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domingo, 30 de octubre de 2011

5229.- OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN


Octavio Gómez Milián nació en Zaragoza en 1978. Su obra poética hasta ahora incluye los libros Labios perdidos no dan dirección (Editorial Chorrito de Plata, 2005), Por qué no nos hicimos todo el daño de una sola vez (Editorial Devenir, 2005), Con el sueño cambiado (Editorial Eclipsados, 2008), Nunca supimos cómo parar eso (Ayuntamiento de Zaragoza, 2008), Ciudad de Mármol (Editorial 4 de Agosto, 2008) y en prensa Manual de poesía para Zombies (IAJ, 2008) –junto a Juan Luis Saldaña- y Nada mejor para esta noche (Editorial Olifante, 2008). Sus textos también aparecen en las antologías Los chicos están bien (Editorial Olifante, 2007) y 20 poetas aragoneses expuestos (Editorial Olifante, 2008). Selección y coordinación de la antología de poesía femenina Parque de Atracciones (Libros del Imperdible-1001ediciones, 2008) y es asesor de contenidos de la Editorial El Chorrito de Plata. Fue el redactor del fanzine Confesiones de Margot y en la actualidad trata de sacar adelante la revista de cuentos y tebeos Cuello de Botella. También tiene una banda de rock recitado Experimentos in da notte y junto a Nacho Serrano desarrolla el proyecto Atmósferas de Margot. Colabora con Heraldo de Aragón y La Magia de Viajar por Aragón. Sus textos han aparecido, entre otras, en las revistas Rolde, Turia, Eclipse, Babelia, Criaturas Saturnianas, Degeneración Espontánea, Yo Donna o Mondo Sonoro. Escribe prensa musical rosa en www.bunburyclub.com -Crónicas de ZarAGOTA- y reseñas de discos y conciertos en www.aragonmusical.com. En la actualidad colabora en Radio Zaragoza, La General TV y Aragón Televisión.








La aurora

Tú y yo
estaremos solos
siempre.
Ángel Gracia, Libro de los Ibones.

No mentías,
el invierno sigue hambriento ahí fuera.

Sé que en la palma de mi mano
se aloja el último recuerdo
de esta despedida de caballeros.

Somos hombres torpes
que no saben abandonarse.

De Lugares comunes
(Olifante. Ediciones de Poesía, 2009)






Y SIGUIENDO CON GOLPES BAJOS

“no me llames desconocido si me vas a dejar jodido”
Germán Coppini

Hoy he sido, como siempre,
un desconocido al que vuelven
a olvidar su nombre.
Pero el que la cosa se repita
no hace que duela menos

………………………………………..

14.

No preguntéis más por ella,
estoy tratando de escuchar
su silencio a través del teléfono.

…………………………………………..

12.

No quiero canícula para derretir la noche,
sólo tu lengua estival
y algo de esas pantorrillas proféticas.

Nada de copa en la mano
ni cuerpo ni barra,
sólo la tentación determinista
de un sueñecito en tu vientre.

Invitación oportuna
a los escasos reflejos de esquinas,
esta Zaragoza paupérrima
de estrellas parcheadas
y contaminación lumínica,
deja que se muestren por fin
nuestras manos tímidas
confundidas en una.







I.
Toda tú

Habitación donde encuentro
descanso, pared de hueso
en la espina de tus senos.

Farol y neón,
hondo misterio de esquinas,
luna que devora a los lobos,
fiebre que recorre mis venas,

promesa de arena que se desliza
entre mis dedos, despertándose
al mar del mediodía.

II.
Si lo pides

dormiré todas tus pesadillas sin dudarlo,
acuchillaré mis miedos e invidente
quebraré nuestros días para que no quede nada
que te recuerde. Mi mujer de mar en ciudad mármol.
Ciudad mármol que habla de los hombres
que besaron la paloma antes que yo
y quebraron sus dedos frágiles al hielo
de tu desaparición.








ANOCHE ME FOLLÉ A JANE BIRKIN

Anoche me follé a Jane Birkin,
la follé en un escrupuloso silencio
la follé demasiado concentrado por la estupidez de saborear el momento.
Me la follé en silencio por la noche y la volví a follar de día.
Seguí en silencio,
seguí en silencio porque cuando quise intervenir
para decir algo hermoso
no supe dónde había dejado la poesía
entre aquel amasijo de mentiras gloriosas
que era el cuerpo de Jane Birkin.
Anoche, justo cuando Jane Birkin se quitaba un sujetador negro,
mientras deslizaba sus bragas hacia abajo,
hacia el abismo perfecto donde no había nada,
hacia la zona de nocuerpo de Jane Birkin,
anoche justo, en ese momento previo, fue cuando quise decirle algo,
y no pude,
y volví al silencio que nunca debí haber intentado abandonar
y busqué con mis dedos especialmente alargados
sus pezones dorados, relucientes en la semioscuridad de mi cuarto
y ya no perdí ni un momento en salmos,
ya sólo me entregué al musgo dulce del cuerpo de Jane Birkin.

Se hizo de día y las horas saludaban al pasar camino de la fábrica
y besaba todas las partes del cuerpo de Jane Birkin, la besaba buscando memorizar todos los centímetros cuadrados, los milímetros, las microscópicas superficies que iba a extrañar, besaba los recovecos, las ausencias, las suciedades y las manchas de la piel de Jane Birkin. Besaba la perdición ósea de la garganta, besaba las zonas donde el salto era imposible, los cráneos llenos, las cuencas enormes, besaba todo lo que fuera blanco, todo lo que me llevara al violeta, besaba todos los horrores y todos los odios de todos los hombres con los que había estado Jane Birkin antes que yo y todos los horrores y todos los odios de los hombres que iban a estar con ella después de mí.

Jane Birkin por la mañana remoloneaba en la cama
no quiso café ni galletas, no quiso siquiera el zumo de naranja cansino que mezclo con el vodka.
Sólo que la dejara durmiendo, que dejara su cuerpo descansar, el cuerpo de Jane Birkin dentro del nórdico de mi cama de alquiler, en la habitación de la casa donde acumulo las penas y los tebeos y los cuerpos muertos y los cuerpos arrendados de todas las mujeres que han pasado antes por la cama de alquiler y han follado conmigo otras noches y otras mañanas y han follado conmigo borrachos los dos, fingiendo que su cuerpo era el de Jane Birkin y fingiendo yo que lo creía, con el sabor especial de la mezcla de tabaco y ron con el que las mujeres que no son Jane Birkin nos quieren engañar.

Me he ido y he dejado a Jane Birkin
y a todo su cuerpo, y los pezones y las piernas agobiantemente hipnóticas
y me he ido antes de que el hambre me pudiera de nuevo
y me tuviera que lanzar sobre el cuerpo de Jane Birkin
para alimentarme de ella y follarla como la follaría uno que ha estado cerca del cuerpo glorioso y ha sorbido el tuétano de los huesos perfectos de Jane Birkin.

Y he estado trabajando
imaginando que el papel y el cartón y las cajas
y las cuchillas para cortar el papel y el cartón y las cajas
y el café para soportar el dolor de los dedos
y el sueño y la muerte que acecha siempre tras la repetición
de los días sin Jane Birkin, imaginando que Jane Birkin estaba en todo lo que me rodeaba,
y entonces he querido contarles a todos,
a todos,
que anoche me follé a Jane Birkin
y por la mañana otra vez, y no se lo he contado
como si quisiera guardar para mí todo el sabor de sus dientes
que saben a mi propia saliva,
y así han pasado ocho horas y una más hasta que he vuelto a casa
nueve horas con el sabor de la lengua de Jane Birkin de mi boca al estómago,
nueve horas.
Y cuando he llegado a casa
Jane Birkin ya no estaba
y la ausencia que su cuerpo divino había dejado
era tan desoladora
que parecía que nunca hubiera estado allí.

Así que fue eso lo que elegí creer,
lo que le conté a todo el mundo:
que nunca llegué a follar a Jane Birkin.