
Emilia Oliva García (Malpartida de Plasencia, 1957) es licenciada en Filología Románica y en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura y trabaja como profesora de francés en el instituto de enseñanza secundaria de Zarza de Granadilla (Cáceres). Imparte talleres de poesía experimental y microrrelatos. Su poemario (re)fracciones (1997) fue galardonado con el primer premio de poesía Ciudad de Zaragoza y sus obras de experimentación poética torSión (1999) y figuraciones 7/77 (2000) fueron seleccionadas y publicadas por el Ayuntamiento de Zaragoza en convocatorias sucesivas. Ha publicado ensayos, cuentos y poemas en diferentes revistas (Barcarola, Alabastro, Experimenta, COrRESPONDEnCIA, Hartz, Alcántara, Correspondencia, ESF...) y ha sido incluida en diferentes antologías de cuentos, poesía y poesía visual y experimental. Tiene obra en la exposición Esencial Visual. Muestra de poesía visual contemporánea organizada por la Consejería Cultural de la Embajada de España en Marruecos y el Instituto Cervantes (http://cvc.cervantes.es/artes/esencial_visual/expo27.htm). Los Ecos y las sombras. Música para un instante antes de morir (Alcancía, 2007) es su último poemario publicado. Desde finales de 2007 es editora de la revista digital En Sentido Figurado y participa en el volumen Mar de por medio (ediciones Bubok, 2008) que recopila textos de dicha publicación.
Con la obra «Quien habita el fondo» fue proclamada en 2010 ganadora del IX Premio Internacional de Poesía «León Felipe», organizado por el Ayuntamiento de Tábara, lugar de nacimiento del insigne poeta y el Centro de Estudios Literarios de Castilla y León.
sólo adquieren sentido los muros
el dédalo de calles
y el orbe todo
en el encuentro
cuando las blancas paredes
se transforman en sábanas
y en el níveo lecho los amantes
escriben
no sólo un epitafio
sino la letanía infinita
del ser
y del no ser
en el rincón proclive
de una calle estrecha
o en un banco de parque
como boya segura
en la deriva
de (re)fracciones
la vida respira silenciosa
y como un rito antiguo
un arco iris la cubre de esperanza
avanza
como mancha que arrastra su sombra
como imagen sin revelar todavía
desnuda la aprieta contra su cuerpo
y no oye que la tarde plancha nubes en su mortaja
(De (re)fracciones)
a juzgar por los gritos
rodeaba en él cuerpos
fluían inmensos y confusos torrentes
cambiaban su soledad
detrás de los barrotes, a su espalda
gritos, el cielo, caer
después, su imagen contra el cristal
al otro lado, la calle
el camino sin huellas visibles
ahora estaba atrapado en pasillos de vidrio
(De figuraciones 7/77)
pasa el arado
abre surcos en la tierra
revolotean garcillas en la estela húmeda que deja
no sospecha el llanto
que tuvo aquí lugar
voltea la tierra
arranca flores y hierbas
deja las raíces desgarradas
las lombrices y larvas
expuestas a los picos voraces
también entonces
la tierra dio sus frutos
cebos para la pesca
alimentos para los días y los cuerpos
bruñidos al fiero sol de agosto
curtidos en las aguas de arroyos y de acequias
también entonces dio
sepultura
para los días extintos
yacen aquí
pasa el arado y no sospecha
del hueco que dejaron los huesos
en la roca
tal vez una mujer
y un niño diminuto
dos tumbas adyacentes
ya sin tibias ni calaveras
Tumba de la princesa, Malpartida de Plasencia
Campo de labor junto a tumbas antropomórficas,
Los Barruecos, Malpartida de Cáceres
7 de enero de 2009
7 de enero de 2009
eran días de domeñar el espacio con los puños
rogar lluvia y golpear el vientre de la tierra
los pies desnudos de la infancia y de falsa inocencia
eran días con enjambres de preguntas emprendiendo el vuelo
retornar sin respuesta o volver
las niñas no preguntan
(cómo sería eso de medir palmo a palmo el territorio de un cuerpo
seguir el rastro por caminos sin trazos
sentir el pálpito en la yema de los dedos
decir un nombre, repetirlo, masticarlo
inventar el lenguaje furtivo de los besos
cómo sería afilar contra el vientre la dureza del sexo)
de Eran días de vejez…
I
no eres tú
ni tu sombra
ni el resplandor de la talla
que tus manos hicieran
es un hueco
la áspera concavidad de la roca
el frío abrazo de piedra
que otros prepararon por ti
para ti
para tu vida otra
ahora un hueco
con un resto de agua
alguna piedra
un poco de verdín
el reflejo de una nube en el cielo
Tumba antropomorfa, Los Barruecos de Malpartida
de Cáceres, mayo de 2007.
II
muerto el guerrero
perdida la batalla
recogieron el escudo y las armas
dispersos por el campo
mientras lavaba el cadáver
lloró su pérdida
y maldijo a los dioses
que le habían abandonado
recordó el olor juvenil de sus brazos
la rudeza de la voz en la batalla
la ferocidad del guerrero
no traspasaba el umbral de la casa
retiró el amuleto de bronce de su cuello
escupió en un paño
limpió la sangre incrustada
de nada había servido la serpiente
que coronaba el casco
Astarté, la diosa madre,
le había abandonado
vino el sacerdote
ungió el cadáver
todo estaba dispuesto, le dijo
las angarillas de madera y el lino
pensó en su tálamo
como una travesía de desierto
perfumó su cuerpo todavía
con aceite de sándalo
miró su rostro, frío, ajeno
era obscena la muerte
indefenso su rostro
a la mirada de los vivos
el enemigo no debe saber nuestro dolor
avanzó hacia las armas
bruñidas, casi intactas
y envolvió la daga, las flechas, el arco
recogidos en el campo de batalla
ocultó en un cántaro
higos, nueces y bellotas
algunas monedas
pan, queso y frutas
y el dios tutelar
que nada hizo
el camino de la muerte era largo
no exento de daños
los amigos vinieron
vistieron su cabeza de laurel
alabaron la fuerza del guerrero en la batalla
el escudo cubrió otra vez su cuerpo
pero él no caminó
salió
las manos sobre el pecho
dispuesto a la batalla de la muerte
al largo tránsito
(De Malpartida a Zarza de Granadilla,26 de marzo de 2008)
II
muerto el guerrero
perdida la batalla
recogieron el escudo y las armas
dispersos por el campo
mientras lavaba el cadáver
lloró su pérdida
y maldijo a los dioses
que le habían abandonado
recordó el olor juvenil de sus brazos
la rudeza de la voz en la batalla
la ferocidad del guerrero
no traspasaba el umbral de la casa
retiró el amuleto de bronce de su cuello
escupió en un paño
limpió la sangre incrustada
de nada había servido la serpiente
que coronaba el casco
Astarté, la diosa madre,
le había abandonado
vino el sacerdote
ungió el cadáver
todo estaba dispuesto, le dijo
las angarillas de madera y el lino
pensó en su tálamo
como una travesía de desierto
perfumó su cuerpo todavía
con aceite de sándalo
miró su rostro, frío, ajeno
era obscena la muerte
indefenso su rostro
a la mirada de los vivos
el enemigo no debe saber nuestro dolor
avanzó hacia las armas
bruñidas, casi intactas
y envolvió la daga, las flechas, el arco
recogidos en el campo de batalla
ocultó en un cántaro
higos, nueces y bellotas
algunas monedas
pan, queso y frutas
y el dios tutelar
que nada hizo
el camino de la muerte era largo
no exento de daños
los amigos vinieron
vistieron su cabeza de laurel
alabaron la fuerza del guerrero en la batalla
el escudo cubrió otra vez su cuerpo
pero él no caminó
salió
las manos sobre el pecho
dispuesto a la batalla de la muerte
al largo tránsito
(De Malpartida a Zarza de Granadilla,26 de marzo de 2008)
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