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martes, 8 de noviembre de 2011

5313.- NIKOS FOKÁS


Nikos Fokás (GRECIA, 1927) estudió historia y arqueología en la Universidad de Atenas y alemán en la Universidad de Munich. Junto con Eleni Blajo editó el boletín Doric News, de resistencia contra de la dictadura de los Coroneles (1972-1973). Es autor de ocho libros de poesía y la crítica lo ubica en la Primera Generación de Postguerra, junto con Nanos Valaoritis (1921) y Héctor Kaknavatos (1920). Es autor de alrededor de once libros de poesía y ha traducido al griego a Robert Frost, Gustave Flauber y Thomas Hardy, entre otros.





Lo conocido

Amo la rutina, la repetición, el hábito
Como el creyente las normas de su iglesia.
Adoro lo finito
Lo conocido y cotidiano.
O eso o nada –¡elegid!

He aquí algo conocido: una camarera
Tiende la cama empezando
Por el llano colchón.
Agrega, agrega, agrega.
Ahora la cama se levanta como colina –un monumento.

Otro: un estudiante hace jogging.
Lo vemos venir desde cierta distancia.
Detrás de él su largo cabello
Baila a derecha e izquierda como si siguiera
Las huellas de otra persona.

Otro: una mujer baja
Su última prenda interior que se desliza
A lo largo de sus piernas y se queda desnuda.
Por la costumbre su desnudez también parece un vestido.
Que lo conserve, aún es vida.

En lo conocido incluyo sismos
Guerras, enfermedades, derrocamientos;
Sólo basta que sobrevivamos cada vez.
Un día moriremos, ni siquiera tendremos
La espera cotidiana de nuestra muerte.

Véase La Jornada Semanal, núm. 702, 17/VIII/ 2008.
Este poema está tomado del libro Color gris cálido, 1989.

Versión de Francisco Torres Córdova









A alguien de la misma edad

Algún día moriremos
En veinte años cuando mucho ya no existiremos.
Y qué son veinte años ¡Nada!
Tanto como desde los hechos de julio (*)
A más o menos hoy –¡horror, qué horror pensarlo!
Sí, un día, tal vez incluso mañana, moriremos.

Esto que escuchas te es conocido claro
Aburridamente conocido incluso, no lo niego.
Es una frase muy común que continuamente se dice.
Pero entre más conocido tanto más yo
Lo llevo dentro de mí como secreto
Como secreto entonces ahora te lo digo.

1984


(*)Se refiere al derrocamiento del régimen de Yorgos Papandreu por el entonces rey Constantino, en julio de 1965, y a las protestas masivas que generó por parte de los partidarios de la Unión del Centro y de la izquierda. El poema en cuestión fue escrito en 1984.

Versión de Francisco Torres Córdova







EL MONTE HIMETO
(versión de J.L.G.)

Solo un hombre no es nada, no existe,
deberías ser muchos, juntos,
apiñados,
igual a los cobardes;
seríamos una clase,
o mejor
una generación,
poseeríamos un lugar.
Ese monte que está vivo,
ese es el lugar,
el Himetos.
( Vivo a pesar de las muchas heridas).

Uno de nosotros se murió durante la Guerra Civil,
de pronto su historia concluyó,
se convirtió en un ataúd,
un sarcófago que podemos abrir.
El era parte de nosotros
sin embargo nuestra vida continúa sin él.
Estamos envenenados, sin él,
pero logramos superarlo.

Otro murió de cáncer,
era comerciante
y participaba en subastas públicas.
Con el tiempo poseyó
dinero nietos altos cargos
y una barriga colosal.
No fue menos que el primero,
ahora es igual a un muerto
en el campo de batalla.

Un tercero, de un salto,
se suicidó.
Al igual que los dos anteriores,
pero de manera diferente,
logró escaparse
del cuadrado que es la vida.
Preciso es que guardemos memoria de él,
a pesar de que fue un suicida sin importancia.
No fue como los otros,
ellos salvaron el honor de la humanidad.
Ahora somos menos
pero el monte Himetos
siempre marca los límites de este lugar.
Vivo en medio de la muerte
avanza.
Al Himetos lo llevamos dentro
mientras,
quebrados y sin consuelo,
caminamos
para reconstruir nuestra generación
en el cielo.