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martes, 26 de julio de 2011

4489.- NGUYEN CHI TRUNG



NGUYEN CHI TRUNG. (Vietnam, 1948): “El olvido de nosotros mismos”

Nguyen Chi Trung nació el 17 de febrero del 1948 en la ciudad costera Vung Tau, en las cercanías de Saigón. Al terminar su bachillerato vietnamita, en medio de la guerra, logró obtener una beca estatal para estudiar en Europa, aunque no Filosofía, como le hubiera gustado personalmente, sino Ingeniería y Matemáticas, según las necesidades oficiales de su país. Llegó a la ciudad de Stuttgart, Alemania, a fines de 1967, donde reside hasta hoy. Después del estudio, se desempeñó en la enseñanza universitaria y privada de Mecánica y Matemáticas. En los años setenta empezó a escribir en el idioma alemán, a la par de su lenguaje materno, el vietnamita. A mitad de los años noventa optó por dedicarse enteramente a la escritura como poeta bilingüe, ensayista, antólogo y traductor del alemán, inglés y francés al lenguajevietnamita. Su poesía experimenta una clara visión desilusionada y meditativa de ensayar paulatinamente “el olvido de los días y del espacio, / el olvido de nosotros mismos”. El poeta bilingüe (vietnamita y alemán), Nguyen Chi Trung, ha publicado sus primeros dos libros en vietnamita (1981 y 1983). Los fragmentos mayormente inéditos en castellano pertenecen a su séptimo poemario “Vientos” (1993), un ciclo de 48 estrofas, traducido por Juana y Tobías Burghardt de la versión paralela en alemán del autor bilingüe.

Nota de Juana y Tobías Burghardt




Vientos
(fragmentos)



Nguyen Chi Trung





7

Vientos sobre el triste patio sin gente, donde las hojas buscan juntas refugio para alejarse y perderse mutuamente, sin fondo, sin rozar ni la piedra ni la tierra. ¿Dónde quedó el adonde y adónde era el dónde? ¿Una pequeña entrega mutua es demasiado o no significa nada?








8
Vientos sobre el cuerpo tambaleante pasan por azules columnas absortas del ojo, con imperturbables sombras del recuerdo, inagotable. Cuando. Cuándo sabremos de ese cuando. Oh, memoria, atravesando como ráfagas de viento cercanías y distancias, dejando lo trágico. Aquí, con frecuencia, en la palabra.







10

Vientos de las alturas inalcanzables entre las montañas inmersas en nieblas, allí se llevan sentidos y palabras, ni bien aquí ni más allá, sin pertenecer ni al paraje del Yo ni al paraje del Ustedes. Les envié antes una palabra del poema. No saben de ello, ¡ni les preocupa ni los conmueve! Lo veo y lo asumo: lo negado es algo negado. Un no, una nada, un nihil. No obstante, ingreso cada hora a la espera, llevado por esperanzas, miedos, dudas y negra mente.







12

Vientos del desierto atravesando nuestra vida, un breve momento y ya vuelve a pasar, dejan la tierra poblada y yerma. Lo que queda aquí o allí es el resto de arena y polvo, arremolinados en los cordajes arrancados de nuestro naufragio sostenido en increíble luto. Lo que te daré en la mano confiando en la absoluta admisión de la palabra, ocurre en mi imaginación pensando en que no sólo me sostiene la tristeza, sino que yo también la tuya.







19
Vientos que regresan las historias ancestrales desde muy lejos, desde donde no dejaban de borbotear. Su susurro nos enseña mucho de lo poco que resta, escaso como los pastos otoñales sobre el fondo barroso, donde yace enterrada la transformación, del polvo al polvo. Muchos somos, pero mucho no poseemos. Los tamaños diminutos de nuestra historia alcanzan plenamente para cubrir el alma con varias capas del musgo milenario.








20
Vientos enterraron todo el interior de nuestro hogar, la luz de la luna silente sobre oscuras bibliotecas, el sonido mecánico de la desesperación en una tumba. Esos pocos metros en la profundidad de la tierra, ¿es más profunda que el interior del corazón? ¿Consiguieron los vientos enterrar el luto? Hemos permitido que el rezo tome el lugar del poema y la sotana logra cubrir mucho de y para nosotros. ¡Oh, poema! ¿Qué cosa será en la tierra?







21

Vientos que realmente se llevaron todo, el bullicio del mediodía, el sonido de los espíritus intranquilos, el imán del lenguaje de letras y que sólo dejan percibir el crujir de las hojas secas del bambú entre la tremolosa mampara, construida de ramajes y estos, de días pasados. La vía de la sangre pasa por la fractura del corazón que se parte como un leño bajo el hacha, mientras el grito por nadie llama, sólo llama.







31
Vientos cuyo llanto nocturno doblan las columnas de los faroles, restringiendo su lumbre débil. Vientos que llevan la lluvia a todos los caminos de las ciudades vaciadas, como a un mendigo que a duras penas va y vaga por las calles desérticas, andando desde el final de una calle al principio de otra, hallándose siempre al margen. ¿Qué será eso de llevar en sí una vieja sombra carcomiéndote el corazón?







35

Vientos, ¿pueden barrer completa y rotundamente el amor y la imagen del amor del reino humano? Y entonces el corazón interior del corazón ya no debe buscarse. ¿Es poético el ser humano! ¡Oh, reina del corazón! La sangre coronaria es efímera, es insustancialidad, un momento desvanecido. La palabra es legada. Todos somos el recipiente de lo pasajero.







41
Vientos que comienzan a soplar desde las playas que aún están delante nuestro, hacia las playas que quedan detrás nuestro, de la orilla del olvido a la orilla de lo impensado. Vientos emocionantes y vientos aburridos. Cuántas veces caen a las viejas calles las diminutas hojas del tamarindo. Cuántas veces vuelven los tiempos. Y vuelven pues. Una sola vez o inifinitas, vienes a la tierra, al mundo que no olvidas, como nadie de nosotros podrá olvidar jamás esta tierra.







45

Vientos son uno y el mismo habitando dos sitios alejados de sí, el lugar de la cercanía y lejanía, del saber y no-saber, de la espera y no-espera. Es que la vida puede ser rechazada por la poesía? ¿O sólo la poesía por la vida? No, la vida de cada cual no es única, es sólo la vida misma. No contemples lo tuyo como lo único que tienes, arrójalo a los vientos, déjalo ser efímero y olvido. Lo particular de la vida sólo yace en la palabra que escribes.







47

Vientos, ¿son únicamente la carencia de la duda? Permitan todavía la escritura de estas palabras, ya que son dramáticas. Aprendamos a amar a la guardiana de lo trágico, aunque no sepamos, si lo mercemos allí, donde gozamos libre albedrío. Vientos pasan por las vidas que permanecen entre el vaivén de los párpados, por las vidas que no quieren acabar. Pasan por este tiempo hacia todos los tiempos afuera. Vientos traen la oscuridad que no quiere acabar al día glorioso que no quiere acabar. La medida de la eternidad es abarcable.







48
Vientos, ¿son las palabras escritas y los sentidos llevados a la luz humana? Siempre hablamos del alma, mas, ¿qué sabemos del alma, de su existencia o de su inexistencia? Quizá ella es sólo un tenue aroma, casi imperceptible, solamente donde no estamos, adonde no llegaremos, siempre fuera de nosotros, cuyas huellas terrenales nosotros, los preocupados por nosotros mismos, sólo podemos intuir en el instante de nuestra muerte, en la esfera de cercanía y lejanía. ¡Oh, nubes de gas hechas carne! ¡Materia hecha vida!




Traducción: Juana & Tobías Burghardt ( tobias_burghardt@web.de )

http://www.elcautivo.org/



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