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lunes, 8 de septiembre de 2014

LARA VILLARO [11.072]



Lara Villaro

Lara Villaro nació en La Plata, ARGENTINA en 1976. Es Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional de La Plata. Publicó dos libros de poesía: Binario (2005) y Poemas invictos (2012). Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés e incluidos en la edición bilingüe “Metamorphoses, a journal of literary translation” (Massachussets, EEUU, 2009). En 2003 recibió el segundo premio en el concurso de poesía del Instituto Rega Molina. Vive y trabaja en La Plata.



En este tempestuoso paraíso
de pájaros que roen las respuestas de los
hombres que
viven un presente discontinuo,
de titánicas lombrices
que hambrean muchedumbres,
o locas faroleras que tropiezan con los niños
¿qué nos queda?
esperar que alguien nos redima
después de tanta pereza,
y entonces,
agnósticos del mundo,
tendremos un juicio final,
quizás, también,
un cielo que nos cobije
o un alma
tendremos un alma al fin
que se haga cargo de tanto desacierto.








No morir cualquier noche
ni en cualquier sitio
no morir porque sí
o por el tiempo
no morir en un último y espurio
aliento de cortesía
morir de pie/
latiendo
ahogado de risas
con un disparo certero
de la voz
diciendo basta.








A Julia

No era mía
lo sabía
lo supe siempre
sin embargo,
¡ay! sin embargo.
Lloré sus lágrimas de río
amé con terquedad su inofensivo rostro
sospeché mío su júbilo
ensayé respuestas para todas las preguntas
que nunca a mí me hizo
apreté con fuerza adolescente su manito de niña
y cuando pude
sólo cuando pude
le solté la mano de madre inoportuna
y la abracé al rocío.








Germina adentro una niña
que parece mujer
o pájaro.
Como forma de elefante hambriento
con aroma a limón.

Germina como el ginkgo
dulce pero rancio
crece sola una semilla de suave algodón,
acaricia y a su vez
lastima
como los colores del cielo
o las ollas vacías
voy a llamarla amapola
(debemos poner nombres a los nativos).

En algún sitio nacerá el fruto
que por fin sabrá nombrarme.








Cuando los dioses se peleaban entre sí
en guerras interminables
se mezclaban entre humanos
se equivocaban
y se iban desterrados del olimpo
pero volvían con más fuerza
cuando los dioses no tenían las respuestas
cuando había un dios para cada dicha o desdicha
quiero suponer
era más real
el cielo.

Fuente: Poemas invictos, Lara Villaro, Alción Editora, Córdoba, 2012. 






/ dos poemas de Binario

Hay un pozo
donde hay ratas moscas
basura
no recogen la basura en este pozo
y se amontona
y huele feo

huele a pañal sucio
huele a polenta vieja
huele a cartón enmohecido
huele a pájaro muerto
aquí si huele la basura

la noche cae en serio en el pozo
cae de golpe
sin pedir permiso
y no hay luz en el pozo

y cae tan fuerte la noche
que se escucha el porrazo que se da contra el barro
porque no hay asfalto en el pozo
hay lluvia y tierra
       hay barro
hay silencio
      que asusta que espanta
que corta en dos el estómago
el silencio que permite que todo se escuche
el más cruel de los silencios

hace frío en invierno en el pozo
y no hay abrigo
y el frío es tan fuerte que te quiebra los labios
hasta que sangran
y la sangre se mezcla con el sudor
que sale por cansancio
y no podés limpiarte en el pozo
porque las manos endurecen como estacas
y cortan
y cortan tan fuerte las manos
que ya no acarician en verano
y el verano es tan fuerte en el pozo
que el sol prende fuego espaldas
y quema tanto el sol
que la piel se funde

y tan arrugada queda que ni la edad te pertenece

debajo de la mugre
 de la tierra
  por debajo de los vientos
   y del sol
    detrás de los silencios
      en el fondo del pozo

se arrastra lentamente.

Levanta tierra
               basura
y se alimenta.








Se apuntó
con el arma antigua y fría
muerto antes de su muerte

cuando jaló del gatillo
la bala bañada de sangre
inmortalizó el tiempo

los hijos de sus hijos
aún tienen el agujero en la frente

(De Binario, 2005)