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sábado, 6 de septiembre de 2014

LEANDRO LÓPEZ [11.063]



Leandro López 

Nació en La Plata, ARGENTINA en 1978. Es docente y corrector literario. Como integrante del taller de Ana Emilia Lahitte, dio a conocer algunos de sus poemas en Hojas de Sudestada Nº 288 (2000). Actualmente, su obra poética publicada incluye Caídas sobre caídas (2001), Postales anacrónicas (2007) y El reino paralelo (2013). En la contratapa de su segundo libro, señala Horacio Preler: “Desde la sensibilidad de Leandro López la tarea de crear y crecer se transforma en una ardua labor que se alimenta de la soledad... Poeta de soledades, Leandro López nos da la sensación de una presencia incierta frente a lo cotidiano... El niño inseguro que guía sus pasos le impide encontrar la claridad que su corazón reclama, mientras describe en sus temas un mundo dolorido y contradictorio que lo lleva al descubrimiento y al asombro”.


EL MENDIGO TIENE LA CABEZA…


               El mendigo tiene la cabeza suspendida en el borde de una plegaria, ignorado. Su boca es un parto de caracoles; sus ojos, apenas ceniza. En su respirar –refugio y abismo–, bate sus alas un cuervo. De su pecho –bosque y olvido–, una densa niebla se desprende, asciende, enceguece. Sus movimientos son lentos y poco precisos, tal vez porque sus huesos ya no pueden evocar el ritmo de las brasas en las cortinas harapientas de un cielo mudo.

        Una violencia tácita lo rodea: voces como hienas, gatos que silban esculturas sumergidas, sombras que estiran sus lenguas como una lepra... las vísceras expuestas.

       Cuando el ocaso arroja sus redes y el frío levanta su látigo, el mendigo –hojarasca y ausencia, embriaguez y acantilado, cansancio y herrumbre– se incorpora e inclina a un costado su cabeza, como a un cántaro, hasta vaciarse de sí mismo. Antes de emprender su marcha –huérfano de banderas, desnudo, confusión, eco– escupe al infinito y deja que la saliva, única respuesta, única verdad, moje su rostro.

En revista de poesía (de las cuatro estaciones)
“El espiniyo”, nº 02, invierno de 2005.
Director: José maría Pallaoro.




Fragmento de El reino paralelo

II

          En la desembocadura de la luz libero
          barcazas de sombra teñir de simas insondables
          y óvulos desparejos lo claro esconde lo turbio
          revela hay seducción en la puerta entornada
          en los labios de una bahía cuerpos mezclados
          cuando el vino corre y la música hay
          una conciencia torpe que esquiva los pozos
          los cangrejos hacen reverencias y los caracoles
          hay en las paredes geografías profundas veo
          una carcajada retumba en el silencio blanco
          aproximación a lo oculto mi don es
          el don de los fugitivos oigo cada lumbre
          expuesta en rincones y alturas descifro
          una raíz un aroma un adiós como
          pleamar trae una certeza con preguntas ayer
          había una blasfemia nido en  mi dentadura.

          Callan los embates de la lógica o
          se abren espacios inéditos cuando crujen
          los resortes de mi cama los brazos laxos
          la cicatriz demora la sed espera
          de cobra erguida recuerdo el rojo más
          sincero porque fluía caravanas a través
          de la arena levantada ¿terminará alguna
          vez este cabello irregular? recuerdo
          un barco naufragio en la baba de un perro
          en el pan restos humanos el agua sabía
          a prostituta displicente ¿qué terror hemos
          encumbrado? recuerdo un sol pernicioso
          sobre un bosque violeta que apuñalaba
          la madrugada cerco de árboles en orgía
          las siete trompetas eran dulces acordes
          el vaivén del monstruo escupitajo contra
          nada en el relieve un nacimiento ¿a qué
          le hemos vuelto la espalda al beber de
          tradiciones genuflexas? recuerdo que estaba
          en un verso extirpado a la corriente
          arroyo miel tormenta o pétalo bajo
          subsuelos en cadena hacia un adentro cópula
          el baldío desborde ¿existe un muslo
          en el rubor de la religión virgen? recuerdo
          una vía me arrastraba sobre la amenaza
          del polvo mis párpados golpe sordo como
          la bienaventuranza de los ególatras ¿cuándo
          recurrir al cáliz en la cabecera del lecho
          de los enfermos sudor? recuerdo la lógica
          siempre procede a los tumbos flanqueada
          por los errores la fantasía de paraguas inflados
          en la brisa de la nostalgia en el desencuentro.

          Insomnio la noche trae un espejo en
          astillas sonríe una lengua y catarata
          el miedo es nuestro propio rostro limpio
          de la edad mi corazón es un triángulo
          islas de barro exaltan lo fugaz desconozco
          la hilera de ofrendas mi don
          es el don de los mareados balbuceo
          una piedad de latigazos la botella
          trae una superposición de colores desvaídos
          la visión está en lo concreto hay hondura
          en la mesa la silla de tres patas la colcha
          desflecada el suelo el suelo llama con
          quejido de insepulto y las horas tan suaves
          tan borde de páramo y no más tan
          simple como decir luego postergarlo todo
          es abrir un túnel a través de estaciones
          sin descanso la noche impone una página
          igual a su negación y son distintos
          los jeroglíficos indemnes la arqueología
          es la ciencia del porvenir distingo rombos
          en el techo estiro las piernas masturbo
          la almohada y eyaculo lechuzas ocres
          la noche trae otro espejo y no hay vergüenza
          mucha soberbia de obelisco y envidia de gato
          y furia apasionada en el romper de los cristales. 

          Alba con alcantarillas tuberías persianas
          caricias rasgan las telas euforia
          la luz no alcanza saturar de tinta
          petróleo de los desposeídos la luz no
          collares piedras engarzadas el reflejo
          camina y es mundo detrás el impulso
          después mandíbula garganta fosa
          común pero es alba con cenicero
          resaca como diccionario neologismos
          náusea frente a una playa desierta alivio
          de caballo postrado y el universo retorna
          donde nunca estuvo plagio borroso aldea
          todavía en la falda de una montaña alud
          arrasar frágil columnas ornadas con esculturas
          cabezas de aves rapaces la luz no
          moscas vidrios jeringas en las veredas
          el loco estructura su delirio teje
          armonías proyectos de santidad crímenes
          la moneda del horror oscilar entre
          relojes partidos la luz estanca porque
          cambia arte de ciegos sin bastón las señales
          sólo son museo de frustraciones ardor
          sofocado despierta la ciudad en la ciudad
          pero la luz no la luz no nunca.

          Mañana taciturna envuelta en ropajes
          marchitos ritmo de campanas enfrentadas
          en el culto del desasosiego lentes
          en distorsión lo real es una antorcha a través
          de un continente de hielo ¿cuál
          el valor del vértigo rutinario bocinazos
          piernas respirar interrumpido palabras
          península? el deber es un toro castrado
          mutilación gangrena epilepsia medicada
          sociedad en un diario fotos letras ¿qué
          poder en el rumor fuga a los archivos
          a merced de las ratas? lo sin voz perla
          gleba corre fuego subyacente las grutas
          marinas en cadena documento invicto
          permanecerá tras el holocausto de la memoria ¿dónde
          abrevar si el destierro de la polaridad original
          esta mañana inmóvil dominó hastío? no
          fuera ni dentro la tibieza es el signo rige
          desde el olvido el eclipse lo dado el hombre
          busca no busca la ajenidad consume
          cáncer y reproducción devastar el ser
          lo que le queda de sí mismo no suyo
          esta mañana apatía de rémora la porcelana
          resquebrajada de cielo palpable muerte del asombro
          flota en un olor a carroña y el absurdo y el argumento
          de un talismán exilio en la bóveda de lo irrecuperado.

          Tarde sin pistilos ni cornisas ni rumbo
          de lata abollada claridad de anhelo hermético
          el ayuno de las posibilidades volar transigir descender
          o tajo o plegaria o mueca incrédula
          sin música de las simas brumosas el núcleo
          tiene tórax de insecto sin alas de confesión
          perimida lo aleatorio es el zumo en la niñez
          de lo definitivo mi don es el don
          de los inmolados sin causa es fácil
          el convencimiento el sacerdocio yo comulgo
          con la incertidumbre total vuelta
          hacia sí misma aniquilación resucitar es
          tarea de descreídos vanidad de haz recto hacia
          el espacio fracturado tarde irreversible bella
          como jarrón en la penumbra alacena con
          copas sin estrenar portafolios colgando de la ruina
          sin lo necesario ni la promesa ni la urgencia de quebrarla
          tarde bella sin embargo como estornudo
          en el umbral de una iglesia biblioteca de jubilados
          frasco de pastillas sin un cuadro que no vale
          el esfuerzo ni lágrimas ni odio ni excusas
          para la alucinación brusca tarde sin embargo
          mi don es el sin embargo
          parábola sin objetivo a medio camino lábil trueno.

          Rueda el sol amoratado sobre la paciencia
          de los basurales incesto del ocaso temperamento
          de lirio en la duda original agonía y redención
          el mito en lo que no somos dejamos de ser
          miedo fracaso puente que nunca mi don
          es el don de los errantes bastardos lluvia
          palpa senos entre guitarras con amapolas ¿dónde
          el labio roto en la emboscada del silencio?
          mucho desinterés por la doctrina y su evidencia
          a la vera de la celebración de los coyotes
          algo crece elegía turquesa en saxo grave
          olor a pasto de pantano cabellos de divinidades elevadas
          luna menguante desgranar y crisálidas
          incesto santificado porque ritmo y ciclo
          enciendo un cigarrillo en la desembocadura
          de la luz libero dardos animales
          de humo la única providencia
          que me permite agitar su tridente.






El reino paralelo

III

Habitación entre dos silencios concha
en la marea ensimismamiento de pulpo
célula filtro tumba asistida por demonios
amables la virtud está en dejar un margen
a lo confuso dirijo mis murciélagos estoy
indemne poesía de roces y descalzo
a veces en mi pecho lo que no fui y ser
la araña expectante el disco ya sucio el espejo con montañas
entre dos caídas puñal en la víspera
de bautismo los años aferran pronuncian
sílabas robadas a mi desgaste espiral repetir
un sueño como babosa en la conciencia hunden
entre dos rezos lisas paredes pantallas
vírgenes no pueden salvarme mi voluntad
sólo conoce de vísceras costillas músculos
y un indefinido entre polos irreconciliables.

Desde aquí los hombres están lejos y quiero
ver sabiduría en esa distancia velador dispara
oleaje con aguavivas de cobre techo hospeda
descascarado signo de la permanencia aire rompe
en parto prematuro de acordes bálsamo aquí
los dioses borrachos putrefactos sin después
un insulto de telaraña perfecta osadía
remordimiento pedazo de baldosa charco
que sube y no tapa pasillo puedo olerlo
su angustia de ruptura desde aquí.

Habitación eternidad en suspenso maxilares
contracturados piel de lagarto ojos
como beso de estacas quietos desollar
lo imposible la hostilidad en el éxtasis
monotonía de tazas de porcelana despejada y macetas
germinan las voces del destierro pueblan rebasan
la desesperación ha cedido en molinos
campo arriba pero no ansiedad de saliva en estalactitas
paladar como galería de báculos dagas rostros
y bufones solemnes alrededor del trono desocupado y
siervos enaltecidos por su ambición
el cuerpo reclama un descanso de brisa
sobre humillantes vanidades despuntar
las alas de cisne del aturdimiento correr
perseguido por mi propio eco de pronto
apesta a niño ultrajado las sienes inclinadas
leer la profecía el desmayo de colores líquidos
rojo bermejo poema de sustancia volátil
lo que queda lunar en nariz aguileña.

Desde aquí las cosas cobran dimensiones inusuales
y quiero ver un hechizo de pezón tibio en esos rasgos
racimo de pupilas órbitas caprichosas ordenan
excepciones en degradé la palabra hermética y planear
como inocencia de tigre aquí las cruces bostezan
opacos promontorios advertencias prostituidas la vigilia
con sexo de estribillo con extravío de balcón hacia
el andén y curvas en los hombros chatos
recurrencia de fetos en el evangelio del azar
extrañeza de cripta zona vedada desde allá.



Fuente: El reino paralelo, Leandro López, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2013.