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jueves, 14 de agosto de 2014

FRANCISCO PINILLOS FIGUEROA [10.910]


FRANCISCO P. FIGUEROA 



EL POETA DE " LA MARIMBA"


FRANCISCO PINILLOS FIGUEROA

Nació en Guatemala, el 12 de mayo de 1882. 
Murió en La Ceiba, Honduras, donde era propietario de una farmacia, en el año de gracia de 1952. 

Siempre me intrigó conocer el misterio del segundo apellido del poeta guatemalteco-hondureño, Francisco P. Figueroa. El misterio lo resolví por casualidad, mientras devoraba el interesante  libro onomástico "Who is who in Latin America" (1945). Allí descubrí que el célebre autor del poema "La marimba", usaba como primer  apellido el  de su madre: Virginia Pinillos, guatemalteca. Su padre fue el hondureño Marcos Figueroa. Francisco Pinillos Figueroa, nació en Guatemala, el 12 de mayo de 1882.  Con el correr de los años Francisco siempre escogió ser Pinillos Figueroa. No se llevaba mal con su padre, pero él así lo quiso y se le conoce de esta manera.  Era un joven revolucionario cuando Manuel Estrada Cabrera comenzaba su tiranía. Así que el joven poeta parte adonde está su padre en Honduras y allí estudia la secundaria, y luego se recibe de licenciado en Ciencias Químicas y Farmacia en la Universidad Nacional de San Salvador en El Salvador.
Juan Elías Flefil, un compañero suyo a quien conoció en San Salvador, y al final, su antólogo, cuenta que en una oportunidad, cuando se celebraba el fin de año de 1910 y sabiendo su afición a las letras, le pidieron que escribiera algo para recitarlo en el momento del cambio de año. Francisco se apartó a una mesa de esquina del gran salón y allí compuso inspirado en los hermanos Hurtado y su marimba, quienes en ese momento tocaban un vals de moda. Fue así como compuso "La marimba", uno de los poemas más representativos del modernismo centroamericano y al mismo tiempo una composición hacia todo lo que en ese momento se estaba viviendo en su país natal, Guatemala. 
 Pinillos Figueroa solo tuvo un reconocimiento a su talento en sus 68 años de vida.  Fue en La Ceiba, Honduras, en donde se le otorgó una velada en su honor y se le hizo vestir la corona de laureles, reservada a los grandes vates. Corría 1943. Siempre tuvo problemas económicos, quizá debido a su numerosa prole. Tuvo siete hijas y dos varones, nueve en total, con su esposa, la señora Guillermina Barahona, pero supo solventarlos trabajando por toda Centro América hasta que, según su hijo Marco Francisco Figueroa, en 1949 Juan José Arévalo, que por esos años era el presidente de Guatemala y conocía  su talento, lo mandó a traer de Panamá a su patria.
De su vida particular se conoce muy poco. Algo dice el libro que fue publicado en Tegucigalpa en 1968, una compilación de algunas de sus poesías. El librito tiene 92 páginas escritas. Estas son de corte modernista, preciosista y muchos dedicados a los lugares donde vivió. Está presente Francia, los aromas de la nostalgia, la tristeza, la belleza femenina y las composiciones que hicieron famoso ese movimiento poético, versos de grandes metros, combinados a veces con otros densos y rígidos. En Guatemala es casi desconocido. Sin embargo el poema "La marimba" sí se conoce. Argentina Díaz Lozano escribió en "El Imparcial" sobre este poeta. También aparece nombrado en 1996 por Andrés Alvarado Lozano en "La Prensa" de Honduras, y más tarde, en 1999, Julio Caballeros Galindo lo recuerda por su famoso poema en su columna "Del Lector"  ren el "Periódico" de Guatemala.
Pinillos Figueroa, murió en La Ceiba, Honduras, donde era propietario de una farmacia, en el año de gracia de 1952. Hojeando su "Antología poética", publicada en forma póstuma en 1968, podemos rastrear, a manera de bitácora, los lugares donde escribió y vivió, pues acostumbraba fechar sus poemas. Por ejemplo, entre 1899 y 1914, vivió y escribió en El Salvador. Entre 1936 y 1939, su producción se vió fechada en San Pedro Sula. En La Ceiba, sus poemas se encuentran fechados entre 1933 a 1944. Mientras tanto, en Panamá, fechó sus poemas entre 1946 y 1948.
http://josegonzalezparedes.blogspot.com.es/2012/02/francisco-p-figueroa-el-poeta-de-la.html





LA MARIMBA

Lentamente,
lentamente cual si fuera
una gota que cayera
desde el mármol de la taza de una fuente,
tal preludia la Marimba una extraña sinfonía
saturada de amargura y de cruel melancolía
con sus teclas de madera…
Yo no sé qué obscuro arcano
de tristeza hay en lo hondo
de su música salvaje, que palpita allá en el fondo
de sus notas, como queja
dolorosa,
como un gemido humano,
como un dolor latente,
como algo inexplicable, infinitamente triste…
Es el alma de una raza, de una raza que no existe,
de una raza ya extinguida, libre, indómita y valiente…
Es el alma de Votán
de Atlacatl y de Lempira,
que en la música suspira,
es el alma de los indios que mandó Tecún Umán,
siempre, siempre a la victoria,
siempre al triunfo y a la gloria;
es el alma brava y fuerte
de aquel fiero luchador
que encontró gloriosa muerte
en la punta de la lanza del feroz conquistador…
Es la pobre raza extinta
de Imperio Cachiquel;
es la raza de aquel pueblo que dejó con sangre, tinta
la antes clara linfa pura del gran rio Xequijel.
Es el alma de la raza de los grandes sacrificios,
triunfadora en mil combates, triunfadora
hasta el día en que los tales con engaños y artificios,
redujeron a ignominia,
a infamante vasallaje.
Esa raza es la que llora,
que solloza de coraje,
de despecho y de impotencia en la música salvaje
de la nota plañidera
del indígena instrumento de teclado de madera.
Escuchad la sinfonía
de cruel melancolía,
escuchad qué sentimiento
el que vibra entre las notas del indígena instrumento,
nunca ríe, nunca canta;
es cual pájaro cautivo que jamás cantó alegrías,
ni jamás de su garganta
ha brotado más que el lloro
de sus tristes elegías,
en las frías
soledades de sus cárceles de oro…
¿Qué le importa a la vencida
raza muerta vuestros dones, vuestra lengua
que no entiende? ¿Qué le importa que en nombre
del Dios Bueno, del Dios-Hombre
arrasarais sus altares, si para ella es mudo el cielo,
si es su vida
sólo oprobio, cautiverio, sólo mengua?
¿Qué le importa? Ya no es de ella el rico suelo
Que regaron sus mayores con su sangre generosa
¿Qué le importa al indio eso
que llamáis pomposamente libertades y progreso
si es del amo su cabaña y sus hijas y su esposa?
¿Qué le importa? Si de aquella raza libre, brava y fuerte
que sufrió sin inmutarse los tormentos y la muerte,
habéis hecho solamente las acémilas de carga
que se arrastran, tristes, mudas, bajo el peso
de su amarga
dura suerte?...
Oh! Dejadla que solloce, que se queje a su manera,
solamente le ha quedado su marimba de madera
que le habla de sus tiempos victoriosos,
de sus templos y palacios de Iximché y de Copán…
de su rey Kikab el Grande, de su gran Valum-Votán,
de sus héroes de hierro, de sus épicos colosos,
libres, grandes bajo el sol,
que infundieron pavura,
por su arrojo y su bravura,
en el ánimo aguerrido del intrépido español!





jueves, 2 de enero de 2014

MAURICE ECHEVERRÍA [10.603]


Maurice Echeverría 

Nació en 1976, en la ciudad de Guatemala, en la cual reside. Es escritor y periodista Estudió Filosofía y Letras. 

Ha publicado los siguientes libros:

Este cuerpo aquí (1998) La Ciudad de los ahogados (1999) Encierro y divagación en tres espacios y un anexo (Editorial X, 2001), Sala de espera (Magna Terra, Guatemala, 2001), Labios (Magna Terra, Guatemala, 2003) y Diccionario Esotérico (Norma, Guatemala, 2006), Los falsos millonarios (Catafaxia, 2010).

En formato blog, los libros Plegarias Mutantes (Zanate, Guatemala, 2008), Setenta y dos ángeles tullidos (Zanate, Guatemala, 2008), Los poemas de Saffron Lane (Zanate, Guatemala, 2008), La oreja en tu mano (Zanate, Guatemala, 2009), y Ciento setenta y siete (Zanate, Guatemala, 2010), Pana no existe (Zanate, Guatemala, 2010), Zona 3 (Zanate, Guatemala, 2010), Poemas gerascofóbicos (Zanate, Guatemala, 2013), La glándula infinita (obra en progreso, Zanate, Guatemala). 

Sus cuentos figuran en las antologías Los Centro­ame­ricanos (Guatemala) y Pequeñas resistencias 2 (España). Tam­bién ha ganado en varios certámenes literarios nacionales e internacionales; entre  ellos el concurso de Novela Mario Monteforte Toledo (2006) con su obra Diccionario Esotérico .Actualmente es columnista de un diario capitalino.




Hay el día en que la madre muere 

Hay el día en que la madre muere. 
Hay el día de las cortaduras 
de las estructuras estamentales. 
Hay el día para el vuelco 
patológico de todos los dados. 
Hay el día–caja. 
Hay el día de los pájaros 
que migran borroides, sin hígado. 
Hay el día en que la madre muere: 
debajo de una lechuza, 
entrelazada con lo plástico. 
El útero se rompe cuando ella expira. 
Somos membrana, pero los cuchillos gravitan. 
Viviremos hacia afuera, químicamente, 
antiángeles, oleaginosos. 
Hay el día lacerante. 
Hay la laceración. 
Habrán lacerados, tremolando los últimos 
ovarios, plañendo a la Progenitora, 
que se convertirá en comida 
–para cientos de gusanas. 







Si yo pudiera me cogería el televisor 

Si yo pudiera me cogería el televisor, 
me cogería el televisor, 
si el televisor tuviera un hoyo fosforescente 
en donde yo pudiera meter mi casi negra verga, 
créanmelo, estaría ahora mismo metiéndosela 
con crueldad y con todo el desdén del mundo, 
así hasta hacerlo llorar, al televisor, 
hasta sacarle un millón de lágrimas televisas, 
me lo cogería en la cama, en el piso, y por detrás, 
obligándolo a pedir perdón por todo, 
por los sitcoms, por los reality, 
por CNN, por lo demás. 
Lo único que deseo a estas alturas de la vida 
es humillar sexualmente a mi televisor, 
y que aprenda a bajar la mirada.








El hombre sin tres esquinas

Yo soy un hombre sin tres esquinas. 
El día que me quede sin la cuarta 
dejaré de ser habitación, 
y el día que deje de ser habitación 
dejaré de ser mundo: habré muerto. 
Viviré en ajenas hectáreas de aire, 
respirando la asfixia.








Tus enemigos 

No puedes tocar las costillas de todos ellos, 
tus enemigos, 
sus asquerosos cuerpos huesudos, 
y hacerlos desaparecer, borrarlos por arte de magia. 
Eso sí que es locura. 
Tus enemigos, sus manos amarillas, 
es lo que hay para siempre, 
y por fin debes aceptar 
que eres como un murciélago sin alas 
cubierto por los pellejos de ellos, tus enemigos, 
más viscoso, 
más triste así luchando, 
más solo y más enemigo por odiar solamente, 
por odiarlos a ellos, tus enemigos. 
Tú eres el enemigo. 
Y la noche es la carne de tu osamenta.







Te vi tocar la guitarra, mujer 

Te vi tocar la guitarra, mujer, 
cantabas y escarbabas la tierra 
en busca de los blancos gusanos, 
se acercaron los ángeles a merecerte. 

Te vi tocar la guitarra, mujer, 
desaparecieron 50,000 kilómetros cuadrados 
de la faz de la tierra, 
de los volcanes rodaron perlas negras, 
a la vecina se le cayeron los dientes, 
y en fin: que todas las señales estaban ahí. 

Te vi autonacer, 
te vi tocar la guitarra, mujer, 
y casi muriendo nos diste la sílaba maldita. 
Algo cabal, algo justo nos mostraste, 
algo mucho más que el ayer.






Buenasnoches 

Hay que recogerlo, 
como al anciano 
rígido, sangrante 
del accidente. 

Decirle: 
buenasnoches, 
muérete ya, 
te damos permiso. 

Y luego rellenarlo 
con los viejos pergaminos, 
las viejas fórmulas, 
las consignas 
que a veces sirvieron, 
todo adentro, 
así quemarlo. 

La tierra quedará azul. 
Allí plantaremos el árbol. 
Pronto. Vengan a ver. 
Un nuevo amor, 
un algo entre las cosas. 








Me hablan los talvez muertos 

Me hablan los talvez muertos. 
Talvez muertos y quizá entacuchados. 
Susurran baladas frías y acariciantes. 
Con los talvez muertos 
abrimos las moradas botellas de vino, 
al sonido de las últimos palomas. 
Ellos ya no miran horizontes, 
pero en cambio hablan de vagos intersticios 
en el corazón de la materia. 
En verdad los únicos amigos 
son los talvez muertos, los únicos, 
los únicos, los ausentes del espejo. 
Los espejos son duros. Ellos talvez. 







Porno Tube 

Oye mujer 
de la pantalla 
de Internet: una 
criatura, algo 
feo y mío 
desea entrar 
en tu llaga; 
cucas nacen 
de tu cárdeno 
clítoris; eres 
sucia y bizantina, 
te arqueas 
mentirosamente… 






Maurice por Maurice 

Maurice por Maurice, 
esculpido, barrenado por Maurice, 
por azar y por causa de Maurice, 
arrastrado del pelo por Maurice 
hasta la dimensión de los oscuros 
mástiles de la muerte 
en donde Maurice a veces vive, 
pulmonarmente, 
tan tierno cuando grita, 
tan Maurice y desamparado 
ante los dos toros de la medianoche, 
helos los dos, allí dorados y sangrientos, 
Maurice por Maurice, 
siempre y no siempre. 



{Los falsos millonarios} (2010)

“Pero después el Obsesionador
hizo que ambos
resbalaran y cayeran de allí”.

Corán

¿No ves lo insensato que es salir hoy por la noche?

¿No ves lo insensato que es salir hoy por la noche?
¿No entiendes que hay un pie gigante allá afuera,
que espera, es gigante, aplastará?
No voy a salir, no voy a ir como un ciego
en esos lugares tocando cosas tibias
y viscosas, o arriesgarme a que desconocidos
me susurren adioses, me den múltiples
rosas envenenadas. He visto ya los once
mil pavimentos, y allá en el puerto no hay nada
para mí salvo muerte, un accidente feroz.
Conozco sí lo nocturno, la nación condenada
llamada noche. Así que no me vas a convencer.
Nadie está a salvo. Tú misma no estás a salvo.
Resbalarás en un cerebro y quedarás paralítica.
Alguna serpiente misteriosa te roerá los intestinos.
Te caerá del cielo un satélite oxidado.
No me contradigas. Yo sé de estas cosas.
Desconfía de la gente: licántropos, bestias.
Oh, te darán perfumes: torcerán tus pensamientos
por medio de toda clase de visiones boreales:
pero tu sangre será donada a faraones malditos.
Lanzarán tu cuerpo desde un helicóptero a las calles excoriadas.
¿No ves lo insensato que es salir hoy por la noche?



Mientras él esté vivo

No seremos felices
mientras él
(el Suplente)
esté cerca,
esté vivo.
Pero incluso muerto él
no seremos felices.
Sólo muertos nosotros
seremos los niños perfectos
que juegan en el prado.




Te fuiste

Te fuiste corriendo, te fuiste.
Ni adiós, te fuiste.
Esos tacones.
El silencio.
En parte me gustaría llamarte.
En parte estoy feliz de que hayas desaparecido.
En parte sangro.
De mí sale todo ese ensangramiento, esa ondulación.
Ojalá el mundo fuera una vasta playa pedregosa.
Tus ojos en la noche dijeron lo indecible.
Criaturitas en forma de glande se deslizaban por el piso.
No me ufano de nada.
Sé que en este cráneo hay una melodía cínica,
ronca, que vocifera, me hace pensar las peores cosas.
Los ángeles, hasta ellos me ignoran.
Recortan su prodigiosa vista para no ver mis cagadas.
Están socialmente desencantados de mí.
No hay nada convincente en la posición de mis manos.
Te fuiste. ¿Era yo ése gritando? ¿Era yo ése vaciándonos?




Los huevos

Caminando por el parque,
o por el mercado,
o yendo al trabajo,
el dolor: un huevo.

Voy dejando huevos
ocres o grises en toda la ciudad,
gigantescos objetos venudos,
que por lo demás nadie mira,
y a nadie interesan.

A vos te da asco tocarlos,
lo sé bien, aunque nunca decís nada.




El Cristo

Los clérigos
se dan de bruces
contra algo,
cada vez que intentan explicar el amor.

El amor es
un laberinto,
un considerable cangrejo
incrustado en lo espeso de tu vientre.

Un Cristo frío y ártico nacerá
de todas las combinaciones.




Te siento

Te siento crítica
y bastante acobardada.
Como torpe, sin lo lúdico
de tus manos te siento,
incompleta tu colección
de sonrisas, menos
tomadora de café te siento,
no poética, perdidos
tus archivos de lo libre,
desencuadernada,
sin catedral, sola,
así es como te siento.




Besar calaveras

Yo quien ha besado el sexo resbaloso del César,
hoy solamente deseo no besar.

No besaré el caliente centímetro de acera.

No besaré la lengua lenta de la vaca.

No besaré más esos domingos
que se aprietan con la nada.

Ni los hombres cosidos a los autobuses.

No ese punto tibio,
blanco en el universo.

No besaré mis huesos viejos,
como un milenio.

Ni el espejo mil veces besado,
en donde negociamos por las mañanas nuestro rostro.

Ni el momento en dónde esta víscera
y la tuya resaltan perfectamente unidas,
no sé exactamente cómo.

Prefiero besar calaveras por el resto de mi vida
a besar tus propios labios oscureciéndose.

Que la saliva
de los enfermos nos cubra.



El vampiro

Te doy
sin dar.
Doy mucho
pero apenas.

Doy
fantasmalmente
como dan
los vampiros.

Doy quitando.

Te mueres
cuando de mí recibes.




Tener sed

La sed
sos vos.





La ciudad

Querida:
has endulzado mis días
con innumerables torpezas
que he tenido que guardar
en lo más profundo
de mi ano.

Allí adentro
están todas tus estupideces,
como en una ciudad subdesarrollada,
habitada por peatones, mercaderes,
y ciegos dictadores sin alma.

Una ciudad grande,
creciendo malthusianamente
en mi tracto digestivo,
con barrios y pandilleros
y cementerios sobrepoblados,
y cárceles en crisis.

He defecado durante siglos.
La ciudad sigue allí.





Buenos hombres torcidos

Buenos hombres
torcidos,
buenos
pero torcidos,
viviendo
sin entender
sus miserias
cerebrales.
Buenos,
pero con el puño
atrapado
en la pared
de nervios,
y llorando
un poquito
mientras
maldicen
de rodillas
a Dios
y a su mujer.






Mujeres

Me duelen,
todas me duelen.
Las que no he besado.
Las que no he tocado.
Las que no he lamido.

Tengo la sensación
de que la muerte
es no haberme tomado un café
con todas ellas,
las vivas pero también las muertas.

Las veo en la calle;
las extraño aunque no las conozco.

De mí se ríen, eternamente.

Porque saben que estoy contigo.




Te gusta manchar el corazón

¿Por qué
me estás esquivando,
por qué nos estás esquivando?

¿Por qué correr
hacia la tormenta
en donde te quebrarás
de todos modos?

Te extraño.
El corazón es un vehículo:
resplandece: es tuyo.
Pero te gusta mancharlo.

Cien suicidas.
Cien transiciones como inciensos oscuros.
Cien muñones frustrados.




Puentes colgantes

Por toda la ciudad
hay puentes colgantes,
de un edificio al siguiente.

Con frecuencia las personas me ven
caminar por esos puentes,
cuando te busco en la noche contaminada,
y apenas te encuentro.

No soy el único.

Otros amantes grises buscan
a sus amadas:
desesperados, hipnotizados,
sin pausa o sosiego,
atraviesan los puentes
como almas que han recibido un balazo:
y por eso se arrastran.



Argumentos, teologías, tonos y máscaras

Estuvimos hablando
con mi esposa.

Sobre la mesa
cada cual puso
argumentos, teologías,
tonos y máscaras.

Tales fueron los ingredientes.

Al cabo de una hora
un ser fantástico
y descomunal
agitaba venas
como látigos al aire.

Habíamos creado
un ser aberrante.

El animal crecía
con nuestra discordia.

Nos lanzaba escupitajos.

Nos gritaba cosas.

Pero es verdad que
mi esposa y yo
estábamos muy ocupados:
estábamos peleando.

Terminó aburriéndose.

Discretamente bajó de la mesa,
recogió sus cosas
(argumentos, teologías,
tonos y máscaras),
y salió por la puerta.

Pero ya en la mesa
se formaba una segunda Bestia.





Asesinato

Cuando tiré
del gatillo
pude sentir
una especie
de asentimiento
general del cosmos,
una marejada
de aplausos
provenientes
de todas las
cosas vivas
y muertas.
Mis pulmones
se alimentaron
en ese momento
del oxígeno más puro.
La escopeta
brilló bajo el sol,
intacta.
El rostro de la mujer
estaba completamente
desfigurado
por el ácido ardiente
de la pólvora.
Tras el sonoro disparo,
sólo quedaba
un silencio
integrador y místico.
El desierto,
antes famélico,
mendicante,
ahora rebosaba
de ser,
lleno
de la atmósfera
de este crimen.
Encendí un cigarro.
El humo serpenteó
en el aire, 
y luego se emparentó
con el cielo
perfecto y azul.






Nota roja

Esta crónica
llamada matrimonio,
esta nota roja
con un muerto
en la banqueta.



domingo, 30 de junio de 2013

WILIAN NOÉ ORDÓÑEZ ZÚÑIGA [10.193]


Wilian Noé Ordóñez Zúñiga 
(Asunción Mita, Jutiapa Guatemala. 9 de Enero 1965)
Es Sacerdote Católico y poeta guatemalteco. Al año 2013 reside en Caracas,  Venezuela donde presta sus servicios espirituales y pastorales. 
Estudió en la Universidad Rafael Landivar, Filosofía. (1994-1996),  En la Universidad Francisco Marroquín, Teología.  (2000-2002). En la Universidad Nacional “San Carlos” Idioma Maya K’iche. (1994-1996).

Ha publicado los poemarios: Sueños Humanos (1997); Nada mas una palabra (2004); Costumbre de Soñar (2007); Amando la vida (2012)





En algún lugar…

En algún lugar me piensan
A distancia vendrán a desterrarme
El pensamiento encrespado
Se deslizará sobre mi piel
O ese pensamiento se apaciguará
Al pensarme en la lejanía
Ya que en esta controversia
El amor esta a la orilla de la marea
El pensamiento me borra con su oleaje
Me pisa con su energía
O me saca de las tinieblas
 A la luz admirable.





Bajo la tecla del piano

Me siento extraño dentro de mí mismo
Frías sensaciones divagan
Como procesión que deja su lamento
En la interioridad del mudo
Las quiero agarrar con mi pensamiento
Pegarlas en las paredes del confín
Fluye el aguijón
Bajo la tecla del piano
Que esconde en su sonido
Mi llanto quejumbroso.






Ha sucedido

Hoy ha sucedido…
El amor llegó a mi puerta
Revestido de todos los trajes
Con su capa pluvial de rey del cielo
Con desaliñada prenda
Con sus cristales de acero
Con los vestidos que la naturaleza viste
Una vez ha pasado el haber amado
Irrumpió y quedo plasmado
En los mármoles  del amor que pasa
Una vez su respiro vino a mí
A que animara su soplo reducido
El amor vino escondido en una semilla
Que contenía los torrentes de la gracia
Contenía la fusión de dos gotas
Y el altar al amor sublime





Estoy en mi momento

Estoy en mi momento
En la fuga de los opresores pensamientos
Con las siluetas danzarinas
Que les tocó sus sombras
Estoy en mí, en mí, envuelto
No a pausas, ni a milenios cercenados
Soy yo mismo con la fachada enfrente
Y si vergüenza de roer
Y rumiar mi discernimiento
Acá he venido todo
Con formas y deformes
Con duras pesadillas
Que abren la puerta a otro mundo
Soy yo despejado de apariencias
Desnudo sobre la cima del Everest
Con la tierra fértil
Y la cara dispuesta a no fruncir el entrecejo
Dispuesto para que el omnipotente
Haga de de mí, antorcha que lleve luz al firmamento






La palabra “Guerra”

Escuché la palabra “guerra”
Pensé que era un juguete
Con el que Dios modelaba su sonrisa
Cuando me ensimismé en su contenido
Caí desmayado conmovido
Era una lepra derramando odio
Una caja de sorpresas
Que contenía la acumulación de la avaricia
Era la oscuridad expandiéndose
Sobre el rostro del niño
Y me dije:
Esta bola de muerte
Que no tiene compasión
Merece toda mi repugnancia
Altos mandos y frivolidades en el alma
Tienen que salir del sentir humano
El verbo de la palabra “guerra”
Tenemos que paralizarle su energía
Que sea un sustantivo que nombre la belleza
E invalida enviarla al confín del universo
Su significado enamoraba a los facinerosos
Convirtiéndose en el adulterio del mundo
En las piezas de ajedrez que el mal empujaba
Me levanté del desmayo
Y huí perseguido por una bala.





La hoja seca

¡Oh! la hoja seca 
que perseverante servicio:
ha dado vivacidad a la naturaleza
se ha unido a la hojarasca
dándose indefensa al suelo
se desprendió de su Señor
hoy duerme, solo espera ser abono
para no perderse en el tiempo

Hojarasca, no es que estés marginada
Tus elementos fugaces te han adormecido
Pero el pacífico verde
Y la purificación santa que ejercitaste
Te ha perpetuado
En el que respiro la pureza
Al pasar una ráfaga de viento
En la que trabajaste
Y sintió así, la presencia del omnipotente
En la silenciosa hoja hacendosa.





Buscando

Cuando con el trémulo miedo de la incertidumbre
Me lance con mis alas tímidas
A buscarte en el desierto  del infinito
Temeré no alcanzarte
Porque te has esfumado
Entre los espacios de mis dedos

Iré siempre a ti, con esta mácula ingrata 
Escondido entre la polvareda
De ese remolino que no encuentra sosiego

Iré a levantarte
Entre el polvo de la escoria
Te traeré a nuestros aposentos
Acompañada del viento
Cantándote su susurro





Epístola a los profetas

Sacad la sombra que se adueña de la luz
Profetas consagrados a la verdad
Descubrid el núcleo
Que todo está al descubierto

Denunciad el estado putrefacto 
La muerte del árbol
Rescatad la agazapada flor
El oscurecido lucero
El reprimido sentimiento
Mostrad las dádivas
Escondidas atrás de la materia
Dad el salto a la fe
Todo tiene sentido

Escudriñad el vaho del horizonte
Las llagas de la piedra
Dadle alegría a la melancolía
Porque la fama de la miseria crece
Los caminos son tenues

Mirad el torbellino ululante
Que arrasa con filosa hacha
El suspiro del amor

Sed historia, espíritu y vida
La luz devorando las tinieblas
Ponedle nombre a lo ignorado
Con retórica y energía explosiva
Y que no arrastre su voz la pereza.




Despertad

¡Despierta de tu letargo!
Amanece la vida
Ruge con el rayo vespertino
Es una vela para cada uno
Esparce refrescando su murmullo
Habla con emoción temprana
Da su potencia gratuita en semilla
Es promesa que se abre a la espera
Es la vida que acrecienta tu vida
Quiere tu anochecer rebosante de alegría
Quiere tus manos modelando la arcilla
No quiere el desgaste loco que aniquila
Ni los proyectos colgando de la inconstancia
Quiere que queme tu fulgor
Y que tejas entre astros la sonrisa.


      



El cielo se une a la tierra

No podemos despertar con la daga en el pecho
Y negarnos el sueño de la vida
Es tan corto el dolor
Y tan extensa la eternidad
Que todo canto melodioso
Nos llama del centro del gemido
Para que el cielo se nos una a la tierra
Y así el pecho dolorido se asemeje al Crucificado




Tiempo envolvente

El tiempo es un guerrero que me desgasta
Y yo me quedo con mi jazmín quieto
Viendo como se devora mi lozanía

Hace que deje el traje de antaño
Que se lo cincelo a mi mundo
Para engrosar su cascara dura

¿Cómo le ganaré al tiempo?
Si soy un pez dentro de su océano
Es un rey invisible que me apresa

Esta batalla es sospechosa
Cuando la fantasía  me emborracha
Y me quedo embadurnado de espacio

Me siento, con alas inconformes
Topando  mi cara con el vidrio del tiempo
Tiempo grato, tiempo ingrato cuando desgasta
Y me posee con su acaparamiento

El toldo de su vejez, me silenciará
Y la herencia será
Telarañas colgando de un maniquí.





El río fluye

El arte de crear un río y mirarlo en la cabeza
Sentir su frescura en el desierto lejano
Sentir su crecimiento
Vivir ahogado en su profunda presencia
Sentir el río de mi providencia
En la soledad de mi sequía
Ser río o arte
O ser un pensamiento
Que fluye, en el río de la vida.







Me veo tendido

Me veo tendido
Necesario para un argumento
Necesario para argumentar resentimientos
Para dejar surcos hiriendo el agua
Haciendo próspero el drama cotidiano

Me veo tendido
Soy el abogado que no da veredicto
Aprisionado por lo que odia y lo que ama
No imagina fronteras mentales
Estoy tendido para ser distinto

Aunque tendido, siento que me quiero
Siento que no me doy lástima
Siento que no me odio
Siento que de niño 
Aprendí a estar de pie





El aborto


Yo te bautizo a tí “No nacido”
Tú que cuelgas del hilo trastornado
Oscilando entre el juicio y la derrota
Posando sobre la mano que mutila el nacimiento

Tu vientre lo hicieron cárcel de presidiarios
Mansión de horrendas tinieblas
Carga pesada en los activos financieros
Un fardo amenazante a tus progenitores

El recuerdo abortivo es la bala que sentencia
Es la sombra que persigue la espalda
Es el llanto regado que humedece el día
Es  el sueño criminal navegando en la conciencia

Los titanes te encadenaron a lo infecundo
Te atrincheraron con palabras sanguinarias
Rodearon de sufrimiento al recién engendrado
Desfigurando el embrión con sus hazañas

Del bisturí se arma el espíritu del populacho
Es su engendro implacable del desprecio
Que arrincona al niño en refugio doloroso
Vaciando el pesebre con su genocidio

El feto husmea su placenta temblorosa 
Su llanto agónico es como el de la crisálida
Apresada en su sueño de mariposa

¡Oh! niño eres un pez apresado
En la red de la prepotencia
Un embrión caminando
El desierto del abandono

La matanza inclemente viene masacrando
Ejércitos de bata blanca van al mando
Aniquilan el respiro florecido
Cerrando al cielo, la luz del nuevo día
Con bisturí, complicidad y agonía

Se ha desposado el abortista
Con las telarañas del envejecimiento
Con el útero minúsculo
Con el invierno demográfico decadente
Con la batalla perdida del incrédulo

Yo te bautizo a tí “No nacido”
Con agua bendita te acaricie Jesucristo
Te arrulle con la acción de gracias del infinito
El Santo Crisma aromatice tu frente nacarada
El óleo bese tu frente atormentada.






 El hombre débil


En debilidad rumea
Bajo el manto de colores
Cambia  el reino humano
Por el vegetal evolutivo
Torcido por llagas incurables
Practica infinidad de perfiles

Vierte agua en su vacío
Es su corriente humana
Rumea, su idiosincrasia
Acompaña su círculo
Sus huellas de vagabundo

Su rumbo es el vendaval
Yace en el túnel
No se apropia del mineral
Desecha el vegetal

La novedad duerme en su ambiente
Cuelga del péndulo su pensamiento 
Se marchita su cabellera
El hombre se debilita…