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domingo, 17 de agosto de 2014

MILENA CHÁVEZ MATAMOROS [10.915]




MILENA CHÁVEZ MATAMOROS

San Ramón, Alajuela, Costa Rica, 1988. Realiza estudios de licenciatura en Cooperación Internacional en la Universidad Nacional. Miembro del Taller de Poesía Guillermo Naranjo y del equipo organizador del Encuentro Internacional Tierra de Poetas. Publicada en 2012 en la Revista literaria “Orquídea del Acero”, de la Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores y en 2013 en la antología “Mujeres Poetas del Mundo”, elaborada por Xabier Susperregi en el País Vasco. 
Email: milenachavesm@gmail.com







Yo árbol

Soy árbol
de semillas migratorias.
Soy las raíces que me han florecido
y muerto en tantos suelos.
Soy árbol
y si me podan, crezco
y si me queman
las raíces ya habrán nacido
desde otro brazo de la lluvia.
Soy frutal, exótico,
caducifolio, apenas tronco.
Soy árbol sombra
árbol leña
árbol papel y lápiz de versos
árbol que rompe el cemento
de las aceras
árbol hamaca
árbol casa
árbol refugio.
Soy árbol que muta
su camino.
Árbol
en su viaje interminable
hacia la luz.








Apremio

Me urge ser poeta
como a veces me urge
un orgasmo.
Me urge ser poeta
en su ejercicio de la vida,
del significado,
de las palabras hartas
del desmembramiento,
de escribirse a medias,
de atragantarse en la raíz
de la lengua cuesta arriba
para saltar de los labios
si sobreviven a los dientes.
Me urge ser poeta
o me urge —acaso—
nada más ser libre.










Lamento del gallo

En su sonámbula serenata
de  madrugada
los gallos cantan
para que vibren los cristales
con más que el espasmo agudo del aire
para que sude algún cuerpo
más que versos.
Cantan
y es su eco un lamento incesante
celosos de la madrugada
que prefiere despertar
con un poeta.










SUEÑOS DE CAPERUCITA

Sin prejuicios
viste tacones, la caperuza
y sale a encontrar lobos
que no devoran a la fuerza,
porque las caperucitas, cuando crecen,
llevan flores a las abuelas
con los mismos dedos
que masturban sus sueños
y los del lobo.
Comparten vino, poemas,
beben a sorbos
el jazz de la noche.
Hacen caso omiso
del cazador y sus rifles oxidados.
Mojan la piel de la
perenne luna llena.
—Caperucita, ¡qué manos, qué sexo,
qué boca tan grandes tienes!
—Lobo, ¡son para comerte mejor!










Existen aquellos
Como existen hojas
en los bosques húmedos.
Dejan sus trajes
tras la puerta
y desvisten su inmortalidad.
Regalan flores, atardeceres,
el corazón y sus abismos,
poemas prestados en hilos de luna
bordean el universo,
el tablero infinito de su piel
i r r e m e d i a b l e m e n t e  i n s í p i d a.










LUMEN

Los poetas de luz
se instalan en segundos,
se quedan
por tiempo indefinido.
Dejan huellas
fósiles en las vertientes.
Se van y fácil encuentran grietas
por si quieren volver
en alguna de sus formas
al vaivén —sin compás—
de su reloj de arena.
Regresan pronto, aunque “pronto”
sea una dislocación del calendario.
Los poetas de luz
coleccionan rocas, naufragios,
cicatrices, mariposas.
Saben del silencio,
del lenguaje profundo de las cosas,
del poder de floración
que habita la mirada.
Para ellos no es monótona la vida.
Transitan despacio madrugadas,
se dejan fluir entre palabras,
en los contornos infinitos.
Son fénix que se reinventan
en variables ciclos de energía.
Centellean,
se saben inacabados,
cargan en sí mismos su equipaje
y andan esparciéndose en los mares,
en corrientes migratorias,
en los remolinos de viento
de todas las ciudades
impregnadas del recuerdo
y saben siempre que es mejor
despertar con un poema…








INVIERNO

Cansado de verse en el espejo,
alarga su bostezo el verano
sin afán de opacar la lluvia
ni el frío de la niña
que olvida el hambre
mientras prepara en el jardín
pasteles de barro.




miércoles, 31 de julio de 2013

JUAN CARLOS VARGAS ALCOCER [10.313]



Juan Carlos Vargas-Alcocer 
San José Costa Rica, 1967.  Estudió Arquitecto, Administrador de Negocios e Ingeniero en Computación.   Es Ingeniero de Sistemas en la empresa privada y profesor en las facultades de Administración de Empresas de la Universidad Nacional de Costa Rica e Ingeniería de Sistemas de La Universidad Latina, imparte cursos en los programas de Bachillerato y Licenciatura de ambas carreras.
Es miembro activo del Taller “Miércoles de Poesía” del Instituto Tecnológico de Costa Rica dirigido por el escritor costarricense Adriano Corrales.  Parte de su obra ha sido publicada en revistas independientes tanto en Costa Rica como en Chile.  Mantiene un Blog de poesía en la siguiente dirección:
 http://lalibretademilo.wordpress.com/
Su primer libro pronto a publicarse se titula “Certidumbre de los días” y actualmente trabaja en la elaboración de su segundo poemario.
El escritor mexicano Ernesto Cisneros Rivera, en la presentación de su libro “Certidumbre de los días” dice de nuestro poeta lo siguiente: "
Certidumbre de los días, “Poesía dispersa escrita en blanco y negro”, nos atrapa con la inmediatez en que la voz varonil de Vargas-Alcócer nos enfrenta sin ambages, pero con un exquisito lirismo no exento de muchísima introspección y razonamiento, tanto al amor sensual como al espiritual dirigidos a su musa eterna: la mujer deseada, la mujer amada, la mujer perdida, la mujer pasada (“Lugar común de todas las cosas”). Luego, con el arrojo que sólo los valientes pueden desplegar, nos lleva por el difícil mundo del haiku, en donde explota con la misma aparente sencillez del 5-7-5 temas donde prevalece su fuerza motriz: el amor; amor que va dirigido no sólo a su eterna musa, sino a todo ese universo que lo apasiona y al cual plasma, tras una reflexión imperceptible (como debe ser la verdadera reflexión), en figuras delicadas, palabras sencillas, ritmos suaves y cadenciosos, como lo es el mismo envase en que lo envuelve para entregárnoslo (“Breves, estilo haiku”). Para cerrar, llegando a la perfección trilógica, nos entrega el último haz de poemas (varios de largo impulso), en donde deja aflorar al hombre que se entrega a la vida, a sus amores, a sus amigos, a sus seres queridos, a sus ideales, a su sentir y a su pensar."







Confesiones de un peatón que se creyó poeta

¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente,
o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?
Jaime Sabines

Los que se creen al decir “soy poeta”
todas caerán rendidas a mis pies

Porque soy experto en el uso de las palabras
y fácilmente las puedo enamorar

“Soy poeta” porque el amor y yo
la pasamos juntos todo el día
y lo conozco perfectamente bien

Los que se creen al decir “soy poeta”
obtendrán un lugar de privilegio en la sociedad
el aplauso, los libros y las dedicatorias en la primera página
es lo que voy a hacer para sobrevivir

Será algo así como recibir premios,
repartir besos, leer en los festivales
y encontrar en el correo un jugoso
cheque mensual proveniente de mi editorial

Pero no soy de esos, soy poeta
porque las estrellas, la soledad y la tristeza;
me acompañan más que cualquier otra persona

Porque  tiendo a ser loco, ateo, alcohólico,
sensible y de visión romántica;
pero con un gran desencanto por la vida

Me rebelo contra el sistema,
apoyo las causas sociales,
tengo un trabajo;  padezco de otredad
y desarraigo por el status quo

Soy poeta porque lo que mejor  sé hacer
es soñar de forma empedernida,
fracasar en el amor, bailar con la muerte
y la mayoría del tiempo;  hablar conmigo mismo.








Historia del canto y los fuegos fatuos que
extravían a los marineros en el mar


Esa mujer se parecía a la palabra nunca
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Juan Gelman


Su hechizo es como el canto de las sirenas,
enloquece a los hombres con sólo mirarla a los ojos.

Yo lo sabía desde un principio,
pero no las circunstancias de la vida
que me llevaron a caer en las redes de su embrujo,
así como los de antes y los que vendrán después.

Bella,despiadada e insensible,
sumisa y cariñosa,después da la vuelta
y te aplasta como un vil insecto.

Sigue su vida como si nada porque de su lado
el sentimiento no existe,dejando detrás
un rastro de cadáveres malolientes y descompuestos.

Me dije:”con ella tendré cuidado”,
pero no fue así,mal signo ahora
cuando de mi cuerpo aflora
ese olor que caracteriza a los moribundos

Mis brazos divagan extrañando la piel
que nunca estuvo y este pueril sentimiento
sigue esperando el estertor que antecede al ocaso.

Ese golpe de gracia que viene para convertirme
en un muerto más que se volverá putrefacto y polvo,
aun lado de su camino por la vida







Epitafio para una triste antología

¿Irá alguien al periódico del pueblo
y reunirá en un libro los versos que escribí?
Edgar Lee Masters

Aguardando la mesa donde serán
consumidos finalmente,
siento la vida, como los peces
moribundos apilados en un barril.

Sé cómo es vivir en cementerios,
que albergan las pocas almas
de un pueblo, que decidió
no regresar de los recuerdos.

Del otro lado, no es tan fácil,
una sensación que no descifro;
regresa siempre
y me recuerda que:

“Yace aquí
quien alguna vez
quiso cerrar círculos,
envió señales de humo,
mensajes en botellas

y esperó… y esperó.”







Hoy sólo basta verte para que sobren las palabras

Es el rincón donde a tu lado, leí una noche
entre tus tiernos puntos,
un cuento de Daudet.
César Vallejo


No hubo tiempo para dedicarte un poema.

No quise cerrar la puerta
del lugar donde estuviste,
la cama intacta,
las almohadas donde tu olor persiste.

Pero tu nombre va inscrito en estos versos.

En el apacible ruido que causan
las aspas de una tormenta
que trajo de vuelta tu nostalgia.

Seguís presente
en esta larga y solitaria noche
que desliza sus suaves dedos por mi espalda.

Mi dormitorio guarda
un rincón que en vos insiste,
el pequeño espacio donde volvés siempre.

Es el rincón exacto
que conserva oscuro este deseo,
un frustrado terco amor…
este inútil deseo de quererte.







Esta mujer que no tiene remedio

Esta mujer que no tiene remedio.
Merece ser quemada
como un santo,
apedreada
como cualquier adúltera,
merece,
la cruz
porque me salva.
Felipe Granados

Aprendí a quererte
sin alcohol ni marihuana,
los sábados de noche
junto al murmullo de la gente
y la desnudez de las estrellas.

Supe de aquellos dedos que quisieron
verse atrapados en el dédalo de tus cabellos,
la palabra que intentó salir y se contuvo,
los besos que acabaron en tu frente,
todos; destinados a morir en su banal intento.

Quise verme jugar
con el reflejo de la luna que se estrelló en tu espalda,
amanecer al lado tuyo cuando despertaras;
o volverme uno de esos tantos cigarrillos
que con mucho afán desgastabas
hasta extinguirlos en la comisura de tus labios.

Quise ser tus ojos,
la palabra en tu boca,
cualquier suspiro que naciera de tu alma;
la persona eterna en tu recuerdo
y tu recurrente pensamiento.

Pero no.
No te lo creas,
no fui yo, no fueron míos.

Fue tan sólo ese otro,
fueron de ese otro,
el hombre que también quiso quererte.







Lugar común, una noche al final de este verano

Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa
Raúl Gómez Jattin

Hoy no hay estrellas
tan sólo luz y música.
El siempre pretexto
de pasar un tiempo juntos.

La vida cotidiana se vuelve a reflejar
en el fondo de una botella de cerveza
junto al presagio de otra noche
que acabará en lo mismo.

Como es usual al lado tuyo,
te miro de reojo; me pregunto:
¿Qué será de la flor dormida
que se esconde debajo de tu falda?

Muy probablemente
pase la noche, la luz, la música,
y este verano interminable
sin que pueda darme cuenta.






sábado, 27 de julio de 2013

MAURICIO ESPINOZA [10.253]


Mauricio Espinoza 
(1975, Costa Rica) es poeta, ensayista, traductor y periodista. Es graduado de Ashland University (periodismo) y Ohio State University (estudios latinoamericanos), y también hizo estudios en comunicación y literatura en la Universidad de Costa Rica. Actualmente cursa el doctorado en literatura y cultura latinoamericana, en Ohio State University. Ha publicado un libro de poesía (Nada más que silencio, San José, 2000), y es co-traductor de The Fire’s Journey, traducción al inglés de El tránsito de fuego de la poeta costarricense Eunice Odio (Tavern Books, Portland, 2013). También ha publicado ensayos sobre literatura y cultura latinoamericana y latino-estadounidense en varias antologías y revistas especializadas en Estados Unidos.







Día azul

(A Daniel Montoly, que ama el blues)

Hoy estoy todo azul,
como un pitufo,
como un blues,
como un infante rebelde
que se niega a respirar,
como un azulejo en celo
en plena batalla primaveral,
como la soledad de tus ojos,
como la humedad de tus ojos
que es lo mismo que tu soledad,
como el mar antes
de que mis manos lo atrapen
y ya no es más que mi turbio retrato,
como una rosa imaginada,
como el Escarabajo Azul derrotado
por su propia humanidad,
como esas moras derretidas
en el muffin de mi desayuno,
como un recuerdo de cielos claros,
vos y yo acostados en el pasto,
brisa en rostro,
mano en mano,
estoy todo azul hoy,
como Blue Demon desenmascarado,
el dolor chorrea
por mi costado
--es la sangre azul del príncipe
que regresa sólo de la épica batalla
contra el dragón,
su doncella sacrificada
en las llamas del volcán.






Ova-ción

(A la memoria de Jairo Mora)

Dicen que las tortugas baulas
regresan a la misma playa que las vio nacer,
a miles de kilómetros de distancia,
a sembrar sus huevos
en la húmeda soledad de las arenas.

Dicen que las almas de los que han partido
regresan a los sitios donde amaron,
y donde fueron amados.

Yo volveré un día a esas mismas aguas
que me vieron nacer,
y amar.






Educación pública

En el colegio muchas veces
no teníamos profesor
de ciencia o literatura.
Pero siempre había
de religión.







Libélula I

Recuerdo tu sonrisa
en una tarde de niebla.
Tus ojos libélulas —
alas de papel naciendo versos entre mis labios.






Línea final

(Pensando en Boston, abril 2013)

El soldado de Maratón
corrió 42 kilómetros y murió al llegar a la meta.
Nada hemos ganado aún:
nuestra línea final es,
y siempre ha sido,
la muerte.







Hoja de vida

Pensé por un momento
en poner mis diplomas y mis premios
en las paredes de la sala,
convertirla en un enorme currículum vitae
que estoy seguro deslumbraría a mis visitantes.
Pero en lugar de eso decidí cortarme la cabeza
y colgarla de la puerta,
a plena vista de todos,
con un nido de pájaros en mi cabello.
Aquí, en este rostro, podrás ver toda mi vida,
en la amargura de este sueño,
en estos labios —que a pesar de todo—
te pedirán un beso.





pierrot


 a leandro soto

me regalaste
una máscara de oro
con una lágrima que no se borra
que no se derrama
que no se agota

nunca más he llorado
desde entonces






Estatua

Acudo sudoroso
jadeante
a la inmovilidad de tu voz
Tienes un luna tatuada en el sueño
y una corona de espinas lamiéndote la frente






Invierno de la poesía

Es una mañana de frío implacable.
La lluvia congelada ha caído y vestido a los pastizales de hielo.
Mi aliento se congela en visibles bocanadas.
Entonces me doy cuenta:
mi lenguaje se ha vuelto tangible,
cada palabra adquiere su propia forma,
su propio deseo al salir de mi boca,
cada letra delineada como un pincelazo de tinta china —
pero más bien blanca 
y sin contornos finales.

He aquí al poeta:
de pie,
en mitad del invierno,
haciendo palabras,
espectros inasibles
que encarnan sus propios cuerpos,

y se escapan entre el frío de la mañana,

en busca de tardes más cálidas.

https://www.facebook.com/IluminadaOscuridad





lunes, 15 de abril de 2013

OLGA GOLDENBERG GUEVARA [9706]



Olga Goldenberg Guevara

Nací en San José, Costa Rica, el siglo pasado, hace ya 72 años. El gusto por la poesía y la necesidad de escribir han sido una constante en mi vida desde mi adolescencia. Sin embargo, otras urgencias ocuparon mi tiempo. La escritura quedó relegada durante años en los que, además de parir y criar cuatro maravillosos hombres, hice algunos estudios que me dieron los títulos de Bachiller en Literatura y Ciencias del Lenguaje y de Licenciada en Pedagogía por la Universidad Nacional. La militancia política de izquierda y el interés personal me llevaron a estudiar en forma autodidacta asuntos propios de las ciencias sociales y de las desigualdades de género en el desarrollo humano sostenible. 

En el campo laboral me desempeñé como docente e investigadora en la Escuela de Planificación y Promoción Social, en la Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica. Por un breve tiempo me hice cargo del tema de género y desarrollo en la sede de FLACSO Costa Rica.

En los años 80 incursioné en el área de educación popular y fui Coordinadora de la Red Latinoamericana de Educación y Economía Popular para el Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL).

Por invitación del Dr. Rodrigo Alberto Carazo Zeledón, formé parte del equipo fundador de la Defensoría de los Habitantes de la República y dirigí durante su gestión el Área de Defensa del Derecho al Desarrollo Humano Sostenible. 

Durante los últimos 10 años de mi vida laboral activa, trabajé como Consultora en Género y Desarrollo Humano para:
Proyecto Informe Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible. Consejo Nacional de Rectores. CONARE. Costa Rica.
Despacho de Gloria Valerín, Ministra de la Condición de la Mujer. INAMU, y posteriormente Diputada a la Asamblea Legislativa, Costa Rica.

Actualmente estoy jubilada. Ahora tengo tiempo para escribir poemas.



LILITH

Noche a noche me saco las costillas,
las acomodo en fila, 
las dejo reposar sobre las sábanas.

Analizo su blancura de cal,
su calidad flexible y resistente.

Celebro el amoroso abrigo
que dan a mis pulmones,
el soporte que dieron a mis senos,
la erguida simetría y proporción que guardan
pese al pasar y al peso de los años.

Infatigablemente andando mis caminos 
ninguna se extravió.

Ninguna alimentó el falaz,
el quimérico encanto de la transmutación.

Ninguna jugó el juego delirante 
de pretender estar fuera de mí conmigo
-herido mi costado-
en las complicidades de furtivos abrazos 
y el tiritar de madrugadas húmedas.

Cada noche las cuento de una en una.

Están todas completas.

En su jardín 
Adán nada en la sombra.

Nada encuentra.





Yo pez


Soy el cristal que fluye con el río.

Soy  la gota que va contracorriente.

Yo soy de agua.

Soy ese pez que mira de costado
al pez que sube,
que mira de costado
al pez que baja.

Yo soy el pez caído del estanque,
como el ángel
el día que lo pescaron 
en pecado. 





NAUFRAGIO

Al borde de esta sábana abismo
que nos cubre,
al filo de los fríos y el silencio
que tus ojos amparan,
hay una piedra seca y aprendida
para decir los golpes,
anegar la palabra,
sumergir los anillos,
anclar a la deriva, 
soltar en la borrasca
el pez y la barcaza.

Esta mujer sin pies 
no fue invitada.

Esta mujer sin ojos
destejida en tu cama.






PROBADAS

Quienes fuimos traídas y puestas en tutela,
erigidas guardianas 
de nuestros propias cárceles,
cercadas, 
“desnegadas” del ser por treinta siglos, 
treinta lúgubres túneles, 
treinta laberintos, 
treinta pesadas losas catacumbas,
treinta mil cerraduras
engarzadas en la única puerta del milagro
del cuerpo
que nos fuera expropiado.

Quienes fuimos tentadas por encuentros furtivos
y acudimos
-aunque dejáramos prendida el alma en los aleros- 
a los desdoblamientos y las máscaras,
al flujo de las metamorfosis, 
al azaroso devenir,
transformadas de ingrávidas libélulas
o garzas de majestuoso andar,
en letárgicas boas, 
fugaces lagartijas, grillos saltarines, 
vacas nutricias,
apacibles ballenas de ojos soñolientos, 
lentas jorobas, dilatados vientres 
y ajenos horizontes migratorios
coronados por altos surtidores de sal.

Quienes empecinadamente renacidas
achicamos las aguas del naufragio
hasta abrazar azul el horizonte,
elevar papalotes, la palabra, la voz
y atrapar los demonios de las sombras
con la punta de un lápiz.

Quienes sin indagar respuestas 
de incógnitos espejos, 
brujas madrastras de lo cotidiano,
podemos inventar  nuevos ensalmos 
de alasvuelocolor multiplicadas,
y expertas en sostener el punto
discurrimos la edad 
y sus anillos deslumbrantes,
ya no estamos a prueba.





LO FATAL 

           y no saber a dónde vamos,
           ni de dónde venimos!...
                                                   Rubén Darío.
No la idea de morir, 
sino el fantasma 
de la descabellada amiga
que pospone las citas a su antojo,
que pierde en un recodo su guadaña 
y no viene a cortar, cuando la espero,
el hilo. 

No la idea de morir,
sino las circunstancias,
el momento del trance sin aviso, 
en territorio incierto, 
la persona sin vela en el entierro
a la que toque el gesto intrascendente
de cerrarme los ojos
y acomodar mis manos sobre el pecho.

No es lo fatal la muerte.
Lo fatal es la vida
que conmigo la aloja, la alimenta,
y la anima a que tome ella la rienda
que ya mi aliento no retiene
y suelta.

Lo fatal es la vida, 
¡esa traidora!
Aparenta ser mía, mas conspira,
confabula con la otra a mis espaldas.

Sospecho que al tenor  de  sus acuerdos,
ella es quien burla mi control
y escapa.