
José Alejandro Simón Partal (Málaga, 1983) Nació en Málaga pero en su más temprana adolescencia se trasladó a Sevilla donde estudió y creció. Es autor de los poemarios: Ab Aeterno (2001) un viaje distorsionado entre la edad media y el mundo contemporáneo, Diwan (2005) una pequeña colección de poemas de pronunciado acento político, expuesta en las calles de Lisboa, Granada y La Habana. Ayahuasca Podrida (2006) poemario urgente y Curvas de Utopía (2007) su última obra aspirante al premio Poesía Joven Andalucía 2007 y El guiño de la chatarra, Edit. Renacimiento (2010)
Cuentos de Luna
Con la luna como invitada de honor
formaremos la orgía de los sentidos
con suspiros calientes en fría noche de Noviembre.
Kilómetros a partir que sugieren abrazos y tonadas
curvas que murmullan viejos relatos a nuestro paso
semáforos en ámbar para no darnos tregua.
Sollozos y suspiros
que empañan los cristales de los vecinos
regalando intimidad autodestructiva a nuestro cuerpos.
Orgía de los sentidos.
Kilómetros que sugieren.
Cristales empañados.
Tiempo de nubes y claros.
Meses de Despedidas
La vida nos echa de menos,
se lo noto en sus calle estrechas y empedradas,
en sus amaneceres rojos,
en los bancos de sus plazas
ahora vacíos.
En nuestros recorridos por sus mapas,
en nuestro besos en sus dormitorios,
en las mañanas camino de la universidad,
en el cierre de los bares.
La vida nos echa de menos,
nadie la comprendió tan poco
y tanto a la vez.
Sus hijas las estaciones le preguntan
por aquellas luces que se revolcaban en ellas
y la vida no responde.
Nunca fue un libro abierto,
no supo ofrecernos más allá de los ventanales,
no supo ser la amante de mis noches desesperadas.
Ahora ensimismado en mi cuerpo,
me divorcié de la vida y esquivé tu memoria,
me pierdo en mi mismo,
en la hipoteca de los sueños.
Me he gastado sin entender la vida.
He gastado mi vida en conocerte.
Conociéndome fracasé,
entendiéndome os deshabito.
Ló(gi)ca y Suicida
Necesito que al menos me des la vida,
que me alejes de esta dirección para ti equivocada
que me recojas en los amaneceres sin salida
arrastrado, roto, apaleado en la arena calcinada.
Al despertar, déjame una mano junto al lavabo
o arranca la maldita toalla que cuelga en la escalera,
vete junto a los días que me arrastraron como esclavo
intentaré hablarle a los ojos que decoran esta calavera.
El horizonte burla mi memoria con los desnudos que me faltaron
quizás la sed del desierto de tus labios me lleve a los carnavales
con disfraces de soledad y ló(gi)ca locura, el miedo dará el pregón
cuando todo ayer quedó conmigo escuchando triste en los portales.
Han pasado semanas desde la última vez que me inventé el mar
días sin atravesar la puerta que se abre bajo los pies, sin cordura ni esperanza.
Ha pasado el tiempo y aún sigo tropezando con el aire al respirar,
sigo siendo el desequilibrio en la contradicción que a este diminuto alcanza.
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