donde venías a apoyar la cabeza
En ese silencio al que dedicas tantas fiestas
Tu vigilia tu desazón tu sueño tus tormentas
El vuelo donde juegas con lo inconcluso
Los destellos azules del tiempo con que nos salpicas
Entonces las palabras me hacen quemar la cobilla
El barranco donde duermo es un brasero que se artiga
El día esta noche pone aquella que nos hizo: la herida

*

No escribo para sorprenderme sino para darle medida a este pleno de
impaciencia que el viento llama tu belleza. Lejana, cielo de
arcilla, y viejo limo, real
Y el agua de mis palabras fluye, mientras no la detiene la roca, donde
desciendo río entre las lunas que se pavonean en la ribera. Allí
donde tu sonrisa es del color de las arenas, tu mano más 
desnuda que un juramento pronunciado en silencio

*

Y no hay sino ceniza en matorrales apretada
No hay sino extravío donde da a luz el cielo
El agua de agave no apacigua a la flor tímida
Las estrellas cantan como una ahora que no se oye
En la encrucijada donde fue triturada la savia
A tantos que gritan inspirados en el viento
Llamo inesperada andanza
Tú sales de las palabras, huyes
Eres país de antaño dado en recompensa
Invisibles conducimos el camino
Sólo la tierra entiende

Gallimard

Traducción de Mónica Mansour


domingo, 2 de enero de 2011

2933.- NICOLE GAGE FLORENTINY


Nicole Cage-Florentiny nació en François, Martinica, en 1965. Poeta, novelista, periodista, licenciada en historia y profesora. Ha trabajado en la radio (Radio Caribe Internacional). Anima talleres de escritura poética y de terapia a través de la escritura automática. En 1993 recibió Mención Especial del Jurado del Premio de Poesía para la Juventud del Ministerio de la Juventud y Deportes en Paris por su obra Lávalas. En 1996 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su libro de poesía Arco Iris, la Esperanza. Su primera novela C’est vole que je vole (Es vuelo que yo vuelo) es publicada en Paris, en 1998. Otras de sus novelas: Confidentiel (Confidencial), editorial Dapper, Paris, 2002 y L ‘Espagnole (La española), sobre la prostitución, editorial Groupe Hatier International, Paris. Ha representado a Martinica en Encuentros Poéticos Internacionales en México, El Salvador, Rumania, Macedonia y Túnez. En Octubre 2002 obtuvo el Premio Oeneumi en la República de Macedonia durante el Festival Internacional de Poesia de Tetova. Sus poemas han sido traducidos al albanés, árabe, español y rumano.



Poemas de: Nicole Cage-Florentiny (Martinica, 1965)




El país de hoy-aquí

Estribillo
No quiero olvidar
No puedo olvidar
La larga quemadura de la Historia
De Gore a Fort-de-France
Olvidé el país de mis raíces
No sé nada del país del que vienen
Más mi alma ha guardado el balanceo
De un largo viaje
De un viaje en el que el mar no era sólo azul

Olvidé las orillas de donde vengo
Ignoro aún de que tierra vienen
No conozco el país donde vivo
Y cuando digo su nombre
Él olvida vibrar
como vibra el nombre
De alguien que te ama
De alguien que tú amas

Olvidé, ya no sé
Pero a veces, la queja de los bambúes
Me habla del país de antes
El rumor de las cañas
Se infiltra en mi corazón
Y murmura en secreto
El nombre-sabana del país de hoy-aquí
Y el canto del mar
Osa decir que un día
Aquel país será el mío
No quiero olvidar, no puedo olvidar
Pero no riego las hierbas del odio
Y mi alma echa un puente
Entre la tierra de antes
Y el país de hoy-aquí
Sí, mi alma tiende un puente
Entre el país de ellos, el país de antes
y el país de hoy-aquí.








Sembrar

Sembrar palabras de miel
entre la quemadura del desierto
Sembrar palabras amorosas
entre el tufo de los ghettos
Sembrar perlas de rocío
en las heridas de mi tierra
Sembrar lágrimas que hagan sentir celos a la lluvia
Sembrar risas que emocionen al viento
Sembrar a todos los vientos
A todo corazón
A manos llenas
A riesgo de ruina
Pero sembrar, sembrar, sembrar...
Sembrar el amor entre las áridas venas de la tierra
Sembrar incluso con las manos desnudas,
venas abiertas, alma derramada
Y, a pesar del tiempo
a pesar de la muerte
sembrar tanta y más vida




El Gusto De Vivir

¿Y por qué, a veces,
Como ahora
Ya nada tiene sentido?
¿Y por qué, frecuentemente,
Incluso mis lágrimas no quieren decir nada?
¿Y de qué fuente surgen
Estas lágrimas, lágrimas mías?
¿Y hacia dónde corren
Hacia qué océano de desesperanza?
Yo quise creer
Creer en todas estas cosas bellas
Que dan, se dice, sentido a la vida
Pero esta noche tengo quince años
Y ahora entiendo que a veces nada
Ni siquiera la vida
Puede ser suficiente
Puede ser suficiente
Para darme
El gusto de vivir
El gusto de amar y ser amada
El gusto de la sal sobre mi quemada piel
El gusto de la risa que se comparte
Alrededor de un té humeante
La sed de ver crecer
Mis tiernas, mis indomables hijas
Nacidas de mi vientre
Cuando aún creía que la vida era bella
El gusto por un beso robado
Por manos devorantes sobre mi cuerpo
Por labios ávidos sobre mis senos
El gusto de un sexo voraz dentro del mio
El gusto por el viento
Por una caricia del sol sobre mi piel
El gusto por el pan caliente
Sobre la mesa de madera
El gusto por Dios
Cuando la sed de ÉL
Enardece todo lo que soy
El gusto de vivir
El gusto por la sal, por el vino y las aceitunas
Por el chocolate negro, los dátiles de Túnez
El gusto de creer
Que todo vale aún la pena
El gusto por amar
Y por ser amada
El gusto de vivir
Tan simplemente... Así







He Aquí La Esperanza

(para Max Simon)

La sangre como agua se derrama
Agua como sangre
Sangre como agua
Por los arroyos de Puerto-Príncipe
¡Ay!
Se cuaja la sangre en pleno sol
Sangre de hombres y mujeres
Sangre de mujeres y hombres
Sangre de muchachitos
Sangre de mujeres y sangre de hombres
Que intentan coger algo de sol
En las ramas de la esperanza
Pero no sólo es así
Tan sencillo
Pues en el país de los makut[1]
El sol quema las espaldas de los negros
Se huye el sol
Y se refugia
A la sombra de una hoja de chapa
En el fondo de los océanos
¡Ay!
El sol corre como agua
Agua como sangre
Sangre del sol
Por las cunetas de Puerto-Príncipe
Se da a la fuga el sol
Por no escuchar
Por no ver
Las ráfagas de los makut
Desgarrar el pecho de los hombres
Hombres y mujeres
Y chiquillos
Que intentan coger el sol
En las ramas de la esperanza
La sangre corre como agua
Agua como sangre
Sangre como agua
Por los arroyos de Puerto-Príncipe
Mas no es así
Tan sólo así
Pues he aquí la esperanza
He aquí la esperanza
Rodando por los cerros
Trepando los cerros
Acarreando agua
Agua como sangre
Sangre como sol
Sol-esperanza
He aquí la esperanza
Por las cunetas de Puerto-Príncipe
¡Ay, ay ay!
He aquí la esperanza
Helos aquí los hombres sublevados
Los despertados zombies
Y tropiezan los makut
Se huyen
Sin vergüenza
En desbandada
He aquí la esperanza
Heles aquí los hombres levantados
Hombres y mujeres
Mujeres y hombres
Y muchachitos
Que pueden saborear hoy
La caricia del sol
En pleno día
Sin más sangre
He aquí la esperanza
Es la esperanza una mujer-picante
Que corre, salta, danza
Levanta sus faldas
Más allá de los arroyos de Puerto-Príncipe
He aquí la esperanza
Ya no se esconde el sol
Se mece
Entre las ramas
Ilumina en adelante
Noches y días
Y los pormenores de los corazones de hombres
Hombres y mujeres
Y chiquillos
¡Ay, ay ay!
He aquí la esperanza!






MEMORIA

¡Extraña cuaresma, en donde caen las lluvias
como en una estación de huracanes!
Alteración de estación...
¿Habrían los hombres contagiado la geografía
De este loco país como un termómetro ebrio?
Pero aquel pueblo balbuceando a carrera de hormigas locas
Aquel pueblo pateando a fuerza de baile
Aquel pueblo corriendo a tiempo perdido
Nadando a pérdida de brazadas
¡Aquel pueblo sin horizonte es tan mío!
¡Sus abortadas iras
Sus ariscas ternuras
Sus risas sin razón
Y sus lágrimas sin cumplidos
Son tan míos!
Yo soy:
Aquel pueblo sin oriente
Que busca su memoria
Alla donde no puede encontrarla,
Un desarraigado cocotero
Un desaguado río
Un archipiélago estallado

(El Mar de las Antillas erosiona el costado del recuerdo)


¿Soy yo?
Un campo de mangos de contra-temporada
De ñames marchitos, de girasoles apagados
Sin embargo si Louverture es mi primo
¡Por todos los santos, devuélvanmelo!
¡Dame oh Anacaona, la Indígena
Tu revuelta!
¡Dame, Soledad,
Tu grito de odio tu grito de amor!
¡Reinvindico a Marti y a Guevara
A Bishop y a Sandino!
Quiero marchar al encuentro
De mi asesinada memoria
Pero, tengan cuidado si la hallo
Será cargada de tanta sangre
De tantas lágrimas
De tanta esperanza
De tantas amordazadas esperanzas
Que será pesada
Llena de savia
Como un generoso seno de mujer
Una tierra fértil por fecundar,
Un campo rico de promesas
De flores nuevas de frutos jugosos
Un campo de donde brotará mañana
Y aquel levantado y orgulloso pueblo
Será el mío...

30 de marzo de 1989










Soy hijo del país de Haití,
Y ese país
Es un barco calado
Inundándose por todas partes.

Mi país haitiano
Es una lancha quebrantada
en el vórtice del ciclón...

Mi padre dice:
“El viento es una larga queja,
Un canto que se mueve sobre los arrecifes,
Un gemido que se ahoga
En la garganta de los hombres, de las mujeres, de los niños,
¡De los balseros fracasados en el lecho deshecho del océano!”
Y los ojos de mi padre cargan lágrimas de piedra,
Mi padre dice:
“El país haitiano es un ciego en una noche huraña,
El zombi extraviado de un macabro ritual,
¡Una promesa que no desea morir!”

Mi madre escucha. Dice:
“Rechazo el maleficio...
Yo soñé con la paz,
Una avalancha de lluvia
Precipitándose desde los cerros desnudos,
Y la vi resrugir en remos de verdor
Cuando la creíamos apagada para siempre,
Y la vi brotar de las entrañas de un país rendido a sí mismo.
Siembren sal, siembren sal,
Y la avalancha de lluvia hará el resto.
Repartan sal, repartan agua.
La esperanza es una planta rebelde
¡Que vuelve a florecer en cada estación!”

Soy hijo de Haití.
Espero en la estación de las aguas y las flores nuevas...

(“Hijo de la esperanza”)

viernes, 17 de septiembre de 2010

1338.- HENRI CORBIN


Henri Corbin nació en Guadalupe en 1935. Vive en Martinica desde los 6 años de edad. Es uno de los poetas fundamentales del tercer mundo, expresado en lengua francesa. Publicó sus primeros poemas en la revista de Jean Paul Sartre, Los tiempos modernos, en febrero de 1950, con una presentación de Michel Leiris. Algunos de sus libros, publicados en Venezuela, La sombra del farallón (Fundarte, 1975); Como un viaje (Ediciones La Ceiba, M.A. García, S.R.L, 1987) y El Sur Rebelde (Fondo Editorial Trópicos, 1992), libro en el cual según se ha dicho: “...echa mano a un casi desconocido episodio de las luchas de emancipación libradas por el pueblo martiniqueño contra el dominio colonial para crear un poema épico cuya estructura –en principio ceñida a una continuidad descriptiva singularmente precisa- combina el esplendor verbal de su obra lírica con un lenguaje llano y una pasión de narrador...”




Poemas de Henri Corbin




Extraña lejanía

He aquí en una extraña lejanía las noches que no se recuerdan
Ellas han brotado, almendras de una blanca maceta de labios
Y su desnudez deshojando las sortijas de nuestros dedos
Se baña bajo la ojiva de las palomas.

El diamante de un triste jardín brilla mejor sobre los bauprés
góticos El viento silba al compás de llamas nocturnas.
Qué mano por encima del alba guía los navíos de la infancia
¿Para qué sirven estos élitros Velas apagadas del corazón?

Esta tarde negras estelas se orientan hacia el mar
Una lamparilla tiembla sobre la ola desierta
Que cante la diversidad de ojos de las algas
El ópalo que huye detrás de las colinas
El legendario perfume de la flora de las estrellas

*
Tierra distante, Tierra mía
Tierra entrelazada de piedras y de sombras
Tierra bella pero tan cercana a tantas albas en ruinas
Que la lluvia pase por tus ojos abiertos.
Tu mirada, pájaro sin ribera, sin eco
Se inclina sobre el mar que te anuncia:
Acomodo de la campana y del ritmo.
Tierra distante, tu cuerpo está atravesado de túneles crepusculares
Tu resplandor se desliza sin fin al reverso de los lirios de la noche.
Veo tus lágrimas abiertas pero no puedo entrar en ellas.
Dulcemente te adormeces en este espacio cruel y lento
y he aquí que se aleja toda esperanza
De una victoria aún oscura y silenciosa.
Las manos te elevan en vano una morada y luego otra.
La loca errancia clava tu vida a su devenir sombrío.
En tu umbral que no me ofrece sino una flora de larga ausencia
La estrella tiene ese sabor de especie incierta.
Me fijo a tu rara hierba y te atravieso
Tierra mía, Tierra sin embargo tan bella.
La espuma lame la lámpara de los muertos
Mientras que a voluntad entierro el difícil crepúsculo
De tus palmas que se cierran.
¿Eres soñadora todavía, presente u orgullosa?
El terror lejano de tus dunas reúne la sal del sufrimiento.
Si pudiera franquear sus luminosos obstáculos
Y ver correr desde tu deseo
Las dos lágrimas de la mañana y las dos lágrimas de la noche








El pastor de Orihuela

Al poeta Miguel Hernández
asesinado en las prisiones franquistas


Pastor de cabras
que en la montaña
en el corazón de los forrajes
tus poemas escribes
¿no ves que tu cabrita
se ha extraviado por el camino?

Tocando de puerta en puerta
no has podido encontrarla
y cayendo la noche
por haber perdido una cabrita
a la ciudad llegaste.

¡Partamos, Partamos!, te dices a ti mismo:
Mis cimas allá abajo me esperan
Mi pequeña morena de luna verde
mi mujer toda ternura y sonrisa
el agua de mi huerta
mis naranjos tapizados de silencio
mis anhelos furtivos

Pero es demasiado tarde
los cañones hacían de las suyas
Rugiendo abaten árboles casas
montañas palacios
y tu corazón de pastor
sin tardanza
con la República se encapricha.

Por aquí, por allá,
llevando morral y fusil
luchaste contra la despiadada legión
abandonando tu bucólica cadencia
tu VIENTO DEL PUEBLO fue una brasa inmensa.

Lejos de tu montaña
pastor de cabras
vencida la República
de prisión en prisión arrastrado
a fuerza de torturas
se te dio muerte
y en tus ojos que hacen tintinear a la luna dulcemente
brinca ahora tu solitaria cabrita.

*

Vacías las prisiones, todas las esperanzas se hacen posibles
Dibujad otras lunas en vuestros cuadernos de niños.

A Michel Leiris


Traducciones del autor y de Juan Calzadilla


domingo, 27 de junio de 2010

542.- AIMÉ CÉSAIRE


Aimé Fernand David Césaire (Basse-Pointe, Martinica, 26 de junio de 1913 — Fort-de-France, 17 de abril de 2008) fue un poeta y político francés. Fue el ideólogo del concepto de la negritud y su obra ha estado marcada por la defensa de sus raíces africanas.
Poeta
esencial de la experiencia surrealista que liderara en Francia André
Breton. El principal libro de Césaire, es ni más ni menos que Las armas
milagrosas, en el cual emerge una extraordinaria combinación de escritura
automática y subyugante paisaje tropical de onírica fosforescencia, y en
el que también anida una mitología fantástica de alucinantes
congregaciones vegetales, de especies animales, de variedades marinas y
otras señales terrestres. Fue profesor de literatura, diputado comunista
por Martinica y Alcalde.


En un reciente conversatorio realizado en La Habana (Cuba) en la
Sala Manuel Galich de Casa de las Américas y como parte de las
celebraciones por el bicentenario de la independencia de Haití, el Centro
de estudios del Caribe propició un acto cultural, a cargo de los poetas
Rogelio Martínez Furé y Nancy Morejón, sobre las influencias de la nación
haitiana en la creación del bardo y pensador martiniqueño Aimé Césaire. De
las ideas allí expresadas, continúa el reporte de Ventana, se habló de las
diversas instancias en las que el poeta Aimé Césaire debió experimentar en
Europa:

"Al regresar a la Martinica en 1939, huyendo del fascismo que se
había apoderado de Europa, Césaire se reencuentra con el Caribe y “su
matriz africana que nos nutre”, según Martínez Furé. Entonces visita Haití
que lo deja “golpeado, transformado e iluminado” y queda “prendado y
comprometido” con ese país y su realidad”. Durante los cuatro meses que
vivió allí se encuentra con el francés André Bretón y el cubano Wilfredo
Lam. Dos grandes muestras de la impresión que causó Haití en Césaire son
la biografía que escribió de Toussaint Louveture (1962) y su obra de
teatro La tragedia del Rey Cristóbal, basada en la vida de Henri
Christophe y estrenada en Cuba en la década del sesenta, solo tres años
después de haberse presentado en París."
Obras (en francés)

Œuvres complètes (tres volúmenes), Fort-de-France, 1976.
Poesía:
Cahier d'un retour au pays natal, Paris, 1939
Les Armes miraculeuses 1946
Soleil cou coupé 1947
Corps perdu (grabados de Picasso), Paris, 1950
Ferrements, Paris, 1960
Cadastre, Paris, 1961
Moi, laminaire, Paris, 1982
La Poésie, Paris, 1994



ELEGÍA

El hibisco no más que un ojo reventado
de donde pende el hilo de una larga mirada, las trompetas de esparavanes
el gran sable negro de los flamboyanes, el crepúsculo llavero siempre tintineante
las arecas indolentes soles que jamás se pusieron por traspasadas por un alfiler que las tierras que se saltan la tapa de los sesos
no dudan nunca en incrustarse
hasta el corazón, los fantasmas horrorosos, Orion
la extática mariposa que los pólenes mágicos
crucificaron sobre la puerta de las noches cimbreantes
los bellos tirabuzones negros de las cañafístulas mulatas
altaneras cuyo cuello tiembla levemente bajo la guillotina

y no te sorprendas si en la noche gimo más hondamente o si mis manos estrangulan más sordamente es el tropel de viejas penas que hacia mi olor negro y rojo en escolopendra
alarga la cabeza y con una insistencia en el hocico aún blanda y desmañada busca más dentro mi corazón de nada me sirve entonces apretarle contra el tuyo y perderme en la espesura de tus brazos que acaba por encontrarlo y muy gravemente de manera siempre nueva
lo lame amorosamente
hasta que brota salvaje la primera sangre
bajo las bruscas garras desplegadas del
DESASTRE




CUERPO PERDIDO

Yo que Krakatoa
yo que todo mejor que monzón
yo que a pecho descubierto
yo que carraspeo como un árgano viejo
yo que balo mejor que una cloaca
yo que fuera de gama
yo que Zambeze frenético o rombo o
caníbal
quisiera ser cada vez más humilde y más manso
siempre más grave sin vestigio ni vértigo
caer hasta perderme
en la viviente sémola de una tierra bien abierta
Fuera una neblina en lugar de atmósfera no
sería nada sucia
cada gota de agua conteniendo un sol
cuyo nombre idéntico para todas las cosas
sería el ENCUENTRO MAS TOTAL
de tal suerte que no se sabría a ciencia cierta
si cruza una estrella o una esperanza acaso
o un pétalo de flamboyán
o una retirada submarina
que las antorchas de las medusas aurelias frecuentan
Imagino que entonces la vida me bañaría por completo
mejor la sentiría palpándome o mordiéndome
tendido sentiría llegarme los olores al fin liberados
cual manos caritativas
que me atravesarían
para mecer largos cabellos
más largos que ese pasado que no puedo alcanzar.
Cosas apartaros, haced sitio
a mi reposo que alza en oleaje
mi cresta terrible de raíces fondeadoras
buscando dónde asirse
oh cosas, yo sondeo y sondeo
yo, el cargador, soy portarraíces
yo peso, fuerzo y arcaneo
y ombligueo
Ah, quien hacia los arpones me lleva
estoy muy débil
silbo, sí, silbo cosas muy antiguas
de serpientes de cosas cavernosas
Soy oro viento paz aquí
y contra mi hocico inestable y fresco
poso contra mi rostro corroído
tu frío rostro de risa descompuesta.
El viento, ay, lo escucharé aún
negro, negro, negro desde el fondo
del cielo inmemorial
un poco menos fuerte que hoy en día
pero demasiado fuerte sin embargo
y ese loco aullido de perros y caballos
que envía a nuestra persecución siempre cimarrona
mas a mi vez en el aire
me alzaré en un grito tan violento
que voy a salpicar al cielo entero
por mis ramas destrozadas
y por el chorro insolente de mi barril herido y solemne
ordenaré a las islas existir.



CONQUISTA DEL ALBA

Morimos nuestra muerte en bosques de eucaliptos gigantes
acariciando encalladuras de paquebotes absurdos
en el país para crecer
drosera irrespirable
paciendo en las desembocaduras de las claridades sonámbulas
ebria
muy ebria guirnalda arrancando demostrativamente* nuestros pétalos sonoros
en la lluvia campanularia de sangre azul,

Morimos
con miradas creciendo en amores extáticos en salas carcomidas
sin palabras que se opongan en los bolsillos, como una isla
que se hunde en la explosión brumosa de sus pólipos
—la noche,

Morimos
entre sustancias vivientes hinchadas anecdóticamente
de premeditaciones
arborizadas que sólo regocijan, que sólo se insinúan en el corazón mismo
de nuestros gritos, que únicamente reverdecen con voces de niño,
que solamente
trepan a lo largo de los párpados en el peldaño
agujereado miriápodos sagrados lágrimas silenciosas,

Morimos de una muerte blanca floreciendo de mezquitas su dintel de espléndida ausencia donde la araña de perlas saliva su ardiente melancolía de mónada convulsiva

en la inenarrable conversión del Fin

Maravillosa muerte de nada Una esclusa alimentada en las fuentes más secretas de la ravenala se ensancha en grupa de gacela desprevenida

Maravillosa muerte de nada.

Las sonrisas escapadas al lazo de las complacencias deshácense sin precio de las joyas de su infancia en plena feria de sensitivas en delantal de ángel en temporada liminar de mi voz sobre la suave pendiente de mi voz a voz en grito para dormirse.

Maravillosa muerte de nada

¡Ah! El penacho depositado de los orgullos pueriles
las ternuras adivinadas
he aquí con puertas más pulidas que las rodillas de
la prostitución—
el castillo de los relentes— mi ensueño
donde adoro
con la aridez de los corazones inútiles

(salvo del triángulo orquial que sangra violento como el silencio de las tierras bajas)
brotar
en una gloria de trompetas libres con cascara escarlata
corazón no mantecoso, sustrayendo a la ancha voz de los precipicios
incendiarios y embriagadores tumultos de cabalgata


CADÁVER DE UN FRENESÍ

el recuerdo de un camino que sube mucho a la sombra de los bambúes di guarapo que vuelve a inventarse siempre y el olor de los ciruelos de España
se dejaron olvidadas
las enaguas del mar
los tiempos de la infancia
el parasol de los coccolobis

al llegar a la curva me vuelvo y miro por encima del hombro
de mi pasado lleno del ruido mágico en el momento preciso
siempre incomprensible y angustioso del fruto del árbol del pan
que cae rodando hasta el barranco en donde nadie lo encuentra
la catástrofe se ha hecho un trono instalándolo demasiado alto
del delirio de la ciudad destruida es mi vida incendiada

Dolor tú perderás
él hábito que se grita:
que he soñado con el rostro torcido
boca amarga he soñado con todos los vicios de mi
sangre
y los fantasmas rondaron cada uno de mis gestos
en el escote de la suerte
no importa es debilidad

vela corazón mío
único prisionero que inexplicablemente sobrevive
en su celda
a la evidencia del destino
feroz taciturno
muy al fondo lámpara encendida por su terrible
herida





PACIENCIA DE SIGNOS

Sublimes excoriaciones de una carne fraterna y hasta las fogatas rebeldes de mil aldeas azotadas
arenas
fuego
mástil profético de las carenas
fuego
vivero de murenas fuego
fuego faroles de situación de una isla en pesadumbre
fuegos huellas de hoscos rebaños que se
deletrean en los barros
pedazos de carne cruda
gargajos suspendidos
esponja rezumante de hiél
vals de fuego de los céspedes llenos de cucuruchos que caen del impulso frustrado de grandes ta-bebuyas
fuegos de los tizones perdidos en un desierto de llantos y cisternas huesos
fuegos desecados más nunca tan desecados que no palpite un gusano pregonando su carne nueva

semillas azules del fuego
fuego de los fuegos
testigos de ojos que para las locas venganzas se exhuman y se agrandan
polen polen
y por los guijarros donde se redondean las bahías nocturnas de suaves manzanillos
buenas naranjas siempre accesibles a la sinceridad de las sedes largas


SUPERVIVENCIA

Te evoco
bananero patético que agitas mi desnudo corazón
en el día salmodiante
te evoco
viejo hechicero de las montañas sordas por la noche
justamente la noche que precede a la última
y sus redobles de tedio golpeando en la poterna loca de las ciudades
enterradas
pero no es sino el preludio de las selvas en marcha sobre el cuello
sangrante del mundo
es mi odio singular
llevando a la deriva sus témpanos de hielo en el aliento de las
verdaderas llamas
dadme
ah dadme el ojo inmortal del ámbar
y sombras y tumbas de granito cuadriculado
pues la barrera ideal de los planos húmedos y de las hierbas
acuáticas
escucharán en las zonas verdes
los intérpretes del olvidos anudándose y desanudándose
y las raíces de la montaña
exaltando la estirpe real de los almendros de la esperanza
florecerán por los senderos de la carne
(la penuria de vivir pasando como una tempestad)
mientras que bajo el cartel del cielo
un fuego de oro sonreirá
al canto ardiente de las llamas de mi cuerpo

(De Las armas milagrosas, 1946)


VISITACIÓN

oh marejada anunciadora sin nombre sin polvo de toda palabra
vinosa
marejada y mi pecho salado en las ensenadas de los antiguos días
y el joven color
tierno en los senos del cielo y de las mujeres eléctricas
de qué diamantes

fuerzas eruptivas trazad vuestros orbes
comunicaciones telepáticas retomad a través de la materia
refractaria
los mensajes de amor extraviados en los cuatro rincones del mundo
volved a nosotros reanimados
por las palomas viajeras de la circulación sideral

en lo que a mí se refiere a nada temo soy de antes de Adán no
dependo siquiera del mismo león
ni del mismo árbol soy de otra caloría y de otro frío
oh mi infancia leche de luciérnaga y estremecimiento de reptil
pero ya la víspera se impacientaba hacia el astro y la poterna
y huíamos
sobre un combado mar increiblemente sembrado de popas de
naufragios
hacia una orilla donde me aguardaba un pueblo agreste y penetrador
de bosques con
ramas de hierro forjado en las manos -el sueño camarada sobre
la escollera- el perro azul de la metamorfosis
el oso blanco de los témpanos de hielo y Tu muy salvaje des-
aparición
tropical como una aparición de lobo nocturno en pleno mediodía



POEMA PARA EL ALBA

Arrebatos de carne viva
en los estíos explayados de la corteza cerebral
han flagelado los contornos de la tierra
los ranforinquios en el sarcasmo de sus colas
captan el viento
el viento que ya no tiene espada
el viento que ya no es sino una caña de pescar los frutos de
todas las estaciones del cielo
manos abiertas
manos verdes
para las bellas fiestas de las funciones anhídridas
nevarán adorables crepúsculos sobre las manos tronchadas de las
memorias respirantes
y de ahí
sobre las grietas de nuestros labios de Orinoco desesperado
la feliz ternura de las islas mecidas por el pecho adolescente
de las fuentes del mar
y en el aire y en el pan siempre renaciente de los esfuerzos
musculares
el alba irresistible abierta bajo la hoja
cual claror el impulso espinoso de las belladonas



SOL SERPIENTE

Sol serpiente ojo fascinador ojo mío
el mar piojera de islas crujiendo en los dedos de las rosas
lanza-llamas y mi cuerpo intacto de fulminado
el agua eleva las osamentas de luz perdidas en el corredor sin pompa
torbellinos de hielo aureolan el corazón humeante de los cuervos
nuestros corazones
es la voz de los rayos domesticados que giran sobre sus goznes de lagartija
traslado de anolis al paisaje de vidrios rotos
son las flores vampiros que suben a relevar las orquídeas
elixir del fuego central
juego justo fuego mango nocturno cubierto de abejas
mi deseo un azar de tigres sorprendidos en los azufres
pero el despertar estañoso se dora con los yacimientos infantiles
y mi cuerpo de guijarro que come pescado que come
palomas y sueños
el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga

(De Les Armes miraculeuses. Traducción de Aldo Pellegrini, Antología de poesía surrealista francesa, Ediciones Coma, México, 1981).



BLUES DE LA LLUVIA

Aguacero
bello músico
al pie de un árbol desvestido
entre las armonías perdidas
cerca de nuestras desencuadernadas memorias
entre nuestras manos de derrota
y pueblos de extraña fuerza
dejamos colgar nuestros ojos
y naciente
desenrollando el cordón de un dolor
sollozamos.

Versión de José Luis Rivas




ENTRE OTRAS MATANZAS

Con todas sus fuerzas el sol y la luna se estrellan
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises

no temas nada prevé tus crecidas aguas
que si bien se llevan la ribera de los espejos

han salpicado lodo en mis ojos
y veo veo terriblemente yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar

Versión de José Luis Rivas


CEREMONIA VUDÚ PARA SAINT JOHN PERSE

aquel que baliza la superficie de aterrizaje de los colibríes
aquel que hinca en tierra una alabarda de Asclepios de Curazao
para albergar a los más grands monarcas del mundo
que son nobleza de exilio y mariposas de paso

aquel para el que los copales de la sierra
sudan sangre y agua y más sangre que agua y descortezados
no acaban de torcer los brazos
grotescos en su farsa de condenados

aquel que contempla cada día la primera letra genética
que superfluo es nombrar
hasta el perfecto enrojecimiento
con un resto de fuerzas que recoger fuera del vacío histórico

el buscador de fuentes perdidas
el alfarero de lavas cordiformes

aquel que calcula el estiaje de la cólera
en las tierras de cultivo y de tutela
aquel que de la sangre encuentra la rueda del tiempo y del contratiempo
mil veces más rechinante que las norias a orillas del Oronte

aquel que reemplaza el asfódelo de las praderas infernales
con la –sacra- belleza de peinado afro de la hermanto
-la Ángela Davis de estos lares- rica de todos los alfileres
de nuestras sangres erizadas

(¿lo vio lo vio el Extranjero
más rojo sin embargo que la sangre de Tanus
y nuestros rostros decébalos
lo vio lo vio el Extranjero?)

fregreos
pájaros hondos
tórtolas de la sombra y de la queja
y que el arco se abrace
y que de un océano al otro
los magmas fastuosos como volcanes se respondan
para honrar con todas las bocas con todas la humeantes portas
camino de la gran mar alta
al último Conquistador en su postrer viaje

Versión de José Luis Rivas



LOS DE RAZA PURA

He aquí a través de mi oído tramado de rechinamientos
de dientes
y de cohetes sincopar de rudas fealdades
los cien caballos de raza pura relinchantes del Sol
en medio del marasmo.
¡Ah! Siento el infierno de las delicias
y por las brumas olorosas a huecos podridos imitando
desgreñadas
cabelleras –esperas respiraciones de ancianos
imberbes- la tibieza mil veces feroz
de la locura aullante y de la muerte.
Mas cómo, cómo no bendecir,
tal como no lo han soñado mis lógicas,
dura, agrietando a contrapelo su nauseabundo
hacinamiento
y su saburra y más patética
que la flor fructificante,
cómo no bendecir la polilla lúcida de las sinrazones.

Y oigo el agua que brota,
la nueva, la intocada, la eterna,
hacia el aire renovado.

¿Dije el aire?

Un menstruo de cadmio con gigantescas vejigas
expalmadas de albayalde de blancas mechas
de tormenta.

Paisaje esencial.

Tallados en la propia luz fulgurantes nopales
auroras crecientes inauditos blanqueos
enraizadas estalagmitas portadoras de luz

Oh ardientes latescencias prados hialinos
nevados haces

hacia los ríos del neroli dócil de los setos
maduran incorruptibles de lejana mica
su dilatada incandescencia.
El párpado de los rompientes vuelve a cerrarse –Preludio-
tintinean las yucas audiblemente

¿Quién
rapa
y arrapa
el rebumbio, más allá del corazón embarullado de este
tercer día?

¿Quién se pierde y se desgarra y se ahoga
en las enrojecidas olas de Siloé?
Ráfaga.
Las luces flaquean. Los ruidos rizoforan
y la rizófora
humea
silencio.

Bosteza el cielo de ausencia negra.

y he aquí que van
vagabundaje anónimo
hacia las seguras necrópolis del poniente
soles lluvias galaxias
fundidos en fraterno magma
y la tierra olvidada ya la soberbia de las tormentas
que en su vaivén orla desgarrones
perdida paciente en pie
endureciendo salvajemente la invisible marga de las conchas
fósiles
se extingue
y la mar pone a la tierra un collar de silencio
la mar que fuma la paz sacrificial
en que se entreveran nuestros estertores inmóvil con
extrañas perlas y mudas maduraciones
abisales

la tierra bota a la mar una comba de silencio
en el silencio

y he aquí la tierra sola
sin temblor ni contracción brusca de los músculos
sin azote de raíz
ni perforación de insecto

vacía

vacía como el día antes amanecida…
-¡Gracia!,¡gracia!
¿Quién clama gracia?
Puños abortados aglomeraciones taciturnas ayunos
hurra por la partida lírica
ardientes metamorfosis
licencias fulminantes
fuego, oh fuego
relámpago de nieves absolutas
caballería de química estepa
sacada de la mar con la marea de ibis
el semáforo aniquilado
suena en las amígdalas del cocotero
y veinte mil ballenas soplando
a través del líquido abanico
un núbil manatí mastica la brasa de los orientes.
(…)

Versión de José Luis Rivas


LAS ARMAS MILAGROSAS

El gran machetazo del placer rojo en plena frente había sangre y ese árbol que llaman flamígero y que nunca merece tanto ese nombre como en las vísperas de ciclones y de ciudades saqueadas la sangre nueva la razón roja todas las palabras de todas las lenguas que significan morir de sed y solamente cuando morir tenía el sabor del pan y la tierra y el mar un gusto de antepasado y ese pájaro que me grita que no me entregue y la paciencia de los alaridos en cada rodeo de mi lengua

la arcada más bella es un chorro de sangre
la arcada más bella es una ojera lila
la arcada más bella se llama noche
y la belleza anarquista de tus brazos en cruz
y la belleza eucarística y llameante de tu sexo en
cuyo nombre saludaba la barrera de mis
labios violentos

había la belleza de los minutos que son las joyas en liquidación del bazar de la crueldad el sol de los minutos y su bonito hocico de lobo que el hambre hace salir del bosque la cruz roja de los minutos que son lampreas en marcha hacia los viveros y las estaciones y las fragilidades inmensas del mar que es un pájaro loco clavado muerto en la puerta de las tierras cocheras había hasta el terror tales como el relato de julio de los sapos de la esperanza y de la desesperanza podados de astros por encima de las aguas allí donde la fusión de los días que permite el bórax da cuenta de las lamparillas gestantes las fornicaciones de la hierba que no se deben presenciar sin precauciones las cópulas del agua reflejadas por el espejo de los magos las bestias marinas para ser tomadas en el hueco del placer los asaltos de vocablos todas troneras humeantes para festejar el nacimiento del heredero varón simultáneamente con la aparición de las praderas siderales en el flanco de la bolsa con volcanes de agaves de despojos de silencio el gran parque mudo con el agrandamiento silúrico de juegos mudos con las angustias imperdonables de la carne de batalla según la dosificación siempre por rectificar de los gérmenes que deben destruirse

(...)

escolopendra escolopendra

hasta el párpado de las dunas sobre las ciudades prohibidas castigadas por la cólera de Dios

escolopendra escolopendra

hasta el desastre crepitante y grave que arroja las ciudades enanas delante de los
caballos más fogosos cuando en plena arena levantan
su portón de rejas sobre las fuerzas desconocidas del diluvio

escolopendra escolopendra

cresta cresta moldura rompe rompe en sable caleta pelambres en aldea
dormidos sobre sus piernas de pilotes y safenas de agua cansada
dentro de un instante se producirá la derrota de los silos olfateados de cerca
el azar rostro de pozo de condotiero ecuestre con charcos artesianos y las cucharillas de los senderos libertinos por armadura
rostro de viento
rostro uterino y lémur con dedos excavados en las monedas y la nomenclatura química
y la carne dará vuelta sus grandes hojas de banano que el viento de los tugurios fuera de
las estrellas que señalan la marcha hacia atrás de las heridas de la noche hacia los
desiertos de la infancia fingirá leer
en un instante se tendrá la sangre vertida donde las luciérnagas tiran de las cadenillas de las lámparas eléctricas para la celebración de los compitales

y el infantilismo del alfabeto de los espasmos que hacen los grandes ramajes de la herejía o de la connivencia
habrá el desinterés de los transatlánticos del silencio que surcan día y noche las cataratas de la catástrofe alrededor de las sienes sabias en migración

y el mar retraerá sus pequeños párpados de halcón y tú intentarás apoderarte del instante el gran feudatario recorrió su feudo a la velocidad de oro fino del deseo por los senderos de neuronas observa bien si el pajarillo no ha ingerido la estola el gran rey atónito en la sala llena de historias adorará sus manos pulquérrimas sus manos levantadas en el rincón del desastre entonces el mar retornará a su incómodo lecho apretado cuídate de cantar para no apagar la moral que es la moneda obsidional de las ciudades privadas de agua y de sueño entonces el mar se sentará a la mesa muy suavemente y los pájaros cantarán muy suavemente en las básculas de la sal la canción de cuna congolesa que la soldadesca me ha hecho olvidar pero que el mar piadosísimo de las cajas craneanas conserva sobre su láminas rituales

escolopendra escolopendra

hasta que las cabalgatas vagabundeen por los prados salinos de abismos con el murmullo humano rico de prehistoria en las orejas

escolopendra escolopendra

hasta que no hayamos alcanzado la piedra sin dialecto la hoja sin torreón el agua frágil sin fémur el peritoneo seroso de los anocheceres de manantial
(...)

Versión de José Luis Rivas