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martes, 2 de septiembre de 2014

MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO [11.054]


MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO

Nació en 1978 en Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires), Argentina, y tiene la doble nacionalidad española por sus orígenes gallego y castellano-leonés. Desde diciembre de 2010 vive en Roma.
En el territorio de la poesía publicó Las voces de las hojas (Baobab, 1998, que recibió el primer premio en el II Concurso Nacional Río de la Plata 1996), la serie Poética ambulante y otros poemas (2003) y la serie Los pliegos obtusos (2004), en ambos casos Ediciones del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Premio Arte Joven de la Provincia. Tiene una novela inédita, Las manos en la madre.
Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Doctora en Filología Hispánica e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Hoy se desempeña como profesora de Literatura en Lengua Española I, II y III en la Facoltà di Lettere de la Università degli Studi Guglielmo Marconi y profesora colaboradora del Instituto Cervantes de Roma (examinadora DELE-cursos Università LUISS). Fue adscripta durante los años 2008 y 2009 en la cátedra de Literatura Latinoamericana II de la UBA, colaboradora de la Fundación Leopoldo Marechal durante varios años (Argentina). Enseñó entre los años 2000 y 2009 Lengua y Literatura en un colegio secundario argentino, dictó clases de taller literario en la editorial porteña Baobab, fue correctora de estilo free lance para editoriales argentinas y ecuatorianas. Jurado invitada en certámenes televisivos de literatura (Encuentro del saber, Argentina, 2010) y en certámenes de poesía y cuento (Ediciones Baobab, Universidad UCES, Municipalidad de Lomas de Zamora), entre otras tareas vinculadas a la docencia, escritura e investigación.
marisamarp@gmail.com


ARTERIA SECUNDARIA

El querer tiene su hemisferio de sombra, como la luna.
Jorge Luis Borges en Proa.

Cada ciudad me mira con los ojos de otra
con quien pudiste pasear por una calle,
suspirar al unísono en un parque público,
arrojar idéntico pan a las ardillas.

Cada ciudad tiene una avenida que eludo,
la vedette de los mapas, la infalible en los círculos turísticos
una que la vio latir, paseante, a tu costado,
comprar trajes en tiendas previsibles,
tomar fotos a obeliscos de catálogo.

Yo, en cambio, me sumerjo en invisibles callejuelas,
pasadizos tocados por el alba que se filtra a escondidas,
con macetas que hospedan arañas sigilosas.
Y danzo como una bailarina en su escenario
para un espectador en prima fila.

Quizás mi vida a tu lado sea eso:
un paseo distinto por una ciudad que aún recuerdas.






LJUBLJANICA SAVA

Se esfuman ciertos gestos
del crucero que hicimos por Ljubljana.
Las sensaciones aéreas
cómo el viento jugaba con mi falda
cómo el agua cantaba en movimiento.
Allí toqué, por un segundo, el alfiler agudo de la dicha
pero fue tan leve al tacto
que lo perdí al doblar el primer puente
donde aprieta el pasado
como un zapato antiguo y defectuoso
que aún quisieras ponerte.





Dignidad

De todos los oficios de la rosa 
Elogio su homenaje de la muerte. 
Empecinada por trepar la tierra, ávida 
De gloria 
Se endereza majestuosa contra el viento 
Coronada por un séquito de plumas 
A esperar 
La recompensa 
De que algún caminante 
Aplauda su belleza 
Y la destruya. 






Noche 

La tarde se hundirá en las ruinas de mis ojos 
Y antes de volver te traerá a mí 
Para que pintes 
Mis paredes blancas 
Tus pinceles rojos 






Cicatriz. 

Entre la muñeca y los nudillos 
Una mácula rosa que acompaña la mano 
Se desplaza 
Sin saber que la miro, mira el mundo 
Impasible 
Con sus ojos de coágulo. 

Irreparable rosa, 
Herida silenciosa. 







XX 

Cuántas veces esperé una carta 
De mí misma 
Enviada del futuro para la niña 
Olvidada. Con el sol 
En los ojos y una pierna 
A cada lado del caballo 
Sigo yo 
Conmigo en brazos 
Crecida para alimentar el recuerdo 
                      De mi propia esperanza. 






Primer movimiento

Son diecinueve días sin tus cejas.
De tener que construirte con mendrugos de historia
y recobrar tu mirada que ya nunca,
y repetir tu minué de sobremesa
mientras vibra el olor de la cebolla
en el reseco umbral de la cocina
y yo intento la siesta.

Esta tarde abrazaré el adiós como a un hermano:
irá conmigo hasta el último rumbo,
galopará el agujero vacío de tu nombre
incapaz de hospedar una presencia;
anulará para siempre el sustantivo,
te explicará mi amor
aunque no importe,
ahí,
donde me aguardas.

Me aturde
no saber indagar tu domicilio,
que no puedas latir a la distancia,
que dejemos de ser un contrapunto
sonando de a dos este concierto,
que perdures en mí con tu fantasma
tan mudo y tan vivo y tan ausente
que el teléfono invoque hasta el agobio
sin gritarme tu risa en los oídos.

Que me toque existir a tu caída.

Allí, donde nadie te estorbe
poblarás el universo de engranajes,
soñarás una estirpe de metal donde inventar tus hijos,
habrá nubes que tendrán la estampilla de tus manos,
ingenieras del alba y de la sombra.

Algún día heredaré tu cielo
y volveré a encontrarte, papá, en esa orilla sin nombre.





*Farewell dos*

Adiós a la poesía burda aquella absurda
maravilla inescrutable
maremagnum sintagmático del siglo
metástasis de versos troquelados
la vanguardia del erizo y del carpincho
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro
te quiero pero estoy bien light alone
qué oprobio ese vestido de la abuela
márketing del verso adiós,
adiós.