BUSCAR POETAS (A LA IZQUIERDA):
[1] POR ORDEN ALFABÉTICO NOMBRE
[2] ARCHIVOS 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª 6ª 7ª 8ª 9ª 10ª 11ª 12ª 13ª 14ª 15ª 16ª 17ª 18ª 19ª 20ª y 21ª BLOQUES
[3] POR PAÍSES (POETAS DE 178 PAÍSES)

SUGERENCIA: Buscar poetas antologados fácilmente:
Escribir en Google: "Nombre del poeta" + Fernando Sabido
Si está antologado, aparecerá en las primeras referencias de Google
________________________________

miércoles, 7 de noviembre de 2012

FLEUR ADCOCK [8414]



Fleur Adcock
Fleur Adcock (Auckland (Nueva Zelanda), 10 de febrero de 1934) es un poetisa y editora neozelandesa que ha vivido gran parte de su vida en Inglaterra.

Adcock nació en Auckland en 1934, pero vivió y estudió en Inglaterra entre 1939 y 1947. Es hermana de la escritora Marilyn Duckworth. Adcock estudió arte y cultura clásica en la Victoria University of Wellington, en donde obtuvo una Maestría en Artes. Posteriormente trabajó como bibliotecaria en la University of Otago en Dunedin hasta 1961. Adcock estuvo casada en dos ocasiones: en 1952, contrajo matrimonio con Alistair Campbell; luego de divorciarse de Campbell, se casó con Barry Crump, pero la pareja se divorció en 1963.
En 1963, Adcock regresó a Inglaterra y empezó a trabajar como bibliotecaria en la Foreign and Commonwealth Office en Londres. Con la excepción de un breve regreso a Nueva Zelanda en 1975-1976, Adcock ha vivido en Finchley, al norte de Londres, desde entonces, trabajando como profesora y escritora.
Adcock ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo. En 1996, fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico. Así mismo en 2008, recibió la Orden del Mérito de Nueva Zelanda por sus contribuciones a la literatura neozelandesa.

Obras

Dragon Talk (2010)
Poems 1960-2000 (2000)
Looking Back (1997)
Selected Poems (1991)
Time-zones (1991)
Meeting the Comet (1988)
The Incident Book (1986)
Hotspur: a ballad (1986)
Selected Poems (1983)
Below Loughrig (1979)
The Inner Harbour (1979)
The Scenic Route (1974)
High Tide in the Garden (1971)
Tigers (1967)
Eye of the Hurricane (1964)





Contra el acoplarse

Escribo en alabanza del acto solitario: 
el no sentir una lengua invasora
forzar la boca, la propia respiración
ahogada, los pezones aplastados contra
el tórax y ese cosquilleo metálico
que induce un nervio singular en la barbilla:

antiplacer. Tan sólo evitar esos ojos ayudaría
ojos como los que alimentan a la joven
que escucha el murmullo vegetal
dentro de sí mientras la mirada de él
agitada frondas de pólipo en el oscuro lecho
de su cuerpo, y a ella la vista se le borra.

Tiene muchas ventajas el abandonar
ese ejercicio que ya no es novedoso,
el no "participar en una 
experiencia total", donde se siente una
como la señora de Leeds que vio
ochenta y seis veces The sound of music,

o más bien, quizás, como la maestra del liceo
que dirige Sueño de una noche de verano
el séptimo año consecutivo con el reparto
del cuarto año sección B.
Píramo y Tisbe murieron pero el hueco en la pared aún molesta.

Les aconsejo, entonces, adoptarlo sin estorbos. 
No hace falta poner la escena,
vestirse(o desvestirse), hacer discursos.
Bastan cinco minutos de soledad,
en la bañera o para llenar ese vacío
entre los periódicos del domingo y el almuerzo.






LA RED

Ella conserva el juego de memoria
como talismán para no enamorarse
y cada noche trepa por la misma ventana
al mismo jardín con el arco de rosas—
sin rosas; y la serpiente blanca muerta también;
nada más que arbustos siempreverdes y grama y agua
y el enrejado de alambre que la atrapará al fin.

Traducción: Rowena Hill



THE NET

She keeps the memory-game
as a charm against falling in love
and each night she climbs out of the same window
into the same garden with the arch for roses –
no roses, though; and the white snake dead too;
noting but evergreen shrubs, and grass, and water,
and the wire trellis that will trap her in the end.






Richey

Mi abuelo Richey Brooks
Comenzó en el barro, en Moneymore
“Un lugar de barro y nada más”
lo llamaba (no la forma en que lucía
pero lo que se extendía debajo de aquellas colinas verdes?)
Emigró en el 74
terminó en Drury,; barro nuevamente-
Resbaló en el corral de los patos a los noventa y tres
(no podía dejar de criar aves
siempre tenía que criar algo en granjas)
Se agarró neumonía; murió diciendo
“Te acuerdas de Martha Hamilton
de Roritor Road?”-siempre cortejando a
la misma chica en su mente. Y ella lo 
sobrevivió, viuda virulenta,
en la casa de la hija de ambos; miró al ciruelo-
las ramas nudosas, tontas, la fruta
amarilla. Formas de vivir y morir.

Traducido del inglés por Myriam Rozenberg





Richey

My great-grandfather Richey Brooks
began in mud, at Moneymore:
‘A place of mud and nothing else’
he called it (not the way it looks,
but what lies under those green hills?)
Emigrated in ‘74;
ended in Drury; mud again —
slipped in the duckrun at ninety-three
(wouldn’t give up keeping poultry,
always had to farm something.)
Caught pneumonia; died saying
‘Do you remember Martha Hamilton
of the Oritor Road ?’ — still courting
the same girl in his mind. And she
lived after him, fierce widow,
in their daughter’s house; watched the plumtree —
the gnarled, sappy branches, the yellow
fruit. Ways of living and dying.








A SURPRISE IN THE PENINSULA

When I came in that night I found
the skin of a dog stretched flat and
nailed upon my wall between the
two windows. It seemed freshly killed –
there was blood at the edges. Not
my dog: I have never owned one,
I rather dislike them. (Perhaps
whoever did it knew that.) It
was a light brown dog, with smooth hair;
no head, but the tail still remained.
On the flat surface of the pelt
was branded the outline of the
peninsula, singed in thick black
strokes into the fur: a coarse map.
The position of the town was
marked by a bullet-hole, it went
right through the wall. I placed my eye
to it, and could see the dark trees
outside the house, flecked with moonlight.
I locked the door the, and sat up
all night, drinking small cups of the
bitter local coffee. A dog
would have been useful, I thought, for
protection. But perhaps the one
I had been given performed that
function; for no one came that night,
not for three more. On the fourth day
it was time to leave. The dog-skin
still hung on the wall, stiff and dry
by now, the flies and the smell gone.
Could it, I wondered, have been meant
not as a warning, but a gift?
And, scarcely shuddering, I drew
the nails out and took it with me.






No hay comentarios: