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domingo, 9 de junio de 2013

OSVALDO SVANASCINI [10.089]



Osvaldo Svanascini
Nació el 08/12/1928, ARGENTINA. Profesor universitario. Fue Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1958-61). Obtuvo las becas de UNESCO en París (1960), de la Pen Club de Japón (1972) y de la Japan Fundation (1976). Presidente del Comité Oriente-Occidente de la UNESCO (1960-70), de los Institutos de Cultura Argentino-Japonés y Argentina-India y de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1993-97). Dirigió el Museo Nacional de Arte Oriental. Colaboró en diarios y revistas del país y del exterior. Director de Casandra, revista de cultura contemporánea. Realizó más de 40 exposiciones de pintura. Publicó más de 60 libros de poesía, ensayo y ficción. Curador y jurado de numerosos premios nacionales y privados de arte y literatura. Miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes. Recibió tres Fajas de honor de la SADE, la Orden del Sagrado Tesoro del Japón, el Premio Nacional de Literatura (Ensayo de Arte, 1988).


Becas obtenidas

Beca de Estudios en Europa otorgada por el gobierno francés, 1955.
Beca de la UNESCO de París, 1960.
Beca del Pen Club del Japón, 1972.
Beca de la Japan Fundation, Japón, 1976.

Cargos desempeñados

Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 1965-1970.
Profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes "Prilidiano Pueyrredón", 1958-1968.
Profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes "Manuel Belgrano", 1958-1976.
Decano de la Escuela Nacional de Bellas Artes "Manuel Belgrano", 1958-1961.
Presidente del Comité Oriente y Occidente de la UNESCO, 1960-1970.
Presidente del Instituto Argentino-Japonés de Cultura, 1960.
Secretario General de los Planes de Estudios Bellas Artes, 1958-1960
Asesor cultural de la Fundación Hope, 1985-1992.
Presidente del Instituto Cultural Argentina-India, 1993.
Director del Instituto de Cultura D. Marinucci, 1992.
Presidente de la Asociación Argentina de Críticos de Arte, 1993-1997.
Director del Museo Nacional de Arte Oriental. 1996.
Director de "Casandra", Revista de Cultura Contemporanea, 1996.

Otros hechos destacables

Fue jurado de Arte y Literatura de premios nacionales, municipales y provinciales. Dictó centenares de cursos y conferencias en el país y extranjero. Como pintor realizó alrededor de 45 exposiciones individuales y "Cajas de Poesía". Colaboró en diarios y revistas del país y del exterior.
Premios y condecoraciones recibidas
Mención de Honor otorgada por la Secretaría de Cultura de la Nación, 1960.
Tercer Premio de Poesía otorgado por el Consejo del Escritor, 1961.
Faja de Honor de la S.A.D.E., 1963. Faja de Honor de la S.A.D.E., 1975.
Segundo Premio otorgado por el Fondo Nacional de las Artes, 1965.
Faja de Honor de la S.A.D.E., 1984.
Premio al mejor libro del año otorgado por la Asociación Argentina de Críticos de Arte, 1986.
Premio Nacional de Literatura, 1988.
Premio al mejor prólogo otorgado por la Asociación Argentina de Críticos de Arte, 1992.
Condecorado por el gobierno japonés con la "Orden del Sagrado Tesoro del Japón", 1988.

Libros y trabajos publicados

"Curatella manes" - Editorial de la Subsecretaría de Cultura de la Nación, 1963.
"Xul Solar" - Editorial de la Subsecretaría de Cultura de la Nación, 1963.
"Esquema del Arte de la India" - Editorial Mundo Nuevo, 1959.
"Noemi Gerstein" - Editorial de la Subsecretaría de Cultura de la Nación, 1963.
"Breves Cuentos Fantásticos" - Editorial Emecé, 1962.
"Sesshu y la pintura Zen" - Editorial Kier, 1965.
"Huir a solas" - Editorial Fraterna, 1984.
"La Sola Poesía".
"Conceptos sobre el arte de Oriente" - Editorial Hastinapura, 1986.
"Breve historia del arte oriental" - Editorial Claridad, 1988.
"Los informes menores" - Editorial Fraterna, 1988.
"Poemas disociados" - Editorial Hope, 1993.
"Lo Sagrado y lo Demoníaco en el Arte del Tibet", Ed. Congreso, 1996.
"Las cámaras del vacío", Ed. Vicinguerra, 1997.


pintura original de osvaldo svanascini


BITÁCORA

Tengo el mapa marino para mi viaje
a los confines de la nube del presentimiento
en la barca de espinas y lodos antiguos
con el timonel de las barbas postizas.
Llegaré con un alba de almanaque
con meandros para uso de los solos
con velas encendidas de lágrimas
con mares que escriben sus memorias.
Sé que nadie encenderá mi partida
que ninguno estará para anunciarme:
maneras de estar borrado
antes de haber crecido en la derrota.
Pero tendré la hierba como mensajera
el humo de la noche en confidencia
me abrazarán las penas sin deriva
el sabor del tiempo en el agua detenida.
Y luego dormir hasta la mirada sin deseos
pisar la levedad del minutero
tratar de hallar al anciano sin miradas
para entregarle los naipes del hallazgo.





CIRCUNSTANCIA de espera para el mundo del ojo 
en donde la ciudad duerme su póstumo sueño. 
Ahora superamos la vigilia de los disgregados minutos 
en la que nuestro humanismo repetía su consigna 
y en donde los sarcófagos dibujan a la muerte 
despidiéndose del tiempo con la mano detenida. 

El recuerdo ha quedado con la boca desterrada 
en medio del paisaje. Una estatua grita 
la gestación de su piedra moribunda. 

La soledad detiene la dimensión de la palabra. 

Una línea se vuelca ahora y nos dibuja hacia siempre. 

De FRAGMENTOS DE LA MUERTE (1948: Buenos Aires: Editorial Centurión) 







PABELLÓN DE LA PERLA (Kyoto) 

A las nueve la humedad de las plantas vuela 
entre las arrugas de la frente. Bajo la tierra 
una oreja detiene su ritmo 
y en la casa pequeña de los tés apretados 
un señor se inclina para saludar a los grillos. 
El silencio es el cuarto invitado 
que coloca su sombrero de aire 
su mano de arroz su ojo de rocío 
y sonríe con su dedo 
sonríe con la soledad que baila en sus dientes 
y después toma la forma de una mano. 
Me doy cuenta que no estoy allí 
que es imposible también que pueda irme 
que he de olvidarme para siempre 
que afuera los dragones han perdido sus disfraces. 

De POEMAS DEL ESTE (1961. Buenos Aires: Colombo) 







AUTOEPITAFIO EN CIUDAD LEJANA 

PASEANDO ENTRE TEMPLOS ME ACORDÉ DE MORIR 
Sólo por cumplir con la vanidad del recuerdo. 
Y me sentí sin las voces que me hacen falta 
Sin dedos disimulando los atardeceres 
Sin el olor de los cuerpos que respiraban conmigo. 
Y quise retornar desorbitadamente 
Aunque todo estaba cerrado y clausurado 
Pero no fue necesario porque con dar vuelta los ojos 
Pude leer el pasado perder los rubores 
O usar las melodías para encontrar al dueño 
De las calesitas de azúcar y rocío. 

De MEDIDA DE LA REPULSA (1967. Buenos Aires: LOSADA, S.A.) 







Beppu 

El barco sale del puerto de Kobe. Atravesará el mar interior y por la noche llegará a Beppu. Es un mar diferente a los muchos conocidos. No tiene la diafanidad del Mediterráneo o la fuerza del Atlántico. Es una franja del Pacífico que pasa entre las islas Shikoku, Honshu y Kyushu. Cientos de pequeñas islas – a veces un montículo de tierra con vegetación- surgen en un itinerario de diez horas, mostrando reflejos, pinos caprichosos de forma, una fisonomía que en todo caso es serena y diferente. Ese toque singular o la fascinación de este paisaje, tiende a hacer demasiado elaborada la descripción. Sin embargo, este makimono vivo es tan simple que debe pensarse en estados de ánimo para acercar su gracia. En Beppu, un ryokan. Sumergido en los futones, sobre el tatami, el sueño es más ajeno a las cosas que de costumbre. Además, el dormitorio – ese espacio tan desperdiciado en occidente- se convierte en una sala aprovechable con sólo esconder el confortable y delgado colchón. Los espacios son bien funcionales. El agua y los peces del estanque, pasan por debajo de la construcción y, en la mañana, corriendo lentamente la separación de madera y papel, se golpean las manos y las carpas de color acuden para saludar al viajero. Beppu es también el lugar de los “infiernos”, pequeños o grandes agujeros por donde escapan los vapores y los chorros de agua hirviendo, tan beneficiosos para algunos tratamientos. Un excelente acuario, un bosque al que acuden numerosos monos que bajan de la montaña, y un museo en el que anida una especie de sirena, extraída del mar o de entre las cenizas, parecida a un manatí, cuyo rostro viejo está presumiblemente destruyendo el mito del pasado. Un pueblo sumamente quieto, alejado de las cosas demasiado febriles del mundo, desde donde se puede pensar en lo que se ha dejado lejos, en muchos amigos con los que hablaríamos ahora, y a los que nunca nos atrevemos a confesar que queremos. Porque, naturalmente, los grandes elementos y estructuras de la civilización, cohartan muchas veces, este atreverse a ser diáfanamente transparente. Volvemos, recordando la íntima grandeza del mar interior, la quietud de las noches de Beppu, y nos enderezamos para continuar con la debida y displicente sobriedad. 

De El otro Japón (1975. Buenos Aires: Lumen Latinoamericana) 








Bruma impar 

De todos los refugios prefiero el arco iris
de todos los sabores adhiero a las mañanas
de todas las esperas sostengo la inclemencia
porque los contornos de la ansiedad son indicios
que pueden sentarse en las antorchas.

Por eso criar un cíclope es nostálgico
y nadie pretende amar su gozo
ni produce clamores su balbuceo.

No hay otra manera de esperar 
todo es más largo que las sentencias
y no quedan sacrificios para lamentar
apenas remontar el agua en bicicleta
decirle al ciego que el cielo debe ser mejorado
o que para cansarse los días se inmunizan
entre interjecciones de vetustos sapos.

En mi camisa crecen las porcelanas
que se han fatigado por cavilar
en mi zapato izquierdo hay una canoa que se hunde
y dos contramaestres que buscan su naufragio.

Espero la noche
para incendiar los sueños
para agonizar con sonrisas de canela
para eludir las ruedas
que me persiguen entre trozos de presagios.







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