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sábado, 17 de diciembre de 2011

5595.- LUZ MÉNDEZ DE LA VEGA




Luz Méndez de la Vega
Nació en Guatemala en 1919. Es poetisa, narradora, ensayista, periodista y profesora de literatura. Autora de numerosos ensayos, antologías de poesía guatemalteca e investigaciones literarias, su trabajo le ha merecido varios premios importantes, entre ellos el Premio Nacional de Literatura Miguel Angel Asturias en 1994. Licenciada en Letras, con estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, España y académica Guatemalteca de la Lengua correspondiente de la Real Academia Española.


De su trabajo podemos mencionar:


Poesía:
- Flor de Varia Poesía (antología de poetas catedráticos de la Facultad de Humanidades de la USAC) (1978).
- Eva sin Dios (1979).
- Tríptico (Tiempo de amor, Tiempo de llanto y Desamor) (1980).
- De las Palabras y la Sombra. (Primer Premio del Certamen Permanente Centroamericano 15 de Septiembre de 1983).
- Las Voces Silenciadas (Poemas Femenistas).
- Poetisas Desmitificadas (1984).
- Helénicas. (1998).
- Toque de Queda -Poesía bajo el terror- (1969-1999).


Teatro:
- Tres Rostros de Mujer en Soledad.
- Monólogos Inoportunos.


Ensayo:
- Los romances a la pasión de Lope de Vega y Carpio, Recogidos por el Santo Oficio de Nueva España en 1613 (1962).
- Apuntes de lengua y literatura (1970).
- El Señor Presidente y Tirano Banderas (1970).
- "Las fuentes literarias y entornos histórico-culturales como instrumentos auxiliares en el enfrentamiento de Tirano Banderas y El Señor Presidente", el Primer Congreso de Humanidades. (1970).
- La mujer en la literatura y los libros de texto (1975).
- Características del estilo de Galdós y su influjo en la novela guatemalteca (1978).
- La poesía de Eugenio Montale (1979).
- Lenguaje, religión y literatura como deformadores de la mujer y de la cultura.








Poesía de Luz Méndez de la Vega
(de su poemario "De la Palabras y la Sombra).


Enigmas


Y todo el aire que no sabe
que es azul, que es nube y que es cielo.
Y todo el mar que no sabe
que es sal, que es la ola y que es espuma.
Y toda la tierra que no sabe
que es playa, que es montaña y que es árboles.
Y todo el fuego que no sabe
que es ardor, que es llama y que es ceniza.
Y todo yo que no sé lo que soy
si soy mar, cielo, playa o fuego
o todas las cosas que son o no son
-que las pienso o que las sueño-
o que quizás no sean más que otro sueño
que nunca sabré ¡Que nunca sabré!
quien ha soñado.
















Paradoja


Esto ¡tan frágil!
más que delgado cristal
o niebla tenue
¿Soy yo?


Yo que te abarco
extenso paisaje,
montaña densa,
infinito mar,
ancha tierra.


Yo que puedo
hacerte mío
en un solo respiro
aire diáfano.


Este, soy yo
inerte y minúsculo,
centro
del universo mismo.


Este soy yo,
más vulnerable
que un pétalo.
Transitorio
como el rocío.


Amenazado
por todas partes
con la simultánea muerte
de las cosas que amo,


Y que no puedo defender,
más allá de mí mismo,
ni siquiera
con mis palabras.
















Verano


Marchito verdor.
Rescoldo del verano
trasciende
en la sed de las agotadas raíces.
Entre los arbustos secos,
la muerte juega rondas de fuego.


Polvo y hojarasca en espiral
se elevan entra la ciega tolvanera
y sólo queda
el dolor de las ausentes
hojas y las cuencas vacías
de la tierra
en donde agonizan silenciosas
las semillas,
como palabras
que nunca se dijeron
ni han de decirse
















Karma 


Con un amor que nace
nace cada vez
el primer amor
y el primer amante.


Con un amor que muere,
muere, cada vez,
el amor
y todos los amantes.


Con cada nuevo amor
tercamente renacemos
para ¡tercamente! morir
en goce y tortura eternos.
















La Primera Palabra 


Y?
el llanto fue nuestra primera palabra.
El primer grito de llamado
al ausente y cálido refugio conocido.
La terrible expresión
de la primera soledad del cuerpo,
expatriado
de su mundo visceral y
palpitante.


Y?
el frío fue nuestro primer encuentro.
El frío, el dolor y la sangre.
Nacimos entre sangre y llanto;
cortados a raíz y tajo
de la única patria
intransferible
de hueso y carne.
El llanto fue nuestro primer idioma.
La sonrisa vino después,
quizás,
nacida entre sueños,
al recuerdo de días anteriores al exilio,
junto al calor de un cuerpo,
o de la tibia lana,
que fingen el dulce clima
del sitio antiguo que añoramos siempre
y al que volvemos,
efímeramente,
entre el sueño y el orgasmo.


El llanto fue también
nuestra primer protesta,
el primer canto de denuncia
contra
la miseria, la inermidad,
y el desamparo descubiertos.
Primera y perenne palabra,
el llanto
ha de ser, también,
la última.


Sin sonido, quizás,
al despedirnos.
Y?
entre las dos:
La vida.
La vida, ahí,
sin que sepamos
si ha sido algo más
que esta primera
y última palabra.


















Safo A Cleis 


Me amo en ti
y
en tu figura,
me miro,
transformada
con la forma de mi sueño.


Al acariciarte
es mi reflejo
el que acaricio
narciso
en el espejo de tu cuerpo.


Me miro, as?
toda yo
vuelta carne tuya,
belleza que mo,
seda que acaricio
en tus mejillas.
Sabor de tu piel
en la blanca corola
de tus senos
y en la oscura y dulce fruta
de tu sexo.


Lenta y deleitosa
te recorro
con mis dedos
más sabios en formas
que los de Fidias,
y vuelvo
un cinturón de oro
mis brazos en torno
a tu cintura,
mientras
ávidas
mis piernas
-como lianas-
se enredan en las tuyas
al tiempo que no hay límite
entre tu boca y la mía.


¿T?o yo?
¿Cuál soy?
¿o cuál t?eres?


Fundidas en el placer
todo se borra,
y sobre el lecho, entre
los deshojados jacintos
de las rotas guirnaldas
-con que nos adornamos
para el íntimo festejo-
sólo s?
que soy llama
encendida en tu aliento.


Enajenada en ti
sin tiempo
y sin fronteras.
Perdido el borde
de mi cuerpo,
en las oscuras aguas
del orgasmo,
me entrego hasta morir
en tu belleza.


















Suma 


Amo en ti
a todos los amantes que pasaron
-rostros en la sombra
del negado sueño a los recuerdos-
viento fugaz y sin huellas
sobre mi territorio intacto.


En ti, amo
también,
a los que conmigo ardieron
y se quemaron sobre mi piel
hasta volverse ceniza.
Polvo de recuerdo
desmenuzado.


Y…amo en ti
a los que amé, y he odiado,
a los que de mí hicieron lacería
triturando mis sueños y mi carne
hasta dejarla rota
esclava sumisa
de las lágrimas.


Por eso en ti, amo
a todos los amantes:
al amor claro
y al amor oscuro.
Amor total
ancho, largo y hondo
como la muerte.
















Trascendencia 


Entre mi piel y la tuya,
el muro negro imposible
y el abismo, intransitable
que no borra,
más que un instante,
el deslumbramiento cegador
del éxtasis,
relámpago aniquilador efímero
de realidades.


Límite insalvable,
la soledad del cuerpo
que circunda
el hambriente vacío,
en torno a donde crece
concreta muralla
de carne, huesos y nervios;
sobre la que se alza,
única vencedora,
la palabra.


La palabra que perfora muros,
cruza abismos,
anula distancias
y nos penetra
intensa
para quedarse.


















Virgo


Nada tengo que borrar
ni palabras
ni huellas
ni recuerdos.


No tengo que negar
las escondidas entregas
que grabaron nombres
en mi cuerpo.


(Espejismos frágiles
donde refugié
angustias,
no tengo que borrarlos)


Clara y fresca
presencia del amor
que busqué afanosa
fue limpio tránsito,


y, como la primera vez,
al encontrarte,
nítida broté:
agua de manantial jamás tocada.




















Virtud Suprema 


Si yo fuera hombre,
se codearían riendo,
al verme
como un viejo alce
doblada la frente por el peso
y la ramazón
de la cornamenta que
-aunque invisible-
todos miran, puesta por ti,
en mi cabeza.


Pero, como soy mujer,
precisamente,
la misma ven y loan
unánimes,
en admirativo coro,
como diadema esplendorosa
o aureola de santa.


Virtud suprema, pues,
que lleva al cielo
a la mujer,
aquello mismo que,
al hombre,
sume en infiernos
de burlas y vergüenzas.