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jueves, 1 de diciembre de 2011

5439.- REMEDIOS ÁLVAREZ DÍAZ


Remedios Álvarez Díaz (Málaga, 1959) es Maestra, ha ejercido su profesión en diferentes colegios de Primaria pero desde hace dos años, trabaja en una escuela de Adultos.
Escribe desde hace tiempo aunque no se introdujo en círculos literarios hasta que conoció a Enrique Gracia Trinidad que le invitó a un curso de poesía en Sevilla donde se relacionó con otros poetas como Edith Checa que la introdujo en el grupo de poetas de Pradosegar en Ávila compartiendo con ellos encuentros como los de Villafranca de Córdoba, el Encuentro de Poetas Hispano – Marroquí, otros encuentros en Sevilla...
Pertenece al grupo de Poética en Gredos y al grupo de Poetas Andaluces de Ahora, recientemente formado, participando también en el I encuentro celebrado en la ciudad de Córdoba.
Ha leído en diferentes eventos poéticos entre ellos “100 mil poetas por el cambio” o en el festival de poesía de Cájar por el día de la mujer.
Ha publicado poemas en algunas revistas digitales y en algunas antologías surgidas de encuentros poéticos.
Autodenomina a sus escritos “poemasómenos” y no hace mucho que dejó de extrañarse cuando alguien le llama “poeta”.




CALLA

Calla, calla
la palabra enturbia
y distrae las miradas
ávidas de libertad,
Calla a besos las cuentas
de antiguos pechos
que vibraban a tu llegada;

no digas,
ya sé de alas, mercados
mentiras, destierros
y desliza las yemas
dibujando las olas
que me llevaran
a otro mundo.

No expliques
y captura la sombra
para que no pidan
derechos de autor
hasta testimoniar
la indiferencia de la noche
que se retira.

La elipsis del tiempo
vivido nos hará
ser adolescentes
desterrando al miedo
o al comentario,
no habrá qué impida
libar el presente,
respetar el pasado
y obviar el futuro.









NUNCA PASA NADA

Nada pasa a las claras,
la mañana fue cual siempre,
escondiendo sus asuntos
entre coloquios maníos.

Nunca pasa nada;
aunque los serios rostros
cuelguen en sus arrugas
los trapos que aún están por lavar.

La brisa es primaveral
y me resucita del letargo
que me impone la pesada
monotonía del vivir.

La gente pasa acarreando,
en bolsas, sus penurias;
algunos, en la palabra
y otros en las manos.

Hoy es jueves,
los jueves traen risas
aderezadas con aceite,
queso, tarta y café.

Hoy, además, sus manos
se trenzaron en mi pelo,
maniobré cinco veces
antes de dejarlo recto,
el coche,
notó mis dos kilos de menos...

Y una leve sonrisa perduró
a lo largo de este jueves,
en el que, como todos los días,
nunca pasa nada.










PEQUEÑOS PROBLEMAS

Se acabó el té,
no es un gran problema
pero la tos no me deja dormir
y auguro una noche larga.
No sé cómo voy a sobrevivir
sin una taza de té.

También me preocupa bastante
no sentir más sus labios,
ni volver a oír sus palabras
envueltas en papel celofán,
que musitaba a cambio de sexo.
Pero ... que no me quede té..

Quizás sea de más envergadura
la falta de libertad, o
que se consuman los días
mediando entre el rígido deber
y el alocado querer que
ni me obedecen ni me soportan.

¿Se molestará el vecino
si a estas horas tan intempestivas
le pido una bolsita de té?

Además me aflige esperar verte
para resumir los sucesos
acaecidos durante la semana,
reír por nimiedades
y reprimir deseos
por prohibidos.

Y recrimino
mi falta de previsión,
responsabilidad,
rigor y mi osadía;
causas por las que me veo
sin una maldita taza de té.











¡QUÉ PINTA!

Cruza,
se acerca,
(con gorra,
zapatillas,
percings,
cabeza gacha);
más cerca,
oscuro,
hace frío,
nadie,
el bolso,
palpita el corazón,
se estrecha el paso,
me roza,
pasa...
y pide perdón.









Seducción.

La mesa estaba adornada
con un mantel rojo,
me resultó peligrosamente atrevido
y me asustaba posicionar
el vaso sobre tal pasión.

Sin que me vieran,
acaricié la superficie
intentando adivinar la textura;
luego, acerqué la nariz,
cerré los ojos
e inspiré con intensidad
el aroma que certificaba su debut.

No pude resistir el impulso de besarlo.











VIRTUALMENTE TÚ

A la noche le sobran ladridos
y le faltan besos.

La vela se eleva
queriendo alcanzar
a las otras que parpadean
con la intensidad de julio;
no entiende cómo llegaron allá
y se consume mirando al cielo.

Quise robarte el sueño
sabiendo que no me pertenece,
mitigando el deseo
con el alcohol sobrante
de antiguas fiestas.

Quise oírte recitar
los versos escondidos
y que acariciaras de nuevo
mi pelo, sin retratos,
sin reloj, sin orden.


Al día le faltan horas
y le sobra tiempo.

Los perros duermen
la resaca del insomnio
y no hay voces que
intimiden el momento.

El campo rebosa verde
y la mañana riega el alma
con el aroma del romero
recién cortado.

Se balancea la madera
tallada, presa y retenida
al árbol que la vio nacer,
sin protestas,
envidiando al pájaro.

Las sombras enardecen unas,
distorsionan otras,
la realidad que proyectan
y nos creemos dueños
de su virtualidad.

Y anoche y hoy
te eche de menos.














SI YO PUDIERA ELEGIR.

Si yo pudiera elegir,
entraría a hurtadillas
en los ocultos huecos
de tu interior insondable;
registraría cajones,
notas, cartas, libros,
facturas y fotos;
abriría armarios,
descansaría en tu alcoba,
mezclaría las esencias
de los frascos que no dejas abrir.

Si yo pudiera elegir,
no sabrías quién soy
ni quién o qué creó
tanta confusión,
pero andarías buscando
en cada mirada
quién dejó olvidado
en tu regazo
el primer pentagrama
de una canción inconclusa
que no podrías dejar de entonar.

Si yo pudiera elegir
no volvería a abrir puertas
ni dejaría entrar más sol
en mi interior,
ni pensaría, ni sonreiría,
ni andaría, ni recitaría poemas;
quedaría quieta, petrificada;
en cualquier desconocida plaza
a merced del frío o el calor
que erosionaran mi piel
hasta desaparecer con el tiempo.












Querencia

Antes de entrar en casa
he de desposeerme
de cuanto vagaba por la calle.
Las cosas inertes parecen
despertar y se aferran :
un sombrero a mi cabeza,
incrustado, envasado al vacío;
esas zapatillas viejas
saliendo del contenedor
caminando con ellas;
gafas sin cristales;
un periódico atrasado
a mi mano;
una bolsa del mercado
con restos de merienda;
dos frases dichas sin sentir
que repito como mías
y un gato que persigue la raspa
pegada a un abrigo ajeno.
A veces lo consigo
otras, no me reconozco
si me miro al espejo.








...Y ALLÁ A SU FRENTE ESTAMBUL

La ciudad azul me mira
y sabe lo que quiero.
No hay nada
que no pueda ofrecer.
Envuelta en el añil
me asusta e intento alejarme.
Su aroma me sigue:
verde menta, oscuro café,
vainilla, canela...
"Lo tengo todo", me dice,
"no es a mí", me digo;
y las voces se repiten en eco
como llamando a la oración.
Rezo.

La ciudad roja espera,
guiña, se esconde,
me balancea y mece en su seda.
Quiero dormir.
Ella no descansa
y yo me rindo a sus sabores:
dulce, muy dulce;
especiado, amargo, fuego.
Busco desesperadamente el agua
y sus brazos rodean mi cintura
hasta que quedo cubierta de mar.











Vivir sin “LL”

Se llevaron la “ll”
de todas mis llaves,
por eso no las encuentro;
con aves en mis manos
volé hasta otros sitios donde habitar,
donde la “ll” es inútil porque
no hay llantos, ni ellos o ellas,
ni llaves, ni huellas.

Se llevaron la “ll”
por eso olvidé llamarte;
y quedó, como fino cristal
el labrado, sonoro: “amarte”,
que perdura sin necesidad
de juicios, pruebas o edad.

Se llevaron la “ll” y olvidé llorar.
Ahora rezo como niña que cree
que Dios lo concede todo.










POEMA PARA TORPES.

Regreso acercándome a tus lugares inciertos
(o sea que intento entender tu postura),
postrando mi cabeza junto a tu percepción,
(o sea que me pongo en tu lugar)
aúno fuerzas para aislar desavenencias
(o sea que no quiero discutir)
y vigilo los gestos que pudieran ofender,
(o sea que reprimo lo que te molesta).

No sé si quiero acompañar a tu silencio,
(o sea que me estoy cansando)
O vagar a solas aunque estés,
(o sea que me planteo dejarte)
Quiero aprender de nuevo,
(o sea darme otra oportunidad)
expresarme sin miedos
(o sea ser yo)
no mirar atrás.
(o sea que me voy).
Espero, que esta vez, me hayas entendido.
(o sea “¿Tá´s enterao?”).









LA VIEJA FREGONA.

No tuvo la sensación de usada
hasta que, junto al rincón,
vislumbró el pelo
brillante y ordenado
de su sustituta.

Miró sus harapos
y sintió hervir
la profusa mugre
del tiempo que sirvió
para limpiar sucias pisadas.

Urgía el cambio;
sin escrúpulos, ante sí
se mostraba presto
el canje inminente
porque ya no valía.

Y maldijo al tiempo,
a la inconsciencia,
a la mano que estrujaba,
la misma que le arrojó,
con desaire, a la basura.

Qué lástima, oyó
qué calidad tenía
no dejó pelusas nunca
y cómo se arrastraba...
como ella, ninguna.