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miércoles, 28 de diciembre de 2011

5715.- ANNA DE NOAILLES





Anna de Noailles
Anna, condesa Mathieu de Noailles (nacida princesa Anna Elisabeth Bibesco-Bassaraba de Brancovan; París, 15 de noviembre de 1876 – 30 de abril de 1933 (56 años), fue una poetisa francesa de origen rumano.


Nacida en París y descendiente de las familias boyardas Bibescu y Craioveşti de Rumanía, Anna era hija del príncipe Grégoire Bibesco-Bassaraba y nieta del príncipe de Valaquia Gheorghe Bibesco de Brancovan y Zoe Brâncoveanu. Su madre, griega de nación, había sido anteriormente conocida como Ralouka (Rachel) Musuru, conocida profesional de la música a quien el compositor polaco Ignacy Paderewski dedicó varias composiciones.
Su tía, la princesa Elena Bibescu, desempeñó, con el nombre de Hélène Bibesco, un papel activo en la vida artística de París de fines del siglo XIX hasta su muerte en 1902. Tuvo una relación amorosa con Henri Franck (m. 1912), poeta patriótico próximo a Maurice Barrès, hermano de Lisette de Brinon.[cita requerida]
En 1897, se casó con Mathieu de Noailles (1873 - 1942), cuarto hijo del séptimo duque de Noailles. La pareja pronto pasó a formar parte de la alta sociedad parisina de la época. Tuvieron un hijo, el conde Anne Jules de Noailles (1900 - 1979).
Fue mecenas en el París de los salones literarios. A comienzos del siglo XX, su salón en la avenida Hoche atrajo a la élite intelectual, literaria y artística de la época, entre ellos: Edmond Rostand, Francis Jammes, Paul Claudel, Colette, André Gide, Maurice Barrès, Frédéric Mistral, Robert de Montesquiou, Paul Valéry, Jean Cocteau, Alphonse Daudet, Pierre Loti, Paul Hervieu y Max Jacob.
En 1904, con otras mujeres como la Sra. de Alphonse Daudet y Judith Gautier (la hija de Théophile Gautier), Anna de Noailles creó el premio «Vie Heureuse» ("Vida Feliz"), la revista del mismo nombre, que más tarde será premio Fémina, a fin de recompensar los mejores escritos franceses, ya fuera en prosa o en poesía.
Tuvo relaciones amistosas con la élite intelectual, literaria y artística de la época, incluyendo Marcel Proust, Francis Jammes, Colette, André Gide, Frédéric Mistral, Robert de Montesquiou-Fezensac, Paul Valéry, Jean Cocteau, Pierre Loti, Paul Hervieu y Max Jacob.
Anna de Noailles fue tan popular en su tiempo que muchos artistas famosos de la época la retrataron, incluyendo entre ellos a Antonio de la Gandara, Kees Van Dongen, Jacques Émile Blanche o el pintor británico Philip de Laszlo. En 1906 su imagen fue esculpida por Auguste Rodin; el modelo en arcilla puede verse aún hoy en el Museo Rodin de París, y el busto en mármol acabado está en el Museo Metropolitano de Nueva York.
Anna de Noailles fue la primera mujer en convertirse en comandante de la Legión de Honor, la primera mujer admitida en la Real Academia Belga de la Lengua y Literatura Francesas, y fue distinguida con el "Grand Prix" de la Académie Française en 1921.
Murió en 1933 y fue enterrada en el cementerio de Père-Lachaise en París.


Obras
Anna de Noailles escribió tres novelas, una autobiografía y muchos poemas. Su lirismo apasionado se exalta en una obra que desarrolla, de una manera muy personal, los grandes temas del amor, la naturaleza y la muerte.
Le Cœur innombrable («El corazón innumerable», 1901)
L'Ombre des jours (1902)
La Nouvelle Espérance («La nueva esperanza», 1903)
Le Visage émerveillé (1904)
La Domination («La dominación», 1905)
Les Éblouissements (1907)
Les Vivants et les Morts (1913)
De la rive d'Europe à la rive d'Asie (1913)
Les Forces éternelles (1920)
À Rudyard Kipling (1921)
Discours à l'Académie belge (1922)
Les Innocentes, ou La Sagesse des femmes (1923)
Poème de l'amour («Poema de amor», 1924)
Passions et vanités, 1926
L'Honneur de souffrir (1927)
Poèmes d'enfance (1929)
Choix de poésies, Fasquelle (1930), después Grasset (1976) con prefacio de Jean Rostand de 1960
Exactitudes, Paris (1930)
Le Livre de ma vie («El libro de mi vida», 1932)
Derniers Vers (1933)
Derniers Vers et Poèmes d'enfance (1934)


Bibliografía
Claude Mignot-Ogliastri, Anna de Noailles, Méridiens-Klincksieck, 1986
François Broche, Anna de Noailles, Robert Laffont, 1989 (ISBN 978-2-221-05682-0)
Catherine Perry, Persephone Unbound: Dionysian Aesthetics in the Works of Anna de Noailles, Bucknell University Press, 2003
Este artículo fue creado a partir de la traducción del artículo Anna de Noailles de la Wikipedia en francés, bajo licencia Creative Commons Atribución Compartir Igual 3.0 y GFDL.





Las pasiones y las tumbas
Condesa de Noailles
Prólogo y Traducción: Mireia Alonso Ribeiro
Ediciones Torremozas




CXLVIII


Cuando percibo, a veces, mi rostro deslumbrante,
nada más escaparse de tu boca y tus dedos,
no reconozco esa exultante imagen,
y con un deferente temor contemplo esta
belleza que te debo a ti.


Mi pelo negro oscila como uvas azules,
mi mejilla escarlata, mis ojos jubilosos
mezclan con su alegría una actitud triunfal;
¡no he visto esta mirada floreciente y pagana
más que a las cabras de Sicilia!


El momento es sagrado; privado de deseo
mi corazón pensante contempla en el espacio
la única verdad, de la que somos templo;
¿pues qué puede quedarles por coger en el mundo
a aquellos que, teniendo juntos el universo,
su honor en el placer pusieron?












OBSESIÓN


La cerca que te cierra, la tumba que te oprime
las veo en todas partes.
Creo que los caminos, el azur y la cima
te recubren los ojos.


¡Bajo el universo duermes, destruido el cuerpo,
el rostro sumergido en el rigor, y yo,
errante todavía, a cada paso mío
te piso el corazón!












Será largo el crepúsculo


Será largo el crepúsculo. Ya va creciendo el día.
Los rumores diurnos huyen y se dispersan;
Sorprendidos los árboles, no ven llegar la noche:
Siguen despiertos en la tarde blanca y piensan.


Los castaños, al aire denso, cuajado en oro.
Sus perfumes exhalan y parecen oírlos;
Y nos da miedo andar, mover el aire tierno.
Para no despertar los aromas dormidos.


Vienen de la ciudad sordos ecos lejanos...
El polvo, levantado por un soplo de viento.
Deja el árbol agónico, que revestía,
Y otra vez cae, pausado, sobre el camino quieto.


Vemos un día y otro, por costumbre, el camino
Que impasibles cruzamos en tantas ocasiones,
Pero no sé qué cosa cambia en nuestra existencia:
Ya nunca más tendremos el alma de esta noche.