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martes, 2 de septiembre de 2014

NATASHA TINIACOS [11.053]


Natasha Tiniacos 

(Maracaibo, estado Zulia, Venezuela, 1981) es licenciada en Letras, egresada de la Universidad del Zulia en 2005, Magíster Scientiarium en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Carolina del Sur (2008). Ganadora de la mención poesía del I Premio Nacional Universitario de Literatura 2004. Ha publicado poemas y ensayos en los diarios La Verdad (Maracaibo) y El Universal (Caracas). Tiene publicado “Mujer a fuego lento”, bajo el sello de la Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar (2006) y Historia privada de un etcétera (Cámara Escrita, 2011)





Yo soy una mujer

Yo soy una mujer      lo he dicho mil veces
Yo soy una mujer de palabras rotas       de eclipses hormonales
de chillidos en lo adentro
observa mi pecho tembloroso    palpitante
es mi corazón a pleno andar
galopando descalzo a lo largo de lo indecible
Yo soy una mujer        lo repito
el calor de mi bluejean recién comprado
el último vocablo empaña mi parabrisas
el aire me duele
es tu maldita costumbre
y tu hechizo larvario de regresar a mi memoria
Yo soy una mujer        suficiente
me quedo con la silueta poco definida del que empieza a vivir
me quedo fugitiva
secretamente rendida a mis pechos diminutos
Yo soy una
mujer a fuego lento





Quisiera ser un número

Quisiera ser un número
y no una palabra
descifrar el infinito en un teorema
sin hacerlo  leitmotiv de algún verso vagabundo
haber llegado al mundo en autostop
para no tener que imaginar
que tal o cual estrella me ha parido
atravesar la calle para tomar el bus
sin pensar qué tanto besan mis pies al pavimento
perder el sueño
por  culpa del canal porno
no por andar buscándole razones a la soledad
al hambre      a la muerte
a veces me gustaría
insultar al sacerdote que me cobra     sus minutos       de silencio
a lo mejor es para el pan       padrenuestro
y desnudar con la mirada a mi amante
adiós a la camisa  no que me la quite   él      pienso
definitivamente
quisiera ser robot y no misterio
quisiera ser fórmula exacta    color primario    disolvente      chip
cambio los ojos por tarjeta de video
quisiera ser pentium y no mujer







PIE DEL DESESPERO

Según la agencia ambientalista
una lata tarda entre ochenta y doscientos años en descomponerse,
una botella de plástico mil,
el vidrio millones.

Cuánto demorarán estas palabras en encontrar
su primer amanecer:
el día en que se abotonarán la camisa para tomar tu aliento.

Sólo intuyo qué cantidad de calendarios
tomará mi espalda en ceder
porque he aprendido a sobrevivir,
apretar los puños, fruncir el ceño
y esperar mi turno inclinada
donde los niños no hurgan la basura.







Ayer se me perdió el paraíso
mengüé como palabra suelta en medio del camino
una esquina roída semáforo en rojo trato de escapar
te confundí con la sombra del cielo perdón me equivoqué
eres tú     soy yo      somos cada quien
soy una calle trancada a la orilla de un bar
ya no me da la gana de menstruar
desborono trozos de luna tejidos por dentro
se me descose el concepto
me sirvo con hielo al fin corazón en las rocas al fin
adiós destino paraíso
tacto contacto ombligo milonga rito licor amantes en celo
costra del grito de Munch.





Desde hace siete días no me encuentro
me quedé pegada a las paredes de tu posibilidad
tatuada al mural de saberte donde siempre
bajo la misma luz      entre la misma sombra
sobre la misma cama quebrada de tanta saudade nuestra
me has hecho perder los límites
hasta aprobar la ley del desenfreno
este es mi reino
la casualidad de entenderme muralla china      fortaleza
y       al mismo tiempo
sentir cómo haces fiesta conmigo
arriesgo el pulso y la tensión     arriesgo la conjugación
contigo       no me quejo
si haces tiritas de mi corazón          pues
soy un graffiti imborrable     yo soy el texto indeleble
                   [proclama de amor







Yo quiero ser la dueña de este reino
tener alas   sueños húmedos  y   siete mandamientos
una luna colgando en mi sala
cortinas de genoma humano en mi habitación
yo quiero ser el dedo que elige
que designa   que acaricia lo más tibio
que marca    que borra   que auxilia
la geografía accidentada de lo nuestro
quiero olvidar que soy ella
y decidir las cosas que son imposibles
hacer nido en el ápice de Keops
arrancarme el sexo      salir corriendo
cuando no te tengo







Shh...

No digas nada
no le digas a tus ojos que los presupongo
ni a tu pupila que la dibujo como consecuencia
de lo que llueve
de la hoja de cal que sube por mis piernas
y me suplica que te escriba
no digas nada        por favor          a lo que sea
                                     a quien lo sea
que la cama se me aleja de esta forma tan mezquina
y se deshace
con cada pensamiento que por Dios, me pertenece
no digas nada
yo no soy una naranja
yo no tengo especie
a veces se me ocurre que soy una mujer
                                                             
a veces






MI ESMIRNA

los hijos del desarraigo
nacimos
con lágrimas en los pies
y nuestro método de supervivencia es el futuro
aunque la montaña se aleje en la huída
y el océano no nos separe
de los vientres rotos

cuando te arda el pecho
y de tus ojos no desaparezca el paisaje tomado y encendido
sigue la multitud
dispuesta a irrigarse
a temblar como la arena
porque la arena no llora
escapa hacia el asfalto traslúcido
a lenguas en que el temor sólo es amoroso y anhelante
sueña con el último equipaje
corre hasta decir basta
de vuelta a tu
nueva casa
sin que el músculo de la nostalgia te vire






MONÓLOGO INTERIOR DE UN HIDRANTE

Ni el perro que diariamente se inclina
sobre mi costado frío se molesta
en olerme cuando inundo la calle,
los carros no se detienen,
no les inmuta el flujo de la cosa esta
que sueña con la piel y la sustancia.
Pierdo la confianza física,
la frondosidad de mi ser metálico
y me diluyo,
me deshago
enviudando la acera
pues nadie se acerca en fin
a consolar mi llanto
que es como todos los llantos:
torrente contra el fuego.







ONLINE O NUNCA

Entonces para ti es todo o nada,
nada de cómo estás sino qué llevas puesto
no te importa de mi día, la relevancia de mis diligencias
sólo ha dejado tierra en mis zapatos.

Qué gano después de ir la selva
donde soy presa de oficio:
tu palidez en mi pantalla
moviéndose cual molusco pixelado
(así eres tú,
directo al grano).
Salta tu nombre como un cachorrito
ansioso por ser galleta,
adivino que tu apurada ortografía
quiere aflojar mi carne
y en esta ficción breve
sólo digo ajá para que rindas.

Me das náuseas, me desconecto.
Ay de aquellos tiempos cuando un encuentro era


largo y tendido







jueves, 28 de agosto de 2014

LEONARDO ALEZONES LAU [11.033]



Leonardo Alezones Lau

“la poesía es la columna vertebral de todo arte fidedigno”

(Valencia, Venezuela, 1983) Poeta y Artista Plástico, Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena 2002-2005. Ha participado en diversos recitales de poesía y es autor del poemario “Arcada” publicado por la editorial El Perro y La Rana en el año 2007,  y “Amalivaca” por Negro Sobre Blanco Editores 2012. Su poesía ha aparecido en diferentes diarios y revistas como Pez de Plata, Fanzine Dos Puntos, Letra Inversa Notitarde, La Tuna de Oro y Poesía. Y en diferentes libros colectivos. Actualmente alterna su obra con el periodismo cultural dentro del proyecto editorial de Negro Sobre Blanco. 



Arte digital de la página por Leonardo Alezones Lau


PÁJARO ANTIGUO

una vida no basta
el fuego se encargará de la memoria
elevándose por encima del oxígeno
hasta apagarse como el pájaro antiguo
quemando el tronco de un árbol
y fauno lo mira entre las hojas muertas
las que arden ante su llama inexplicable
con la misma gracia del rocío a contraluz
elude la brisa en el tornado
desde un ala finamente terminada
por la llama que iluminó los campos de trigo
ya al fin del abrazador recuerdo de su partida
las ninfas reanudan la música de las esferas
haciendo estallar la ceniza en resurrección






PSEUDO

si un poema te cansa
dile que se marche
acercó la locura de nuevo
con su risa enrarecida
otro asesino en los balcones
mirada repleta de electrodos
rechinan las piezas llenas de óxido
pero él sigue
cerca de mi mente
come de mí estando vivo
me mastica la pierna en busca de salado
trae una serpiente para jugar
gato olvida que soy una ratonera
y deja de lamerte los pelos






ALICE BLUE GOWN 

el castillo de alicia guarda un naipe de hueso
una astilla que anduvo su corazón
al que le bastaba amasar la tierra
posando dulcemente la luz en sí 
la misma al descubrir un esqueleto en la fronda

mariposa qué delicado es tu camino en el paisaje
para acercarte a su blancura
la de una luna atrapada en un balde
donde anoche me bajaron el quebranto

sueños de verdes páramos y altas sonrisas
que aún saben de mí niña
cuando nació pegada a un azulejo
que la hizo morir de tristeza al nacer

lo que no saben de ella es que la obsesiona
la idea de seguir a un conejo para encontrar 
a su hermana menor
pues se me parte el corazón al explicarle
haberla perdido en un juego de barajas con jesús

quién conoce la carta tatuada bajo mi camisón de oro
por esos días mis pisadas fueron agrias 
como leche cuajada en el monte
sólo alicia sabe sentir dolor igual que nosotros 

tal vez si apuesto con ella podré lamentarme
sobre un buen par de tetas
y no girarán las rosas entumecidas por el sol
rojas con cada reina decapitada y ultrajada en la vida






A SILENCIOS

cada vez que voy en busca de una revelación
la página aparece
traída por los ángeles desertores
colgándose de mi espíritu
con ganchos de carnicería
helados tan dorados
como el semen de un abuelo

él fue rey antes de enloquecer
mirándolos fijamente
beneficiándolos
para reír al fin diciendo
que se trataba de aves de corral

teme que no te asusten un día
siente su aleteo
dentro del estómago
un hambre de llenar los espacios
sangre plumas la luna
son insuficientes al llegar a la casa
donde ningún techo sostiene estrellas 
cuando callas todo lo escrito





TAROT

dicen que con el tiempo
te conviertes en lo que haces
y no quiero ser un poema
para estar cargado de nostalgias
ni mucho menos
seguir lleno de horizontes
debiendo recorrer todos los que hice míos
durante la eternidad
prefiero ser una carta de tarot
anunciar al niño el camino hasta el erotismo
oculta bajo la manga del brujo
colorida cuan la muerte de ese pájaro
más tropical que lo que talaron en mi semblante






ANÓNIMO

ningún hombre ha sido capaz de forjar su sol
todos han caído bajo el látigo de la aurora
en espera del favor de los dioses
unos querrán meterlo en los costados del ángel
para irrumpir con ese calor en la ciudad durmiente
de las pieles que se apartan durante las vetas de mármol






JAURÍA

los mendigos son iguales en cualquier capital del mundo
niños que no tuvieron un abrazo
oliendo pegamento
esperando los frascos de pintura de uñas
culpando de su soledad a un dios que les resulta desconocido
¿quién vela por ellos en un sueño de mora y envenenados licores?
si me atrevo a cruzármelos por estas calles de la alta noche
acabaré destrozado en una pesquisa sin saber de repente
¿qué le dio tanta fuerza a estas mandíbulas de cristal                                              
cuando llega su jauría silenciosa?





INTITULADO

todo poeta es un hombre santo
si se acuna bajo el ala de la muerte
así como cada pan deja su migaja
queda algo tras apagarse en aquellos ojos el fuego
que nunca se reduce a cenizas
puede haber discernido al vivir el instante
entre temerosas ruinas (por perros de la calle frecuentadas)
y los irrepetibles maullidos de las gatas celosas
entonces me fue dada la potestad de cantar
cuando nos disponíamos a tomar el té
en el filo de alguna estrella
de esas que son invisibles al anhelo humano
evadiendo la noche desde su mirada iluminadora
convergen los orígenes
de un salto al concreto de los emisarios
un basural lleno de mendigos atesta las aceras
junto a las putas chulos jíbaros rateros y transformistas
en espera de su congregación
que retumba como el acto de blanquear su pluma
ratas moribundas y hambrientas huyen de la catedral
¿dónde está?
la mano que en la penumbra me ha servido de guía
le pone máscaras de hierro a los proclamados tantas veces en los vitrales
hasta husmear con asombro
el cuerpo de un ave entreabierta en el pavimento








VIVENCIA

el tiempo jamás fue esclavo de los poetas
los que sueñen con la eternidad
declárense en la más ruinosa estancia
por no poder hacer soñar a los ríos
ni copular con estrellas mal nacidas

durante mi pasó nada se agitó
sin embargo mi alma se escuchó en otra
y con gratitud
regó una lágrima sus raíces







NADIE

¿quién fue?
¡nadie!
así respondieron los moradores
con miedo de ser observados
por la cuadrilla de motos
el ángel de nuevo
olvidó su ala en la escalera
tengo por pintar este pesebre
no exagerar
ni fruncir la tez amarilla
de los inquilinos
con paludismo y terror
mejor un tono púrpura
que le de la paz del maíz
cuando retoña
al pequeño cubierto por la sábana


miércoles, 20 de agosto de 2014

CARMELO CHILLIDA [10.942]



Carmelo Chillida 

(Caracas, VENEZUELA  1964), profesor en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y coordinador editorial del suplemento cultural Literales, que publica el diario TalCual.  Ha publicado ensayos, crónicas, notas sobre libros y traducciones en diversas revistas y periódicos del país, así como los poemarios El sonido y el sentido (1997), Versos caseros (2005), ¿Un poema de amor? (2011) y Desde el balcón (2013). Precisamente de este último libro, impreso bajo el sello de  Kalathos Editorial dentro de  la colección de poesía dirigida por Artemis Nader y David Malavé, extraemos los siete textos.


Para Alfredo Pérez Alencart, poeta y profesor de la Universidad de Salamanca, “la poesía de Carmelo Chillida busca alejarse de la lengua pontificia para habitar el instante de la pura erosión hasta expresar lo que posiblemente vea cualquier caraqueño inmerso en una ciudad donde retumban la belleza y el disparate mayor. Chillida desesconde su historia y también testimonia las dimensiones verdaderas de su entorno, siempre presidido por el imponente Ávila. Una poesía en sincronía con el habla cotidiana, sin encajes metafóricos pero con órbita propia en lo que va mirando y sintiendo, todo ello sin olvidar a sus ‘contemporáneos’ Shakespeare, Lorca, Calderón de la Barca, Beckett, Lope de Vega, Marlowe y la Szymborska, esa polaca maravillosa.. Tampoco a su abuelo Tino, republicano español que acabó en Venezuela. La poesía es vida y es música de las palabras y, en el caso de Chillida, también autobiografía, radiografía o respiradero del existir sin sepultar la mirada y la memoria. La poesía de Carmelo es creación para que todos entiendan lo que dice, lo que necesita decir sin desmayarse para siempre”.




DESDE EL BALCÓN
(Fragmentos seleccionados y puestos en desorden por Alfredo Pérez Alencart)

¿Testimonio de lo que viste
con tus propios ojos o de lo que alguien
dijo ver? Pero no corresponde al que mira
juzgar el contenido de los pliegos
sino entregarlos con prontitud
a las palomas mensajeras. Allá van,
volando, buenas nuevas y malas noticias.
Ya aterrizarán, ya tocarán puertas y ventanas,
ya llegarán a su lugar de destino,
alterando la vida de las personas.
¿Estás seguro de lo que haces?
(Vaya pregunta, si supieran a quién
se la dirigen no perderían su tiempo.)
Escribo. A través de mi cuerpo fluye
una fuerza que se esfuma, me abandona,
y como todos tengo que seguir viviendo
con el esfuerzo diario,
el que no es permitido rechazar.









Vivimos en el reino de las máscaras,
nunca salimos sin nuestro disfraz.
Así andan mejor las cosas,
sin tantos altibajos (pero al fondo
del agua, redondas por la luna, más
allá de ningún charlatán,
yacen las piedras, bajo el vaivén
de las mareas). Además
el escenario es realmente grande,
al mismo tiempo engañoso
y seductor, peligroso y acogedor.
La obra es breve, dura poco,
eso también habría que decirlo.
Por eso al público llano
se le hace tan deleitoso el espectáculo.
Por eso aplaude con entusiasmo
a los actores en los que se reconoce,
en los que reconoce
como la huella de sus propios pasos
a lo largo del día.







Todo empieza con un tipo
sentado en una silla,
desde un balcón, mirando.
Al frente ve la ciudad,
sus luces y sombras. Detrás
del Ávila sabe lo que hay,
lo ha visto, aunque no puede verlo
desde el balcón. Pero
como no puede evitar girar
la mirada hacia adentro, aparecen
los espacios de todos los días
y la memoria ancestral, la mirada
de aquellos que le dieron su sangre y
que también vivieron unos años
en este apartamento.








Sombras amables, la casa es suya,
recorran cada cuarto, no se preocupen
demasiado por nosotros. Vivimos
de día en día, con nuestra ineludible
dosis de sufrimiento y
«la rara chispa de la alegría».
Vamos y venimos a una velocidad
impensable para ustedes, eternos muertos,
vivos en la memoria. Ya alguien dijo
que un hombre no muere sino hasta
que lo hace el último que lo conocía.
Desde la flexible silla verde
(otra casualidad) en el balcón
contemplamos lo que nuestra mirada abarca.
¿Y lo que no abarca quién lo ve?
Las luces de la ciudad brillan
sobre las calles, desde el balcón.
Detrás de la montaña las olas baten
contra las piedras en la oscuridad.
¿Ese sonido quién lo oye?
¿Ese paisaje quién lo ve?









Desde el balcón te miro, Ávila,
desde el mismo balcón
que te miraron mis abuelos,
hace ya tanto, antes
de que ellos partieran, antes
de que llegara yo. El balcón
del apartamento donde ellos
vivieron por años y ahora
vivimos Mari, yo y los niños,
que van y vienen. El lugar
donde me refugiaba de niño,
de zagaletón, de seudoadulto.
Una silueta negra en la noche.
Un juego infinito de verdes
a la luz del día. Tengo deberes
que dejo para más tarde,
que pospongo para estar contigo.
Te miro, respiro tu aire, te contemplo.
Ávila, por favor,
libérame de mis pensamientos,
libérame de lo que otros esperan de mí,
libérame de mí mismo.








Despertador, beso entrecortado,
murmullos, ducha, café y cigarro,
el resto y a la calle, a trabajar.
Malditas colas, en Caracas hay
demasiados carros, en Caracas
no cabe un carro más.
Prendes la computadora
y allí haces esto y haces lo otro,
y sin computadora también.
Tan rápido llegó el mediodía,
casi sin levantar la cabeza
de pantalla y teclado. Comes algo,
tratas de echar, aunque breve,
una improductiva siesta y luego a clases.
En la noche, algo de pasta,
con salsa de tomate, queso y vino.
Prender la TV, esa otra pantalla,
con la esperanza de que haya
un buen juego de beisbol.
Luego a dormir.
Luego suena el despertador.







La memoria profunda y la superficial,
la imaginación que hace las cosas nítidas
o difumina los hechos.
Los objetos concretos, las fantasías,
los sueños misteriosos y, más resbaladizos aún,
los que no tienen apariencia de misterio.
La mujer desnuda, callada,
con esa no sonrisa,
sino apariencia de sonrisa, siempre ahí, detrás.
Esas son mis musas. Los ojos y memoria
con los que debe contar un testigo,
mis instrumentos de trabajo.

http://www.crearensalamanca.com/memorial-de-un-testigo-carmelo-chillida-desde-caracas-pinturas-de-miguel-elias/





TESTIGO

I

Ese que está parado ahí,
recostado, silbando a ratos,
en la esquina.
Ese que detuvo el paso apresurado
que a ninguna parte lleva.
Ese que se sienta solo
frente a la computadora
y comienza a escribir, sin tema previo,
sin plan o ausencia de plan.
¿Qué dirá?
Lo que sus ojos miren,
lo que todos miramos sin mirar.
Lo que oigan sus oídos, desde el grito
destemplado hasta el silencio.
Los olores que aspire,
perfumes, excrementos.
La suavidad o la aspereza
que se deslicen entre sus dedos.
Lo que paladeen o escupan
los comensales, los invitados
al acto, los actores.
Él es sólo el que está
parado o sentado por ahí
                                      (sin ser invitado),
pero despierto, anotando, anotando.
¿Para qué?, le preguntan
y él se pone nervioso buscando
                                             una respuesta.
¿Para qué?. se pregunta a sí mismo.
No sé, sólo quisiera
que de todo esto, de nuestra vida,
quedara algo, quedara al menos
un testimonio.