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viernes, 13 de septiembre de 2013

HUMBERTO MEGGET [10.493]



Humberto Megget
Humberto Megget (Paysandú, 1 de mayo de 1926 - Montevideo, 5 de abril de 1951) poeta uruguayo integrante de la Generación del 45.

Parte de su infancia transcurrió en Paysandú donde su tía, la maestra Victoria Megget se encargó de su educación y crianza.
Fundó la revista "Letras" a los diecisiete años, de la cual edita un solo número. Posteriormente hace lo mismo con las revistas "No" y "Sin Zona", con similares resultados.
En 1949 edita su único libro de poemas, llamado "Nuevo sol partido" que tiene una escasa difusión y tiraje.
Fallece en Montevideo a la edad de veinticuatro años luego padecer una larga tuberculosis, siendo prácticamente un desconocido del público y la crítica. Luego de la muerte del poeta, Idea Vilariño la cual fue una pieza central de la Generación del 45 escribiría:
Ahora, demasiado tarde, como siempre, sólo podemos declarar el valor de sus versos, mostrar un poema, dejar constancia del paso del joven poeta que desoímos.

Legado

Mario Benedetti, también integrante de la Generación del 45, en ocasión del décimo aniversario de la muerte del poeta, escribiría:
El 5 de abril se cumplieron diez años de la muerte de Humberto Megget, y en este caso son diez años que se parecen mucho al olvido. Los críticos de poesía rara vez se acuerdan de él, los antólogos no lo incluyen en sus selecciones, los actores no lo tienen en cuenta en sus recitales. Se trata de un olvido que no hace honor a los contemporáneos de Megget, ya que éste, como todo auténtico poeta, está destinado a sobrevivir, no importa en qué lejano o cercano futuro; cuando otras generaciones de críticos o antólogos lo reintegren al sitial que su obra merece, seguramente se asombrarán de que poemas de tanta inspiración y originalidad hayan pasado sin pena ni gloria entre quienes compartieron su tiempo y su mundo.1
[...] Su único libro de poemas se llamó ‘Nuevo sol partido’ y fue publicado en 1949, pero el tiraje de edición fue tan limitado que, aparte del círculo de sus amigos, cuando murió en 1951 era prácticamente un desconocido del público y la crítica. En 1952 el grupo de escritores que reunía la revista ‘Número’ consiguió una serie de materiales inéditos, en su mayor parte poemas escritos por Megget en los últimos años de su enfermedad, y encargó a Idea Vilariño la selección y edición de los mismos. Este volumen, ahora totalmente agotado incluía los siete poemas del único libro publicado en vida de Megget y conservaba el título ‘Nuevo sol partido. Agregaba además, 30 poemas de su última época".
En 1991, cuarenta años después de su muerte, se edita un volumen conteniendo sus obras, fruto de una investigación y revisión a cargo de Pablo Rocca. Esta obra, publicada por Ediciones de la Banda Oriental, tiene el mérito de recuperar este poeta para los lectores y la institucionalidad cultural.




"Ahora, demasiado tarde, como siempre, sólo podemos declarar el valor de sus versos, mostrar un poema, dejar constancia del paso del joven poeta que desoímos".
Idea Vilariño, después de la muy prematura muerte de Megget.

I.

TENGO GANAS DE RISAS RAQUEL

tengo ganas de risas raquel
ganas de ir al cine a ver aquella película
ganas de ver las rosas y no ver las rosas
tengo ganás de tomar el café con leche
y beber
beber
beber
beber aquello y esto
y lo que tú das
y lo que yo ofrezco
ganas de ir y no ver aquella película
tengo ganas de ti y de aquél
pero más que de ti y de aquél
tengo ganas de coca y de raquel





II.

VA A DORMIRSE UNA LUZ

Va a dormirse una luz sobre mi frente
una luz en el cuarto este que toco
en el cuarto este de aguas que no bebo
de hojas mal impresas
y de estufas calientes.
Va a dormirse una luz
una luz que se estira en varias líneas
que no tiene
ni boca
ni estornudos
ni dedos para pies
ni pies sin dedos
sobre mis dientes mordiendo una manzana.
Va a dormirse una luz
hasta mañana.






III.

YO MI SOBRETODO VERDE

Yo mi sobretodo verde
yo mi cáscara de nuez
yo mi gota de agua
mi río
mi árbol
yo corcel galopando en una orilla
brazos del viento descansando en los árboles
me acostaré tal vez quién sabe en dónde
en el polvo o en un mosquito
para ser el grito de un cocodrilo
o las manos abrazadas al fondo de un ríoy
o en una hoja caído
en una gota de agua envuelto
para no volver nunca
puedo seguir mucho tiempo deambulando en los aires
tal vez tenga la forma invisible de un microbio
o quizá esté en el aletear del vuelo de una mosca
hay tanto
tanto espacio para volar mi cuerpo inútil
tanto manantial donde poner mis pies frágiles
tantos redondeles blancos en los ojos cerrados
que en mi inconsciente voluntad de estar, así
no estoy solo.




HUMBETO MEGGET, EL POETA OLVIDADO

Aunque muchos conocen algunos de sus textos musicalizados por artistas del canto popular, probablemente la mayoría desconoce el nombre del autor de esos versos e incluso ignoran su peripecia vital. Humberto Megget, nació en Paysandú el 1º de mayo de 1926 y es considerado el poeta “olvidado” de la “Generación del ‘45”.
Un rincón de Paysandú, mi ciudad, lleva su nombre. Es un lugar que propone al transeúnte un alto en el camino y cuyo origen responde a la iniciativa de un grupo de vecinos que proponía hace algunos años la creación de un paseo cultural que partiendo de la esquina de Sarandí y 19 de Abril pasara por el teatro Florencio Sánchez llegando hasta la calle principal de la ciudad, 18 de Julio.
De aquél proyecto, sólo se concretó el paseo Humberto Megget, justo homenaje a un sanducero dignísimo exponente de la poesía uruguaya.


Pasó parte de su infancia en Paysandú y concurrió a la Escuela Nº 24, situada en  Costas de Sacra a poca distancia de la actual Ruta 3.
Hace un tiempo tuve el placer de conocer a uno de sus compañeros de juegos escolares Luis Peculio, quien falleció hace algo más de un año. El me dijo que en 1934 Humberto  Megget vivía en la misma escuela junto a su tía, la maestra Victoria Megget, responsable de su crianza y educación en aquellos años.
Tal ver recordando aquella época fue que escribió:



Cuando yo tenía tantos años como menos de la mitad de los que tengo
Iba de blanco vestido
En la mano derecha yo llevaba bolitas para jugarle a los niños
Y en la izquierda una disposición a acariciar las cabezas que me
                                                                   Gustasen por el camino
Era una época de deseos
Una época de desear tener un caballito
De caminar por el surco descalzo con las manos llenas de semilla
Cuando yo tenía tantos años como deseos
Las niñas rezaban el catecismo
Y yo las esperaba en las noches a lo oscuro para darles un susto
Era una época claro en que los vestidos se usaban por las rodillas
Una época en que dar un beso era un gran sacrificio
Yo vivía descansando mis tobillos sobre el barro
Y después de mediodía cuando todos dormían
Me escapaba a la cocina a hacer tortillas con huevos de pajaritos
Era una época claro de tomar al sol por las puntas de sus dedos
Y de calentarnos los pies con la luna
Era una época claro de grandes sacrificios
Cuando debíamos juntar la leña seca para amontonarla en la cocina
O cuando debíamos por la noche bañarnos con el agua no muy tibia
Era una época claro de tantos sacrificios como horas yo tenía
Y en que uno no se olvidaba de la primera niña vista desnuda
Del primer golpe dado o recibido en el rostro del amigo.



“Alto, como de un metro ochenta, delgado, tez muy blanca y renegridos cabellos. Algo ceceoso. Una especie de alegría melancólica lo envolvía como un aura. Así lo conocí en el Sorocabana de la Plaza Libertad, en 1945, y allí nos hicimos amigos.

Profundo admirador de Joaquín Torres García y, a través suyo, del arte incaico, de cuya temática ilustran sus primeros poemas. Tenía ese extraño don de ser sencillo y complejo en sus poemas, donde una dulce musicalidad los dejaba ir en nuestros oídos en armoniosas cadencias. (…)”.Así lo recuerda su amigo Carlos Brandy en 1988.

Y en 1961, en el décimo aniversario de la muerte del poeta sanducero, Mario Benedetti –también integrante de la Generación del ’45—escribió: “Cuando  murió Humberto Megget tenía solo veinticuatro años y había padecido una larga tuberculosis. Nació en Paysandú el 1º de mayo de 1926. A los diecisiete años fundó la revista ‘Letras’, pero esta aventura no conoció el segundo número. Insistió sin embargo con las revistas, pero tanto una denominada ‘No’, como otra titulada ‘Sin Zona’ tuvieron brevísima trayectoria.

Su único libro de poemas se llamó ‘Nuevo sol partido’ y fue publicado en 1949, pero el tiraje de edición fue tan limitado que, aparte del círculo de sus amigos, cuando murió en 1951 era prácticamente un desconocido del público y la crítica. En 1952 el grupo de escritores que reunía la revista ‘Número’ consiguió una serie de materiales inéditos, en su mayor parte poemas escritos por Megget en los últimos años de su enfermedad, y encargó a Idea Vilariño la selección y edición de los mismos. Este volumen, ahora totalmente agotado incluía los siete poemas del único libro publicado en vida de Megget y conservaba  el título ‘Nuevo sol partido. Agregaba además, 30 poemas de su última época”.

Sostiene Mario Benedetti que “el de Humberto Megget  es, por varias razones, un caso comparable al de Carlos Federico Saéz, el notable pintor mercedario. No solo por venir ambos del Interior, o por haber sido derrotados por la misma enfermedad, o haber vivido exactamente la misma cantidad de años; también, y principalmente, por tratarse de dos artistas formidablemente dotados que, a causa de una muerte prematura, no pudieron extraer de sí mismos la obra plena y decisiva que seguramente habrían logrado en su madurez” y que “aún en su inevitable envase juvenil, la obra de Megget es lo suficientemente original y valiosa como para ser incorporada a lo mejor de nuestra poesía. Poemas como el que comienza “Cuando descalzo recién salí…”, de su primera época o “Tengo ganas de risas de Raquel” y “Dile a las nueces que se partan solas” entre los últimos, sintetizan las mejores virtudes de Megget y garantizan que su poesía ha de ser dentro de cincuenta años tan original como ahora”.

Poesía pesimista en versos optimistas

En lucha constante con la rutina, las formas establecidas y convencionales, Megget llegó a concretar, pese a su prematura muerte, una poesía rupturista y original, en una obra que no llega al centenar de textos.

Afirma Benedetti que en su poesía sorprende y atrae la rara mezcla, la constante oposición entre temas y estilo, entre la intención y el lenguaje. “Es difícil encontrar otro ejemplo tan palpable de poesía pesimista en versos optimistas”, asegura.

El verso de Megget es casi siempre alegre, juguetón, ágil de ritmo, autosatisfecho de las novedades formales que descubre. Sin embargo, lo que dice, o más bien lo que sugiere, toca a veces un punto clave de desolación:



Y salí con alegría puesta en mi rostro
Y saludando al río saqué de él
Aguas con formas de mi cuerpo blanco
Y deposité mis pies en la playa que recogí tras mío
Y cuando mis ojos se vaciaron de estrellas
Entregué piernas mías al viento para que las llevase


Las palabras de Megget son las comunes, las de todos los días pero gracias al ritmo y a las otras palabras comunes que andan en su vecindad, adquiere una resonancia que las hace nuevas, que les otorga una bienhumorada dimensión del lirismo. “Megget nunca deja de ser un poeta serio, un preocupado de sí mismo y de su mundo, peor usa en cambio el buen humor como una inédita manera de cantar, de cambiar, de decir simplemente su tristeza”, concluye Benedetti.

Y Carlos Brandy agrega que “su poesía, si bien tiene la testimonial presencia de la sombra que ya lo cercaba, también tiene el goce de la sublimación de los sentidos y los sentimientos”.


Dile a las nueces que se partan solas
No me quedan fuerzas
Llama al médico
Dile a las nueces que se pongan tristes
No me quedan risas
Llama al médico
Dile a las nueces que no tengo verbos
Ya no tengo verbos
Llama al médico
Dile a las nueces que me quieran siempre                               
……………………..
dile a las nueces
llama al médico
dile a las nueces que ahora tengo versos
dile a las nueces que ahora tengo versos
dile a las nueces que ahora tengo versos
no llames al médico.



El joven poeta que desoímos

La crítica actual coincide en señalar que la poesía de Humberto Megget no tuvo eco en su generación sino hasta después de muerto.
Fue Benedetti, precisamente uno de los pocos que lo reivindicó siempre. En 1961 escribió:  “El 5 de abril se cumplieron diez años de la muerte de Humberto Megget, y en este caso son diez años que se parecen mucho al olvido. Los críticos de poesía rara vez se acuerdan de él, los antólogos no lo incluyen en sus selecciones, los actores no lo tienen en cuenta en sus recitales. Se trata de un olvido que no hace honor a los contemporáneos de Megget, ya que éste, como todo auténtico poeta, está destinado a sobrevivir, no importa en qué lejano o cercano futuro; cuando otras generaciones de críticos o antólogos lo reintegren al sitial que su obra merece, seguramente se asombrarán de que poemas de tanta inspiración y originalidad hayan pasado sin pena ni gloria entre quienes compartieron su tiempo y su mundo”.

También Idea Vilariño se refirió al olvido de este poeta: “Ahora, demasiado tarde, como siempre, sólo podemos declarar el valor de sus versos, mostrar un poema, dejar constancia del paso del joven poeta que desoímos”.

A principios de la década del ‘90 Rafael Courtoise aplaudió la publicación de la “Obra Completa” de Humberto Megget, realizada por Banda Oriental luego de una rigurosa investigación y revisión de Pablo Rocca, a quien le asignó el mérito de recuperar “para los lectores y la institucionalidad cultural”.

Lo cierto es que aunque miles de uruguayos han disfrutado y hasta saben de memoria algunos de sus textos musicalizados por artistas del canto popular, tales como “Ahora que todo gira” (por Dino) y “Tengo ganas de Coca y Raquel” (por Darnauchans) solo algunos de ellos desconocen el nombre del autor de los versos que tararean, y muchos ignoran su peripecia vital. 

Humberto Megget es el nombre que –por iniciativa de un grupo de vecinos—lleva una pequeña placita –pensada como paseo cultural—de mi ciudad. Un justo homenaje que pretende rescatar al poeta del olvido y señalarlo con luces de neón en la memoria colectiva sanducera.



En base a un artículo publicado por Carol Guilleminot en la revista Quinto Día.

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