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miércoles, 13 de agosto de 2014

ALEJANDRO ALFARO ARRIAGA [10.907]




Fotografia de Alejandr Alfaro Arriaga, tomada el 28 de noviembre de 1930 (Esta foto, se muestra por primera vez en Honduras)





Alejandro Alfaro Arriaga

Nació este portentoso hondureño,en Naranjito, Santa Bárbara, HONDURAS  el 17 de julio de 1907. Fue poeta y ensayista. Después de realizar sus estudios primarios  en Naranjito, partió hacia Santa Bárbara, donde realizó estudios de Magisterio, para culminarlos en la Escuela Nacional de Varones, en 1926. En 1931, partió para Guatemala, donde obtuvo el título de Bachiller en Ciencias y Letras, un año después. Gran parte de sus poemas fueron antologados en la Revista “Tegucigalpa”, en 1930, a través del esfuerzo de Jorge Fidel Duròn. Realizó estudios de Jurisprudencia en la Universidad Central, hoy Universidad Nacional Autónoma, donde egresó en 1937.  Posteriormente, realizó estudios superiores en la Universidad de Boulder, Colorado. Fue Subsecretario de Relaciones Exteriores en 1956  y Consejero de Estado. Murió en Tegucigalpa, el 7 de noviembre de 1976.
En vida y en la rama de ensayo y linguística publicó: Prosodia castellana (1937); Lecciones de Etimología (1941); El Sabio hondureño, don José Cecilio del Valle, en la IX Conferencia Internacional Americana (1954); Rubén Darío. Precursor de la prosodia castellana (1964),





AMANECER EN LA HACIENDA

Al clarear bellísimo de la madrugada trina el clarinero,
loco, en la enramada; y los terneritos dentro del corral,
jugando, jugando, todos confundidos, parando la cola y dando berridos al llegar la vaca 
pónense a mamar. Silbando "Pagano", Juan el corralero, con rejo y cubeta,gacho su sombrero
arrea las vacas,se pone a ordeñar; mientras Casimira, negra formidable, con el pelo suelto,
chiqueona y amable, viene de la fuente con el nixtamal.
Don Fruto, el patrón, de mirada austera, con doña Socorro, su fiel compañera,
gritan de la cama, pidiendo café;
las dos consentidas, Leonela y Mariana, al sabor dulcísimo de la mañana
roncan todavía detrás del cancel. 
Un sabueso ladra al mozo que pasa; 
chillando los cerdos rodean la casa y en la cuadra el asno rebuzna las seis.
Un macho cabrio salta sobre el horno;
y entre las gallinas, a modo de adorno, abre su abanico un pavo montes.
Los pollitos hechos un puño, con frio, gritan tras la hornilla: "pío, pío, pío", 
y el gato entilado salta del comal la lora en la estaca pide masa o queso, 
y mientras dos perros pelean un hueso, un pato, asustado, dice: "paz, paz, paz".
La criada prepara huevos estrellados:
saltan en la olla frijoles parados y un pollo guisado pugna en el sartén.
Don Fruto y su esposa, Leonela y Mariana, algo despeinados, con no poca gana; 
piden, precisados, tamal y café. En la loma corta robles un hachero. 
Chapodan los mozos, rondando el potrero para darle fuego cuando llegue Abril. 
Al pie de la falda, muy cerca del río, 
aran un extremo prado labrantío donde el buen don Fruto sembrara maíz. 
El pinar sonoro perfuma el ambiente, el sol que ya irrumpe, curioso, el oriente,
la gárrula Hacienda inunda de luz. Los pájaros todos saludan al día: 
todo en la campiña viste de alegría y hasta el mismo cielo se ve mas azul. 
Yo adoro esa vida que allá en una estancia guarda todavía la suave fragancia 
que envolvió en efluvios mi edad infantil. 
Aun vaga el recuerdo, perdido, en los llanos, donde con mis primos,
amigos y hermanos tirábamos piedras al conejo gris. 
Nunca se me olvida la abuela paterna que me acariciaba, solicita y tierna,
allá en una hacienda llamada "El Conal";
me daba en un plato fresca mantequilla, un huevito tibio, riguas o tortillas 
café en una taza y leche en guacal. 
Qué hermosa es la vida del campo bendito. 
Allá es mas cerúleo y hondo el infinito; 
lejos del ruido del mundo soez; allá en los altares que ofrece Natura, 
el alma se siente saludable y pura, y toda amargura se cubre de miel.
Por ello no olvido la Hacienda lejana, donde el agua es fresca,
bella la mañana, majestuoso el río, verde el robledal; y cuando suspiro, 
pensando en la estancia,
con el dejo amargo que da la distancia siento unos deseos grandes de llorar.


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