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martes, 12 de agosto de 2014

YENNY LEÓN [10.858]

Sebastian Higuita Hernandez

YENNY LEÓN 

(Medellín, COLOMBIA    1987) es Filóloga Hispanista de la Universidad de Antioquia. Ha trabajado como docente en la Red de Escritores de la misma universidad. Obtuvo el I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín, convocado por la revista Prometeo y el Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2011, con su poemario Tríptico. También ocupó el primer puesto en el I Premio Nacional de Poesía Joven Andrés Barbosa Vivas (2011) con su poema “Mujer de agua”. En 2012, ganó la IX Beca a la Creación Artística y Cultural Ciudad de Medellín, Modalidad Poesía. Este año, la Editorial Planeta publicó su libro titulado “Entre árboles y piedras”. Varios de sus escritos han sido publicados en revistas literarias nacionales e internacionales. Actualmente estudia una maestría en Creación Literaria en UTEP (University of Texas at El Paso).


POEMAS
Yenny León, pasión y talento por la poesía




FÁBULA

A veces los pájaros
nacemos en la herida
de una fruta.

En un ritual
nos tiramos al abismo
para atravesar las luces
que arriba hormiguean.

Toda fábula es
nuestra historia,
Todo lo dicho
nuestra mentira,
Todo  lo falso
nuestra verdad.

El sabor del pan
no es siempre el mismo,
a veces rancio,
a veces miel.

Los bocados pueden perderse,
pero la masa
siempre pan
la hace la tinta,
los trazos que resbalan
la palabra sin horizonte.







LA COLA DEL ESCORPIÓN

Mis pies son el marco del árbol,
Gotea infinita la aurora…

Sobrevuelo el camino del agua
en una ola vacía.

Siento celos de las piedras,
envidio su inmortalidad.

La cola del escorpión atraviesa la comisura
de mis labios.

Soy mi más amado huésped,
La más tierna quietud.

Mi tronco burbujea sobre el cubo,
abro el pergamino ciego,
leo la noche sobre mi espalda.








TRÍPTICO

A Bill Viola



I

Llueve tu rostro
al salir de la cueva bajo el limo.
Canto de ciego,
todo es un destello
de blanca oscuridad.
Bienvenido al día
aún no nacido.
¿Podrás vencer la muralla
 invisible de tus otros?


II

Dilatada línea,
te sumerges en la profundidad
del labio.
Tanto azul que se derrama,
tanta agua que no falta el aire.
Por un momento la corriente
se detiene…
Eres la delgada oscuridad
de la mañana.
¡Qué claro se hace el rayo
antes de extinguirse!


III

El nudo al final de la cuerda.
La noche cosida
en las arrugas de tu ceño
se eleva como
humareda errante,
así tú ya eres ancestro.

Publicado por Ojo en la tinta





cada latido
es un autoataque:

el corazón golpea contra el corazón
con el árbol
ocurre algo distinto
su corazón
por encima del agua corrompida
es fuego meditativo
hambre congelada.





“Y empeñados en proteger los bosques/ olvidamos/ que
mientras quede siquiera un árbol/ sobre la superficie de la tierra
la gente morirá asesinada con palos de madera”.
Ryszard Kapuscinski


sus raíces
maestras de la vida subterránea

su tronco
doble cuerpo, canal de otros mundos
revoltijo de ombligos que conducen
al diálogo de

sus hojas
materia oscura
puerta entreabierta al círculo
— la punta de la geometría—
esporas animales
estructura alterada
sangre seca.






el árbol bordea el cielo
mientras la cuerda
larga y pesada
se hunde en la
sombra quejumbrosa de la rama

aquello que ha caído al suelo
es irrecuperable

sin línea
la montaña que eleva
a la piedra
desenfunda sus raíces.







una roja eternidad
horada el cielo

desaparece de ti
contra todo abismo

nacen de sus hojas
los párpados.






caminante en la hendidura de la luz
silencio que se retrae entre el espejo y la guarida

árbol:
ceniza desesperación
sol imaginario.





cuando el intruso
atraviesa la piedra
el vacío se desdobla
la noche no revienta
un espasmo de sentidos anudados
blanquea sobre el árbol

hasta que la luz con su penumbra
deja caer
gota a gota
su plumaje antiguo.







uno a uno
los badajos del campanario
se reducen

rocas como gotas
incendian
el esqueleto de la tierra

la nube tensa sobre la lluvia
el trueno lejano y su temblor
cumplen su vida
cuando el eco del pájaro
sostiene la piedra.






las flores encanecen
en el invierno desmayado
tras un precipicio de cielo

el tronco de un árbol perdido
se calcina
en una lenta conspiración de sonidos

cuando el hilo de la vida pende sobre el lago
cuando los ojos sufren el hambre de quedarse ciegos.





cuántas hojas
han abandonado las grietas
esos números fríos que inflaman la montaña

cuántos árboles
han hendido su canto
para alentar
los días sobre el suelo
bajo el volcán
rodeada únicamente de cielo y luz
la historia desgastada del roble.







la hierba crece entre los adoquines
da todo lo que avanza
abre su latido

abandona las márgenes escondidas
de su vida profunda
para vislumbrar
la distancia
despegada de la tierra

entonces
                        grita.


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