
Ron Padget. EE.UU.
La muerte de Empédocles
Cinco dedos en cada mano, cinco
dedos en cada pie. Suficiente.
Regreso al pasado que tiene
un tipo diferente de polvo.
Hay una botella de Coca con polvo
tras el busto de, creo, Empédocles-
Nadie de cuello abajo.
¡No saltes a ese volcán, Empédocles!
Pero saltó de cuerpo entero
rebotando en las rocas en la caída.
¿Y a esto llamas un filósofo?
No creo que sea un buen ejemplo.
De Cómo ser perfecto
Traducción de José Luis Justes Amador
Hablando con Vladimir Mayakovsky
Vale, lo admito:
Fue sólo un sueño que tuve la noche pasada.
Pateaba un sendero embarrado,
uno más en la fila de los sin techo,
en los oscuros andurriales de Nueva York,
el crepúsculo sucio y derrengado,
el futuro sin esperanza
mientras seguíamos andando
con andrajos gastados de proletario.
A mi izquierda iba Mayakovsky, con la cabeza rapada,
y junto a él su amigo
con la barba gris y gorra oscura.
"Admitirás" -estaba diciendo
Mayakovsky-, "que éste es un bonito modo
de escribir un poema".
"Sí" -dije-, "el momentum
aguanta mientras caminemos,
el paisaje desolado se cuela en cada palabra,
y eres libre de decir lo que te parezca".
"Eso es porque estamos dentro del poema"
-dijo-, "no fuera". Charcas
de agua aceitosa brillaban pálidas bajo las nubes rasas.
"Por eso mis poemas eran tan grandes:
cabe más dentro".
La dura línea de su mandíbula se dobló
y los hombres se dispersaron. Seguí
a su amigo por detrás de un muro
para escuchar la marcha del poema
en la conferencia que el amigo daba sobre historia,
pero no, el verdadero poema había terminado.
Me volví al sitio
donde el poema había terminado.
Vladimir había dejado el poema.
Damas y caballeros del Espacio Exterior
Esta es mi filosofía:
Todo cambia (la palabra "todo"
acaba de cambiar a la vez que
la palabra "cambio" cambia también: ahora
significa "sin cambio") tan
rápido que literalmente supera mis previsiones,
arrasa con ellas
como alguna de esas enormes
ideas de la especialidad.
No tuve principio ni tendré
final: el rayo de luz
se extiende por delante y por detrás
y yo cocino las verduras
unos minutos tan sólo,
cuantos menos mejor. Mantequilla
y a la mesa. Esa es mi filosofía: Mantequilla
y a la mesa.
http://indolenciasdejavier.blogspot.com/2009_05_01_archive.html
Mañana
¿Quién está aquí conmigo?
Mi madre y un hombre indio.
(Estoy escribiendo esto en el pasado.)
El hombre indio no es un hombre,
sino una estatua de madera justo afuera
de los límites de la madera. Mi madre
está hecha de madre. Ella toca
la madera con los ojos y los ojos
de la estatua vuelven a los de ella, es decir,
pasan a ser los de ella. (No estoy soñando.
Ni siquiera he nacido todavía.)
Hay una nube en el cielo.
Mi padre está dentro de la nube,
dormido. Cuando se despierte,
querrá café y un cigarrillo.
Mi madre prenderá fuego
al indio y desde el fuero interno
de su cuerpo yo le diré
que haga el café, porque incluso ahora
oigo el cambio de respiración de mi padre.
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