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jueves, 14 de agosto de 2014

FRANCISCO PINILLOS FIGUEROA [10.910]


FRANCISCO P. FIGUEROA 



EL POETA DE " LA MARIMBA"


FRANCISCO PINILLOS FIGUEROA

Nació en Guatemala, el 12 de mayo de 1882. 
Murió en La Ceiba, Honduras, donde era propietario de una farmacia, en el año de gracia de 1952. 

Siempre me intrigó conocer el misterio del segundo apellido del poeta guatemalteco-hondureño, Francisco P. Figueroa. El misterio lo resolví por casualidad, mientras devoraba el interesante  libro onomástico "Who is who in Latin America" (1945). Allí descubrí que el célebre autor del poema "La marimba", usaba como primer  apellido el  de su madre: Virginia Pinillos, guatemalteca. Su padre fue el hondureño Marcos Figueroa. Francisco Pinillos Figueroa, nació en Guatemala, el 12 de mayo de 1882.  Con el correr de los años Francisco siempre escogió ser Pinillos Figueroa. No se llevaba mal con su padre, pero él así lo quiso y se le conoce de esta manera.  Era un joven revolucionario cuando Manuel Estrada Cabrera comenzaba su tiranía. Así que el joven poeta parte adonde está su padre en Honduras y allí estudia la secundaria, y luego se recibe de licenciado en Ciencias Químicas y Farmacia en la Universidad Nacional de San Salvador en El Salvador.
Juan Elías Flefil, un compañero suyo a quien conoció en San Salvador, y al final, su antólogo, cuenta que en una oportunidad, cuando se celebraba el fin de año de 1910 y sabiendo su afición a las letras, le pidieron que escribiera algo para recitarlo en el momento del cambio de año. Francisco se apartó a una mesa de esquina del gran salón y allí compuso inspirado en los hermanos Hurtado y su marimba, quienes en ese momento tocaban un vals de moda. Fue así como compuso "La marimba", uno de los poemas más representativos del modernismo centroamericano y al mismo tiempo una composición hacia todo lo que en ese momento se estaba viviendo en su país natal, Guatemala. 
 Pinillos Figueroa solo tuvo un reconocimiento a su talento en sus 68 años de vida.  Fue en La Ceiba, Honduras, en donde se le otorgó una velada en su honor y se le hizo vestir la corona de laureles, reservada a los grandes vates. Corría 1943. Siempre tuvo problemas económicos, quizá debido a su numerosa prole. Tuvo siete hijas y dos varones, nueve en total, con su esposa, la señora Guillermina Barahona, pero supo solventarlos trabajando por toda Centro América hasta que, según su hijo Marco Francisco Figueroa, en 1949 Juan José Arévalo, que por esos años era el presidente de Guatemala y conocía  su talento, lo mandó a traer de Panamá a su patria.
De su vida particular se conoce muy poco. Algo dice el libro que fue publicado en Tegucigalpa en 1968, una compilación de algunas de sus poesías. El librito tiene 92 páginas escritas. Estas son de corte modernista, preciosista y muchos dedicados a los lugares donde vivió. Está presente Francia, los aromas de la nostalgia, la tristeza, la belleza femenina y las composiciones que hicieron famoso ese movimiento poético, versos de grandes metros, combinados a veces con otros densos y rígidos. En Guatemala es casi desconocido. Sin embargo el poema "La marimba" sí se conoce. Argentina Díaz Lozano escribió en "El Imparcial" sobre este poeta. También aparece nombrado en 1996 por Andrés Alvarado Lozano en "La Prensa" de Honduras, y más tarde, en 1999, Julio Caballeros Galindo lo recuerda por su famoso poema en su columna "Del Lector"  ren el "Periódico" de Guatemala.
Pinillos Figueroa, murió en La Ceiba, Honduras, donde era propietario de una farmacia, en el año de gracia de 1952. Hojeando su "Antología poética", publicada en forma póstuma en 1968, podemos rastrear, a manera de bitácora, los lugares donde escribió y vivió, pues acostumbraba fechar sus poemas. Por ejemplo, entre 1899 y 1914, vivió y escribió en El Salvador. Entre 1936 y 1939, su producción se vió fechada en San Pedro Sula. En La Ceiba, sus poemas se encuentran fechados entre 1933 a 1944. Mientras tanto, en Panamá, fechó sus poemas entre 1946 y 1948.
http://josegonzalezparedes.blogspot.com.es/2012/02/francisco-p-figueroa-el-poeta-de-la.html





LA MARIMBA

Lentamente,
lentamente cual si fuera
una gota que cayera
desde el mármol de la taza de una fuente,
tal preludia la Marimba una extraña sinfonía
saturada de amargura y de cruel melancolía
con sus teclas de madera…
Yo no sé qué obscuro arcano
de tristeza hay en lo hondo
de su música salvaje, que palpita allá en el fondo
de sus notas, como queja
dolorosa,
como un gemido humano,
como un dolor latente,
como algo inexplicable, infinitamente triste…
Es el alma de una raza, de una raza que no existe,
de una raza ya extinguida, libre, indómita y valiente…
Es el alma de Votán
de Atlacatl y de Lempira,
que en la música suspira,
es el alma de los indios que mandó Tecún Umán,
siempre, siempre a la victoria,
siempre al triunfo y a la gloria;
es el alma brava y fuerte
de aquel fiero luchador
que encontró gloriosa muerte
en la punta de la lanza del feroz conquistador…
Es la pobre raza extinta
de Imperio Cachiquel;
es la raza de aquel pueblo que dejó con sangre, tinta
la antes clara linfa pura del gran rio Xequijel.
Es el alma de la raza de los grandes sacrificios,
triunfadora en mil combates, triunfadora
hasta el día en que los tales con engaños y artificios,
redujeron a ignominia,
a infamante vasallaje.
Esa raza es la que llora,
que solloza de coraje,
de despecho y de impotencia en la música salvaje
de la nota plañidera
del indígena instrumento de teclado de madera.
Escuchad la sinfonía
de cruel melancolía,
escuchad qué sentimiento
el que vibra entre las notas del indígena instrumento,
nunca ríe, nunca canta;
es cual pájaro cautivo que jamás cantó alegrías,
ni jamás de su garganta
ha brotado más que el lloro
de sus tristes elegías,
en las frías
soledades de sus cárceles de oro…
¿Qué le importa a la vencida
raza muerta vuestros dones, vuestra lengua
que no entiende? ¿Qué le importa que en nombre
del Dios Bueno, del Dios-Hombre
arrasarais sus altares, si para ella es mudo el cielo,
si es su vida
sólo oprobio, cautiverio, sólo mengua?
¿Qué le importa? Ya no es de ella el rico suelo
Que regaron sus mayores con su sangre generosa
¿Qué le importa al indio eso
que llamáis pomposamente libertades y progreso
si es del amo su cabaña y sus hijas y su esposa?
¿Qué le importa? Si de aquella raza libre, brava y fuerte
que sufrió sin inmutarse los tormentos y la muerte,
habéis hecho solamente las acémilas de carga
que se arrastran, tristes, mudas, bajo el peso
de su amarga
dura suerte?...
Oh! Dejadla que solloce, que se queje a su manera,
solamente le ha quedado su marimba de madera
que le habla de sus tiempos victoriosos,
de sus templos y palacios de Iximché y de Copán…
de su rey Kikab el Grande, de su gran Valum-Votán,
de sus héroes de hierro, de sus épicos colosos,
libres, grandes bajo el sol,
que infundieron pavura,
por su arrojo y su bravura,
en el ánimo aguerrido del intrépido español!