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miércoles, 20 de agosto de 2014

SAFAA FATHY [10.938]


Safaa Fathy

Nació en Egipto en 1958, y vive en Francia desde 1981. Escritora de obras de teatro y poemarios, traductora de prosa y textos teóricos. Estudió la Licenciatura en Letras Inglesas en la Universidad de Minia, se diplomó en estudios teatrales en la Universidad de París VIII (St. Denis) y después se doctoró en Letras en la Sorbona, Universidad de Paris IV. Trabajó en el Departamento de Lenguas y Culturas aplicadas de la Universidad de Marne la Vallée, en Francia.

Tiempo en el cual conoció y colaboró con el filósofo Jacques Derrida. Alejada de su patria por motivos político-sociales, “más allá de mi voluntad”, en Francia, de repente, la situación también se tornó “insoportable” en lo político, social y profesional.

Fathy se enteró, por azar, de la existencia de la Casa Refugio Citlaltépetl; trabó contacto y el 17 de enero de 2007 comenzó una residencia que está a punto de concluir.

Mientras vivía en París vino a México para un festival de poesía, entonces ya sabía cómo era la capital, hecho que la motivó a regresar por más tiempo.

En estos 10 meses, no obstante la energía que la caracteriza, Fathy se concentró en escribir Al Haschiche: poemas (Ediciones Sin Nombre-Casa Refugio Citlatépetl), traducido al español por Conrado Tostado, libro que fue presentado hace unos días. Terminado el volumen, ahora lo convertirá en película, porque Fathy realiza también “filmes poéticos”.

Después de México, la escritora viajará a Ithaca, Nueva York, porque en la Universidad de Cornell impartirá un curso acerca de “cómo una herida infligida –inclusive, autoinfligida– es traducible a un filme”.







Nombrando al mar

En el istmo de hielo 
Y opuesta a tal tributo, corté de mí una parte castigada 
frente a mi corazón, opuesto, otro corazón 
cuyo nombre designa a la gracia inefable. 
los ojos rebosando 
di gracias a Dios pues todo tiene dos ojos y un aliento. 
“Oh esclavo, sólo a mi perteneces y esta será tu existencia” 
“Oh esclavo, la ausencia y el aliento son como dos caballos de carrera” 
“Oh esclavo, el alma y la visión son compañeros inseparables”

Bailé ante el despojo de lo arrancado 
y que en mi se había convertido, 
tu eres mi otredad 
Él, el otro 
en mí la intimidad sacrificada 
en la cabeza un rumor y el canto de un pájaro 
nos convertimos en los gemelos solares, yo y otra vez yo 
De mí surgida, posó ella su cabeza al pie del altar 
Yo y mi opuesta convertida en ella. 
ofrecida al sol de la otra muerte 
sobre un altar hecho del cuerpo de una mujer que exhala en éxtasis 
y en su piel tatuada, la imagen de los gemelos solares 
nacidos de la leche según cuentan 
Mas luego abandonados al odio de los hombres, a la pesadilla 
de los palacios. 
he dormido en mi segunda muerte 
partí otra vez para Andalucía 
hasta los antiguos años 
que puse en una rebanada de pan caliente 
y vi la playa de piedra 
y el mal que se expande por la tierra 
y el desierto imposible 
de ti huyendo, 
volviendo a ti pero alejándome, apoyada en la sombra 
y las gotas de agua fijadas en mi pierna 
¿Has contemplado la galaxia? 
En el cielo hay nombres que brillan en la órbita 
y tu nombre se adhiere a la profundidad del fuego 
para que de mi por segunda vez yo nazca, 
aquí sacrificado está el despojo 
que mi madre arrancó de mi matriz 
y el mundo entero se vuelve un caldero rebosante 
donde todo lo cuezo, dos, dos, 
dos son los gemelos solares. 
desde entonces, ¿De quién es el poder 
que te salva del escalofrío 
del rechinar de dientes 
de los caprichos del día? 
Me acordaré de Andalucía 
me acordaré del balcón al que subí 
de las casas en que estuve, 
de las huellas que seguía, 
del espíritu que sobrevoló el lugar 
en el que se dibujaba un hogar abandonado 
y todo el mar mirando. 
aquél despojo que era ciertamente mío, 
míralo, al sol expuesto 
ofrenda envuelta en una piel, 
tatuada con la imagen de los gemelos solares 
Me acordaré de las pitas, 
el mástil de su inflorescencia encantada 
orillando el camino 
enfrente, la nocturna grandeza iluminada 
la vuelta, la espiral, la sumisión, 
la mano, ambas manos, el pie, los pies 
y correr tras el aliento, la saliva, 
los restos de alimento y las últimas gotas de leche 
de otra que yo fuí 
El balcón colgante y las cosas del pasado son un muro y dos muros 
tras el desmayo fui reanimada por un líquido maravilloso
La leche de almendra me llevó a la playa de los peces 
se dispusieron las mesas y el propio santo tomó la parrilla
Dejamos la locura en un estuche 
y el crimen en un cofre con mil llaves 
y llegó el alimento 
para que te nutrieras 
El vino para alterarme y en el susurro 
Te oigo 
Ansiosa bebí el vino 
y me nutrí de tu alimento 
Blanco era el pescado y denso 
sin embargo denso y a la vez blanco 
El olvido tal seda cuyos pliegues yo plisaba 
Tocándola en secreto, en momentos conocidos 
parada ante la flor, icono, 
o plegaria de aquella que, 
engañada, 
abandonada quedó a su suerte.






“Me gustaría anunciarme a mí, a mi madre, que desde siempre ya no me escucha, lo que hay que saber antes de morir, es decir, que no sólo yo no conozco a nadie, no encontré a nadie, no tuve ni noticias en la historia de la humanidad de nadie, pero nadie que haya sido más feliz que yo, y afortunado, eufórico, es verdad a priori, ¿no?, ebrio de goce ininterrumpido, pero que además yo permanecí como el contraejemplo de mí mismo, también constantemente triste, privado, destituido, decepcionado, impaciente, celoso, desesperado, y si de hecho ambas certezas no se excluyen, entonces ignoro cómo arriesgar la más mínima frase sin dejarla caer por tierra, en silencio, por tierra su léxico, por tierra su gramática y su geología, cómo decir otra cosa que un interés tan apasionado como decepcionado por esta cosa, el idioma, la literatura, la filosofía, otra cosa que la imposibilidad de decir todavía, como lo hago aquí, ˊyo, yo firmoˋ”.

[D'ailleurs, Derrida (Safaa Fathy, 1999)]







martes, 12 de agosto de 2014

AHMED FOUAD NEGM [10.860]



Ahmed Fouad Negm 

(en árabe: أحمد فؤاد نجم; Sharqia, 22 de mayo de 1929 − 3 de diciembre de 2013) fue un poeta egipcio. Fue reconocido por su poesía con tintes patrióticos y revolucionaria. Negm es considerado como un héroe popular y la voz de la clase baja egipcia. El poeta Louis Aragon lo describió como un hombre con la fuerza de tirar las paredes, el Dr. ' Aly Al- Raa'y lo nombró como el poeta bala, el presidente Sadaat lo calificó como el poeta obsceno y el pueblo egipcio lo llama “tío Ahmed”.

Ahmed Fouad Negm, nació en el seno de una familia de campesinos egipcios. Su familia estaba conformada por su madre, el ama de casa Hanem Morsi Negm, su padre Mohammed Ezat Negm, oficial de policía y dieciséis hermanos más, de los cuales sólo seis continúan con vida. Su educación la recibió en las escuelas religiosas Kutaab que eran gestionadas por El Azhar.
Después de la muerte de su padre, vivió con su tío materno Hussein en Zagazig, pero en 1936 con 7 años, fue enviado a un orfanato. Allí conoció a Abdel Halim Hafez, quien después se volvería un importante cantante y con el que no tuvo una buena relación mientras vivió en el orfanato. Para 1945 y con 17 años deja el orfanato y regresa a Sharqia donde se dedica a trabajar como pastor.
Después de vivir un tiempo en su pueblo, decide marcharse a El Cairo y vivir con su hermano, sin embargo, este lo echa y debe regresar a Sharqia donde entra a trabajar a un campamento militar inglés, mientras, ayuda en las operaciones de la guerrilla. Con la abolición del tratado entre Egipto y Gran Bretaña firmado en 1936, el Movimiento Nacional de Egipto le pide a los egipcios abandonar los campamentos ingleses. El Gobierno emplea a Negm en los talleres mecánicos de transporte. En ese periodo, algunos funcionaros roban equipos de los talleres y cuando Negm trata de detenerlos, lo acusan de falsificación y lo encarcelan por tres años en el “Kara Meedaan”, allí conoce a su sexto hermano Aly Mohamed Ezzat Negm.
En su sentencia de tres años comienza a escribir poemas sobre la realidad que viven en las calles los egipcios todos los días, comienza a mezclar bromas con la opresión que vivía la clase obrera. Los prisioneros empiezan a contrabandear sus escritos y así se va dando paso como escritor.
En su último año en la cárcel, gana el “Al Ketaab al awaal”, el primer concurso organizado por el consejo supremo para la atención de las Artes y las letras. En 1959, mientras estaba en prisión Suhair El- Alamawi presenta su colección "Imágenes de la vida y de la prisión” lo que lo convierte en una persona famosa. Después de ser liberado, fue nombrado como empleado en la Organización de los pueblos de Asía y África y se convirtió en un poeta radial. 

Dúo Negm e Imaan

En 1962, mientras Negm vivía en una habitación del barrio el Boulag Dakror gracias a un amigo conoció al cantante y compositor Sheikh Imaan en el callejón de Howsh Adam que traduce “buen augurio”. Decidieron compartir la residencia de Imaan y formar un dúo artístico y patriótico.
El poeta abandono su habitación alquilada dejando en ella propiedades valoradas en seis libras egipcias y se marchó junto a Sheikh Imaan, sabía que el cantante tenía gran talento y que él podría ser de gran ayuda prestándole sus ojos y palabras. Negm cuenta que para que Imaan realizara su primera demostración en la residencia, le tomo más de una hora ajustar las cuerdas del Oud. Al escucharlo cantar, Negm grito “Allah”. Después de ese día, trabajaron durante 30 años componiendo y cantando juntos.
Desde 1962 y hasta 1995 serían reconocidos por sus canciones políticas en favor de los pobres y la clase trabajadora. Aunque, las canciones se prohibieron en las estaciones de radio y la televisión egipcia, que eran los medios más populares en la década de 1960 y 1967 el dúo cada vez se hacía más reconocido. Sus canciones criticando al gobierno por la guerra de 1967 los llevó a prisión varias veces. Negm, también fue encarcelado por sus opiniones políticas en las que criticaba a los presidentes Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat y Hosni Mubarak.
En 1995 Imaan y Negm se separaron después de varios desacuerdos. Imaan falleció a los 78 años tras una larga enfermedad y el callejón donde se conocieron los dos artistas después se convertiría en un punto intelectual. 

Pensamiento

Los líderes de Egipto lo señalaron en diferentes ocasiones por sus palabras y pensamiento crítico, el presidente Anwar Sadat lo sentencio a once años de prisión por un poema en el que se burlaba de sus discursos televisivos. En total a pasado dieciochos años de su vida en prisión. Aunque Hosni Mubarak no lo encarcelo, Negm se burlaba de él, ya que lo consideraba otro de los culpables de la pobreza de Egipto.
Para la clase obrera se convirtió en un héroe y alcanzó la fama en todo el Oriente Medio. En una entrevista en el periódico The New York Times, Negm le contó a Michael Slackman que "El gobierno siempre ha sido dirigido por los faraones, pero en el pasado eran honorables". También dijo “las personas de ahí abajo no son egipcios, son pueblos oprimidos”. 

Papel en la Revolución Egipcia 2011

El 25 de enero del 2011 explotó la revolución egipcia que buscaba retirar del poder al presidente Hosni Mubarak, después de liderar a Egipto por treinta años. Aunque Negm no participó directamente, las palabras de sus poemas más famosos como “Valiente es valiente” las cantaron 15000 jóvenes en la Plaza Tahrir contra Hosni Mubarak y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.
Los opositores gritaban: “Los valientes hombres son valientes. Los cobardes son cobardes. Ven con los valientes junto a la Plaza”. 
Después de la revolución egipcia, Negm se unió al Partido de los Libres Egipcios, creado por el ingeniero Naguib Sawiris el tres de abril del 2011. El movimiento está conformado por intelectuales y activistas políticos que junto al Bloque Egipto buscan un orden político liberal, democrático y secular en el régimen post-Mubarak de Egipto.

Premios y reconocimientos

En 2007, Negm fue elegido por la Acción contra la Pobreza de las Naciones Unidas como embajador de los pobres. También ganó el primer premio del referéndum de la Agencia de Noticias de la poesía árabe.
El 11 de diciembre del 2013 El Premio Principal Príncipe Claus le será entregado a Ahmed Fouad Negm. "La Fundación Príncipe Claus reconoce anualmente con sus premios la labor excepcional de once artistas, pensadores y organizaciones que, a través de sus manifestaciones artísticas, ejercen un impacto positivo en el desarrollo de sus países. Estas personas son a menudo un modelo a seguir y una fuente de inspiración para aquellos que los rodean".9 El príncipe Constantino de Holanda entregará el reconocimiento en una ceremonia oficial que se celebrará en el Palacio Real de Ámsterdam, en presencia de la Familia Real holandesa.
En palabras de la Fundación Príncipe Claus “Los poemas de Negm se escuchan a diario por las calles y los medios de comunicación egipcios. Muchos jóvenes egipcios se los saben de memoria, los recitan en las calles, los usan en grafitis y posters y los reinterpretan musicalmente. En su obra, Negm refleja los sueños e inquietudes de la gente corriente sobre la vida cotidiana, el amor, la pobreza y la opresión. Mediante el uso de hilarantes caricaturas, dobles sentidos, sátira e ironía, Negm proporciona apoyo y esperanza a las personas. En los círculos literarios, su obra goza de gran renombre por su calidad expresiva, belleza y lirismo” 


Fragmento poema ¿Quiénes son y quiénes somos nosotros?

Son de los príncipes y de los sultanes
Ellos son los que tienen riqueza y poder
Y estamos los empobrecidos y privados
Usa tu mente, supongo...
Adivina ¿quién gobierna a quién?
¿Quiénes son y quiénes somos nosotros?
Lo estamos construyendo, somos los trabajadores
Somos Al- Sunna , Somos Al- Fard
Nosotros somos el pueblo en altura y anchura
Desde nuestra salud , la tierra plantea
Y por nuestro sudor , los prados se vuelven verdes
Usa tu mente, supongo ...
Adivina ¿quién sirve a quién?
¿Quiénes son y quiénes somos nosotros?
Son de los príncipes y de los sultanes
Son las mansiones y los coches
Y las mujeres seleccionadas
animales consumistas
Su trabajo es sólo para rellenar las tripas
Usa tu mente, supongo...
Adivina quién está comiendo quién?
¿Quiénes son y quiénes somos nosotros?
Somos la guerra, sus piedras y fuego
Somos el ejército de la liberación de la tierra
Somos los mártires
Derrotado o exitoso
Usa tu mente, supongo...
Adivina ¿quién está matando a quién? 



Ahmed Fuad Negm 

Era la voz de la revolución». Un poeta irreverente contra los poderes humanos y también contra los divinos, a los que los rigoristas religiosos creen que puede ofender su habla llena de blasfemias y palabras que son tabú en la sociedad egipcia. Pero es que a él su madre le aconsejó, ya de niño: 


«Nunca sujetes tu lengua, 
Dios no te la dio para que te la muerdas». 


Ahmed le hizo caso y el precio fueron 18 años en prisión. Pero durante ese encierro descubrió la poesía, que le ha servido desde entonces para encauzar eso que sigue sin querer callarse: 


«Mi pueblo me construyó una patria 
pero los cimientos se perdieron». 


Ahora, a los 83 años, encuentra en las revueltas organizadas por los jóvenes un frente perfecto en el que alistarse, versos mediante: 


«El hombre valiente es valiente 
El cobarde actúa cobardemente 
Vamos, los valientes, 
a la plaza con la gente»


reza uno de sus poemas, repetido hasta la saciedad en pintadas y eslóganes. «Las palabras de Negm están en todas partes y la gente las sigue». Él dice: 


«el trabajo del poeta es hacer despertar».


De quienes, despiertos ya, lo cantan en las calles, podría ser paradigmática su propia hija, que protagoniza a su lado el reportaje. Con la cabeza cubierta pero fumadora, risueña pero furiosa, se ata una cinta con versos coránicos en torno a la frente a modo de un pañuelo ninja y dice sentirse una persona distinta desde que veinticinco hombres le propinaron, hace algunos meses, una paliza mientras insultaban a su padre. El poeta se enteró de la agresión por las noticias y conviertió a la joven, que «es una bomba de relojería», en versos tan precisos como ese tictac: 


«Nawara, hija de hoy, 
cruza el umbral hacia un nuevo día». 


En la muchacha, dice, lo militar de las maneras no logra esconder la ternura. Igual que, en algunos de sus poemas, lo tierno de las maneras no logra esconder el ataque: 


«Las plañideras lloran 
por el destino de la vaca que lucha 
La vaca tiene leche 
un galón de leche 
pero se la ha robado 
la gente de su propia casa».














viernes, 2 de agosto de 2013

MOHAMMED IBRAHIM ABÚ-SINNAH [10.328]



Mohammed Ibrahim Abú-Sinnah nació en 1937 en Giza Governotare, Egipto. Graduado en Estudios Arabes en la Universidad Al Ahar, en 1964, y actualmente es uno de los poetas de la Escuela Contemporánea de Poesía Arabe y Director del programa de creación cultural de la emisora Egyptian Radio. Entre sus libros de poemas más destacados se encuentran: Winter Garden (1969), Night Bells (1975), Ashes of the Green Questions (1990), Nile Dances (1993). Ha sido ganador de los premios: Encouraging Prize in Poetry (1984), Premio Kavafis (1990), Premio Andalucía (1997) y el Premio Fikky (1998).



En la estación de trenes

El tren,
con ojos brillantes,
esperaba que la lluvia
no ocultara más la vista
(algo desigual, por la temporada)
mientras permanecimos quietos
luchando contra tristeza y locura;
porque tras el muro nocturno,
alto, oscuro y petrificado,
destellaban las tenues luces del recuerdo.

Estabas pálida, vestida de negro
y partiste como un trueno
en mis ojos ciegos,
buscando entre las cenizas
de lo visible,
mientras soñabas con la primavera,
una semilla verde
imperceptible.
Me hiciste preguntas sin sentido.
Guardé las respuestas 
en silencio, resistí la destrucción
de esta ciudad:
¡La muerte de la historia
En la estación de los trenes!

Y entonces preguntaste
Con tu lengua quemada:
“¿Todo fue mentira?
Me mentiste cuando juraste 
que este amor perduraría mil años,
que en la cúpula sobreviviría
que sería siempre alumbrado por estrellas y paz?
¿Todo fue mentira?”
“No, querida mía,
Estaba tan sólo enamorado.”
“¿Y de nuestro amor qué será?”, repuso ella.
Contesté: “Según el médico,
Se hundió una bala en el corazón del amor.
Bien sabes que el misterio vela su muerte.”
“¿Pero quién lo hizo?”
“No fui yo, y tú sigues jurando
Tu perfecta inocencia.”

“El viento, mi querida,
anuncia nuestra culpa,
¡Estamos en la mira!
Se impacienta el tren, tiembla su fuego,
el cadáver palpita
lo desnuda el viento 
señala la gente: somos culpables.
Entonces, ¿llegó la hora de fugarnos?”.

Traducción: Dr. Ahmed Abdel-Aziz


Versión en español : Claire Pye

miércoles, 17 de abril de 2013

IMAN MERSAL [9745]



IMAN MERSAL nació en Mit 'Adlan, un pueblo del delta de Nilo, en Egipto, en 1966, y está considerada como una de las autoras más representativas de las nuevas generaciones de la poesía árabe. Fue cofundadora y editora del periódico feminista egipcio Bint al-Ard ('Hija de la tierra'), que se publicó entre 1986 y 1992. Cuando terminó los estudios de literatura en las universidades de Mansura y El Cairo, emigró: primero a Boston (EE. UU.) y luego a Edmonton (Canadá), donde en la actualidad reside; trabaja como profesora de literatura árabe en la universidad de Alberta.
Como poeta, ha publicado los libros Ittisafat ('Caracterizaciones'), Mamarr mu'tim yasluh lita'allum al-raqs ('Oscuro pasaje que permite aprender a bailar'), Al-mashy atwal waqt mumkin ('Caminar cuanto sea posible') y Yugrafiya badila ('Geografía alternativa'). Una antología de poemas suyos traducidos al inglés por el también poeta Khaled Mattawa se recoge en These are not oranges, my love: selected poems ('Esto no son naranjas, mi amor: selección de poemas'). 
Los críticos suelen adscribir a esta autora a la que llaman Generación de los 90. Se trata de un movimiento literario integrado por jóvenes poetas cuya intención era distanciarse de la cuidada retórica y el carácter marcadamente ideológico de los autores de la generación de sus padres.  Con esta intención, giran la mirada hacia la vida cotidiana y la experiencia personal, que reflejaban con una lengua sencilla y hasta descuidada y un interés por el detalle y lo aparentemente anodino. El poema en prosa, como este que presentamos, fue una de las innovaciones formales más destacadas de este grupo, que lo introdujo en la poesía en árabe. Pese a ello, la escritura de Mersal no elude el desafío a los discursos del poder y la investigación en las contradicciones y las tensiones de nuestro tiempo, sobre todo a través de la exploración (a menudo irónica y en absoluto autocomplaciente) de los mecanismos con los que construimos la identidad.






Poemas en prosa de Iman Mersal

Traducción del árabe: Frank Báez, con la colaboración de la autora



UNA CELEBRACIÓN 

El hilo de la historia cayó al piso, así que me agaché para buscarlo. Era una de esas festividades patrióticas, y lo único que alcanzaba a ver eran zapatos importados y botas militares.

Una vez, sentada en el tren, una afgana quien nunca había estado en Afganistan, me dijo: «La victoria es posible». ¿Es eso una profecía? Le quise preguntar, pero mi persa se limitaba a lo que aprendí en los textos de la escuela, y ella me miró, mientras la escuchaba, como si estuviese buscando en un armario cuyo dueño fue consumido en un incendio.

Supongamos que el pueblo llega en masa a la plaza. Supongamos que el pueblo no es una palabra obscena y que comprendemos el significado de la expresión la masa. Entonces díganme ¿cómo han aparecido todos esos perros de la policía acá? ¿quién los cubrió con las coloreadas máscaras del partido? Y más importante aun, ¿dónde está el hilo que separa las banderas de los paños menores, los himnos de los anatemas, a Dios de sus criaturas - aquellas que pagan impuestos para deambular por la tierra?

Celebración. Como si nunca hubiese pronunciado esa palabra. Como si saliese de un diccionario griego en el que los espartanos victoriosos retornan a sus hogares con sangre persa aun fresca en sus lanzas y sus escudos.

Puede que no haya existido ese tren, ni la profecía, ni la afgana sentada a mi lado por dos horas. En ocasiones, para matar el tiempo, Dios permite que nuestra memoria se descarrile. Lo que puedo decir desde acá abajo, entre los zapatos y las botas militares, es que nunca sabré con certeza quién triunfó sobre quién.







Determinando el punto débil

Naturalmente, a las vigas de hormigón nos les faltaba delicadeza,
y las columnas de las casas viajeras eran en sí la nostalgia.
Agregó que su trabajo consistía en determinar el punto débil;
Para, después, distribuir su peso a los puntos más o menos fuertes;
que los soportes y los apoyos sólo eran obra del amor,
y que, con cariño, eran fijados en el ángulo contrario de las columnas.
Me aseguró también que la restauración era pura cuestión de sexo.
Mi compañero de colegio, ahora arquitecto del servicio de Arqueología;
por un minuto quedó perplejo
porque yo seguía teniendo la mano de una colegiala.
Antes de marcharse me comentó
que él no pudo especializarse en la comprensión de las caídas,
por mí.















Poems


Iman Mersal

Translated from the Arabic by
Khaled Mattawa




I HAVE A MUSICAL NAME

Maybe the window I sat by
foretold an unusual glory.
I wrote on my notebooks:
Iman…
A student at: The Iman Mersal Elementary School.
Neither the teacher’s stick 
nor the laughs that leapt from the back desks
could make me give up on the matter.

I thought of naming our street after me
but only if the houses on it were widened 
and secret rooms were built
for my girlfriends to smoke in their beds
without their older brothers catching them.

Maybe the doors can be painted orange
as an expression of joy.
Small holes can be drilled through them 
to allow anyone to spy on the large families.
Maybe then no one will be lonely on our street.

“Pioneering experiments
are shaped by great minds,”
this is how passersby might describe me
as they stroll the white sidewalks
of a street bearing my name.
But because of an old animosity between us—
its stones had left marks on my knees—
I decided that my old street isn’t worth it.

I don’t remember when I discovered that I have
a musical name suitable for autographing 
metered poems and for flying
before the faces of friends who have ordinary names
and who do not understand the significance 
of being granted a dubious name
that raises suspicions about you
and that makes you want to become someone else
so that new acquaintances might ask:
Are you Christian?
or
Do you have Lebanese roots?

Unfortunately, something happened. 
When someone now calls out my name
I get confused and look around me.
Is it possible for a body like mine
and a chest whose breathing is getting raspier
with each day to have such a name?
I look at myself often
crossing from the bedroom to the bathroom
where I do not have a whale’s stomach
to get rid of what I can’t digest.







THINGS ELUDE ME

One day I will pass in front of the house 
that was mine for years
and try not to measure how far it is from my friends’ homes.

The plump widow whose cries for love woke me
is not my neighbor any more.

I’ll invent things so not to get confused.
Count my steps
or bite my lower lip savoring the slight pain
or keep my fingers busy with tearing a whole packet
of paper tissues.

I will not try short cuts
to avoid the pain.
I will not stop myself from loitering 
as I train my teeth to chew on hate
that leaps from within.
And to forgive
the cold hands that pushed me toward it,
I will remember
that I did not smudge the bathroom’s whiteness
with my own darkness.

No doubt, things elude me.
The wall itself did not enter my dreams.
I did not imagine a color paint 
to match the scene’s tragic lighting.

This house was my home for years.
It wasn’t a student hostel
where I would leave an evening gown
on a nail behind the door
or paste old pictures with temporary glue.
The romantic sentences 
I extracted from Love in the Time of Cholera
must be jumbled up now
making an altogether comic text.






IT SEEMS I INHERIT THE DEAD

After I returned with the grown-up strides
from burying my mother,
leaving her to raise her hens in an ‘mysterious’ place,
I had to protect the house from the neighbors’ spying.
I got used to sitting on the doorstep
waiting for the heroine of the radio soap opera
who was always persecuted.
And on the day my friend got a visa
to test her body on another continent—
though she did not as usual forget
her cigarettes on my table—
I became certain that smoking is a necessity.
I began to have a private drawer
and a secret man
who used to be her old lover.

Also,
when the doctors fail to find a kidney
that Osama’s body will not reject—
Osama
whose kidneys frayed
because he repressed his bitterness to appear elegant—
maybe I’ll start using his firmly raised thumb to assert my presence
in conversation…

It seems I inherit the dead.
One day
after the death of all those I love,
I will sit alone in a café
without any sense of loss,
because my body is a huge basket
where all those who leave
drop things 
that bear their traces.








AMINA

You order beer by phone
with the confidence of a woman who knows three languages
and who weaves words into unexpected contexts.

How did you find this sense of security
as if you’d never left your father’s house?
Why does your presence provoke this destructiveness
that is completely free of intent,
this gravity
that releases my senses from their darkness?
What else should I do
when a shared hotel room offers me
a perfect friend
except to lump my unrefined manners and fling them
at her face as a crudeness I have contrived?

Go ahead, amuse yourself.
I am fair.
I’ll let you have more than half the room’s oxygen
on the condition that you see me beyond comparisons,
you who are twenty years older than my mother.
You wear bright colors
and will never grow old.

My perfect friend,
why don’t you leave now.
Perhaps I’ll open the gray wardrobes
and try on your stylish things.

Why don’t you go
and leave me all the room’s oxygen.
The void of your absence may lead me
to bite my lip in despair
as I look at your toothbrush,
familiar… and wet.







WORTHY OF MY FRIENDSHIP

Rumor mongers
for reasons of self-esteem,
lovers of bango and psychoanalysis,
agitators against the state,
theoreticians of infidelity,
those who search among their ancestors’ names
for memorable titles,
reformers from within,
honest as garbage,
pessimistic from a distance,
and kind because there is no alternative:

Those who resemble me
and are worthy of my friendship,
those whom you create for me
are plentiful this year.
Dear God,
take away your gifts,
and don’t break your promise
about new enemies.







I SCANDALIZE MYSELF

I must tell my father
that the only man for whom “desire shattered me”
looked exactly like him,

and tell my friends
that I have different pictures of myself,
all true, all me,
that I will distribute among them one at a time.

I must tell my lover,
“Be grateful for my infidelities.
Without them
I wouldn’t have waited all this time
to discover the exceptional void in your laugh.”

As for me
I am almost certain
that I scandalize myself
to hide behind it.







RESPECTING MARX

Facing bright storefronts
flourishing with panties
I cannot stop myself 
from thinking of Marx.

Respecting Marx
is the only thing all those who loved me shared
and I have allowed them all, in varying degrees,
to claw at the cotton dolls
hidden in my body.

Marx,
Karl Marx,
I will never forgive him.








SOLITUDE EXERCISES

He sleeps in the next room, a wall between us.
I do not mean any symbols by this,
only there is a wall between us.
I can fill it with pictures of my lover
smoking or thinking.
But I must find a neutral place for them,
respecting the distance between us.

It seems God does not love me.
I am old enough to believe that
God has not loved me for a long time, not since
he loved the math teacher
and gave him sharp eyesight
and colored chalks
and many chances to torture a girl like me
who cannot divine the link
between two unattached numbers.

But it’s not important that God love me.
No one in this world, not even the righteous ones,
can prove that God loves him.

I can open the door and shut it 
softly so my lover does not wake.
A girl who goes out to the street
without a place to shelter her
is not dramatic at all.

When Dostoevsky said,
“One must have a home to go to,”
he was talking about classical people
who wore long sideburns
and overcoats resembling loneliness.

I do not like melodrama
and find no reason to empty a flower of its joy
to match it to a loved one who had died.

If I leave now
I will grab the hand of the first person I meet
and force him to go with me to a side street café.
I will tell him that a man sleeps in the next room
without nightmares,
that his head was not level with my body
and he never became
a garbage pail for me, not even once—he let everything
scatter out into the street. 
I will tell this stranger that I am an orphan,
and that I used to think that was enough to write good poems,
which proved untrue,
and that I did not take good care of myself
so much that a small inflammation in my sinuses
is about to become a tumor. 
Yet I continue to lie—one of course 
is supposed to be angelic for a little while
before dying to make it easy for his friends 
to find good things to say about him—aware 
that if he leaves me, my death will be easier 
than moving my right foot.

At a side street café
I will tell a man I don’t know many things all at once,
and I will press my vocal cords
on his old wish to be useful.
Maybe he will take me to his house and wake his wife.
I will watch her step toward me as she 
tramples a filthy rug like a tractor and as I feign 
shyness to comfort her and make her feel satisfied
with her husband while he advises me to start over
and as I promise him to learn to play a musical instrument that matches my 
small frame 
and that we meet again during the national holidays.

I threatened all who loved me with my death 
if I ever lose them.
Yet I do not think I will die for anyone’s sake.
Surely, suicides must have trusted life more 
than they should have, and must have thought 
it was waiting for them somewhere else.

I will not leave here before he dies in front of me.
I will place my ear to his chest where silence is so clear that 
even a cat 
with the claws of a disappointed woman who tries 
to hysterically topple the pail filled 
with the remains of our evening together (which 
I place at the top of the stairs
to prove to the neighbors that I have a safe family)
will not make me doubt it.

I will hold your fingers
and watch with the precision 
of a surgeon who does not need scalpels to remove 
pustules from a deteriorating body.
I will place them in an ice bowl where there are no tremors…
And I will leave here
clad in loss, and light.

You must die in front of me.
The death of loved ones is a wonderful opportunity to find alternatives.
On the East Delta train I often pick a suitable 
lady who opens the coffers of her sympathy when I tell her 
my mother died when I was six.

The truth is
it happened when I was seven,
but for me “six” seems to have greater effect.
Middle-aged mothers are addicted to sadness
maybe to justify mourning before it begins.
These touch-ups in the telling
have a magic
that cannot be understood by those
who never needed to steal 
from others.

From: A Dark Alley Suitable for Dance Lesson
1995