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sábado, 9 de agosto de 2014

LEONARDA RIVERA [10.852]



Leonarda Rivera 

(Uruapan, México, 1984) ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, en el área de Jóvenes Creadores,  2005. En el 2007 la Secretaría de Cultura de Michoacán editó su libro La noche que derramó el vaso en la colección “opera prima”. Premio Estatal de poesía Carlos Eduardo Turón 2010, por su libro Deshojal. También es coautora y co-coordinadora del libro de ensayos: María Zambrano en Morelia. A 70 años de la publicación de Filosofía y poesía (Plaza y Valdés, 2010). Licenciada en Filosofía, por la Universidad Michoacana. Maestra en Filosofía por la UNAM.







Declaración por escrito

Boulez le prendió fuego a su ciudad
un 27 de noviembre


Dijo que era necesario destruirla
—que lo haríamos por venganza

Porque fue esta ciudad
Porque fueron sus calles
Su silencio    y   todas esas cosas raras
las que borraron lo que pudo haber sido
una gran historia de amor

—Dijo que yo era la persona indicada
para incendiarla—
Que nadie se daría cuenta
Veintisiete  metros cuadrados de ira
y un corazón roto eran más suficientes

Así que llegué cinco minutos antes de lo acordado
y esperé las indicaciones
La idea era arrojar mi corazón lo más lejos posible
Yo sería el kamikaze   [el pérfido traidor]

Pero  la imagen lustrosa
en la que palpitaba  esta ciudad me sedujo
y no pude destruirla
y entonces el disparo obturador de mis pupilas
se volvió contra mí
se volvió contra mí
se volvió contra mí







Del libro Fragmentario

…al principio de este mito dividimos cada alma en tres partes, y dos de ellas tenían la forma de un caballo […] Decíamos pues que de los caballos uno es bueno y el otro no […] El segundo es contrahecho, grande, de toscas articulaciones, de grueso y corto cuello, de achatada testuz, color negro, ojos grises, sangre ardiente, compañero de excesos y petulancias, de peludas orejas,  sordo, apenas obediente al látigo y a los acicates.

Platón (Fedro 253e) 





2.1.

Avanza confundido el animal de irreconocible figura
 Cabalga en su pradera interior
                                               bosteza
 Tiene una cicatriz en cuatro idiomas y siembra magnolias 
                     sacadas de otro libro
Arenga sobre muertos-
                 En el espacio del agua comprende
un discurso que no le concierne y se irrita

En el lado ciego del espejo donde nadie se mira            
                                     cae
junto conmigo y los demás
en los arrabales últimos del lenguaje







3.3.

Devorado por los espacios del bosque duerme intranquilo
“Tiene una muchacha ahogada en la claridad
de un nombre repetido en sueños”

Intenta rebelarse contra la espesa tinta de sus dedos
Contra la mancha negra que le impide mirar los claros del bosque

A punto de quedarse ciego
pero sin renunciar a su falsedad
camina hacia la manzana roja
le fascina su textura
le excita el olor de su sangre perturbada

Ronda el círculo de la apetencia
 se resbala               se mira a sí mismo

Tiene la impresión de que ha renunciado a la razón  
 de que la ha cambiando por una fruta

 y que ya no le importa porque tiene su ojo hundido






4.1

El animal dormita después de una sórdida persecución
en el interior de la frondosa palabra hierba

Se presume culpable
              Se agazapa en su interior
 Tiene su sangre copulando consigo misma

 Balbucea vencido por la palabra
repugnante
                   insidioso 
y miente hasta el fondo de su corazón magullado






4.2

Con el aire en fuga sobre sus pestañas
se regodea en el interior
de la frase que acaba de  descubrir
el animalito andrógino
 que se devanea con la otrora dama
de cabellos negros
y con el músico acantilado
de inagotable arcano 
Tiene la pesantez del viento
 en su sangre
 y de vez en cuando siente hostilidad
contra la sencillez del humo





5.3.

Devora palabras en la noche perezosa y vomita cangrejos  tapándose con la mano que señala el vacío

En medio de la espuma necesaria para recrear
 el nacimiento de Afrodita
finge dejar esa manzana que todos le critican
 en la efervescencia del sueño

A sus veintitantos años con el ijar hundido la palabra
ya no le duele

Ha descubierto la dimensión del silencio en el oleaje
que circunda a la isla de Cuba

y  tiene a la luna hundida en un hermoso crepitar
de incendio en el interior
de una luciérnaga muerta






6.6

Rabiosamente las abjura  en el centro de un discurso
 construido bajo sombras

 Duerme el aire herido las encías ensangrentadas del animal salvaje escapado de las postrimerías del discurso

Se traga metáforas vivas detenido en la noche  del ala de mariposas de obsidiana

Canta alrededor  del fuego/  se zambulle a temperatura desequilibrada por su ojo herido

Su quejumbrosa lengua tiene amoríos con el silencio y
la otrora dama

De noche sale vestido de gallo galante a pasearse sobre la decadencia del discurso




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