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lunes, 22 de septiembre de 2014

LILIA GUTIÉRREZ RIVEROS [11.110]



Lilia Gutiérrez Riveros

Macaravita,  Colombia, 1956. Poeta, ensayista y narradora. Química y bióloga. Ha ejercido la catedrática universitaria. Libros de poesía: Con las alas del tiempo, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1985; Carta para Nora Böring y otros poemas, Contracartel Editores, Bogotá, 1994; La cuarta hoja del trébol, Ediciones Equilibrio, Bogotá, 1997, Intervalos, Contracartel Editores, Bogotá, 2005; Pasos alquilados, Caza de Libros, Ibagué, 2011. Algunos poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al portugués al alemán, al italiano y al Mandarín. Incluida en antologías y estudios críticos. Ganadora del I CONCURSO MUNDIAL DE ECOPOESÍA, 2010. Su novela para niños Valerio Valentín ha sido publicada por Babel Book Inc., New York, 2012. Embajadora de la Paz del Círculo Universal de Embajadores de la Paz con sede en París y Ginebra.   Fundadora y Presidenta de Poesía sin fronteras.





Planeta de bolsillo

Recorro la elongación de un suspiro
y siento que tenemos derecho
a un mundo sin residuos
sin armas y  sin humo.

Siento ganas de un planeta de bolsillo
para caminarlo a pie
sin prisa y sin horarios.

Un planeta con olor a vida simple
para sembrar abrazos y utopías.

Un planeta para respirarlo
con los árboles y los venados
orugas, mariposas y delfines.
Un planeta con mares de medusas y crustáceos
y la migración de vuelos del Ártico hasta el Índico.

Recorro la elongación de un suspiro
y protejo  entre el bolsillo
mi planeta de bosques y manglares
sin ruidos en el aire y calma en las ciudades.

Un planeta con gente de conciencia verde
de manos dispuestas a madurar la vida
y el corazón crepitando al borde de la noche.

Poema ganador del I Concurso Mundial de Ecopoesía, Tumbes, Perú, 2010








Verano

A veces
el cielo es un gran tambor
retocado por las nubes.

De repente
una bandada de vuelos
anuncia la algarabía del viaje.

El sonido invade el Universo.

Un ejército de luces
abre su abanico
del bronce al amarillo.

Y la tarde
desciende lenta
sobre los tejados
y los  pavimentos.

Del libro Intervalos







Somos Tierra

Porque el viento
esparce por la tierra
las generaciones idas
no existe partícula escondida
sin memoria, sin esencia.

No existe  gota en el mar
que no haya sido sangre, pálpito o aurora.

Cada gota de savia
en los tallos del mundo
ha sido arrullo y beso
amor  y temple humano.

La tierra que pisamos
es el camino de los ancestros.
Somos la expresión de su cosecha.

Aquí estamos, de pie.
Somos evolución y sustancia
partícula de raíz, estatura arbórea
virtud de agua, prisma de la roca
sonido de la selva
abrazo, recuerdo, conjugación de vida.

Dentro de uno o dos milenios
alguien inclinará su cabeza
y escuchará acordes antiguos
cuando levante de la tierra
y acerque a su corazón
el puñado de murmullos
de sus antiguas generaciones.

Del Libro  Pasos alquilados








 Fiesta vegetal

Desde  la  raíz la luz busca su brillo
asciende la escultura  de los tallos,
se vuelve brote y rama y arrullo de las aves.
Teje corolas, se vuelve estambre
concentra el polen y lo almacena en sus anteras.
Se torna jugo y almendra en la redondez del fruto.

En el derroche de colores
los jazmines beben blancura
las buganvilias exhiben
lilas, violetas y amarantos.
La azalea reparte sus perfumes
y la rosa multiplica sus ropajes
entre dalias y magnolias.

Detrás de la azucena
un grillo se  esmera ensayando
sus ritmos monocordes
mientras la yerba  de los prados
perfecciona su danza  con la brisa.

La noche construye puentes
entre el polen  y el germen.

Antes del amanecer un pequeño brote
brindará al mundo el nuevo rostro de la vida.

Del libro Pasos alquilados








Los desaparecidos

Un látigo del  viento
trae la noticia de los desaparecidos.
El zarpazo de la incertidumbre
deja  sin respiración la vida
y la  libertad en la mesa del embargo.

Los postulados
engendrados por ellos
levantan banderas de amor
en los rostros desorientados.

¿En qué campo deambularán sus pies?
¿Bajo qué estrechez de mando deslizarán la vida?
¿Habrá un espacio donde quepa el vacío
y el llanto de los afectos truncados?

Los desaparecidos son pulso de cartas sin retorno
son rituales tallados en relojes de espera
la fortaleza y el dolor en contravía.

Los desaparecidos
son el temple de la esperanza y de la fe.

La condecoración de los desaparecidos
no ha de ser
la indiferencia  ni el sello forzoso del olvido.

Del libro Pasos alquilados







Registro funerario

Con llantos
ningún muerto perdona
y con toda su palidez
ningún muerto ha sido perdonado.

La muerte

deja la casa
y sus manteles
a mitad de hacer
y el afecto en esa
mirada sin palabras.

Nada peor
a los registros funerarios
donde se leen firmas puntuales

a la hora en que sólo hay olvido.
                                                                                        
Del libro La cuarta hoja del trébol





jueves, 28 de agosto de 2014

LUIS EDUARDO RENDÓN [11.028]



Luis Eduardo Rendón 

Nació en San Roque, Colombia en 1972. 

Libros de poemas: Arpa a merced de las manos invisibles, 1996; La velocidad de las piedras es azul, 1997; Universal Gong Night, 1997; Tras la loba espectral, 1998; La Plaza Mercurio, 2000; Libro de presagios, 2011. 

Pertenece a la organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín y al Consejo Editorial de la Revista Prometeo.




La piedra florecida

Atención
florecerá una piedra
y los reyes exigirán explicación

los niños la pintarán
la buscarán en sueños
y montañas

los periodistas peregrinarán
la academia revelará un nuevo reino

por doquier se hablará del milagro
todos pretenderán ser dueños de tal piedra

¡Salvémosla!
Clamarán los partidos verdes
los enanos azules
los arqueólogos locos

pero una piedra seguirá floreciendo

en los místicos desiertos
en los huertos de los ríos
en la comunión de los amantes
y en los deseos de otras piedras

De: Libro de Presagios (2011)






NOS ESCULPEN LAS ESTRELLAS


III

Porque nos recorre en 28 días
como al teclado de un piano
la Luna semeja el vértigo del amor

geisha de los imanes
acupunturista del rocío
colibrí de nuestro néctar

crecemos en sus fulguraciones
en nuestros juegos conejos

porque roza nuestras vértebras
con la delicadeza de una bailarina
ella cuece todo presentimiento
leño adentro

De: Libro de presagios (2011)









SED

Grifos tus palabras

paraguas
en tempestades inefables

grúas
en el accidentado tráfico
del pensar

tenazas
para desapretar
el mundo

relojería acuática del sueño

desierto es lo que fuimos

De: Libro de presagios (2011)








S.O.S. ÓSEO


I

Calambombo nuestro
blanquísimo fémur de la vaca
que cuelgas en las carnicerías
danos hoy nuestro caldo de cada día

los economistas te recomiendan
los ascetas te imitan
perros te acechan
señoras humildes te aderezan

a semejanza de tu imagen
¡Caímos al estado calambombo!


II

Madame sequía
con su collar
de huesos
exige báscula
metro
gotero

dosifica chamizo
ración   pucho   semen
hilo de voz


III

¡Caímos
Caínes
al estado calambobo!

Hidropónicamente unidos
aprenderemos a succionar
milímetro a milímetro

el agua de la roca
el amor en una boca

De: Libro de presagios (2011)








IX

(Fragmento)

aunque las cifras
como cuervos
prefiguren nuevos cataclismos

no vamos a desaparecer

aunque
se desaten nuevos
demonios

adentro
y afuera

y nadie diga nada
porque es prudente callar
en los funerales

no vamos a desaparecer

aunque hagan todo lo posible
por hacer olvidar
lo que no puede ser olvidado

y logren hacer creer
que tienen la razón

y que la poesía
es un adorno

y que el cielo no es un lugar

no vamos a desaparecer

aunque afirmen
que sus momias nos representan
y que sus enciclopedias nos contienen

no vamos a desaparecer

aunque
quisiéramos
deshacernos

borrar
las huellas

incendiar
los mapas

hablarían
entonces
los santuarios

como viejos sabios
moverían sus labios
las piedras

por doquier
brillarían códices
como luciérnagas

tablillas
se reunirían
milagrosamente
atravesando mares
y museos

porque no vamos a desaparecer

aunque
hayamos olvidado la boca
cuando teníamos que hablar

y los pulmones
cuando teníamos que respirar

y las manos
cuando teníamos que asir

no vamos a desaparecer

aunque
pretendan
poner el misterio
en una báscula

insertar
un programa
en un embrión

aunque ansíen
medir el anhelo
del salmón

y descifrar
los cantos
de las ballenas

no vamos a desaparecer...

De: La plaza mercurio (2000)






Rebeldía de la savia

Plomo
el más anciano

entraste al joven Beethoven
a través de peces contaminados del Danubio

lo ensordeciste
y lentamente
murió

pues gradualmente devoras
para no ser destronado

plomo nunca melódico
somos con Ludwig
repudio contra ti

resistencia de sangre musical
contra el metálico absolutismo








Sigilo de las grandes ostras

La belleza que les crece producirá su muerte
como la fatalidad que desolla al tigre

ninguna perla las acusa de encerrarlas
ninguna vecina les envidia la gema

en las manos puras
en el óvalo de una lágrima
en la inmensa cuna del mar
las perlas perdidas brotarán

de las profundidades del sueño








Hojarasca razón

Raíces del caos
prenden de los sueños
jardines de los muertos

ramas del pensamiento
arden en la noche
del fin de los números

frutos del héroe
se pudren
a gran velocidad
las flores del amor
en olvidos irrompibles






Vamos

¡A un baile de pingüinos!

¡hacia jirafas de vino
pintadas lingualmente en las bailarinas!

¡a olvidar el armario!
no hay llaves para la brisa
cajones para la niebla
espejos para cabellera de cometa
ni vestidura para cinturón de asteroides!

¡a saltar sobre cuerdas de chelo a otros cielos!

¡hacia la carne cristalina de la pitahaya!
¡hacia el ojo de cuarzo de la luna!
¡hacia la carroza con relojes de sandía!







sábado, 23 de agosto de 2014

MERY YOLANDA SÁNCHEZ [11.010]


MERY YOLANDA SÁNCHEZ 

Nació en el Guamo, Tolima, Colombia en 1956. Gracias a que la mayoría de su familia era de profesores, tuvo la posibilidad de guiar su infancia por la lectura como combustible para alimentar el motor de su imaginación.  Según sus propias palabras ha hecho de todo menos estudiar literatura, porque según su experiencia la academia destruye el talento innato del escritor. “la academia tiene una guerra total con la creatividad es un error estudiar literatura se pierde el talento innato del escritor”, afirma.

Ha publicado los libros de poesía: La ciudad que me habita (1989), Ritual para las noches (1997), Dios Sobra, estorba (2006) y la antología Un día maíz (2010). 

Obra inédita: Gradaciones (poema), Último llamado (dramaturgia). Sus poemas, cuentos, comentarios literarios y reseñas de libros han aparecido en diferentes antologías y magazines del país. Obtuvo mención de honor en el concurso El cuentista Inédito del Centro de Estudios Alejo Carpentier en 1987 y en 1994. Fue beneficiada con la Beca Nacional 1998 del Ministerio de Cultura por su proyecto Poesía en Escena (propuesta escénica para la presentación de lecturas de poesía que se realiza en Bogotá desde 1993). Actualmente dirige la Asociación Libre para las Artes -Alartes-, entidad de gestión artística y cultural que realiza producción técnica y logística de eventos masivos y de sala. (1989).  Con las uñas la tuvo como invitada a un jam poético y pudo obtener algunas impresiones suyas de temas  varios.




La carta

Puedo darte últimas noticias,
contarte cuántas curaciones
en la canción de la guerra.
Puedo mostrarte una luz fuerte
que cruza el mediodía de los muertos,
pero no puedo hablarte del último
vestido de las mariposas,
y de esta necesidad de verte.






Carta a Carlos Iván

Pienso en ti
para contestar 
el saludo a mis muertos.
Pienso en ti
para olvidar la rumba
donde los disparos
son la partitura
del himno nacional.






Desierto

Las puntas de la lluvia en mis ojos.
Apacible, entre el olor a sudor de caballo,
y gotas fuertes que aplastan la tierra rojiza
reconozco el duelo. 
Desafío el miedo centímetro a centímetro
y la tormenta me devuelve las imágenes 
cuando intentamos el vuelo de los sueños.
La oscuridad es perfecta, la soledad amplia, larga la distancia.
El disparo no despertará a mamá.









ÚLTIMAS PÁGINAS

Has tenido suerte, caíste en el patio donde crecen los niños que no piden un nombre sobre la tierra. No has podido contar los años que llevas descalzo. Te encontrarán con la tierra de tu patio en el rostro. Una que otra hormiga se deslizará por tu ceño dolido. Una fruta traerá un poco de ti. Tu madre volverá a lavar culpas en las piedras del agua que te habló por primera vez de primavera. Y tú habrás olvidado que te llamabas Carlos y que las lluvias te han dejado sin color.





ARROZ

Regaste las semillas que crecían en los cráneos y viste las niñas que volvían para cambiar de ropa a sus muñecas y acariciar casitas de algodón. Te fuiste con el susurro de las matas de plátano y no alcanzaste las faldas de la anciana que volvió para terminar de amasar el pan. Sabrás que ahora nadie se quiere ir y que por pedazos retornan las sombras para acomodarse otra vez, pero no encuentran dónde poner los pies.




LOS OTROS

No alcanzaron a sentir miedo. Cuando los cortaron el dolor llegó primero, la boca de la bota en la cara. Pronto el susurro de la sierra fue lejano. Un pajarito almorzó los pecados de las vísceras.
Sus sombras siguen y recogen los sombreros que atajó el viento.
Las mujeres orinan cualquier lugar.
Los niños se volvieron ancianos amarrados a los alambres de púa.
Tres territorios debajo de las carcajadas de los asesinos.
Y sus sombras también son perseguidas, señaladas y marcadas desde los pájaros metálicos, dueños del cielo.




NACIMIENTO

Antes que el vuelo de la mariposa supiste de la infamia. Te enseñaron a no lanzar la flecha para evitar el arrepentimiento. Te dijeron que tenías que inventar una familia y la conseguiste completa para los asesinos. No esperaste los hijos de tus ganas. Viejo como estás, no llorarás por los que no nacieron, sabes bien que de ellos es la gloria de la eternidad.




EL REGRESO

Una extraña atmósfera le determina la vida. Un olor denso y pesado, nunca antes presentido, se cuela por el vestido y se esconde entre el ombligo.
Sí, sacaron al muerto, pero su olor se instaló en las axilas de la noche, en los pliegues del pañuelo en desuso; se mantuvo ocho días entre las subidas y bajadas de los inquilinos. Tal vez, Dios también utilizó el ascensor inhalando su propio sabor. Es la costumbre de dormir entre el incienso.




MIEDO

Sentir por las piernas
la respiración
del compañero desaparecido.






CALLES

En las calles
se dicen tantas versiones
del policía que desviste la mañana
del loco que se maquilla en la tarde de una niña.

En las calles
se dicen tantas noticias
inclusive del que baila
desnudando las sombras que lo acosan.






Las manos del viento

Has vuelto con tu cuerpo tibio y una marca en la piel. Traes una culpa y la dejas en la  habitación. Levantas las sábanas y procura una hora despierta. Los pájaros de picos largos se alimentan de lo poco que queda. Un mendrugo de pan se recibe en el sonido que se va yendo y apenas es un aleteo el canto de los adioses.






Premisas

Hay barcos que viajan por tus párpados y peces ciegos se acumulan en la gloria de tus manos. Recordarás las historias de niños que regresaron viejos, luego de la primera navidad. Confirmaste que es suficiente la vuelta al mundo en un gemido, para conocer las aves de presa en el paraíso.






La pregunta

Te han tirado al patio de las ranas. Sobre ti, pompas de jabón. Te preguntabas por qué las gallinas son tristes y van con una queja eterna. Hoy te picotean y no saben qué eres. Alguien te habrá mirado por última vez como un mal recuerdo. Nunca supiste estar de pie, no te gustaba estar pendiente. Sin embargo, te acostumbraste a dormir con ropa por si te sacaban con el sueño.





Notas

Se procura no llamarte ni mencionar tu nombre si piden huellas digitales. Y otra vez el dolor comienza en los dedos que no alcanzan la masa para el vecino. Entre alcoholes se está despierto para la hora del miedo y en pedazos que caen de los helicópteros se recupera el  bostezo que dejaste en el vaivén de la mecedora.






Heredad

Ahora solo de lejos puedes mirar la propiedad de tu tierra. Alguien te contó de las primeras guerras donde el arcabuco festejó las cenizas en el olor a albahaca. Te resignas al roce de los peldaños donde se abren las bocas de las distancias. Y no hay paz en ti porque te dejaron la fría costumbre de contar los vacíos.





En la mitad de la fiesta

Repetiste tanto la noche larga, que entraste a ella con la lucidez de los pasos que se dan sin asombro. Se te hacía tiempo hablar de los ausentes. En la mitad de la melodía te hicieron huésped en la casa de la nada, donde seguirás con los temas urgentes. Estás en otro cielo menos oscuro que nos amanece. Ya no miras el reloj porque la fiesta se perpetúa. Aquí, de a poco se volverá costumbre, no preguntar por la prolongación de las voces en el vaso que tú tocaste y que ahora tiembla en otras manos.