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domingo, 10 de octubre de 2010

1671.- LUCILA NOGUEIRA


Lucila Nogueira nació en Río de Janeiro, Brasil, el 30 de marzo de 1950. Es poeta, ensayista, cuentista, editora, ensayista, profesora universitaria y traductora. Ha publicado quince libros de poesía, a saber: Almenara, 1979; Pecho abierto, 1983; Quasar, 1987; La dama de Alicante, 1990; Libro del desencanto, 1991; Ainadamar, 1996; Ilaiana, 1997-2000; Zinganares, 1998; Imilce, 1999; Amaya, 2001; La cuarta forma del delirio, 2002; Reflectores, 2002; Bastidores, 2002; Desespero blue, 2003 y Estocolmo, 2004. Su primer libro, Almenara, obtuvo el premio de poesía Manuel Bandeira, del Gobierno del Estado de Pernambuco, en 1978. Dicho premio le fue nuevamente concedido por Quasar, en 1986. Como ensayista publicó Ideología y forma literaria en Carlos Drummond de Andrade, 2002 y La leyenda de Fernando Pessoa, 2003. Es miembro de la Academia Pernambucana de Letras desde 1992, y socia correspondiente de la Academia Brasilera de Filología, con sede en Río de Janeiro. Edita, desde hace siete años, la revista de lusofonía Encuentro. Pertenece al Consejo Editorial de la revista electrónica «Mafuá», de la Universidad Federal de Santa Catarina, y colabora en la revista electrónica «Aguja», editada por Floriano Martins y Cláudio Willer. La suya es una voz que viene desde el canto de las antiguas sibilas hasta los sonidos más característicos de la actualidad, transita entre la sexualidad más explícita y los niveles más abstractos de la espiritualidad, hurga en el sentido trágico de la vida y busca además el instante más delicado; pasa de la serenidad de un lago de agua cristalina a los eléctricos relámpagos de la humana tempestad; marcha desde una belleza sublime hasta un relato contundente sobre temáticas de la modernidad, representa un cruce de lecturas y vivencias, desde su ancestralidad ibérica hasta el arquetipo mítico suramericano, una dicción brasilera que rompe con el cerebralismo experimental, ya agotado en este comienzo de siglo, rescata la fantasía y lo espontáneo al guiarnos, por una interioridad llena de atmósferas referentes, hacia otras geografías y otros mundos.







Despedázame

despedázame
pero no me dejes inacabada
palacio inviolado en memoria de la nada
regresión miserable a visiones abstractas

despedázame
pero no me dejes quimera en el cristal
porque yo sé satisfacer tu carne
incluso así aérea en la alucinación









Nave en el diluvio

Más fuerte que los dioses soy ahora
senos que arden bajo un olor de lluvia
sangre al final del sueño, rosa y piedra:
abstracta hembra de un dragón nocturno
concha dilacerada, tosca espada
cerco de soledad única y múltiple
y hojas, astros, colores, mares súbitos
jamás pueden frenar esa ardentía
soberana visión, fiera encendida
simétrica memoria semidesnuda
soy más fuerte que los dioses en esta hora
fugaz, cristal de nave en el diluvio






Decisión

Me gusta amar así ávidamente
hoguera terremoto tempestad
sobre tu mayor tranquilidad

ventosa universal nadando leve
el cielo se precipita de mi sexo

entraña nervio corteza voltaje
arrastro los horizontes de la ciudad

cautelas seguridades subsuelos
perdonen si me desnudo de repente
y me encamino al mar sin dar respuesta

Traducciones de Elkin Obregón



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Poema xx de reflectores

Camino entre las butacas de patio
desde mi nacimiento que estoy high

eres mi personaje predilecto
en fin, no vale la pena dramatizar

la ciudad cambió y quien devuelva
los fines de tarde en la mesa del Mustang

las citas en el bar de la Libro 7
el strogonoff de la cantina Star

cierre este libro y no abra los e-mails
todo mi error fue pensar demasiado

baile tecno house o heavy metal
bolero, pagode, frevo y forró,

Los pájaros están cantando fuerte
en la súbita claridad de la mañana

cercada de neón y rayos láser
es la hora de acabar el show

camino entre las butacas de patio
el último que salga que apague el reflector.





ESPEJO VENECIANO

Hallé que estaban muertos los poemas
y abrí los libros sin fascinación
vidrio escarlata en la armadura ceniza
ramo de rosas sobre caracoles.

lo que hice de mí
escarcha en el estuario
lo que hice de mí
la nieve en la cubierta

tabla partida al medio
loor a la oscuridad

(La lámpara interrumpe la llama azul y blanca de la porcelana y su reflejo en el contorno de las estalactitas en la gruta submarina nos carga sin resistencia hacia un atajo lunar donde el musgo fosforescente en el tronco de los árboles toca la piel como terciopelo en el concierto de oboe desde altitudes glaciares. Destino de breve anotación en los márgenes de un diario que nadie leyó, bermejo vagabundo en mármol carrara. Un acróbata duerme sobre un dromedario y un piano de ébano escribe sin interrupción nuestros nombres en el mar.)

Entre el silencio y el trauma
de quien quería todo
ya no se espera nada
dejarse conducir
dejarse naufragar
y no pedir más nada
al sueño alucinado
que tanto hizo volar

cercada de unicornios me siento a la orilla del agua
con la lentitud exasperante de los días feriados
y la sombra de la desmemoria en el caballo blanco
es la transparencia de autómatas en noche de máscaras

abalorios coloridos en el dedal de plata
espejo veneciano sobre la almohada árabe
espejo veneciano con cristal de Murano
habrá victoria si cruzara el agua.

Volver a verte
Porque todo ahora parece demasiado tarde
volver a verte
y borrar del laberinto la furia del minotauro
volver a verte
cara aún intangible en la blancura del lenguaje

lo que hice de mí
escarcha no estuario
lo que hice de mí
la nieve en la cubierta

lo que hice de mí
espejo veneciano
lo que hice de mí
moldura de Murano

bermejo vagabundo en mármol de carrara

breve anotación en los márgenes de un diario
que nadie leyó

y pensé que estaban muertos los poemas
porque de verdad nunca somos nada
los cabellos mojados, no aguantamos más.


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