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jueves, 1 de marzo de 2012

6172.- FRANS DENISSEN


FRANS DENISSEN
(HOEVENEN, BÉLGICA 1947)
Autor de poemas, novelas y biografías, es también un importante traductor (El Decamerón, Pavese, Goldoni, Sciascia, Umberto Eco, entre muchos otros autores). En estos momentos trabaja en una bibliografía de traductores literarios del italiano al neerlandés, y en la biografía de Clara Petacci.









A LA MUERTE DE UN HERMANO


Tu fiebre, que siempre nos ha preocupado,
de pronto ha remitido a la temperatura ambiente.
Tu pulso – a diario lo hemos vigilado
en la pantalla – indica ahora cero de repente.


Tu nivel de sangre asimismo ha bajado.
Tu cuadro clínico presenta variación creciente:
curvas, picos y lengüetas paso han dado
a mis escritos muy secreta y paulatinamente.


Tu enfermedad se convierte en mi escritura,
tu muerte adquiere hoy el único significado
que en mis exiguas palabras aún perdura.


En un vacío semántico tu ausencia ha logrado
ser seña de soledad y de clausura.
Hasta que mi propia hora de callar haya llegado.


(título original: Bij de dood van een broer)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005










ADIÓS IMPROPIO


Así hubo de ser:


abedules espigados, madera nudosa sin hoja
y entre medio chatarra oxidada,
cubos de plástico cuarteados,
lodo
y manchas de nieve ennegrecidas.


Este tuvo que ser el paisaje
visto desde el bus
que seguía al paso el coche fúnebre


en que ibas tú,
a quien había yo conocido siempre entre flores.


(título original: Geen afscheid)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005










TAL VEZ


Tal vez nunca debimos pensar
y el amor no se habría pensado nunca,
habría sido impensable.
Tal vez hubiera sido mejor que nuestros cerebros
fueran estómagos.
Tal vez nunca debimos hacer
y el amor habría sido infactible.
Tal vez hubiera sido mejor que nuestras manos
fueran dientes.
Tal vez nunca debimos hablar.
Tal vez hubiera sido mejor que nuestras lenguas
fueran lengüetas de zapatos,
o nuestras bocas otros anos.


Tal vez nunca debimos mirar.
Tal vez hubiera sido mejor que nuestros ojos
fueran espejos,
no del alma, sino espejos de espejos.
Tal vez nunca debimos ver.
Tal vez hubiera sido mejor que naciéramos ciegos.


Tal vez nunca debimos sentir,
o pensar que sentimos,
o hacer como si pensáramos que sentimos.
Tal vez hubiera sido mejor que nuestra piel
fuera de cuerno,
o de un cuerno mejor.


Tal vez debimos calentarnos los dedos
con algo que no fueran nuestros mutuos fríos.
Tal vez debimos infligirles
quemaduras de tercer grado.


Pero ante todo nunca debimos pensar,
porque fue pensando como empezó todo.


De modo que maldice el día en que aprendimos a pensar
porque fue entonces cuando todo se nos olvidó.


Maldice el calor que alguna vez creímos sentir,
porque nos enfrió hasta los huesos.


Maldice la ternura, puesto que no existe
y por eso justamente se ha de maldecir.


Maldice el día en que nuestros caminos se cruzaron.
Maldice los caminos que hemos transitado,
en los que era posible o pensable
un cruce.


Maldice también por fin esta maldición.


Tal vez entonces se produzca un silencio
que logre curarnos a uno del otro.


(título original: Misschien)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005












GEOGRAFÍA


El atardecer tras la tormenta: jirones
de niebla jalonan las colinas femeninas.
Callan ahora hasta las avispas.
En el horizonte desfila una procesión
de santos, sus mantos agitándose
al viento y sus aureolas temblantes.


(Amberes. El pavimento envuelto en el primer
gris matinal. Allí los santos se fugaron
doblando las esquinas de las calles: confesores,
mártires.)


Radicóndoli atrapa los últimos rayos de sol
y parece flotar sobre la capa de nubes
como una custodia elevada por una mano
de viento. La blanca luna es asediada
por los negros graznidos de un cuervo.


(Tu última pregunta se perdió en la niebla
de alcohol. Y en una nube emitida
por un tubo de escape desapareciste tú también,
tras lo cual las calles bascularon.)


Hoy hace dos años que murió mi hermano:
yerra ahora entre frías
y ventosas colinas sin nombre:
basalto, y cuarzo, y hielo.


Y tú, entre barrocos campanarios españoles,
adonde te ha llevado la Vía Láctea,
¿dónde estás?
Ay, que venga el ángel de Montale
a posar sus manos en mis ojos
y a decirme dónde estás,
y dónde estoy, y dónde estamos.


(título original: Geografie)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005














AROMAS


Huelo –dice mi amor–
siempre a ajo y a cebolla.
¿Cómo me aguanta?
¿Acaso nunca desea algún hombre
que huela a Armani o a Gucci?


¿Y ella a qué huele?
Ella huele a mujer.
Su lugar en la cama
huele cada noche a sueño.
(Y yo, insomne eterno,
me tumbo a olerle la sien.)


Pero a veces, en una ociosa tarde de estío,
huele de repente a exquisiteces:
a ostras bretonas
o a caviar del Irán.


Entonces me tumbo a olerla a ella.


 (título original: Geuren)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005












GENEALOGÍA


La imagen es de enorme regularidad:
la hija de un tallador de zuecos paría carpinteros,
y luego un carpintero engendraba una criada,
que a su vez hacía acontecer orden social.


En esa cadena de inexorabilidad
se torcía o se rompía a veces brutalmente un eslabón:
una pareja de guardias se llevaba a un hijo varón
que luego volaba, y tras una eternidad


se aparecía procedente de Australia un forastero
al que reconocía por la nariz el pueblo entero.
Solía haber un tío sumamente religioso, de verdad,
que de pronto levaba anclas con una descocada


y nunca más se lo veía, mas cuando al cabo de años
lo llevaban a enterrar en una ciudad remota,
asistía al párroco el tío cura, ningún idiota,
enderezando justo a tiempo la cosa descarriada.


Y si alguna vez había un poeta –un vago–,
no era terrible, siendo la prole numerosa.
Para todos el destino era la misma fosa:
la fría arcilla del pólder, plagada de gusanos.


(título original: Genealogie)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005












FLANDES


Soy tu hijo.
Demasiado cobarde para marcharme
o demasiado lerdo para escapar.


En tu casa paterna paso mis últimos días,
refunfuñando por la palidez del sol
que entra por el ventanuco
mientras que en el sótano el agua
me llega hasta los tobillos.


Nada te es más ajeno
que tus propios retoños,
llámense Tijl
o Brel.


Pensando en ti
siento vergüenza, asco, escarnio.


Pensando en ti
pienso en mí mismo.


Soy tu hijo.


(título original: Vlaanderen)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005










PESADILLA


Un cazador avieso me mantiene a tiro
y me acribilla a preguntas con enfado.
Secuaces suyos ya se han atrincherado:
han de cuidar de que no haya ningún timo.


La ropa tengo hecha jirones, manos rotas.
Y aunque tiemblo como una hoja, no me quejo.
De tener los días contados convencer me dejo
y mi destino acepto como en la picota.


Él me espeta: «Tus escritos no son para legos.
Esto me trae sin cuidado, pero luego
tampoco los entiendo yo, un iniciado.»


Mi última hora ha transcurrido y no lo niego:
me desplomo. Un sudor frío me ha brotado
pero he aquí el milagro: exudo significado.


(título original: Nachtmerrie)
© Traducción española: Diego J. Puls 2005