
James K. Baxter
(Nueva Zelanda, 1926-1972)
Poeta neozelandés nacido en Dunedin. Estudió algunos años en Inglaterra y en 1958 visitó la India. Profundamente católico y pacifista, su padre rehusó participar en la Primera Guerra Mundial, se involucró profundamente en la situación política, social y cultural de su país. Fue el poeta maldito de Nueva Zelanda, pues recibió la burla y el desprecio, siendo seguido por los abandonados de este mundo. Luchó al lado del pueblo maorí, sus componentes le llamaban Hemi, quien había sido desposeído de la tierra y de una cultura que luchaba por sobrevivir. En 1958 se une a Alcohólicos Anónimos y gana una beca Unesco que lo lleva a la India, a Japón y más tarde a Jerusalén. En ésta ciudad formó una comunidad de trasgresores del sistema, principalmente hippies e indigentes, convirtiéndose en su profeta fatal. Allí escribió Sonetos de Jerusalén que se pueden leer como un todo o en una secuencia de poemas. Mucho antes había escrito, Más allá del acantilado, obra capital para entender la poesía neozelandesa del siglo XX.
El Jesucristo Maori
Vi al Jesucristo maori
Caminando por el puerto de Wellington
Llevaba pantalones azules de algodón
Sus cabellos y su barba eran largos
Su aliento era de mejillones y pararoas
Cuando sonreía era como el amanecer
Cuando soltaba un flato los pececillos se asustaban
Cuando fruncía el ceño la tierra se sacudía
Cuando reía todos se emborrachaban.
El Jesucristo maori pasó a tierra firme
Y eligió a los doce apóstoles
Uno aseaba los servicios de la estación de tren
Tenía las manos rojas de frotarlas
Tratando de sacarse la mierda de los poros.
Otro era una prostituta que iba gratis
Otra era un ama de casa que se olvidó la píldora
Y que echo el televisor a la basura
Otro era un pequeño oficinista
Que quiso prenderles fuego a las oficinas del Gobierno
Sí, y había algunos otros
Otro era una triste y vieja mujerzuela
Otro era un cura borracho que se volvía
Lentamente loco en una parroquia respetable.
El Jesucristo maori dijo,-hombre,
De hoy en adelante va a brillar el sol.
No obró ningún milagro;
Se puso en el suelo a tocar la guitarra.
Al primer día lo detuvieron
Por no tener medios visibles de mantención
Al segundo día lo golpeó la policía
Por decirle a un detective que su casa no estaba en orden
Al tercer día lo acusaron de ser maorí
Y lo condenaron a Monte Crawford por un mes
Al cuarto día lo mandaron a Porirua
Por haberle dicho al guardia que el sol dejaría de salir.
El quinto día duró siete años
Los que trabajó en la lavandería del asilo
Al sexto día le dijo al jefe médico
Soy La luz en el Vacío
Soy quien soy.
Al séptimo día lo lobotomizaron
Partiendo en dos la mente del Señor.
Al octavo día no salió el sol
Ni salió al día siguiente
El Señor no estaba ni vivo ni muerto
La oscuridad del Vacío montañoso, profundo, oscuridad civilizada
Se posó sobre la tierra de allí en adelante.
Al lado de la tumba de Teseo
Las zarzas y gramales se enredan
Sobre el túmulo de huesos gigantescos
Este rey despreció el amor materno
Subyugó el caos taurino, levantó
Un acueducto, un cenotafio.
Sus huesos se pudren como todos los demás
El odio humano, la culpa humana
Mueven la máquina del estado.
El mendigo cojo que en la puerta espera
Tiene libertad todavía para reír o escupir.
Aquellas enredadas ramas se germinan
Sobre huesos que nunca conocieron el amor.
A mi padre
Te compararé a un arco doblado
Y yo, a una flecha lanzada al aire resonante ,vacío
Y debo irme a su tiempo, mi amigo
Donde no puedes seguirme
No es amor el que me mantiene joven,
La flecha oxidada y el arco sin usar.
Tenemos una sola meta;
liberar a los hombres del miedo,
la costumbre y de la muerte incesante
Del sí contra sí mismo, de ciudad contra ciudad
Así entenderán la paz para la que nacieron.
Mi amor camina
Mi amor camina tardíamente por los pasillos blancos
de una lluvia que desgarra mis palabras,
aunque muchas voces nocturnas se burlen
y la sonrisa sepulcral de la luna
hiera las raíces de nuestra recién nacida canción.
Observa, amor, la última cosecha de grano luminoso,
el resplandor del fruto obtenido en la dura faena.
Mi corazón es un campo abierto.
Allí podrías perderte o esperar en casa,
no te arredraría ni el hueso del gigante
ni su escudo roto,
ni la zarza atrapada bajo una piedra de fuego,
ni el miedo, en la semilla rota, haría que mi halcón
se internara en tus alados sueños
manchando de sangre el suspiro del viento.
Déjalo que se mueva en la hondonada de tus sueños,
amor, en las guaridas de la esperanza
que germina en tus ojos.
Yo le canto al arpa de la lluvia que renueva la luz,
a las sombras deshechas y al brillo del fénix ardiente
que perdí entre los papeles rasgados del tiempo
y las tumbas quemadas.
Mi amor camina erguido por el sendero
de la abundancia esta noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario