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lunes, 7 de noviembre de 2011

5257.- FLAVIO HERRERA


FLAVIO HERRERA (1895-1968)
Nació en la ciudad de Guatemala, el 18 de febrero de 1895. Poeta y escritor. Realizó sus primeros estudios en el Colegio de Infantes y en el Instituto Central para Varones. A la corta edad de 13 años ya se había iniciado en el mundo literario y escribía para la Revista Juan Chapín. Se graduó de Abogado y Notario en la Universidad Manuel Estrada Cabrera (1918), ganando el premio Gálvez de ese año por su tesis profesional. Posteriormente complementó sus estudios con algunas disciplinas jurídicas en la Universidad de Roma, y de derecho constitucional y literatura, en la Universidad Central de Madrid.

Durante el gobierno de Juan José Arévalo desempeñó varios cargos importantes, fue Embajador de Guatemala ante Brasil y Argentina; dirigió la Escuela Centroamericana de Periodismo; fue catedrático de Literatura en la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad de San Carlos, en donde recibió distinciones de Profesor Emeritisumum, y además, La Orden del Quetzal del Gobierno de Guatemala.

En la vida familiar no fue muy afortunado, y su único hijo nació muerto. A eso se atribuyen ciertos descuidos que lo llevaron a aislarse de la vida social. En la literatura, fué un acucioso investigador de las formas del Hai-Kai y cultivador de dicho género *.

Cuando murió, el 31 de enero de 1968, donó su casa a la Universidad de San Carlos de Guatemala, al igual que los derechos de autor de toda su obra. La mayoría de sus libros han sido traducidos a varios idiomas.

Obra poética : - El Ala de la Montaña (versos viejos); Sinfonías del Trópico (Hai-kais, 1923); Bulbuxyá (Hai-kais, 1930); Trópico (Hai-kais, 1931); Cosmos Indio (Hai-kais, 1938); Palo Verde (Hai-kais, 1946); Oros de Otoño; Rescate; y Patio y nube.




Ahora

Y como voy chupando
los jugos de la sierra
me siento sano, púgil,
sencillo y tan potente
que a veces me dan ganas
de echarme por la sierra
para poblar su faldas
con solo mi simiente.

(El Ala de la Montaña - 27)







Bulbuxyá

Y aquí mi sueño junto al milenario
sueño de agua, la piedra, la madera…
Junto al vivir precario
de las bestias, los pájaros, las rosas:
pero seres y cosas
para mi guardan un vital decoro
hasta sentir que la montaña entera
se me vive filtrando en cada poro.

(Solera - 340)







Su Voz

Esa voz pájaro equívoco
entre pájaro y recuerdo…
El buche, herido de aurora.
La pluma, azul de distancia
Si pájaro… o, si recuerdo,
gloria ilesa de agua pura
con sol, música del alba.
Armonía sin clausura.

(Palo Verde: Ella en Hai Kais – 216)








El Beso

Se iluminó la estancia de una venusta gracia
cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa,
mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia
cortándole a la vida su más intacta rosa.

¿Qué jugo, di, qué jugo el corazón invoca
tiene como tus labios tan íntimos dulzores?
Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores
las mieles trasegadas al panal de tu boca?

¡Oh, beso! con la gloria de tu emoción celeste
-comunión de alma y boca, brasa y diafanidad-
abriste en el más puro de los espasmos: Este,
a nuestro barro efímero rutas de eternidad.

Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nunca ahito,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos de un beso el infinito.









El lago

Entre rústico estuche de montañas
como una gema duerme la laguna
y pule su cristal en donde baña
su clorosis romántica la luna.

Cerca del tul que el céfiro enmaraña
hunde su red un pescador. Es una
colosal y nerviosa telaraña
donde truncan los peces su fortuna.

A veces por la húmeda ribera
pasa ondulando un tren como serpiente
que a sumergirse en las aguas fuera ...

Vibra una imploración en un silbido;
un brazo de granito tiende un puente
y pasa el tren sobre el cristal partido.