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miércoles, 2 de noviembre de 2011

5240.- ÁNGELES ASENSIO


ÁNGELES ASENSIO
Turolense de nacimiento y andaluza convencida, Ángeles nació un frío mes de
Enero en esta ciudad que nunca olvida.
Hija de aragonesa y un militar andaluz; supieron imprimir en su carácter esa
mezcla de seriedad y humor que es la carta de presentación en todas las facetas
de su vida. A los pocos meses de edad la trajeron al Sur, donde creció en un
ambiente familiar de interés por el arte, dado que también la fotografía, novela y
pintura es práctica habitual entre miembros de su familia. En Sevilla estudia
bachiller, recibe clases de música, y se inicia en poesía. Actualmente reside en
Córdoba con su marido.
Ha escrito varios libros en colaboración con otros poetas, y gusta participar enrevistas, tertulias, y reuniones poéticas.
La poesía de Ángeles es primordialmente clásica; está compuesta con realismo
y sinceridad en un lenguaje sencillo y fácil de comprender para todos. No usa ni
abusa de metáforas sofisticadas para oscurecer los argumentos, y su forma de ir
desgranando sentimientos en forma de verso despliega todo un abanico de estilos.

WEB DE LA AUTORA:http://asensios.blogspot.com/






Córdoba

Entre la sierra y el río, paralela a la ribera,
se extiende una muralla que a Córdoba la bordea.
Qué tierra más andaluza, ¡qué salmorejo de razas
la hicieron ser tan distinta, - judía, mora y cristiana,-
que al pasear por sus calles, lección de arte y cultura
se mezclan con esa paz de su estrecha arquitectura!

Dime hermosa catedral de viejas piedras labradas,
si han esculpido columnas mejores que las que guardas,
¡dime el porqué y la razón para taparte los arcos
si el sol al pasar por ellos mejor mostraba tu espacio!
Y dime: ¡Si tanto azahar perfumándote la entrada
son para olvidar palmeras, que allí estuvieron plantadas!

Durmiendo sobre la cal que le da el blanco a sus casas,
te anuncia la siesta el sol y se enmudece hasta el alma.
Y en la plaza Capuchinos clavado espera en su cruz,
un Cristo de los Faroles ¡Que se adora en todo el Sur!,
escuchando sin quejarse, quejidos de los que pasan
con el bullicio que rompe esta solemne quietud.

Feria de patios y cruces, baile flamenco, yeguada,
¡un alazán se encabrita y su jinete lo calma!
Mientras montada en la jaca va la mujer cordobesa
mirando desde su alzada, con ojos de noche eterna,
misterioso poderío de una herencia musulmana
bajo el castizo sombrero, que se le inclina en la cara.

Poetas, pintores, plazas, vino, tiendas … ¡Judería!
Entre convento y palacio quedó mi alma prendida,
prendida quedó, ¡prendida de esta tierra soberana!,
del talante de su gente, del ambiente que te gana,
de ese gusto por la vida que en todo momento sienten,
¡y sus ganas de vivirla, que los hace diferentes!








CRISTO DE LOS FAROLES
.
Parecía que estaba allí olvidado
con los brazos clavados en la cruz,
diez faroles alumbran con su luz
a este Cristo Jesús crucificado.

Y al mirarlo, sentí dentro... ¡Muy dentro!
que sus ojos de mármol y de amores,
infundían sosiego a mis temores
con la paz y el silencio del encuentro.

Entre velas que estaban derretidas,
y vasitos con flores a los pies,
no se cierran ni sangran sus heridas
ni es tan sólo una estatua lo que ves.

Que le cuentas las penas que has tenido
y escuchando demuestra su interés,
más tranquila; si luego ya te has ido...
No lo olvidas estés tu donde estés.







GUITARRA...
.
Yo te escucho mi guitarra, entre son de unos cantares
que agoniza en el desgarro del autor que llora mares.
Instrumento hecho de cedro con sonido en armonía
de ese duende que se alegra o se rompe en un lamento,
si acompaña en una juerga, o te llora un sufrimiento,
cada vez que te interpretan como Andrés Segovia hacía.

Yo te escucho mi guitarra al albor de un nuevo día
si acompañas con tu ritmo en los temas de alegría.
Sólo tú, es quien trasmite -y al hacerlo es que me encanta
ese embrujo de la gracia que en sus dedos se desgrana
con las notas que en silencio el artista te derrama,
acompañando las coplas ¡A la sombra de quien canta!

Yo te escucho mi guitarra cuando tengo mis pesares
añorando a esa tierra, donde ya dejé mis lares.
Tu lenguaje es el sentido: ¡El rasgueo y el lamento!,
¡es la fuerza de la nota! Tienes cuerdas de garganta
que vibrando ese momento; compañera del que canta,
nos parece que lo hubiese interpretado, un sentimiento.





Desamor

Esta oscura penumbra es la tristeza,
que me hiere sembrando de amargura,
el amor que te di, tenia grandeza
en su hondura.

Me has querido olvidar; y en el desierto
donde sueños sembré, crecieron lirios.
Ya lo puedes segar... ¡Todo está muerto!
Tiene cirios.

He intentado coger con ambas manos
toda el agua que había en nuestra fuente,
y escapó entre mis dedos... Fueron vanos
totalmente.

Y queriendo parar los fuertes vientos
que arrasaban el sueño que tuvimos,
vi volando en el aire los momentos
que vivimos.

Yo no pude, ¡te juro que no pude!,
fue mas fuerte que yo y el desespero...
Ya perdí la ilusión y no es que dude
que te quiero.

Es que cuando te llamo en ocasiones
sólo el eco responde lo que dices,
son palabras sin alma, sin razones...
Infelices.

Un oasis se extiende ante mis ojos,
espejismo sembrado de temores
cuando veo ante mí sólo despojos,
sin amores.








El Otoño de la vida

En la luna que tiene un espejo,
se reflejan con hilos de plata
unas mechas que dan a mi pelo
nuevo tono luciendo tan blancas.

Y al mirarte de nuevo he sentido
-porque en eso también me acompañas-
que en tus sienes ya vienen cayendo
como copos de nieve, las canas.
He buscado en recuerdos de encaje,
y a través del dibujo traspasan
multitud de recuerdos vividos

que almacenan historias pasadas.
¡Cuánto invierno sembrado de flores
disfruté, porque tú los limpiabas
del rocío que había caído
en mis penas con frío de escarcha!
Las arrugas surcando tu frente
-como emblema de piel ya cansada-
no me evitan sentir los latidos
que te da el corazón si me abrazas.
Calendario de hojas cayendo
en otoños de vida que pasa…
¡Hay errores que se han cometido,
y hay aciertos que dan la esperanza!
Este nuestro ha llegado sin frío
porque estás junto a mí, como llama,
que calienta sirviendo de abrigo
cuando llegue el invierno mañana.
Si tú coges mi mano y seguimos
por caminos de hierba y de zarzas,
yo no temo sentir amor mío
soledad, ni vacío, ¡ni nada!







EN SILENCIO…

Me quedé pensando en ti toda la tarde,
en la luz que reflejabas desde lejos
con el sueño de otros besos en tu boca
y el silencio,
sobre todo, ¡el silencio!
Tan callada, aspirando desde el pecho,
un lamento se te escapa,
¡y una lágrima!,
te pregunto… no contestas...
y me miras sin hablar,
en silencio.
El recuerdo que me llega de tu imagen
son las manos que frotabas… y tu pelo,
en los ojos,
aquel brillo de tormentas estallaban muy adentro.
Pasó el otoño, ¡ha pasado!,
pero aún yo lo recuerdo,
un retrato del amado en la salita
y tu cara...
inclinada sobre el suelo;
te recuerdo con tristeza en la mirada,
anhelante y sin palabras te recuerdo.
En tu pecho
transparentes latidos de una ausencia
dan idea de distancia
entre otros labios...
y tus besos.







HUELLAS

Desnuda de sensaciones bajé a la playa
marcando sobre la arena mis pies descalzos,
señales que iba dejando para guiarte
por si acaso volvías otra vez
junto a mí.
Era un halo de luz la madrugada
bronceando el paisaje con su caricia,
era un alba dorada en puntas de estrellas
cuando el sol aparece poco a poco al final.
Y mis ojos buscaron tu figura entre olas
o tu barco viniendo con las luces del alba…
y mis plantas dejaron sobre la orilla
un pespunte de huellas
por si acaso volvías otra vez,
junto a mí.
Me postré de rodillas en su manto de arena
preguntándole al cielo: ¿sabes tú donde está?,
de regreso a mi casa en el viento se eleva
la ilusión de encontrarte,
que una ola de espuma coronaba su intento
de alcanzar esas huellas,
y borrándolas quita otra vez…
la señal.