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lunes, 18 de agosto de 2014

ALBERTO LÓPEZ SERRANO [10.924]


ALBERTO LÓPEZ SERRANO

Nació en La Libertad, El Salvador, Centro América, el sábado 8 de enero de 1983. Es profesor de idioma inglés y de matemáticas. Es miembro de la Fundación Cultural Alkimia y desde 2007 es coordinador de los “Miércoles de Poesía” en la peña cultural de Alkimia y Los Tacos de Paco, en San Salvador.

En este mismo espacio ha presentado lecturas y homenajes a poetas de El Salvador e internacionales, así como eventos bilingües y babélicos especiales de poesía. También ha participado en lecturas en diferentes instituciones educativas básicas y superiores, centros culturales, festivales de poesía, cafés literarios y concentraciones públicas en calles y plazas. Entre ellos: Festival Internacional de Poesía de El Salvador 2004 y 2010, Simposios Rubén Darío en León de Nicaragua, Feria del Libro de Guatemala 2009, Festival Internacional de Poesía de Costa Rica 2010, Encuentro de Escritores en Tarija-Bolivia 2011, eventos en Lima, Perú, entre otros.

En 2007 fue publicado “La Nave que Falta” (Alkimia Libros, San Salvador). Luego “Cien Sonetos de Alberto” (Alkimia Libros, 2009), “Y Qué Imposible No Llamarte Ingle” (primera edición Editorial La Cabuda Cartonera, 2009; segunda edición Editorial Equizzero, 2011), y “Montaña y otros poemas” (Editorial Equizzero, 2010). Además, aparece en las antologías “Madrugada del siglo XXI” y “Retornos: Taller Literario Serpientemplumada”.








DISTANCIA 

El mundo libre no me deja amarte
en este mar de cuerpos lujuriosos,
y mi rostro con ojos jubilosos
sabe mil versos de la piel sacarte.

Dos palabras me bastan para darte
los placeres y al mundo decorosos
ojos mostrar, y hablar tan silenciosos
que a ti el estruendo llega a sonrojarte.

Sin abrirlas, mis alas te despliego.
Sin tocarte, mis labios te acarician.
Sin verte, robo de tus ojos fuego.

Por estos mares que en pudor se envician,
se aleja el cuerpo la distancia leve,
y nadie mira que el pulgar se mueve.






YA TENGO LA ILUSIÓN Y LA CAÍDA

I

¡Inútil ofrecerte yo mis labios
si seguiré inventándome tus besos
como ensayar de labios en espejos
y limpiarles saliva con las manos!

¡De qué me sirve, entonces, el latido
que feliz me arrebola y me sacude!
¿De qué me sirve, entonces, esa nube
que tiende mi ilusión que te confío?

¿Que no es como un jardín que me florece
y sin poder oler con qué fragancias
se ilumina el contorno de mi cara?

¡Quizás inútil sea!... ¡Quizá a veces
espero tanto el Alba de tus labios,
Distancia" termina:
Por estos mares que en pudor se envician,
se aleja el cuerpo la distancia leve,
y nadie mira que el pulgar se mueve.

YA TENGO LA ILUSIÓN Y LA CAÍDA, I, así:
¡Quizás inútil sea!... ¡Quizá a veces
espero tanto el Alba de tus labios,
y ya en la espera se llegó el ocaso.







MONTAÑA

III

Llega tarde el viento… y los labios me tiemblan fijos como rocas en el río. Largo el camino bajo nubes que se cierran, y el bosque en la montaña ya se adentra en mis pasos. Llega tarde el viento… ¿Qué señal ha de llegarme del camino? Camino que me lleva hacia lo incierto mientras subo con pasos presurosos y cautelosos. Llega tarde el viento ahora que mi aliento ya no es tibio y vago entre lo espeso de mis pasos.









ODISEO

Pobre Odiseo,
finalmente en casa,
y no está,
las paredes volviéndose viento
y el piso escarbando con sus raíces:
¿no es que eran de agua los desvelos de antes?

Tantos años para darse cuenta
que su piel es como la tierra:
                                   vulnerable,
como estar para usarse públicamente,
y colgando en las ventanas
una fotografía de sus manos,
aquellas manos de tejer y destejer.
Hoy navegan el océano,
y el pobre Odiseo es un espantapájaros de madera
cayendo como grano en el cemento.

Y recuerda el encanto en Circe,
Calipso: el paraíso…
Pero Ítaca es esto:
una cama que espera,
vacía,
sin las manos que tejen y destejen:
como cualquier lugar de extraños y alas rotas,
con el sol quemándole las carnes,
esperando entre guijarros húmedos del mar que se la lleva.
Pobre Odiseo,
sangrando un lento lagrimeo eléctrico.
Ítaca es navajas de afeitar,
Ítaca es el ruido de las hojas secas rodando por el suelo seco,
Ítaca…

Y se alejan esas manos más y más por el mar
y Odiseo plantado en las esquinas de Ítaca:
punto muerto,
prendiendo las farolas,
vagando en su propia tierra ajena,
coleccionando cantos con adioses,
pinchando la memoria con un catálogo pueril de recuerdos,
y un abierto y amplio camino de lágrimas
como un tapiz de todo lo que falta.
Pobre Odiseo,
si por lo menos supiera tejer…








Dionisos no

No me abrases, Dionisos.
No tienes en tu voz la trampa de los días.

Quisiera reinventar el calendario.
Morder los meses, masticar relojes de arena.
Quizás conjeturar un nuevo siglo de abandonos.

Mejor sería que la noche fuera para siempre.
Su estrellado arrullo nos vuelve siempre primitivos.
El ruido lácteo de las cosas nos reclama y nos arroba.

No haces falta, Dionisos, para el salto.
No tienes en tu voz la trampa de los días.
Déjame vaciar las cráteras de las horas,
perseguir de nuevo las agujas y los números,
vaciar los ojos y correr a tientas, Dionisos,
perseguir las manos que me van halando hacia el desierto,
vaciar las manos de palabras resecas,
perseguir onagros dorados por los desiertos arenosos.

Mejor tomaré el vino del acto de la oscuridad
o al menos cantaré el poder del perro.

MARCO PERNAVARRE [10.923]


Marco Pernavarre 

(San Salvador, EL SALVADOR  1976). Nombre literario de Marco Pérez Navarrete. Poeta, psicólogo, traductor y activista. Miembro de Fundación Metáfora, ha trabajado en diferentes áreas en El Salvador y en Estados Unidos, especialmente en actividades para la defensa de los derechos humanos y la protección de la ecología. Ha escrito los poemarios: Poemas de amor, odio y otros cuentos, Seres Sobrenaturales, Último poema del fútbol y Último poema del fútbol, segundo tiempo, entre otros. Ha participado en diferentes recitales en El Salvador, Estados Unidos y Costa Rica. Algunos de sus poemas han sido publicados en medios alternativos, incluyendo periódicos, revistas culturales impresas y digitales.







Tierra del Fuego

A Roque Dalton, algunas revelaciones de un deseo purificador.

Volverán otros volcanes
Sirviéndose de la fisura almidonada de la historia
Y evocarán al dios de la loza perdida, errante entre las cenizas
Se codearán con caballos a galope, fusionados con la luna
Y despertarán a la sabiduría de su letargo desnudo
La oscuridad tendrá un festín nocturno
Con las sobras que la golondrina trajo de otros mundos
Pesadas rocas, rocas parlantes, darán a luz el mestizaje de los sentidos mas humanos
Provocarán, emanciparán, revolucionarán
Esos volcanes que hierven sueños y que provocan espanto
Esos mismos que colocan cruces al borde del abismo
Esos, que con su cono besan cielo y se nutren de infiernos
Con fuego, rodearán las esquinas terrestres
Y purgarán a la blasfemia que destroza los milagros del corazón en coma
Fuego conquistador, bendito fuego, que nos hará despertar en un segundo
La identidad perdida, en los bosques de la locura







Fragmentación

Geary Blvd. and 12th Ave., San Francisco.

Dejo otra pieza olvidada
nuevamente soy otro
me perdí hace un segundo
quedé disperso en esa caricia fraudulenta
en ese parpadeo de corazón

Sembré una partícula en la vorágine de un beso
en la sentencia de mis actos
en aquella palabra oportuna
en la sombra de esa duna ajena

Y me quedo solo otra vez
Solo, con 9 almas dentro del alma
soy hecho de retos y retazos
pinturas encantadas que adornan la luz
estoy hecho de música in fraganti
besos dormidos, preámbulos temerosos
éxtasis alquilados, memorias libres de impuesto.

Soy otra vez quien no es y es per se
al fondo, a la izquierda, de tu dulce mirada.








Letanía rasante

Raza mía
Raza mixta
tengo tantas razones para odiarte
tantos versos para amarte
tantos demonios para en el cielo adorarte.

Raza mía
Raza mixta
tengo tantos segundos para vivirte
tantos años para matarte
tantos exilios para por fin extrañarte

Raza mía
Raza mixta
tengo tantas imágenes para exaltarte
tantas palabras para extirparte
tantos verdugos para sin misericordia castigarte

Raza mía
Raza mixta
tengo tanto oxígeno para asfixiarte
tantas virtudes para soñarte
tantos lenguajes para por fin hablarte

Raza mía
Raza mixta
tengo tantos altares para adorarte
tantos sarcófagos para guardarte
tantos ruidos para de una vez callarte

Raza mía
Raza mixta
tengo tantos suspiros para negarte
tantas huellas para abandonarte...
Tantos pecados, para de mi alma salvarte.







Código terrestre

Reflexiones al otro lado del abismo

¿Te has dado cuenta que a veces el mundo no existe,
Que bajo la mirada de una ola todo cambia
Y el piso vuela con incertidumbre hasta mañana?

El mundo parece un canto, una nota de jazz quejumbrosa
Por los delirios que rebotan en la magnitud del ocaso
Y parece que el viento sopla permanentemente en las quejas del alivio

Este mundo crea llanto y ridiculiza la existencia
Cuando corta los caminos forjados con la savia del letargo
O acarrea flores y sílabas que jamás serán descifradas

Siempre es de noche, y siempre te deja caer bajo el hielo
En el instinto profundo de las cosas que no pasarán
Simples dosis enajenadas por el soplo tóxico del miedo

Cada vez somos menos, y cada vez somos más
Y el poco abrigo que nos queda oculto, renace en las gotas del techo
Que amanecieron huyendo del sueño de amor anhelado

El mundo no existe,
Quizás porque la ternura no nos alcanza para comenzar de nuevo
Y porque el oxígeno perece,
justo cuando la vida, ha comenzado








Genética

A mis viejos, y a los suyos.

Y tuve un hijo
Que nació bajo el amparo de la misericordia
Y que trajo rayos de luz blanca a las sombras de mi contaminada existencia

Balbuceó palabras, sonidos, con garganta y con coraje
Permitiendo a la angélica legión redefinir sus nombres
Y nombrando a su vez a la tierra entera en nombre de un beso

Una sola mirada, dirigió contra el hambre y la certeza
De que un día sería adulto como yo, pero humano como Dios
Vibrando la esquiva razón de la ignorancia permisible

Y ese hijo creció bajo raíces de árboles milenarios
En esos árboles que fueron y no son
De la memoria que nos acongoja por haber destruido más de cien mundos

Superó al viento, añorando la herencia y la sabiduría
Del que respeta la tierra como respeta su ombligo y su corazón
Generando escalofríos de desesperante cognición a los que sobrevivimos aún

Música y canto fueron sus palabras de amante
Y amó los siglos de la vida vegetal y animal
Desterrando a los demonios y serpientes de insistencia política

Cambió el sentido de las agujas del reloj
Y borró de tajo las perennes falacias del academicismo traidor
Para convertir en fuente de sabiduría al amor fraterno

Tuve un hijo que nació y durmió en los abismos
Y murió bajo el látigo de las flores silvestres
Y pensó sobre la caricia de la lava hirviente
Y amó la dulzura de las cosas que no son
Y perdonó la vida de los huesos perdidos
Y resucitó la libertad
Y recuperó la dignidad de las naciones

Tuve un hijo, profeta y alquimista,
Tuve un hijo, producto de sueños y quimeras,
Pero sobre todas las cosas
Por un solo momento de madrugada,
Tuve la exquisita sensación
De haber sido su padre.

WILLIAM ALFARO [10.922]



William Alfaro 

San Salvador, EL SALVADOR 1973. Poeta y periodista; integró el desaparecido Taller Literario El Cuervo; Miembro de la Fundación Cultural Alkimia; Miembro fundador del Proyecto Poético Multimedia El Verbo en la Ventana. Ha publicado en el Suplemento Cultural 3000, del Diario Co-Latino, Revista Alkimia, Revista Escenarios, Revista Cultura. Apareció en la antología Alba de otro Milenio, del poeta Ricardo Lindo, 2000 (Concultura); Coloquios Poéticos, de la Biblioteca Nacional, 2001 (Concultura); Los vecinos de la casa, antología publicada por la Casa de la Cultura del gran San Salvador y la Corte Suprema de Justicia, 2002; Revista Literatosis, Nicaragua. Participó en el Primer Encuentro Centroamericano de Escritores en Post de la Utopía, Santa Ana, El Salvador 2001; XII Festival Centroamericano de las Artes Escénicas Bambú, Tegucigalpa, Honduras 2002; Tercer Encuentro de Escritores Centroamericanos Pablo Antonio Cuadra In Memoriam, Managua, Nicaragua 2002.

Primer Festival Internacional de Poesía de El Salvador, 2002.


Realizó junto a Carlos Clará y Osvaldo Hernández una gira poética por las principales ciudades de Costa Rica en el marco de una invitación del Instituto Tecnológico, con sede en San Carlos. Participó en el IV Encuentro Centroamericano de Poetas, realizado en octubre del 2003 en la ciudad de San Salvador; Primer Encuentro Iberoamericano de Poetas Jóvenes, efectuado en San Salvador en Agosto de 2004; Tercer Festival Internacional de Poesía de El Salvador, 2004, y el Primer Festival Internacional de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005.


Moderador de Los Miércoles de Poesía. La mayor cantidad de su producción poética se encuentra inédita. En la actualidad trabaja como periodista para El Diario de Hoy.





A manera de despedida

Y llegaste a la muerte a la hora que decidiste,
sin mayores contratiempos que las contradicciones.

Llegaste al final de tu poema suicida
con el punto final de tu sangre,
sin mayor desafío te entregaste al sueño

del que jamás se resucita.

Hoy no hay tiempo que te acompañe,

porque el tiempo se ha volcado sobre tu boca
y ahora es la boca del tiempo.

Tú duerme ese sueño inmortal,

alcanzado con tu mano, mano de niño,
de pequeño dios y poeta.

1.1.11 A Francisco Ruiz Udiel, in memoriam, el día de su muerte.

De Poética imperfecta








Reseña 

Yo nací en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, eternamente 
alegre. 
Apenas abrí los ojos, me sorprendió una guerra. 
Observé a mis hermanos devorando los huesos de mis hermanos. A los hijos 
atacando a su padre y su madre, a la tierra tragando polvo y lodo. 
Adelante me atraparon tres terremotos, los que los especialistas reportaron como 
tales, un huracán, enormes tormentas que vomitaron de sus entrañas a mis 
hermanos asesinados. 
Entonces miré armas, osamentas. Sentí cómo mi pellejo despertó, asustado, 
aterrado, conmovido. 
Luego, un hombre me llamó con un libro, un libro abierto con las páginas corroídas 
que escapaban como murciélagos, buscaban la clandestinidad y el olvido, pero 
nadie las olvidó, nadie. 
Ahora, un volcán despierta sobre mi estómago, somos sombra nuevamente, tímida 
y callada sombra que espera una luz que iluminé nuestra tiniebla. 
Yo vivo en la ciudad que nací, cuento los sismos y la lluvia con los cabellos de mis 
hijos. Ellos nacieron en una ciudad llena de sombras, cadáveres y gente alegre, 
eternamente alegre. 





Bajo mundo 

Al nocturno silencioso de Juan Durán 

Un hombre tiene noticias de Dios entre la basura y el estiércol, ahí, juntó a él las 
sombras resucitan. 
Dos mariposas revolotean entre los faroles de neón. 
El hombre sigue hablando de Dios y de la resurrección, pero ningún ciudadano de 
Sodoma lo escucha. 
Algunas sombras femeninas se acercan y se hunden en la profundidad de la 
mirada. 
Juan, sostiene una copa y aferra los labios al vino que pronto se terminará. 
Aquí, a pesar de mi asombro los sapos son sinceros amigos de las moscas. 
Quiero quedarme más tiempo, pero la ciudad despierta y nos golpea con tanta 
honestidad. 







Retrato en blanco y negro 

Nosotros. Los insumergibles, los que decidimos colgarnos de un enorme trapecio 
suspendido en el espacio, hemos vuelto para despedirnos, no queda más de 
nosotros. 
Nosotros: tú y yo, este camino, el agua y la música de todas las mañanas se han roto 
en los retratos. No hay huellas ni salmos que los salven. 
Tú y yo, fuimos dos lágrimas rodando en rostros opuestos. Éramos silencio en los 
cuartos, ecos en los pechos repitiendo lengua y saliva, lengua y saliva. 
Tú y tus labios, yo y mi sombra, la música alta, muy alta rompiendo el tejado. 
Ahora nada existe, y el ritmo, esos violines inmensos apenas se escuchan a lo lejos, 
allá, detrás de la lentitud. 
Todo quedó atrás, en las hojas blancas y en las cortinas abrazadas por el polvo, en 
los libros penetrados por las termitas y las colillas apagadas. 
Sé que quieres razones, almohadones, respuestas, sábanas cubiertas de fluidos, una 
vuelta atrás, y un beso desbordando una catarata. 
Pero no queda nada floreciendo en el jardín, no hay estrellas en la noche, y tú y yo 
comenzamos a desvanecernos. 
Nosotros, los recuerdos; esa tarde, los gemidos; esa noche, los ojos; esa mañana, las 
manos; ese día, el cabello y el sol siguiéndonos, apagándose. 
Tú y yo, somos, lo que apenas fuimos. 







Mane 

regresa en las mañanas, en las tardes, en las noches, 
acude al silencio, desprecia los pájaros sin destino, 
suspira, calla, amárgate en la garganta como los ríos, 
escóndete, sumérgete en las entrañas. 

otra vez este silencio, 
estas manos y estas grietas, 
los crucifijos, el ruido de las campanas, 
los peces y los panes, 
la mano escondida bajo la braga, 
los meses de invierno 
el catarro y el jarabe para la tos. 

las chuletas friéndose a las tres de la mañana 
mi ebriedad buscado buscando alivio en el retrete 
"¿cómo está?", pregunta. 
una pregunta sin respuesta, 
un niño llora entre las miradas. 

dice que en ocasiones miento 
-dice la verdad- 
lo que no sabe es que ayer me afeité, 
me peiné y fui a trabajar, 
pensando en ella, 
como solía hacerlo cuando tenía dieciséis. 
tiene las manos cálidas como lo labios 
y cientos de corazones en todas las esquinas de la casa 







El elegido 


Hace falta vino 
y sobran Magdalenas, 
pide un milagro 
o trae cuarenta monedas de plata 



II 

Ya ves 
nos vencieron. 
Ahora baja de esa cruz, 
y sígueme. 



III 

Ve a casa del tuerto, 
él te mostrará 
Su reino. 






El poema más triste del mundo 

Joaquín quiso escribir la canción más triste del mundo, y acá entre en las paredes 
amarillas intento deshacer las historia que hilvane todos estos años. 
Aquí no hay personajes, todas las mujeres me abandonaron, y los rostros son 
máscaras, figuras difusas. 
Hace unos días regresé de unos de esos sueños en los que alma se estanca, creo 
firmemente en la ausencia, la palpé cada segundo, y a veces hasta llegué a abrazarla 
como la única compañera que con seguridad volverá cada cierto tiempo. 
Acá, donde golpeo con la mano derecha me dijeron que estaba el corazón, lo 
busqué y apenas encontré una pelota envuelta en una cinta roja. 
No sé, si lo que dicen los poemas son tatuajes grises sobre la memoria, enemiga 
acérrima de cosas. 
Este cuerpo tuvo tiempos mejores. Fue un niño elevando una cometa, pateando 
una pelota y persiguió al polvo por muchos años. 
Ahora es mapa de un tiempo que no existe, que dejó de ser y que no volverá jamás.







El fuego de los días 

Los días son como pequeños fósforos entre los dedos. 
Se van consumiendo con sus rápidas llamas. 
Cuando la cajita de la vida esta por quemar el último fósforo. 
La intensidad de éste, es como un pequeño infierno, 
tratando de iluminar todo lo que este a su alcance. 

Así son los días, pequeños fósforos entre los dedos, 
pequeñas llamitas que se extinguen apasionadamente 
entre las cuatro y cinco de la mañana en estas latitudes. 
A veces, sólo a veces y por las noches 
con ayuda de una pálida vela iluminan todo un cuarto o una casa. 
Y crean sombras que se contorsionan sobre las paredes. 








Máscara 

 “La poesía no es un oficio. Es una desgracia. 
Más bien una deformación del pensamiento” 
Luis Chávez 


La máscara me mira a los ojos 
pregunta por islas atrapadas en una botella 
tirada a la carretera. 

Tiene ojos verdes 
habla incansable por teléfono, 
asegura que casi soy un poeta, 
como los que a ella le gustan. 

A veces pregunta por mi vida, 
a veces le respondo poco, 
mis hijos están bien, 
mi mujer también, 
yo a veces estoy mejor, 
cuando hablo menos y bebo más cerveza, 
cuando todos los miércoles fumo, 
y me desvelo. 

A veces le llamo, 
pregunto por su vida, 
dice que ahora ama menos, 
que no cree en los hombres, 
que ya no es una estúpida, 
que ya no es una niña. 

Hace años le dije que la amaba 
ella lo recuerda 
como quien toma una instantánea, 
la guarda en un cajón y le prende fuego, 
atrás está la catedral, 
y un cementerio con las cruces 
de los hijos que no tuvimos. 

Ya no la llamo por su nombre 
ni ella tampoco, 
a veces cuando estamos solos 
solemos pensar en islas atrapadas en una botella de tinto, 
y hamburguesas rápidas y papas a la francesa, 
y microbuses con música estruendosa. 

Solíamos escribir poemas 
sobre alas de mariposas, 
y asistir cada martes a parques clandestinos 
beber litros de coca cola, 
e inventar parejas felices he hipócritas. 

A ella le gustan los delfines, 
a mí no mucho, 
prefiero seres menos inteligentes 
como los que viven en mi espejo, 
dice que ya no es virgen, que nunca lo fue, 
y que va menos a la iglesia. 
Yo por mi parte, escribo poemas en las noches 
cuando las niñas corren 
en los pasillos interminables 
y gritan y trato de callarlas 
y vuelven a correr y a gritar 
y trato nuevamente, 
mientras ella en la soledad repite 
“me gustaba cómo me leías poemas”, 


y cada vez se pierde más entre mis párpados. 

martes, 12 de agosto de 2014

ELEAZAR RIVERA [10.874]


Eleazar Rivera

Nació en Santo Domingo, EL SALVADOR en 1976. Profesor y Licenciado en Letras graduado de la Universidad de El Salvador. Perteneció al Taller de Letras TALEGA. Ha recibido los siguientes galardones: Premio María Escalón de Núñez, Premio Centroamericano de Poesía Pablo Neruda (Costa Rica, 2004) Primer Lugar en los Juegos Florales de Sosonate (2005), Primer Lugar en los Juegos Florales de Santa Ana (205 y 2006), Gran Maestre en Poesía (CONCULTURA, 2006), Premio Internacional de Poesía Joven La Garúa (España, 2006) y Primer Lugar en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán. Es parte de las antologías poéticas: Juego Infinito, del Taller Literario TALEGA (1999), 500 años de Prosa y verso (Sao Paulo, Brasil, 2000), Los Ángeles También Cantan (Lima, Perú, 2006) y Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra (San Salvador, 2012).  Ha Publicado tres libros de Poesía: Escombros (2003), Crepitaciones (2006) y Ciudad del Contrahombre &  Noctambulario (2008). Ha publicado los libros Escombros, Crepitaciones y Ciudad del Contrahombre & Noctambulario.

“Crepitaciones” es un libro distinto, vital, fuerte y seguro de sí.  El autor usa su cultura al servicio de su causa definida, de las necesidades íntimas de expresión y de propuestas abiertas al mundo del lector.  Arte y vida se configuran en una unidad indisoluble, categorizando dos elementos claves de la literatura contemporánea: aproximación de la estética (belleza) a la ética (conducta), relacionando estos elementos como construcciones verbales de alto vuelo poético, pero también como síntesis vigorosa de pensamiento y acción.






Recuento de la ausencia

Seis años después del adiós, resulta difícil sentarse a ver la televisión y olvidarse de todo. Resulta difícil sacudir los escombros sin pensar en el duelo de los años; y es que aquí, el tiempo no es tiempo. Las horas son grises. El reloj tiene la pausa del inanimado: se detiene; se añeja y nos martilla. Reviso los pasos, las espinas, los espejos. Con el hígado en una mano y un puñal en la otra, no hay más que el diario personal del que se desviste en la página en blanco para sangrar hasta la última palabra.

Repito: aquí el tiempo no es tiempo, es la farsa más grande que hemos inventado.






Escombros

Heme aquí con la simple pretensión del aire. En el pecho de una voz sin carne. En la explosión de un juego sin palabras. En la ebriedad mágica de un paisaje. Camino del ritual sin sombra. Crepúsculo milenario de un naufragio. Paraje de la última estación de un poeta. Heme aquí con los faroles del desenfado. Con el desdén de auroras y volcanes. Con la luz suspirando en cada beso. Con los cuervos de universos apagados.

Todo es efímero. Efímero el mar, la colmena y el cántaro. Efímera la hebra de árboles sin pájaros. Efímera la vela y la noche. Efímero el cometa y el hangar de las plumas rotas. Efímero el humo y el libro de las palabras asesinas. Efímero el aliento y el suspiro. Todo es efímero frente a la risa cobarde de la muerte.

No más vestidos con barrotes. No más cadenas sin memoria iluminada. No más signos para códices sin sangre. No más vendimia. No más sortilegio de palabras muertas.

Heme aquí, con la perra que lame mis heridas. Astro sin el eco de párpados alados. Cordero sin su hostia. Heme aquí, en el navío descalzo de un profeta, en la penumbra de un violín sin alas; en el infinito de una imagen tenebrosa, con la cotidiana miseria de embotellar sonrisas.






Postulado de irreverencia

Este minuto pasa golpeando. Son exactamente las horas del desconcierto. Tiembla. Esta ciudad hiede. No puedo detenerme en esta talega de desmesuras. Mi diario personal cierra lentamente sus ojos. El tambor de las epifanías luce su exangüe listón. Una bestia se postra en la entrada al infierno. Esta barca perdió sus remos en algún lugar del mar Egeo. Ulises es una sombra imaginaria con alas rotas en el último suspiro. Yo sé que se detiene el vaivén intermitente del pecho frente a la penumbra oscura de la ceniza.





Humano. Terriblemente humano. Dueño de todos los cepos, de todos los grilletes, de todos los barrotes. Mi pasaporte tiene una herida; un puñal le cortó la identidad.

Esta sonrisa tuya, no es más que una burla que me restregás en el rostro. Este escarnio tuyo, sin tentarse el hígado porque ya lo tenés cristalizado de tanta borrachera. Este destierro no es para mí. No te conozco; pero, sé que existís. En algún lugar tenemos que encontrarnos. Te invitaré a un café, a una charla, a un verso triste. Vos vas a insistir que te acompañe. No. No pertenezco a la congregación de tus desvelos. No soy tu pan diario. Puedes irte a la hora que te convenga. Puedes celebrar las misas y los novenarios que necesités para ser excomulgada. Yo seguiré aquí, palpitando como corazón que delata su último paraje.





La noche   

La noche ladra a los perros
que cruzan la calle

Bajo un almendro
una sirena se detiene
a cantar sus exilios

Es tarde
y nada puede impedir
que los espejos se quiebren
cada vez
que un niño sueña

Mi mano se inunda
de verbos mudos
soles marchitos
e historias en ceniza

A nadie le importan mis heridas
mis padres cayeron
y en sus huesos descansan mis espejismos







La ciudad de los robles

Esta es la ciudad de los robles.  Aquí olvidaron su guitarra los grillos y en ella, nacieron ciudades y memorias.  Esta ciudad es grande.  Los muros que la protegen están construidos de huesos y sombreros.  Aquí no hay sol y llueven piedras cuando alguien quiere verlo. 

La noche se prolonga y sus racimos se pudren en nuestras vidas.  El recuerdo hiede y nos carcome.  Los pájaros mueren antes de levantarse de las cenizas.  Un río corre a unos metros y en sus cristales las figuras se detienen, beben estío y regresan a sus sombras.  Una antorcha se enciende bajo la lluvia y un rayo muere en el mismo instante que los centauros brindan por el frío en el que agoniza esta gran urbe.







El desexilio

Hay humo de ausencia

Tengo la savia del maíz
y la magia del barro

No me sorprenden las computadoras
ni los museos con huesos de cemento

Hay nuevos próceres en mi patria

El unicornio mayor de Castilla
bebe la sangre añeja de mis abuelos





II

Estoy solo en la Plaza del Sol

Cargo mi destierro
y las protestas de los jaguares

Mi pasaporte
no tiene huesos ni humedades

Nadie viste de luto
Todos siguen las huellas de sus muertos









Postulado de un oficio

Me declaro en rebeldía por el duelo de las horas. Protesto por el silencio de los verbos.  Aquí se terminaron los escupitajos.  Esta sangre bullendo; esta bandera que es mi insignia; este crepitar desde el relámpago; esta fosforescencia en pleno vuelo es flecha con la que no quiero herir a nadie. No soy el demonio ni cosa que se le parezca. Soy heredero del verbo de Cervantes.  He encendido los fusibles en las tinieblas del sobresalto.  No me considero profeta, ni amante del hormiguero.  Mi oficio es palabrear los prismas de la luz; prestar aguaceros al que desama; escupir y guardar luto.  Mi oficio es declararme en rebeldía por los aguijones del cancel donde me escondo.  Mi trabajo es transitar el laberinto de la insanidad, sabiendo que en algún planeta encontraré el eco para suicidar a los que traicionan la palabra.









Los generales

Se toman por asalto las plazas públicas y como fariseos caminan erguidos con su cetro de huesos de dinosaurio.  Piensan que pueden apagar el espíritu de nuestro aliento.  Se proclaman dueños de la palabra y sienten que un puñal les atraviesa el costado cuando la usamos.

Estos generales se equivocan cuando nos cuadriculan en sus arcaicos términos sin alma ni columna vertebral.  Ellos nunca aprendieron el secreto de este oficio.  Ellos nunca leyeron la gramática de este caminar sobre las aguas.  Nunca vieron la lumbre ni el calvario de los papeles.  Nunca penetraron en el jadear de nuestro grafito.  Estos generales se equivocan al nombrarnos y les duele ver los estigmas de nuestras sandalias.  Se les olvida que hemos pagado este crepitar desde el lamento de nuestra savia. 

No.  No somos parias.  No somos usureros.  No buscamos el fuego de Prometeo, ni el proverbio bienhechor de uno de estos retirados de la milicia.  La guerra la enfrentamos con las armas de la luz.  Nuestra insurrección tiene nombre y apellido.  Es ajenjo en nuestras venas que palpitan por el azul y los laureles.







Expediente de una desmemoria

No recuerdo mi nombre.  No.  No recuerdo su gracia, su rostro, su cuerpo, su voz y su sonrisa.  Olvidé mi nombre en algún cenicero un día de sombreros húmedos.  Olvidé mi nombre en la angustia de la edad perdida; en la aureola del niño que se perdió al bajar de la duda y del sobresalto.  Olvidé mi nombre en las huellas del aguacero.

El nombre que cargo no es mío; lo arranqué de un libro lleno de siglos que encontré tirado en el bosque de la amargura.  Este nombre pesa demasiado.  No usa mis zapatos.  No lee mis libros.  Mi ropa no es de su talla.  Tenemos costumbres distintas.

No recuerdo mi nombre y mi sombra se burla de mí a cada instante.  He dejado de ser yo, para ser otro.  Otro que yo no conozco, pero que me es conocido;  porque tiene el mismo nombre mío, usa la misma ropa mía, habla igual que mí, usa los zapatos míos y deja las mimas huellas mías. 
Soy otro y no sé si el otro, soy yo.