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jueves, 3 de noviembre de 2011

5241.- JOAQUÍN SÁNCHEZ VALLÉS


(Huesca, 1953). Profesor de literatura y escritor. Galardonado con numerosos premios, su personal obra poética ha traspasado las fronteras de la comunidad aragonesa. Ha publicado los poemarios Moradas y regiones (1979), De un amor (accésit «Gallo de vidrio», 1983), Ruina del aire (premio Angaro, 1983), La invisible memoria del invierno (premio Pérez Embid, 1983), Cuaderno de ejercicios (premio Esquio, 1979), A la puerta del mar (premio Zenobia, 1991), El tiempo irreparable (premio Barajas-Puerta de España, 1992), El nombre de las cosas (premio Luis Cernuda, 1994), Preludio y Fado (2000), y dos novelas: La ciudad junto al río (finalista del premio Azorín, 1990) y La costa de las perlas (premio Francisco Ayala, 1997). Su obra figura en las antologías Poesía universitaria (1975), La otra resistencia (1978), Poesía urbana (1980), Navales (1981-1982), Poemas a viva voz II (1989), Máscaras para un espacio: Huesca en la narrativa de hoy (D.P.H., 1990), Blesa-Pallarés (1994), Acín (1996) y Pérez Lasheras.



ALGUIEN

Alguien, en otra época inconcreta
que un día visité, vistió mis trajes,
pisó mi casa, recorrió mis viajes,
alguien que usó mi nombre y fue poeta.

Aún vuelve a veces, tristemente esteta,
a fingir para mí sus personajes.
Ahora lo intuyo: cifro sus mensajes
y trato de acallar su voz secreta.

Ese que me vivió, ¿aún sigue vivo?
¿O entregó a mi presente su futuro?
¿Viene de él o de mí su desconcierto?

¿O murió ya y escucho su eco oscuro?
Si he de ser su cadáver, lo que escribo
vendrá a remolque de ese antiguo muerto.











PERMUTACIONES A LA MANERA DE JUAN EDUARDO CIRLOT
SOBRE EL SONETO A UNA CALAVERA DE LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIO

Esta cabeza cuando viva tuvo
sobre la arquitectura esta cabeza
carne y cabellos tuvo esta cabeza
en estos huesos cuando viva tuvo.

Aquí la rosa de la boca estuvo
con tan helados besos de la rosa
aquí los ojos de esmeralda rosa
que tantas almas de la boca estuvo.

Aquí la estimativa, la hermosura
el principio mortal cometa al viento
donde tan alta presunción al viento
desprecian los gusanos la hermosura.

* * *

Sobre la arquitectura cuando viva
aquí la rosa de la boca rosa
carne y cabellos tuvo cuando rosa
en estos huesos de la boca viva.

Aquí los ojos de la boca estuvo
el principio mortal de la hermosura
boca esmeralda aquí de la hermosura
cometa al viento de la boca estuvo.

* * *

Aquí la rosa tuvo cuando boca
aquí los ojos viento de hermosura
carne y cabellos cuando la hermosura
mortal arquitectura cuando boca.

* * *

Boca mortal en hermosura rosa









COMO UN POETA ÁRABE

Te pregunta el copero el vino que prefieres: blanco o tinto.
Rocío son los dos que en dos flores rebosa: lirio y clavel. En ambos está el cielo:
uno rompe en el alba, otro el ocaso quema.
O, si te gusta más, el vino es una moza que para ti sonríe:
mira sus dientes limpios y sus labios mojados.
Pero tú de la risa escoges su sonido:
dientes y labios ríen: blanco y tinto sea el vino, con tal que te embriague.









ESE CABALLO

Azul de fiebre, ese caballo llega,
cubierto de sudor, del horizonte.

Sabe que morirá. Y te necesita.
Necesita apoyar en tu regazo
su cabeza deforme y agitada.

No temas.
Pasa tu mano por su crin,
no dejes que agonice solo.

Ese caballo arde de amor. No temas
su contagio: hace mucho
que has muerto ya de aquella peste.










AL SUEÑO

Me acostumbré a dormir desde muy niño.
Mi madre me cantaba con su voz de granadas
una canción que no he de recordar.
Pero era una canción hecha de sueño
que alzaba muy despacio la cortina del sueño,
y yo entraba en su reino de puntillas,
con los ojos cerrados para no despertar.
Desde esa vez primera
acudí cada noche a visitarlo.

El sueño es muy cortés: apenas basta
un débil parpadeo sin objeto,
un cansancio muy leve en las muñecas
para ocupar su casa de viejo señor lánguido.
Amigo venturoso, nunca exige
una larga antesala en los jardines:
a todos tiene abiertos sus salones de arena
sin una fatigosa iniciación.

Preguntaréis acaso qué me ha enseñado el sueño.
Nada, es verdad;
por eso lo amo tanto.
Compañero indolente,
ni niebla en el paisaje ni perpetua agua gris,
nada viene a entregarnos,
como un amante inmóvil
cuya presencia basta para ser.

¿Semejante a la muerte?
Si algo lamento acaso de mi muerte
es saber que ya nunca me volveré a dormir.
Definitivamente,
oh sueño,
definitiva imagen de la vida.










BARRO

Estoy tocando el barro con las manos,
voy hundiendo los dedos lentamente
en la húmeda caricia de la tierra.

Se entrega,
cede a mí,
me cubre por completo
estas manos que miden su blandura.

Yo siento cómo late la materia,
el barro fresco que ha formado el mundo,
el lecho de los ríos,
los vasos alfareros,
la carne de los hombres
donde fragua su herida más reciente.

Alzo las manos hacia el alto cielo
y el barro me resbala por la piel,
me va manchando todo
como una lengua
de sangre roja,
espesa,
interminable.











INVOCACIÓN

a J.R.J.

Inteligencia, no me des
el nombre exacto de las cosas.

Para fingir las cosas
los nombres se inventaron,
agua que duerme y sueña y se detiene
acotando un jardín.

Afuera,
en la extensión dorada donde las cosas callan,
donde los vientos soplan
y las mieses se aprietan,
donde cruzan las nubes y rubios animales
se entregan al amor,
arde siempre la vida serena en su silencio:
No hay un caos que ordenar.

Azar, dame la urgencia
del desconocimiento
y el íntimo temblor del que aún ignora:
nada nombran los labios cuando van a beber.

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Joaqu%C3%ADn%20S%C3%A1nchez%20V%C3%A1lles











A mi poeta

¿Quién eres tú, que mi constancia exiges,
que cada tarde, ante la luz espesa
del ocaso, me empujas a mi mesa,
usurpas mi lugar, mi mano riges?

Quiero vivir: No vengas. No me aguijes.
Cuánto duele esta urgencia que no cesa,
este universo a solas. Cuánto pesa
la nocturna pasión con que me afliges.

¿Surges de mí o acudes a mi ausencia?
¿Anima mi interior tu alma enemiga
o eres sueño que urdió mi sueño largo?

No me atormentes, ángel de impotencia.
Búscate otro que en tu nombre diga
la breve vida frente al arte amargo.