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lunes, 8 de septiembre de 2014

MARÍA MOMBRÚ [11.073]


María Mombrú

María Mombrú nació en Resistencia, Provincia de Chaco, ARGENTINA el 24 de noviembre de 1922. Fue poeta, narradora y autora y directora teatral. Se recibió de Profesora en Letras en la Universidad Nacional de La Plata y en esta ciudad se radicó por muchos años, ejerciendo la docencia en la Facultad de Bellas Artes. Durante la dictadura de Onganía, fue expulsada de su cátedra por razones políticas y, más adelante, con el advenimiento de la dictadura de Videla, su nombre figuró en una “Nómina de personas vinculadas al ámbito cultural con antecedentes ideológicos desfavorables", como se desprende de documentos correspondientes a la Operación Claridad.  A la par de su actividad docente, dirigió en el Teatro Universitario de La Plata, entre 1960 y 1962, cinco obras teatrales: El tío Arquímedes, de Juan Carlos Ferrari, La isla desierta de Roberto Arlt, Narcisa Garay, mujer para llorar, de Juan Carlos Ghiano, Los pequeños burgueses, de Máximo Gorki y Mateo, de Armando Discépolo. También en La Plata, al principiar la década del 70, tuvo un programa en Radio Provincia en el que difundió, entre otras cosas, la poesía platense. Tras el golpe militar de 1976 se alejó de la ciudad y sólo volvió a ella una vez restaurada la democracia en 1983, hecho que le permitió recuperar su trabajo en la Facultad de Bellas Artes. En los años 80, asimismo, dio clases en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Buenos Aires. Algunos de sus libros publicados son los siguientes: El andén y dos monólogos (teatro, 1956), Las señoritas vecinas (teatro, 1957), Réquiem para mi corazón (poesía, 1959), Perla, de Lanús (teatro, 1962), Urgente (poesía, 1965), Mataron a un taxista (teatro, 1970) y América para los americanos (cuentos, 1980). Entre las distinciones obtenidas cabe destacar: primer premio del certamen de poesía de  la Escuela Superior de Bellas Artes por el libro inédito La soledad y el cántaro en 1953, primer premio del concurso "Editorial Losange" por la obra teatral Las señoritas vecinas en 1957, premio estímulo Casa de las Américas por el libro de cuentos “América para los americanos en1963, y segundo premio en el Concurso Internacional de Narrativa de Editorial Losada por el libro mencionado anteriormente en 1980. Por su parte, Roberto Saraví Cisneros la incluyó en la Primera antología poética platense (1956) y Ana Emilia Lahitte hizo lo propio en Veinte poetas platenses contemporáneos (1963), recopilación de voces pertenecientes a la generación del 40. Si bien dicha generación fue predominantemente neoromántica, la poesía de María Mombrú se apartó muy pronto de ese registro para volcar su fuerza expresiva, de raíz sanguínea, en la denuncia y el compromiso social. Murió en Buenos Aires, ciudad donde estaba radicada, en 1992.






Posición

No puedo.
Es imposible seguir siendo prudente.
No puedo.
La sangre se me agolpa en el corazón
y no puedo ser más
una muchacha que escribe versos
sobre la esencia y la existencia.
No puedo seguir amando mi sombra,
mi muerte,
mi vida, mi cara, mis brazos, mis sueños.
De pronto no puedo
porque sé que los otros no pueden
padecen, están rotos,
no puedo decir cómo es el verano
no puedo mirar a los pájaros con ternura
ni me importa el cielo
porque sé que los otros no pueden
están prisioneros, maltrechos, muertos.
De pronto no siento mi soledad
ni mi tristeza
porque sé que los otros están solos
doloridos y tristes.
No puedo gozar de mi amor
porque hay millones de seres
que agonizan de nostalgia por amor.
No puedo hablar con palabras misteriosas
tintineantes, poéticas,
es preciso hablar esclareciendo:
hay mentiras mundiales
hay hambre
hay dictadores
hay hombres explotados por otros hombres
hay sangre de hermanos derramada
hay chicos descalzos
hay, todavía, negros apaleados.
Debo acudir pronto, unir mis manos con las suyas
aunque mi alma quede en silencio.
Me ha sido encomendada una misión
que me regocija y debo acudir pronto
a socorrer, a odiar, a amar,
a morir si es preciso
para que mañana salga violento el sol para los otros,
para que los otros tengan derecho
a mirarse a sí mismos
a mirar el cielo
o el mar
o el juego de los pájaros.
No puedo dejar de sentir
la dulzura de mañana
hombres libres
hombres para el amor
hombres inmensamente jóvenes.

Fuente: Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963.







14 de junio, en Tucumán

No podemos hoy
hablar del frío
fumar
decir que está helando
y que van a quemarse las plantas.
No podemos hoy decidir nuestro porvenir
escuchar noticieros, tejer, reír.
¿Sabes qué hacen allí?
¿Sabes qué siente Pedro?
¿Qué dice Juan?
¿Qué desea Agustín?
¿Es posible que hoy no estés
solitario y angustiado
sintiendo a Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
caminar bajo las últimas estrellas
(machete, zamba, sueños, hijos, mujer)
con un dolor tan hondo
que no saben si llega del estómago
o desde más adentro?
Es necesario que les prestes
tus manos, tu voz, tu corazón
las mías
para que Juan, Pedro, Agustín –cañeros–
levanten los ojos
y les crezca en la mitad del pecho
una mariposa
una luz
un brote tierno.
Es posible también que hasta ahora
no hayas advertido
que Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
te buscaban
me buscaban.
Es posible que no sepas
que estar solo
desde que sale el sol hasta que entra
es algo así como una aguda espina
y nadie puede responder
–cañaveral y cielo–
adónde está el hermano
adónde está el vecino.
Entonces hoy te hablo para que no te escapes
y me des tu sonrisa, tu corazón, tu mano
que cruce el aire helado de este día
y se transforme en mariposa, en luz, en brote tierno
en la mitad del pecho
de Pedro, Juan, Agustín –cañeros–.
Después podremos caminar en paz
fumar, hablar del tiempo, mirar la Cruz del Sur
dormir
con la seguridad
que Pedro, Juan, Agustín –cañeros–
ya no están solos.

Fuente: Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963.






EL POLICÍA

El policía se sienta a comer
la mujer sirve la sopa
los hijos se arrojan miguitas de pan
la mujer hace ruido al tragar
los hijos se pellizcan por debajo de la mesa
el policía piensa en su trabajo

inútil y brutal...

El policía se escarba los dientes
los chicos pelean por una manzana
la mujer saca los platos y se rasca la cabeza
el policía piensa en su trabajo

inútil y brutal...

El polícía se sienta a la sombra
de un árbol
la mujer mete las manos en el agua engrasada
los chicos se persiguen
y las moscas caminan por la mesa
el policía piensa en su trabajo

inútil y brutal...

La mujer friega las ollas
y mira con ojos vacíos
los hijos gritan y tienen todos calor
el policía piensa en su trabajo

inútil y brutal...

Mientras el calor aplasta
la mujer de manos enrojecidas, piensa
los hijos se sientan a descansar
el policía piensa en su trabajo


piensa, piensa, piensa.