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martes, 13 de marzo de 2012

6309.- ABRAHAM GRAGERA

Abraham Gragera (Madrid, 19 de noviembre de 1973) es un poeta español en lengua castellana. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Su obra aparece en diversos recuentos y antologías de la poesía reciente

Obra poética
Desviaciones y demoras (Madrid, Ediciones El Antojo, 1999).
Adiós a la época de los grandes caracteres (Valencia, Pre-Textos, 2005).

Inclusión en antologías
La lógica de Orfeo, de Luis Antonio de Villena, editor, Madrid, Visor, 2003.
Veinticinco poetas españoles jóvenes, de Ariadna G. García, Guillermo López Gallego, y Álvaro Tato, coords., Madrid, Hiperión, 2003.
Inclusión en el cuaderno Por dónde camina la poesía española. Revista Letra internacional 98. Número 98. Primavera del 2008. Fundación Pablo Iglesias, ISSN: 0213-4721

Traducciones
Glück, Louise: Ararat. Pre-Textos.Valencia, 2008.





Estrella fugaz


Aún es pronto, demasiado pronto
para el ojo
pero tarde, muy tarde ya para el
pensamiento
si veloz ilumina
esta árida extensión de la noche,
este manso terreno donde el
girasol
se despereza, se astilla, se equivoca.


Desviaciones y demoras(1997)












Una escala sentimental en el aburrimiento

“Para llenar un desierto
persigue zigzagueos”
Concha García 





Los gestos imprecisos, el hambre silenciosa:
de las plantas, el chapoteo abreviado de
tu nombre – y aquí estornudo-, las cosas que se
cogen
sólo para soltarlas… me gustan, porque no
están en ningún sitio, pero no llegan nunca
tarde. Esa es, también, la clave del pasado,
que no existe, salvo en los envoltorios, la ropa
que cuelga de la silla, el punto bostezando
sobre la i, el mapa de la mancha en el parquet,
el nido de cigüeñas: pardo, mullido, pequeño-
burgués. Tú añadirías, quizás, unas comillas.
Me busqué tantas veces en tus ojos, que acaba-
ron pareciéndose a los míos, como el charco al pai-
saje, como la sed a los vasos vacíos.
Pero los charcos no son espejos, se arrugan
si los acariciamos. Imitan. Y no nos
sobreviven. Ni los cambios de domicilio.
El tamo se acumula en las habitaciones,
muda el tiempo de plumaje, pero no de canto.
Fuera, tras mucho tropezar, se deshilacha el
aire, quiero decir que llueve al fin y tampoco es-
ta vez sabremos con certeza – y aquí redobla-
lo que dijo el trueno, siempre tan temerosos


de la felicidad ajena. Como si el humno
no llegara para nosotros a tener forma
de humo. Como si al hacerse transparente el aire
sintiéramos el impulso de ensamblar rincones,
dar carne a las antenas, soltar palomas mustias,
sin aceptar que, entre otras razone, porque no nos
necesita para hacerse entender, el invierno
jamás confundiría el estilo con el tema,
como no dice uno “adiós” queriendo decir “gracias>>.
Ya verás como siga así este tiempo,


van a proliferar las elegías.







DE Adiós a la época de los grandes caracteres
Pre-Textos, 2005








Fragmento del poema “Siete presentes”:




V


Ah, la realidad
no se puede
permanecer en ella ni intentar


ir más lejos










El jardín de lo que no hay


Como la luz


que es lo que es
porque no cabe








Como las flores


que siempre son
el primer día










O como el aire


lo nunca visto






Despertar


se parece
a cualquier cosa




Como los minerales
la fruta de las piedras




lo breve


esa estridencia
de lo mismo






Me pregunto


de qué respiración
será este viento










Será porque te dije


no sé qué
mientras la euforia en flor
disimulaba










la falta de tema


y la tarde
como siempre
de algún modo lo balbuce


todavía










O será que me gustas
porque sí


y por otros motivos
que las piedras


callan
y las aguas


llevan
al crecer




que es redundar






Como las flores


como la luz


que no cabía










Me pregunto


si alguna vez
hemos sido


esas cosas humanas


irrepetibles.