BUSCAR POETAS (A LA IZQUIERDA):
[1] POR ORDEN ALFABÉTICO NOMBRE
[2] ARCHIVOS 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª 6ª 7ª 8ª 9ª 10ª 11ª 12ª 13ª 14ª 15ª 16ª 17ª 18ª 19ª 20ª y 21ª BLOQUES
[3] POR PAÍSES (POETAS DE 178 PAÍSES)

SUGERENCIA: Buscar poetas antologados fácilmente:
Escribir en Google: "Nombre del poeta" + Fernando Sabido
Si está antologado, aparecerá en las primeras referencias de Google
________________________________
Mostrando entradas con la etiqueta MADAGASCAR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MADAGASCAR. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de mayo de 2012

7058.- JACQUES RABEMANANJARA



Jacques Rabemananjara
Jacques Rabemananjara (Maroantsetra, Provincia de Toamasina, Madagascar; 23 de junio de 1913 - París, Francia; 2 de abril de 2005), héroe de la independencia de Madagascar, fue un escritor, político y vicepresidente malgache.
Jacques Rabemananjara nace en 23 de junio de 1913 en Maroantsetra, ciudad en la provincia de Toamasina de Madagascar. Tras una breve estancia en el pequeño seminario de la isla Santa María, Rabemananjara estudia en el colegio de los jesuitas de Antananarivo. Al finalizar sus estudios trabaja en la administración colonial. Entre 1935 y 1936 es director de la revista mensual Revue des jeunes de Madagascar, cuyo lema era: Devenir francés permaneciendo profundamente malgache, publicando diez números, sin embargo las autoridades coloniales la consideran de contenido peligroso y prohíben su publicación. En 1939 es enviado a Francia por el Ministerio de las Colonias formando parte de la delegación malgache que participaría en la conmemoración 150 aniversario de la revolución francesa.
A partir de su llegada en París, se inscribe a la Universidad de la Sorbona donde estudia letras clásicas, obteniendo su licenciatura. Algunos meses después de su llegada en Francia publica su primer recopilación de poemas Sur les marches du soir (En los límites de la noche). En Francia, Jacques Rabemananjara toma conciencia malgache, lejos de las mistificaciones de la Revue des jeunes. El contacto con otros escritores de origen africano en París marcan profundamente su obra. Jacques Rabemananjara hace una poesía solemne, clásica en sus formas, serena, a veces simple en su serenidad.1 Su carrera literaria es muy paralela a la de Jean-Joseph Rabearivelo; ambos habrían de influir decisivamente en Flavien Ranaivo, otro gran poeta malgache. Tras la segunda guerra mundial participa en el proyecto Présence Africaine (Presencia Africana), junto con Léopold Sédar Senghor y, sobre todo, Alioune Diop. En 1946, se entrevista con los doctores Joseph Raseta y Joseph Ravoahangy y juntos, desde París, fundan el Movimiendo Democrático por la Renovación Malgache (MDRM).
Fue elegido diputado de la provincia de Tamatave en 1946, sin embargo, Rabemananjara no logra sentarse en la Asamblea Nacional debido a que en los días siguientes a la insurrección malgache de marzo de 1947, es detenido por las autoridades por sospecha de ser uno de los instigadores. Rabemananjara es torturado, juzgado y condenado a cadena perpetua. Durante los años que pasa en prisión que escribe los poemas Antsa, Lamba y Antídoto que le valdrán el título de chantre de la négritude. En 1956 es liberado y exiliado, no regresa a su país hasta que éste obtiene su independencia en 1960. Participa entonces en la primera república malgache ocupando distintos ministerios en el gobiernos del presidente Philibert Tsiranana, siendo vicepresidente de la república en 1970. Tras la revolución de 1972, elige el exilio y no regresará sino hasta 1992.
Muere en París el 2 de abril de 2005.

Obras

Poesía

L'Eventail de rêve (1935), Antananarivo: La Revue des Jeunes de Madagascar.
Aux confins de la nuit (1935), Antananarivo: La Revue des Jeunes de Madagascar.
Sur les marches du soir (1940), Gap: Ophrys.
Lyre à sept cordes (1948), París: Anthologie de la nouvelle poésie nègre et malgache de langue française, précédé d’Orphée noir de Jean-Paul Sartre, PUF.
Apothéose
Rites millénaires (1955), París: Seghers.
Antsa (1956), París: Présence Africaine.
Lamba (1956), París: Présence Africaine.
Antidote (1961), París: Présence Africaine.
Les ordalies, sonnets d'outre-temps (1972), París: Présence Africaine.
Oeuvres complètes, poésie (1978), París: Présence Africaine.
Thrènes d'avant l'aurore: Madagascar (1985), París: Présence Africaine.
Rien qu'encens et filigrane (1987), París: Présence Africaine.

Teatro

Les dieux malgaches (1947), Gap: Ophrys.
Les boutriers de l'aurore (1957), París: Présence Africaine.
Agape des dieux Tritiva: Une tragédie (1962), París: Présence Africaine.

Ensayo

Témoignage malgache et nationalisme (1956), París: Présence Africaine.
Nationalisme et problèmes malgache (1958), París: Présence Africaine.
Artículos
50ieme anniversaire de la mort de Jean-Joseph Rabearivelo (1987), Présence Africaine: 3-4.
40ième anniversaire de la revue Présence Africaine (1987), Présence Africaine. 144: 11-17.

Narrativa

Le prince Razaka (1995), París: Présence Africaine




Poemas  
Jacques Rabemananjara
Traducción: Beatriz Roldán Artiaga

Nota: los poemas de Jacques Rabemananjara y sus traducciones, que presentamos a continuación, fueron publicados en el en la antología bilingüe Poesía negra de expresión francófona, Aldabalejo Libros / Colección Lancelot, 2007, ed. Francisco Torres Monreal, págs. 52-59.

 

Tormento

¿Pero Qué éramos nosotros antes
y qué era el mundo en sí?
Doble nada en el caos.
Granos de polvo en el camino.

En vano, nuestros pasos en la arena
grabaron la imagen del emblema.
Toda la fauna del desierto
vio nuestras sombras caminar.

Dos sombras caminando noche y día
en el albor del universo.
Noche y día caminando, sin tregua,
en busca de nosotros mismos.

Pero ¿qué éramos
si no nuestro propio tormento?

¿Qué meta al final de la carrera?
Nos quemaba hasta los huesos
la sed de dioses y de presagios;

Apenas en las cimas de las cañas
un destello de rocío.
En el aire apenas un juego de pájaro
para animarte, ¡Oh paisaje!
Un mar, un muro en nuestros pasos...

Sin embargo,
Ningún límite a nuestros impulsos.
Ninguna frontera a la aventura.
¿Quién liberó, pues, nuestros días de sus pecados?

Un viento mece las hojas muertas
en el silencio de las alamedas.

El amor se lanza.
Una tromba de fuego se lleva las almas desnudas.
Un agua brilla, lustral, en las grietas de las rocas.

¡Pero quién, quién liberó pues
nuestros mortales días de sus pecados!
¡Y qué garganta insaciada
sueña de este modo con eternos manantiales!

Una piedra arrojada en la noche
turba los estanques infinitos.

Un destello de rocío
me torturó con tu deseo,
Oh, pozo sellado del Paraíso.

El desnudo mármol del brocal
sangra cercano al Mediodía.
¡Y tienta mis sedientos labios
el secreto de las aguas subterráneas!

¡Oh! ¡Qué garganta insaciada
sueña con imposibles manantiales!

De repente todo es eternidad:
el segundo y la palabra,
el soplo y el silencio.

Entre el círculo de elegidos, dos brazos de marfil cerraron la nube.
Dos brazos de marfil apaciguaron el tumultuoso horizonte.
Y nos cogió en sus redes como a peces en una nasa
el puro abrazo del Estío...

Pero ¿qué éramos nosotros?, pero ¿qué éramos nosotros?, pero
¿qué éramos nosotros antes?...

(Rites millénaires, 1955)




Tourment



Mais qu’étions-nous avant cette heure
et qu’était le monde lui-même ?
Double néant sur le chaos.
Grains de poussière sur la route.


En vain, nos pas ont sur le sable
écrit l’image de l’emblème.
Toutes les bêtes du désert
ont vu nos deux ombres marcher.


Deux ombres marcher jour et nuit
sur la blancheur de l’univers.
Jour et nuit marcher, sans relâche,
à la recherche de nous-mêmes.


Mais qu’étions-nous
Sinon le tourment de nous mêmes !


Quelle étape au bout de nos courses ?
Elle nous brûlait jusqu’aux os,
la soif des dieux et des présages;


A peine aux cimes des roseaux
Un scintillement de rosée.
Dans l’air à peine un jeu d’oiseau


pour t’animer, Ô paysage !
Une mer, un mur sur nos pas...


Pourtant,
Nulle mesure à nos élans.
Nulle frontière à l’aventure.
Qui donc a délié nos jours de leur péchés ?


Un vent berce les feuilles mortes
dans le silence des allées.


L’Amour fonce.
Une trombe de feu ravit les âmes nues.
Une eau brille, lustrale, aux fentes des rochers.


Qui donc, qui donc a délié
Nos jours mortels de leurs péchés !
Et quelle gorge inapaisée
rêve ainsi d’éternelles sources !


Un caillou jeté dans la nuit
trouble les étangs infinis.


Un scintillement de rosée
m’a torturé de ton désir,
Ô puits scellé du Paradis.


Le marbre nu de la margelle
saigne à l’approche de Midi.
Et tente mes lèvres torrides
le secret des eaux souterraines !


Oh! quelle gorge inapaisée
rêve de sources impossibles !


Tout est soudain éternité :
La seconde comme le mot,
Le souffle ainsi que le silence.


Parmi la ronde des élus, deux bras d’ivoire ont clos la nue.
Deux bras d’ivoire ont apaisé le tumulte de l’horizon.
Et nous a pris dans son filet comme poissons dans une nasse
la pure étreinte de l’Été...


Mais qu’étions-nous, mais qu’étions-nous, mais qu’étions-nous
avant cette heure !?...


(Rites millénaires, 1955)









Aquí el círculo
estrecho de la prisión
revienta.
Y las paredes,
Y todas las barreras y todas las órdenes
Revientan, y la cara de los molochs,
y la lengua de todas las víboras anacrónicas.

Vano el abrazo del horizonte,
Hasta la misma bóveda del cielo
Reventará
¡Madagascar!

¡Te saludo, Isla!
Desde los confines de mis tormentos
¡te adoro!

¡Maldito sea el inicuo ídolo
que se aproxima con demente gesto
dispuesto a frenar los tiernos brotes
y el crecimiento de espigas florecientes!

¡Llora, Madagascar! ¡Llora!

Vacíos estarán mañana
los graneros de Esperanza.
Vacíos los campos antaño
colmados de polen y de luz.
Grita un lejano pájaro, agudo.
en la encrucijada de cuatro brisas.
¡Nuestras desdichas alimentan a los cuervos
y nuestra juventud a las tumbas!

(Antsa, 1961)





Ici le cercle
étroit de la prison
éclate.
Et les murs,
et toutes les barrières et toutes les consignes
éclatent, et la gueule des molochs,
et la langue de toutes les vipères anachroniques.


Vaine l’étreinte des horizons.
La voûte même du ciel
éclatera,
Madagascar !


Je te salue, Ile !
Des confins de mes tourments,
je t’adore !


Maudite soit l’inique idole
qui s’en vient d’un geste fou
fausser l’élan des jeunes pousses,
l’essor des épis jaunissants !


Pleure, Madagascar, Pleure !


Vides seront demain
les greniers de l’Espérance.
Vides les champs jadis
peuplés de pollen et de lumière.
Un haut papangue crie, perçant,
à la croisée des quatre brises.
Nos malheurs gorgent les corbeaux
et nos jeunesses les tombeaux!


(Antsa, 1961)










¡Fuente duradera y carne
de sueños resplandecientes como cabellos de cometas!
Te vuelvo a ver en la extrema unión de las novedades
hoy reconquistadas
en las siete profundidades siete veces impenetrables de los Antepasados.

En la curva de las largas cejas
he aprendido a domesticar al vivo jeroglífico
que con rubrica firme ha garantizado para nosotros las páginas en blanco
de la felicidad.

¡Para qué panegírico
el suave balanceo que mece, al andar, tus pasos a la derecha del
filarca!
¡Y ese lis en la nuca
impulso de melodía y estrofa de un poema de alto linaje!

¡Vulva, oh vulva de mi isla orlada de porcelana,
torbellino de suspiros que arrastra, en la mañana azul de amor,
interrogante del destino
cual cuerno del Aries al salir del zarzal,
la insignia varonil del cenit todavía desbordante de esperma y
de veneno,
el tirso de un dios loco que vibra, lanza-embriaguez en los
lechos de rosas de la orgía!

(Lamba, 1956) 






Source longtemps et chair
de rêves éclatants comme des chevelures de comètes !
Je te retrouve à l’extrême jonction des nouveautés
reconquises aujourd’hui
sur les sept profondeurs sept fois impénétrables des Ancêtres.


Dans la courbe des longs sourcils
j’ai appris à l’apprivoiser, le vif hiéroglyphe,
qui d’un coup de paraphe a garanti pour nous les pages blanches
du bonheur.


Pour quel panégyrique
le soupçon de roulis qui berce, à l’avancée, tes pas à droite du
phylarque!
Et ce lys de la nuque
élan de mélodie et strophe d’un poème issu d’un haut lignage!


Vulve, Ô vulve de mon île ourlée de porcelaine,
spirale de soupir où s’enroule, au matin bleu d’amour,
interrogateur du destin
comme la corne du bélier au sortir du buisson,
l’insigne maie du zénith encore tout débordant de sperme et de
venin,
le thyrse d’un dieu fol qui vibre, lance-ivresses, sur les
couches de rose de l’orgie!


(Lamba, 1956)




miércoles, 10 de noviembre de 2010

2005.- JEAN JOSEPH RABEARIVELO


Jean-Joseph Rabearivelo nació el 4 de marzo de 1901 en Antananarivo, capital de Madagascar, hijo de familia noble venida a menos. A la edad de 13 años fue expulsado de un colegio de jesuitas. Desde esa edad ejerció diversos oficios sin encontrar jamás uno que le permitiera vivir desahogadamente. El último que tuvo antes de morir era el de corrector de imprenta. Hacia 1920 conoce a Pierre Gamo, quien lo introduce a la literatura francesa por la cual desarrolló una gran admiración. Es considerado el primer poeta malgache moderno pues utilizó esta lengua a la par de la francesa. Su obra muestra afinidades con los poetas simbolistas y surrealistas manteniéndose arraigada en la geografía y vida folclórica de Madagascar. Si bien absorbió las aspiraciones colonialistas francesas de ser francés y malgache al mismo tiempo, le fue negada la oportunidad de vivir y escribir en París. Tras haber visto frustrada esta aspiración Jean-Joseph Rabearivelo se suicida el 22 de junio de 1937. Aunque al morir tenía apenas 37 años dejó una vasta obra poética.




Los dos poemas a continuación están extraídos
de su libro Presque-Songes.


LAS TRES AVES

De hierro el ave, la de acero
habiendo lacerado las nubes de la aurora
y ansiado estrellas
más allá del día
desciende arrepentida
a artificial guarida.
De carne el ave, la de plumas,
que labra un túnel en el viento
por llegar hasta la luna vista en sueño
entre espesuras,
cae, cuando cae la tarde,
a laberinto de follaje.
Y esa otra inmaterial, ésa,
que al guardián del cráneo hechiza
con su canto balbuciente,
alas resonantes abre luego
y por hacerse eterna nuevamente
a pacificar va los espacios.





ALTA FORESTA

No vengo a saquear los frutos
que tú en tus cimas imposibles brindas
al pueblo de los astros, la tribu de los vientos;
menos a arrancar tus flores, que nunca he visto,
por vestir o esconder acaso, vergüenza que ignoro alguna,
yo, hijo de las áridas colinas.

Pero me he acordado de pronto en mi último sueño
que estaba amarrada todavía con lianas de noche
la vieja piragua de las fábulas
que cada día mi infancia transportaba
de orillas nocturnas a orillas del alba,
del cabo de la luna al promontorio del día.

Remándola vengo, aquí a tu centro, vegetal montaña.
A interrogar he venido tu silencio absoluto,
por saber el lugar donde brotan los vientos
antes de abrir las alas, después manchadas,
manchadas por la hebra inmensa del desierto
y las trampas de villas habitadas.

¿Qué oigo yo, qué veo, oh alta foresta?
Sonidos perdidos que confluyen y se pierden de nuevo
como ríos subterráneos
cruzados por enormes aves ciegas
que se lleva la corriente apresurada
a enterrarlas en el cieno.

Es tu respirar, tu respirar profundo
y ya penoso como aquel del viejo
que remonta la cuesta del recuerdo
mientras baja la pendiente de sus días por cesar.
Tu respirar, y el de las aves incontables,
y el de las ramas pacidas por todo un mundo de apocalipsis.

Mas ¿qué puedo ver yo en tu noche sin color,
en tu noche más eterna que la muerte de los probos
y la vida de los míseros,
oh caverna de follaje con un extremo acaso al borde de los mares
y otro en el abismo del horizonte,
oh tú, semejante a un arco iris entre dos continentes?

No veré sino el sol que se debate
—jabalí alanceado en los bosques del azur—,
jabalí de luz atrapado en las redes poderosas
que tú tiendes entre los frutos maduros y las flores perdurables,
allá arriba, allá abajo, en el límite extremo
donde el genio de la tierra y la fuerza del árbol pueden reencontrarse.

Más tarde, sin embargo, cuando días incontables
cual tus hojas sucesivas hayan caído ya en la eternidad
y las séptuples noches tupido siete veces —más— la noche de los tiempos,
mientras pueda recoger en flor amaneceres
en la copa del tallo cercenado de ocasos,
guardaré el recuerdo siempre de tu silencio y claridad extraños.

Serán como guijarros arrojados a la arena
que un viejo marinero recupera
y se lleva a casa, y allí los pone junto a la concha
de una prao en miniatura
comprada en isla lejana que sólo el sueño habita,
mas con cabañas orillando el mar.

Serán más bien bolas de ébano,
de madera de rosa u otra esencia preciosa
que pondré sobre mi mesa
donde tu recuerdo las esculpa paciente
para hacer fetiches con ojos de vidrio,
fetiches silenciosos en medio de mis libros.





UNA ESTRELLA ROJA

Una estrella escarlata

crece en el fondo del cielo.
Qué flor sangrienta se abre en la pradera nocturna.
Cambia, cambia,
luego se transforma en cometa liberado por un infante dormido.

Parece acercarse y alejarse al mismo tiempo
pierde su color como flor cercana a marchitarse,
se torna nube, se vuelve blanca, se reduce:
no es más que punta de diamante
que talla el espejo azul del cenit
donde ya se observa el resplandor
glorioso de la mañana pubescente.

(del poemario ‘Traduit de nuit’, 1935)



AMANECER

Camaradas, amigos, una pregunta tan solo:
¿No habéis visto ya a la aurora dirigirse,
como una coqueta, al paraíso de la noche?
Pues contempladla ahora mismo, que retorna
por los anchos senderos del cardinal Este
invadidos, llenos, de gladiolos floreados:
toda ella embadurnada, maculada, de leche
como una niña criada antaño por terneras:
sus manos, que sostienen una antorcha,
están negras y azules cual labios infantiles
hartos de masticar las moras de las zarzas.
La anteceden, se escapan, alzando el vuelo,
los pájaros que, en la celada, ella encerró.

(‘Amanecer’, versión libre de este poema del libro
‘Presque-Songes’, 1934)







La Poesía

Palabras para el canto, manifiestas, voces para el canto,
oh lenguaje añorado, querido, de mis antepasados,
Voces, vocablos, para las canciones, para denominar
los ideales que el espíritu tiene, desde antaño, engendrados
y que por fin ven la luz del día y se desarrollan
con palabras, voces, vocablos por lenguas,
aurorales todavía por la ambigüedad del abecedario,
y que por ahora no pueden bailar con el vocabulario,
no siendo aún tan dóciles como las frases ordenadas,
pero que ya se articulan alegres en los labios
cual enjambradas libélulas azules que a la vera de un río
saludan a la noche.

Palabras para el canto, manifiestas, voces para el canto,
palabras para las canciones, para nombrar, para designar,
las quebradizas reverberaciones del canto interior
que ya se amplifica y retumba,
intentando embelesar el silencio del libro
y los decampados de la rememoración,
o las despobladas orillas de los labios
y el desconsuelo de los corazones.

(del poemario ‘Presque-Songes’; versión libre de este poema)