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miércoles, 21 de diciembre de 2011

5650.- AGUSTÍN ACOSTA





Agustín Acosta
Nació en la ciudad de Matanzas el 12 de noviembre de 1886. Estudió leyes, graduándose con el título de Doctor en Leyes. Ejerció la profesión en su ciudad natal mientras que alcanzó también una vida política de triunfos después de haber sufrido cárcel por su oposición al gobierno del presidente Gerardo Machado. Siempre se expresó y actuó de acuerdo a sus convicciones políticas y morales. A la caída del machadato pasó a ocupar la gobernación provisional de la provincia de Mantanzas (1933-1934) y ejerció la secretaría de la presidencia durante el gobierno del presidente Carlos Mendieta. También fue electo senador de la República, y sirvió como tal de 1936 al 1944. Fue presidente del Partido Unión Nacionalista.
A partir de 1938 fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, de la prestigiosa Academia Cubana de la Lengua y fue nombrado Poeta Nacional por el Congreso Cubano en 1955. Colaboró en varias publicaciones nacionales de reconocida importancia, tales como Letras, El Fígaro, El Cubano Libre, Orto, Social, Carteles, Diario de la Marina, Las Antillas, Ariel, Archipiélago y otros periódicos y revistas importantes.
En la obra de Acosta se incluyen algunos de los primeros poemas líricos libres del pesimismo que dominó en la poesía cubana el principio de la república. Junto con Regino Boti y José Manuel Poveda es uno de los representantes del renacimiento lírico que tuvo lugar en las provincias antes de la década del 1920. Su estilo se destaca por la sencillez de los postmodernistas con acentos, en ciertos poemas bien definidos, del modernismo y romanticismo. Fue precursor de la poesía social en Cuba. En muchas de sus poesía supo expresar su amor a la tierra cubana. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés.
Por razones de familia abandonó la Isla con su esposa en diciembre de 1972 para estar junto a su hija. Murió en la ciudad de Miami, Florida el 12 de marzo de 1979.


Obras
1915 Poemas de Ala (poemas).
1923 Hermanita (poemas).
1926 La zafra (poemas).
1936 Los camellos distantes (poemas).
1941 Las islas desoladas (poemas).
1941 Los últimos instantes (poemas).
1955 Agustín Acosta: sus mejores poesías, Editorial Bruguera, Barcelona.
1957 Jesús (poemas).
1959 En torno a la poesía de Manuel Gutiérrez Nájera (ensayo), Instituto Municipal de Cultura de Marianao, La Habana, Cuba.
1963 Caminos de hierro (poemas), Editorial Ágora, La Habana, Cuba.
1965 El apóstol y su isla: poemas cubanos, (sin editorial), México, D.F., gracias a la colaboración de la Academia Nacional de Ciencias de México y de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos.
1978 Trigo de luna (poemas), Editorial Horizonte de América, Santo Domingo, República Dominicana.
1988 Poemas escogidos, selección, prólogo y notas de Alberto Rocasolano, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba.
2005 Última poesía, Ediciones Matanzas, Cuba.








ABANDONADA A SU DOLOR UN DIA.


Abandonada a su dolor, un día
en que la sombra la envolvió en su velo,
me dijo el corazón que ella vendría
en el milagro espiritual de un vuelo.


Abrí los pabellones solitarios;
iluminé los vastos corredores;
quemé la mirra de los incensarios
y el frío mármol alfombré de flores...


Llegó, cansada de volar... Yo dije:
-Alma, mujer, inspiradora: rige mi vida entera para siempre. Arde


como la mirra el corazón que inmolo...
¡Amor no llega demasiado tarde
a quien se siente demasiado solo...!












CLEPTÓMANA


Era una cleptómana de bellas fruslerías;
robaba por un goce de estética emoción…
Linda facinerosa de cuyas fechorías
jamás supo el severo juzgado de instrucción…


La sorprendí una tarde, en un comercio antiguo,
hurtando un caprichoso frasquito de cristal
que tuvo esencias raras… En su mirar ambiguo
relampagueó un oculto destello de ideal…


Se hizo mi camarada para cosas secretas
—cosas que sólo saben mujeres y poetas—;
pero llegó a tal punto su indómita afición,


que perturbó la calma de mis serenos días…
Era una cleptómana de bellas fruslerías,
¡y, sin embargo, quiso robarme el corazón…!












HUERTO CERRADO


Cada vez que hago bien, oh corazón, me invade
una dulzura fresca, cuya virtud comprendo;
veo dulces sonrisas en bocas que no existen,
y manos invisibles que me están aplaudiendo.


Oh gozo, oh incomparable fruición, oh silencioso
júbilo! El corazón de penas se despoja,
y no viene el otoño con su ráfaga cruda
a esperar la caída de la última hoja.


Y sentir que unas manos me expresan gratitud,
y ver que en los risueños ojos menesterosos
hay yo no sé qué alma arrojándome pétalos
sobre tantos caminos obscuros y sinuosos.


Y saber, oh saber que no soy maldecido,
que mi nombre, por bocas ajenas pronunciado,
deja buenos recuerdos en las almas que un día
recibieron un lirio de mi huerto cerrado!










LAS CARRETAS EN LA NOCHE


Mientras lentamente los bueyes caminan,
las viejas carretas rechinan… rechinan…


Lentas van formando largas teorías
por las guardarrayas y las serventías…


Vadean arroyos, cruzan las montañas
llevando el futuro de Cuba en las cañas…


Van hacia el coloso de hierro cercano:
van hacia el ingenio norteamericano…


Y como quejándose cuando a él se avecinan,
las viejas carretas rechinan… rechinan…


Espectral cortejo de incierta fortuna,
bajo el resplandor de caña de la luna…!


Dando tropezones, a obscuras, avanza
el fantasmagórico convoy de esperanza.


La yunta guiadora de la cuerda tira,
mientras el guajiro canta su guajira…


Ovillo de amores que se desarrolla
en la melancólica décima criolla:


“Hoy no saliste al portal
cuando a caballo pasé:
guajira: no sé por qué
te estás portando muy mal…”


Y al son de estos versos rechinan inquietas
con su dulce carga las viejas carretas…


“En el verde platanal
hoy vi una sombra correr:
mucho tendrá que temer
quien te me quiera robar,
que ya yo tengo un altar
para hacerte mi mujer”.


En bruscos vaivenes se agachan, se empinan…
las viejas carretas rechinan… rechinan…


Las ruedas enormes, pesadas, se atascan…
Los bueyes se lamen los morros y mascan…


Jura el carretero, maldice, blasfema,
y cada palabra es un anatema…


Detiénese el tardo cortejo a ayudar
a quien paso libre tiene que dejar.


Aquí de las piedras que calcen las ruedas,
los troncos robados a las arboledas…


El esfuerzo inútil y la imprecación…
La frase soez y la maldición…


Oh guajiro… y mientras a gritos maldices,
los bueyes se lamen las anchas narices…!


Al fin sobre firme terreno ha rodado
el carro de caña de azúcar cargado.


Y de otra carreta sale una canción
que exorciza el eco de la maldición:


“Yo nunca podré aspirar
a darte un beso de amor:
tú conoces mi dolor
y no lo quieres calmar”.


Y al son de estos versos rechinan inquietas
las tardas, las viejas carretas…


“Te vas al pueblo a bailar
y no te acuerdas de mí;
de mí que me quedo aquí,
y que como buen poeta
te dedico esta cuarteta
que he sacado para ti”.


En bruscos vaivenes se agachan, se empinan…
las viejas carretas rechinan… rechinan…


El ingenio anuncia cambio de faena
con un prolongado toque de sirena.


Y a través de sombras fantásticas brilla
como gigantesca lámpara amarilla,


soplando cautivos vapores rugientes
hacia los irónicos astros esplendentes.


Por las guardarrayas y las serventías
forman las carretas largas teorías…


Vadean arroyos… cruzan las montañas
llevando la suerte de Cuba en las cañas…


Van hacia el coloso de hierro cercano:
van hacia el ingenio norteamericano,


y como quejándose cuando a él se avecinan,
cargadas, pesadas, repletas,
¡con cuántas cubanas razones rechinan
las viejas carretas…!












!Tu Eres Mi Amor!


Cuando ya yo no exista, y tu cabeza blanca
ostente la belleza de la azucena en flor,
a quien quiera escucharte, si no lo sabe, dile;
yo fui su amor


Repítelo sin tregua,muétrales estas palabras,
que no las dicta el Arte, sino mi corazón
Mírate en el espejo de nuestra propia vida,
y repite, repite: yo fui su amor.


Y cuando te pregunten: Por qué si su amor eras,
no los tuvo la vida juntos siempre a los dos?
- Por que la vida es mala , y él eera bueno-diles
! pero yo fui su amor !


Y si en algún momento amigos generosos
solícitos exponen mi pensamiento al sol,
grítales sin palabras a los que me recuerden:
yo fui su amor.


Que al verte viejita,pero radiante y bella,
todos dirán, guardando respeto a tu dolor;
Qué extraño es que haya sido el amor de un poeta
si ella era todo amor?




Pero si no te creen... si el mundo mal te juzga,
inicia hacia el misterio la astral evocación,
que yo vendré a tu lado, y te diré en un beso:
Tú eres mi amor


Dedicado a su esposa
Consuelo Acosta Q.E.P.D 1910-2006