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domingo, 26 de septiembre de 2010

1507.- WINSTON MORALES CHAVARRO



Nació en Neiva-Huila (Colombia) en 1969.
Comunicador Social y Periodista. Magíster en Estudios de la Cultura , mención Literatura Hispanoamericana, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito.
En la parte literaria ha ganado los concursos de Poesía Organización Casa de Poesía 1996; José Eustasio Rivera 1997 y 1999; Concursos Departamentales del Ministerio de Cultura 1998; Concurso Nacional de Poesía "Euclides Jaramillo Arango", Universidad del Quindío, 2000; Segundo premio Concurso Nacional de Poesía "Ciudad de Chiquinquirá " en el 2000; Concurso Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, en el 2001; Tercer Lugar en el Concurso Internacional Literario de Outono, de Brasil. Primer y único Premio en la IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera. Primer Puesto en el Premio Nacional de Poesía Universidad Tecnológica de Bolívar, Cartagena, 2005.

Fue Director editorial-fundador del Periódico Neiva y es co-director de la revista Índice de Literatura, miembro del Consejo editorial de la revista de literatura Puesto de Combate —Bogotá, director de la Revista Hojas Sueltas— Neiva, Corresponsal de la revista de literatura Alhucema-España

Ha publicado los libros de poemas Aniquirona - Trilce Editores 1998; La lluvia y el ángel (Coautoría)-Trilce Editores 1999; De Regreso a Schuaima, Ediciones Dauro, Granada-España 2001; Memorias de Alexander de Brucco, Editorial Universidad de Antioquia-2002; Summa poética, Altazor Editores, 2005, y la novela Dios puso una sonrisa sobre su rostro.

Poemas suyos han aparecido en revistas y periódicos de Colombia, España, Venezuela, Italia, Estados Unidos, Argentina, Puerto Rico y México.

Ha participado en el Primer Festival de Cultura Colombiana en Milán-Italia, celebrado en Octubre de 2000; en la V Feria Binacional del Libro en San Cristóbal-Venezuela en el 2002; en el Encuentro Internacional de Escritores en el Caribe, Playa del Carmen-México, 2002 y 2004, Encuentro Internacional de Escritores en Zamora-México, 2005, Encuentro Internacional de poesía de Junín, Argentina, 2005, y en los Festivales Internacionales de Poesía de Medellín, Manizales y Pereira. Invitado al Festival de Poesía "Alzados en Almas" de la Casa de Poesía Silva en el 2001, y al Encuentro Internacional de Escritores de Lima-Perú, 2005. Ganador de una beca de residencias artísticas Grupo de los tres Ministerio de Cultura de Colombia, y el Fonca, de México, en el 2005, con el proyecto: Paralelos de lo invisible: Chichén Itzá-San Agustín.



Memorias de Alexander de Brucco


XV PREMIO NACIONAL DE POESÍA
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


No te he dado ni rostro, ni lugar alguno que sea
Propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que
Te sea particular, ¡oh Adán!, con el fin de que tu rostro,
Tu lugar y tus dones seas tú
quien los desee, los conquiste
Y de ese modo los poseas por ti mismo.
La naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes
Por mí establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio
Arbitrio, entre cuyas manos yo te he entregado, te defines a ti mismo.
Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor
Lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal,
Ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen
Pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma.



PICO DELLA MIRANDOLA

Oratio de hominis dignitate

A Amparo Chavarro Chavarro,
Por sus oraciones y rogativas

I
A EVA EN EL DESTIERRO

Qué hermosa es Eva
Qué hermosa la serpiente que le rodea
El árbol que crece en su talle
El fruto carnoso que despliegan sus labios
Al posar sobre la ocarina
Su música en las orillas del bosque.
Qué hermoso su cabello
-Grajillas oscuras que caen sobre sus hombros perfumados-
su nariz que respira otros mundos
y crea para tantos laberintos
el azahar y las guirnaldas que los sustituya.
Qué hermosa es Eva
Qué hermosos sus tobillos
Las huellas que dibuja sobre la arena
Para marcar el camino hacia la luz y hacia las sombras.
Qué hermosos los hijos que le ha arrojado al mundo
El río que desciende por las colinas de su vientre
El volcán de sus ojos de fuego.
Qué hermosa esta costilla pensante
Este polvo sagrado
Esta caña aromática
Que guarda en sus pechos fragantes
Otra manzana para las épocas de lluvia.


II
CANCIÓN DE EVA A ADÁN
(Para mitigar el viaje)

Cuán hermoso es el barro que se levantó de otras orillas
Y se formó como un pájaro en el bosque
Hasta cantar la diadema de los ríos.
Cuán bello su orgullo de hoja seca
Que se doblega como un faro
Al contacto inmisericorde de la espada.
Cuán bello es el hombre que bautizó a los animales de la selva,
Puso nombre a los ríos de la muerte
Y le canta al Chatak de los lejanos pinos
Para que descienda el agua de la acequia
Sobre las viñas y los olivares de las sombras.
Cuán hermoso es Adán
Innumerables son los hijos que le ha arrojado al mundo,
Innumerables las manzanas que lleva bajo el brazo,
Innumerables los ríos que ha sobre-nadado
E innumerables las colinas y las arenas recorridas
En su último destierro.
Cuán hermoso es el pájaro del Génesis:
Su boca tiene la medida exacta de los frutos del Apocalipsis
Y sus ojos las visiones premonitorias
De todos los calvarios:
Las hojas afiladas y serradas
De sus próximos destierros.
Cuán hermoso es Adán
Cuán magna su sabiduría de la muerte
Su tortuoso caminar por los recovecos de esta Terra.
Cuán hermoso el paradigma del sepulcro,
Sus costillas, sus cabellos, sus ojos, sus pestañas,
Sus manos de extranjero
En los confines de otro continente.
Cuán hermoso es Adán
Esta noche me entregaré de nuevo a sus mieses, a sus frutas,
A su siega.
Como quien va de los precipicios de las sombras
Al vórtice inigualable de otro paraíso,
Me entregaré de nuevo a él
Como la última manzana,
Como la última mujer que puebla sobre el mundo.



III
CAÍN

Mi quinto nombre es Caín
Soy la reencarnación del polvo
El hermano mayor de los caballos marinos
El barro que echó raíces
Hasta volverse un hombre
Un río de poemas y arboladuras.
Soy agricultor
Cultivo pájaros y frutas
He vivido la mayor parte del destierro en Nod
Al oriente del Edén
En donde el árbol prohibido
Se extiende hacia los caminos olorosos que ahora circundo.
Soy Caín
Hermano de Abel
Hermano de las hojas secas,
Del viento, de los pinos de Alepo,
De Set, del exilio y de las largas caminatas por la arena.
Gracias a la quijada de un burro
Conozco la voz de las orillas,
El crepitar de la lluvia sobre los mundos subterráneos
El silbido orquestal de las esferas,
Las regiones desérticas del cosmos,
El palpitar angustiado del Mar Muerto.
Soy hijo de una multiplicación de huesos,
De Adamá, de la luz,
del manantial prístino que manó de las manos de mi padre.
Cosecho peces, madreselvas, aves mitológicas,
La belleza de la divina providencia
En donde yo,
Labrador de las palabras,
Soy la parte onírica de las cosas.
Mi quinto nombre es Caín
Soy un barco de polvo
Uno de los primeros nómadas verdes;
De mí descienden Enoc, Irad, Metusael, Lamec
Y todos los hombres que tocan el arpa y la flauta.
No creo en los señalamientos, en las culpas,
Tampoco en el azar
Las cosas están escritas, prefijadas,
Soy agricultor
Y aunque a mi padre azul no le gusten mis cosechas
Hoy,
Después de tanto tiempo,
Vengo a ofrendarle mis poemas.



IV
ABEL

Caín
Hermano de vientos, nubes, diluvios y ríos
Un mar de luces opalinas gravita en los guáimaros de la ciénaga
Y se aglutina en mi espejo
Como un prisma que nos dice:
La muerte es una puerta
Y el tiempo una ventana
Por donde nuestros pasos presurosos
Perciben otras cosas, otros mundos.
Bello Caín
La quijada de burro con la cual me mataste
Tenía el olor de las encinas y los pinos,
De tus labios venían hasta mi norte
Unos chopos amarillos
Que enhilaban mis pétalos melancólicos
En el hilo de la muerte.
Hermano profanado por los cielos
El dolor de tu hacha cavernoso
Penetraba mi topografía más remota
Mi geografía y mi valle más sagrado.
Ante el golpe subceleste
Que yo he encontrado sutil y generoso
Y que tú asestaste con una sabiduría infinita
Yazgo en la orilla de tu río, pensativo.
Oh, amado Caín
Tus huellas de madreselva
Van decorando mis entrañas,
Van vistiendo de semillas, de hiedras y resinas olorosas
Mi cuerpo fatigado por los viajes.
Mi sudor se impregnaba de tus frutas;
Tus piñas, toronjas y zapotes
Decoraban mi cabeza
Con coronas tejidas por cientos de cuchillos.
Nada soy sin tu golpe
Herrero milenario;
Tus manos son el yunque
Que moldean, a la sombra de estas islas misteriosas,
La herradura, los cristales y los cuarzos
De otras Islas en el hado de la muerte.
Caín
Hermano de mis antepasados
Hay en ti un pretexto para silenciar la historia
Como si la memoria de las dagas
No aceptaran la muerte de Goliat
Como una templanza de David,
Mi muerte es una templanza tuya.
Amado Caín
Por tu golpe y tu palabra
He conocido el paraíso.



V
NOE

Me llamo Noé
Soy hijo de Lamec
Y descendiente de la lluvia
Soy hijo de esta ascensión de los seres al fuego
Creo en el origen de las cosas
En la evolución
En la muerte como amanecer
Y en la vida como pretexto de la muerte.
Me llamo Noé
No tengo arca
Ni siquiera un bote con remos
No he sufrido ningún tipo de diluvio
No he soportado el peso de la elección divina
Pero igual que el poeta de mi vida antepasada
He navegado todos los ríos
Todas las aguas
En busca del puente inteligible
Que me conduzca a Schuaima
Y al manantial sereno de todas las esencias.
Soy Noé
Y formo parte de las tribus del camino
Toda especie de animal me pertenece
Declaro como mías
Esa constelación de plumas que cruzan el Atlántico
Ese cielo de fósforos volátiles
Que besan a las estrellas en la hora nona.
Soy nieto de Matusalén
Y me apropio a voluntad
De los cisnes
De los peces y los pájaros
De las piedras y los riscos,
De los árboles.
Aunque no conozco en su totalidad el cosmos
Llevo en mis manos
El mapa de los pueblos
Por donde camino, navego, vuelo
Canto y elevo mi sueño
A otro minuto de ser
A otra corriente de río
A esperar a la niñez
-húmeda niñez, lluvia original-
Que viene de la arena
A restituirme
A fortificarme
A transformarme
En otro diluvio
Y en otro tiempo de sequía.



VI
ABRAHAM

Ahora que he saltado del barro a la vida
Ahora que soy polvo, hojas secas, velámenes y flores
Me llaman Abraham.
Una voz y brisa de Kithara
Me condujo por los caminos olorosos de Siquem.
Soy Abraham
Dejé mi tierra, mis parientes y la casa de mis padres
Soy dueño de todo lo que alcanza a visualizar mi pluma:
Los campos, las pirámides, las altas torres de trigo,
El agua de los cántaros
La mujer que entreabre sus contornos
A las gotas gentiles de la lluvia.
Soy Abraham
No conozco de grandes plagas;
Apenas sé de los estorninos,
De los tábanos y abetos,
Del albatros que se endurece como un barco
Y ondea sus plumajes y sus remos
Por las aguas cenicientas del Mar Muerto.
Me llaman Abraham
Formo parte de una gran nación;
Una nación que llueve y canta,
Salta hacia las arenas tórridas de Schuaima
Cuando el sol como agua
Humedece la piel reseca de los castaños
Y los labios virginales de todas las doncellas del Eufrates.
Soy Abraham
Mi nación es infinita y libre
No colinda con nada
No está demarcada por idiomas o banderas
Ni siquiera por el lenguaje de las hojas.
Desde el lugar donde esté
Toda la Tierra me pertenece.
Que griten de alegría los árboles del bosque
Que los ríos con sus aguas proclamen estas tierras.
Yo me levanto como el viento a las alturas
Y arropo con mis manos revestidas por la lluvia
Las arenas desérticas de Canaán, de Ur, de Harán, de Betel,
De Hay, de Zoar y de Egipto.
En esta cumbre de flores y resinas frescas
Abriremos la encina sagrada de las premoniciones,
La limpiaremos,
La acondicionaremos para infinidad de cosas,
Esta será nuestra casa, nuestra Terra
La nación que carecerá de norte
El país que nos llamará a gritos
Para que lo habitemos.



VII
LOT

Sodoma

Por tus tierras descienden cenizas
Tristes las liras de tus valles
Que no saben otra cosa que el silencio.
¿ A dónde se fueron tus redes oceánicas,
el olor a brea de tus barcos
y tus toneles rebosantes de vino?
¿Acaso no había en tus vísceras
diez hombres que te salvaran?
Por amor a los diez
La lluvia de azufre y fuego
Sería maná sagrado
O una manifestación de peces y de pájaros.
Gomorra
¿Qué era ese humo que subía a las estrellas
como el vaho de un horno?
¿Qué era esa columna de nube y polvo
de la cual manaban piedras y fuego?
¿Qué vieron los ojos
que antes de ser sal fueron luz?
Levántate de tus cenizas
Como el ave que remonta vuelo a las alturas,
Levántate que las estatuas de sal
Ya han despertado del sueño,
Levántate Fénix de los escombros
Y busca tu nuevo nido
Donde incubar a los hombres;
Que entre tus patas
El fuego arroje a las playas de Saidam
Polluelos montados al viento
Que hablen de las cosas inanimadas y vistas.
Sodoma y Gomorra
¿Qué había más allá de la sal, de Zoar y los valles?
Que la brisa Maarabit traiga tus palabras.
Yo soy Lot
El hombre que corrió a las montañas
El padre de los moabitas y amonitas,
El hombre que se sentaba a las puertas de Sodoma
A mirar pasar el viento,
Las caravanas, los nómadas verdes, los ríos,
El Milano que insistía en navegar a las alturas;
El varón que hoy,
Después de este silencio milenario,
Cambia todas las tierras:
Zoar, Moab, Néguev, Gerar, Shur,
Cades y Séforis
Por mirar hacia atrás,
Por quedarse en el valle como gigante de piedra
Con el espejo y la imagen
Que solo conocen la sal y la muerte
Y los que tuvieron la osadía de mirarte a la cara.



VIII
JACOB

He descubierto a la sombra de la escala,
Que el número del hombre
Continúa siendo, inclusive hasta la muerte,
El número desigual de la escalera.
Que mi lucha banal con las alturas
Me arroja hacia el fuego, hacia el agua, hacia el aire;
Hacia el rojo, hacia el azul, al amarillo
Y que a través de mi visión por la escalada,
No existe el arriba, la izquierda, el abajo, la derecha,
El horizonte.
Escuchen!
Cambio mi primogenitura, mi herencia, mi camino
Por un peldaño hacia las sombras;
Cambio mi batalla con el ángel
Por un pequeño surco,
Por la siega,
Por el viejo campanario que se dobla como muchacha triste
Cambio toda disposición de altura
-Ahora ni siquiera mi espíritu es del aire-
Por aferrarme a un centímetro de tierra.
El trueno, la lluvia, el viento, la roca
Regatean a costillas de mi enfado
Una hectárea de velámenes y olores.
No sé si fue Auriel, Rafael o un fantasma
No sé si fueron Ondinas, Sílfides o Gnomos;
Tal vez me enfrenté al reflejo vibratorio de mi imagen,
Al movimiento mezclado de mis formas:
Al águila, al león, al toro,
Al pisón, al gihón, al hiddikel, al nilo;
Tal vez al sepulcro, a las sombras,
Al espectro imposible que me habita,
A la blasfemia de saberme casi humano.



IX
EL LIBRO DE JOSÉ

Soy el prestidigitador
El hombre que traduce la voz de los espejos.
El sol, la luna y las estrellas,
Tal como me lo reveló la nave tortuosa de los sueños,
Me iluminarán hasta el final de las jornadas.
Luego de sesgada la parvada de los astros
-Que bajan cantando sus templanzas por los recovecos de la tierra-
Se posará ante mí
Un séquito de sombras
Que me traducirán el advenimiento de otros mundos.
Soy el prestidigitador,
El patriarca hebreo al que le encomendaron la cifra de los ríos,
Soy nieto de Isaac e hijo de Jacob;
Me ha sido dado develar
El velo de la noche,
El agua de la altura y sus antorchas,
El vuelo sombrío de la muerte.
Soy José
Interpretador de sueños:

Los collares del tiempo
Se extienden a mi espacio
Y arremolinan mis diagramas
Como un fantasma que le huye
A las alas impalpables del sepulcro.
En la luna de las hojas cayentes
-La luna del pasto rojo-,
Vendrán a mí
Los juegos de las nubes,
Y las imágenes del cielo
Como un gigantesco himno
Abrirán los pórticos del mundo
Para afinar los caballos del Apocalipsis.
Soy el prestidigitador
Me ha sido dado develar
Los sueños del copero y sus alforjas
Del amasador de harina y sus viandas
Del mago y sus últimos calvarios por la tierra:
Tendré delante mío
La vid con sus sarmientos,
Los canastillos de pan
Que pronosticarán la muerte,
Las siete vacas del Faraón
Pasando por las riberas del Nilo solitario.
El centeno ondulado por las alegres ruecas
Me contará la angustia en la que se encuentra
Una muchacha loca como el aire
En las impresiones del vuelo, el agua, los sueños, las orillas.
Soy el prestidigitador
Si me muestran sus manos,
Habrán conocido las aflicciones en las que se encuentran sumidos
Los fantasmas de otras tierras.



X
MOISÉS

Porque no hay nada que perezca
Ante la luz de las palabras
Ni hay sabio mar
O fuerte río
Que se exalte a mi cayado
Hoy con el espíritu del verbo
Divido el mar en dos
Separo los ríos
Abro el lago o cualquier fuente rizada
De viento o música
Y los convierto en tierra seca
Para labranza o puente.
Ábrete Mar Muerto
Que conmigo vienen
Todas las tribus de Sucot, de Etam, de Migdol,
De Moab y de Edom.
Ábrete gigante de sal y piedra
Que por tus vísceras
Circundan los niños,
Las mujeres con sus bocas pobladas de gladiolos y mirtos
Para hermosear la nueva tierra que nos llama.
Ábrete Mar Muerto
Que entre tus murallas de agua
Viene corriendo la vida
El Edén, el destierro, el arca,
Sodoma y Gomorra,
La brisa del este
Apoltronada de voces
De cuerpos apócrifos.
Ábrete piélago muerto
Porque de tus entrañas
Manarán egipcios, israelitas, amorreos, hititas,
Heveos y cananeos
Condenados al canto de la lluvia y el viento
Y sobre tus aguas amargas
Echaremos el arbusto que te vuelva dulce;
Dulce como el kithara y el tricordom
Para la boca sedienta y sabia.
Yo soy Moisés
El hijo del agua
El amo de los arrecifes y los peñascos
Ábrete Mar Muerto
Que así como a tu hermano,
El Mar Rojo,
Cruzaré tus aguas con mis arcas, mis diluvios
Caballos y jinetes
Hacia la nueva tierra,
Y la leche y la miel
Correrán por tu sangre tórrida
Y lloverá sobre ti
El maná que te vuelva a la vida eterna.




__________________________________


Aniquirona mujer y mito


A Luz

Necesito poesía para vivir
Y quiero tenerla a mi alrededor.
Antonin Artaud

Creo que el hombre puede ser
Feliz en este mundo, y sé que
Este mundo es un mundo de
Imaginación y visión.
William Blake

Creo en la vida eterna en este mundo.
Hay momentos en que el tiempo se
Detiene de repente para dar lugar a la
Eternidad.
Dostoivski


I
Y estoy buscando las voces del camino
Para traducirlas
Seguro llevarán tu nombre
He aprendido a interpretar la voz del viento
Esa misma que arrulla las hojas entreabiertas
De tu árbol.

¡Aniquirona, Aniquirona!
Te llama el río
Y en las gotas frenéticas del aire
Va tu aliento prendido a las veletas.

Al cuenco de mis manos
Llega impetuoso el sol
Con el oro y el trigo de tu cima
¿Debo ascender al principio del lenguaje?

Allí narran las gaviotas
Los días difíciles del cielo
El trasbordo misterioso de las nubes
¿Debo traducir el idioma musical de sinsontes y de mirlos
para conocerte?

He de cuestionarme
Mujer de largos sueños
E inexplicables trances
Cuál es el país al que me invitas?

Apenas sé cómo te llamas
Me lo ha contado el río
Y sé que Aniquirona
Es el umbral de otros caminos.


II

Toda vez que me aproximo a Schuaima
La muerte posee la voz
De múltiples aves
El aire azul revolotea de fibra en fibra
Mientras las piedras
Juegan a pronunciar sus palabras menos comunes
Y las hojas saben de antemano
Que soy nuevo en este sitio.

Aniquirona
Hay un yo que me detiene
Que se esmera en el regreso.

A veces pienso
Que ese habitante
Joven entre los viejos
Ama las mismas cosas
La obscura puerta de las posibilidades
La famosa casualidad de las instancias
¿A dónde van todas esas voces
que me conducen a tu reino?
Sigo las hojas que corretean presurosas
Sigo la lluvia y su música húmeda
Sigo los pájaros y sus ondas
Hay una aproximación entre el lenguaje de los árboles
Y el mío.

Sólo así puedo acercarme
Sólo así sé que existo
Y que el camino no es camino
Sino va cargado de palabras y de voces.

Estoy en Schuaima
He llegado con la brisa
Sólo su silencio musical me satisface
Aniquirona:
¡Hablemos de poesía!


III
Aniquirona
Cuando bajo las escaleras de la casa
Pienso que esta es otra forma de llegar a Schuaima
-el reino del gran más allá-
puede que descender
sea otra forma de ascenso.

Allí,
Al otro lado de este día,
Está el tren que debe transportarnos.

Llueve,
Llueve
Minutos
La carretera adversa,
Va el camino
Contragolpeando este chasquido de paisajes.

Por la ventana
El puente de los árboles
Una puerta
Un árbol de pájaros azules
El río de los caracoles
Todo se aglutina en torno nuestro
Sólo el tren va por el camino
Y con él
El canto distante de los rieles
La música de la calle
La voz continua de la lluvia
Una luz lejana que me llama.

¡Silencio, silencio!
Voy prendido al viento
Floto
Y me doy cuenta
Que la muerte es música
Y a la muerte hay que escucharla
Con los oídos despiertos.


IV

Hechicera hecha de luz
De conchas y corales submarinos
¿Debo hacerme agua
para sustraer cualquier substancia delatora?

Penduleo
Entre los golfos de tus manos
Y la sombra imprecisa de tu árbol
Muero
Y me hago un ente tridimensional
Para tus ojos
Tú sabes que allí
En la ingravidez sonora de tu río
Mis pálpitos
Se hacen notas musicales
Que convergen con la corriente sudorosa de
Tu bosque.


V

¿Qué hacía yo
en medio de esa gente?
De ese pueblo a obscuras?
¿Por qué me llamaban al oído esas palabras?
Deja la luz a medias
No hay necesidad que te desvistas.

Amarnos así
Sin tocarnos
Sin miramientos
Amarnos sin ni siquiera vernos
Con la luz baja
Sin mirar culpas ni querellas.

Allí te amo
Como tú lo propusiste
Sin ni siquiera desnudarnos
Sin escuchar tu respiración
Sin escuchar la mía.

¿Por qué al salir del cuarto obscuro
corría esa brisa redentora?

Las ágoras estaban pobladas de caras sonrientes
No reconocí a nadie
Pero la brisa seguía llegando
Y la luz de un sol lejano
No encandilaba aquel camino.


VI
La vaciedad del infante tiempo
Antes de tu luz
Chocaba con la casa
Golpeaba las paredes
Las lejanas puertas.

El camino
Apenas cerca
Extendía sus aleros a mi playa.

¿Cómo coordinar los movimientos
para alcanzar la distante orilla?

Era yo un diminuto pájaro de piedra
Silente y ciego a otras latitudes
Un crustáceo hecho de cemento
Perdido en el silencio del mar y de la roca.

¡Sálvame, pálpame!

Allí te he avizorado
En la nada
En el monólogo del viento
En la ingravidez del día
En la raíz del todo originario
En el principio del lenguaje
Y en la voz del río
De la noche
De la luna
Y de los campos
Que se izaron en mi oído.

Aniquirona
La plenitud ligera de mis alas
Luego de tu luz
Voló madura hacia tu bosque.


VII
Extranjera
Danza de fuego
Sé que la muerte es escuchar otras voces
Y por eso
Poso mi oído
En la cascada de tu río.

Busco la muerte
Y camino desnudo entre las piedras
Busco esa voz
¿Acaso distante?
¿Acaso cercana?
Tal vez en mí
Disfrazada en mí.

Sé que allí
En el silencio obscuro del espejo
Está el sonido orquestal de otra mañana,
Mi cabeza se agita con el viento
Y llueve
Llueve y he sabido con la lluvia
El diccionario abierto del camino.


VIII
Aniquirona
No te temo
Antes te amo.

El camino como un espejo
Me muestra uno a uno tus atajos, el principio.

¡Escucha la voz de los sinsontes!
Descalzo,
Desnudo,
loco
Sin la vaciedad del infante tiempo
Debo fundirme en la respiración del aire
Volverme partícula de tu cosmos.

Para llegar a ti
No sirve cuestionarme en el arreglo de la casa
Ni siquiera mover los muebles de lugar
Para que el ambiente parezca distinto
No sirve tomar cada mañana una ruta diferente
Para creer que se llega a otro país
No vale adelantar el reloj
Para sentir que el tiempo pasa rápido
Tampoco vale atrasarlo
Para creer que se vive eternamente
No sirve callar para que las palabras no se gasten.

Basta con meter la cabeza en el río de la nada
-ojalá hasta la nuca-
y sentir como la luz del agua
inunda los pulmones,
Cómo su risa redentora
nos moja de equilibrio
y de la libertad serena
de pisar otros caminos.


IX

La realidad no es inamovible
Y por eso
Puedo percibir mi yo
Bajo otras circunstancias
Puedo volar y reír
Puedo nadar, saltar, hacer cabriola
Festejarme en el prado
Respirar las piedras
Con la misma intensidad
Con que se respira el azahar y las guirnaldas.

Yo no pienso
Y me festejo de ello
Me alegra ser loco
Por loco libre
Por libre feliz
Por feliz
Intensamente
Irremediablemente eterno.

Extranjera
Amo la vida
Amo la muerte
En realidad no sé distinguir una de la otra.

He perdido además la noción del tiempo,
Me ocupan en la vida o en la muerte
Hechos más interesantes:
La puesta de los astros
El trote irremediable de los trenes
El bullicio de los niños
Las mariposas alocadas
El croar monorrítmico de las ranas.

Forastera
Soy hijo de Urano, de Marte, de Schuaima
Soy hermano de la tierra, de los árboles,
De los pájaros de aceite

Y así
A través de la interminable,
De la imperecedera
De la futurista naturaleza
Te veo tal como eres.


X

Me sobra coraje para amar la muerte
He viajado a mi niñez en sus espaldas
he visto los helechos colgantes en el patio
el árbol de la vida
el claro de luna
llegándome,
apaciguándome.

Gracias a la muerte
Estoy en Schuaima
Otro modo de existencia
Otra forma de quedarse
Y acostumbrarse a los recuerdos
A uno mismo,
A ese otro conocido.

La roldana y el cubo
Cantaron la caída de mi cuerpo
A través del túnel de las sombras
Su música blanca;
-Cántico dormido al final del pozo-
formó una gigantesca onda
que cubrió de canciones y músicas eternas
mi espíritu de pájaro
mi alma de águila nocturna.

Forastera
He abierto los ojos a la vida
Luego de ese viaje inexorable
Después del paso transitorio por el sueño.
La música de la roldana llegó como el sonido de las aguas.

Antes de que cayeran las hojas de los árboles
Antes de que el viento dibujara otro reloj
Con las estrellas
Estaba en Schuaima

Desprovisto de mi antigua ropa,
Desnudo,
Con los ojos abiertos
Entregado a la pasividad,
Al permanente transcurrir
Por el valle de las tristezas.


XI

Aniquirona
Morir no implica ningún riesgo
la muerte es una puerta
y el tiempo una ventana
por donde mis pasos presurosos
perciben otras cosas, otros mundos.

La inspiración de la locura
¡Oh amada locura!
Se manifiesta en mi suavísima forma
De mirar y asimilar el cosmos
En mi manera de hacerle el amor a la naturaleza.
La tiranía de la normalidad no me socorre
He decidido que mi realidad sea variable,
Indescifrable,
Impredecible.

Así como mis ojos
Perciben a través de las paredes
Y mis manos a través de las quimeras
Mis ideas asimilan con exactitud
Los espacios ingrávidos
Los sueños etéreos de épocas pasadas
En donde me sujeto a la felicidad de la sorpresa.

¿Cómo seguirme?
¿Cómo perseguirme?
Schuaima nos junta a ambos en el universo
En las estrellas
En este infinito sueño que nos llama
En este esperar
Nacer
Abordar el tren
Barajar los días
En este regresar a la vida
A la muerte
Y viceversa.


XII
Mujer en el espejo
Toma de mí
Las cosas que ya fueron tuyas
El sonido de las hojas
El silbar quedo de mis ramas
Haz de este escueto tronco
Un asentamiento para tu estadía,
¡Ven, forastera!
Sólo ofrezco para tus manos
Un ramillete de fragantes piedras
Bajo la pequeña
-casi mi diminuta sombra-
puedes quedarte
no importa el tiempo
al fin y al cabo
el tiempo para los dos no existe.

Soy un hombre viejo
Un árbol moreno y oxidado
Pero te juro
Que aún puedes hacer de mí
Una canción para la muerte
Para la vida
O quizás para otra cosa más hermosa.

Forastera
Aún anidan en mi tallo
Escarabajos transparentes
observa mujer de ojos luminosos;
mi coraza de colibrí y de mariposa
resiste millones de guerras, de guitarras
y otro caminar para la suerte de tus días.

Quédate extranjera
Mañana ya seré otra cosa
Y tú estarás demasiado joven
Para comenzar de nuevo.


XIII
Aniquirona
Muchachita hecha de luz
De ojos luminosos que me miran desde lejos
Quizás desde el otro lado de la noche
Del sol
Luniluz de manto azul
De pájaros que vuelan por las nubes
Disfrazados de árboles y ríos.

El no-eco de las piedras llega a mí
Soy la voz de tu río
Mi piel de roca el camino
La angosta carretera
Por donde transitas a diario.

Aniluz
Voy adherido a tu agua
A tu nada
A tu silencio sonoro que me espera
Soy la voz de tu bosque
Lejano bosque que me llama
Mi piel es el camino
Piedra y música marina
Por donde van tus huellas ( y muchas veces vienen)
Huye el aire
Huye la lluvia
Los pájaros y grillos
Las mariposas
La caída de las hojas
El murmullo de los techos
Mi oído que rueda con la brisa
Mis manos veletas luminosas
Tras de ti
Tras de ti
Persiguiéndote.


XIV
Extranjera
He de cuestionarme
Hasta qué punto la soledad y el olvido son benditos
Hasta qué punto
Ensimismarse en el naufragio
Sea un acto de navegación hacia tu cosmos.

El aquietamiento
Es preciso
Para dar con el fantasma de la otra orilla
Y el silencio
Es la enramada
Que puebla de juncos y de ecos
Este espejo del que pende
La imagen de los hombres.

¿Cuál de los cuartos del olvido
habito en este instante?
¿Estoy contigo forastera?
¿O acaso persiste mi ceguera
en las largas caminatas
por las alcobas donde reposa la bellísima muerte?


XV

Aniquirona
Tejedora
Bordadora de sueños
De poemas que aún no germinan,
El emperador te espera
Sobre su trono de hojas secas,
Ansía tus dedos
-hilanderos de flores-
tu aguja que todo lo redime.

Teje mujer de santuarios oníricos
Otra mañana de lluvia
Para sus manos recolectoras de naranjas
Para sus labios de uvas frescas
Que deletrean tu nombre santo.

Aniquirona
Entrelazaste tu tiempo con su tiempo
Tu espacio con su espacio
Este tiempo de la transmutación y el sueño
Del caminar por cúspides y escalinatas
Hacia el destello azul
Que mana de tus hilos
El equilibrio del que pende
Esta vida y esta muerte.

Tejedora
La telaraña santifica
Cualquier intento de locura,
Al otro lado de las cosas
En donde reposan los viejísimos castaños
Está el otro emperador
El que ya te conocía
El que recoge el hilo de las horas
El cáñamo de la palabra
Para festejarla en un minuto de agua
De lluvia
De brisa redentora
Cuando la inspiración
Toma de la conciencia
El vivir despacio.


XVI
En las mañanas
Cuando llueven estrellas
Y hojas balsámicas de los árboles
Pienso en los millones de años
Que van con mis raíces
Con mi andar deliberado por el cosmos.

Justo en este espacio
He vuelto a dar contigo,
La brisa y la lluvia de los tallos
Te han traído hasta mis días
El miedo al miedo ya no existe
Como tampoco existe
El miedo a Schuaima.

A ti
Mujer de reinos luminosos
Te debo el conocer
La infinidad de orillas que posee la muerte
La orilla amarilla de la muerte
Esa muerte que me seduce y apasiona.

Pero no amo el suicidio
Pienso que es un pretexto de la vida
Para buscarte demasiado pronto
Yo no te busco forastera
Llevo en mis bolsillos
El mapa transparente de tu tierra
Y puedo cruzar cuando me parezca.

Por ahora
La tierra de los sueños y las luces
De los ecos y las voces
La tierra que es tuya y de nadie
Que es tuya y de todos
No me pertenece.

Yo no pierdo la razón entre los muertos
Los espíritus de luz me crucifican
Pero he muerto tantas veces
Que ahora es más usual la crucifixión en vida.

Déjame partir amada forastera
El tren de Schuaima sale a las nueve
Y yo aún conservo tres tiquetes de regreso.


XVII
Extranjera
Hemos llegado a este ritual
Esta es la ceremonia de las flores
El ritual de la palabra;
Palabra olorosa que se expande
Como enredadera de músicas balsámicas
Y que trepa suavemente
Por la savia de los árboles.

Esta es la ceremonia de las flores
Entra y gózate la fiesta
Entra y gózate la vida
Ven a festejarme
Todavía hay vida en estas manos
Tómalas
Estas manos que aún escriben
Poemas de amor para mujer solitarias.

He venido a esto festejo
Llorando ante la belleza de la noche.

Aniquirona
Diana de los bosques
¿Dime hasta que lugar se extienden tus visiones?
¿Dónde el cáñamo de la música?
¿Dónde las hogueras de los besos?
¿El suave murmullo de las hojas?
¿Qué de venturoso tiene
ser laureado por la muerte?

En algún punto
Entre la vida y la muerte
He venido a este reencuentro,
Todavía hay vida en estas manos
Míralas
Ellas escribieron con anterioridad
Sobre estas cosas
Ellas pronosticaron
Esta magnificencia
Este acto de laurear a los hombres soñadores
Este acto de celebrarse mutuamente
Cuando silencio, poesía y muerte
Suelen restituirnos.


XVIII
Mujer en el espejo
Dime, ¿en dónde empieza el tiempo?
Yo soy el polvo que no vuelve al polvo
Soy la lámpara que busca el combustible
O acaso la luz precisa
De llama candorosa.

Es preciso reconstruir el tiempo
El inexistente tiempo
El de tez arrugada y pálida
El inventado por los jóvenes
Y maldecido por los viejos.

Yo soy el polvo que no vuelve al polvo
Soy el barro sagrado que quedó en las manos
De un hombre viejísimo,
Soy la luz, la crisálida,
La frágil mariposa que se endurece con los días.

Es preciso reconstruir el tiempo
Dibujarlo con otros rostros, con otra cera
Hacerlo liviano
Desnudarlo y vertirlo como un niño
Hacia otra orilla
Decirle en la cara que no existe.

Dime en dónde empieza el tiempo
¿Dónde la música del olvido?
¿Dónde la resurrección de la palabra?
¿Dónde sin la vaciedad de ese infante tiempo
que persiste en agobiar a los espíritus felices
y a los hombres laureados por el sueño?


XIX
¿Sabes lo que está escrito en el olvido?
O en la memoria divina del túnel?
¿Sabes dónde remontan las cometas del sueño
después del aire cetrino?
¿Dónde andará aquel aire?
¿Dónde el viento que mece el ciprés y la encina sagrada?

Aniquirona que danza entre árboles viejos
¿Qué es lo que canta el pájaro de la noche
en este camino a Schuaima
en este recoveco azul
cuya música llamea como una espiga
y funde en la espirálica noche
esta liquida sombra
que diluyen mis miembros
hasta volverse un cordón amarillo?

Forastera
Para la luz basta cualquier sueño
El principio: Mariposa, cometa alada
Viene después de la noche
Cuando alas despliegan al borde de la bujía
En donde la oscuridad es suave
Y pasa como un río
Encandilando de hermosas tinieblas mis ojos,
Blancas y crespas tinieblas
Donde el canto y el grito
Son música lumínica
Donde el salmo y las voces
Apenas un himno
Que resplandece a oscuras.


___________________________________

De regreso a Shuaima


Yo tengo fe en la práctica y en la filosofía
De lo que hemos convenido en llamar magia,
Y en lo que yo tengo que llamar evocación de los espíritus,
Aunque desconozco lo que estos son; en la capacidad
De crear ilusiones mágicas, en la visión de la verdad,
En las profundidades de la mente cuando nuestros
ojos están cerrados
William Butler Yeats.


Yo pienso con mi cabeza oscura.
Busco en mi cabeza atormentada
El sitio perdido del pensamiento.
Antonin Artaud.

Si las puertas de la percepción se limpiaran,
Todo aparecería a los hombres como realmente es:
Infinito. Pues el hombre está confinado en si mismo
Hasta ver todas las cosas a través de las estrechas
Rendijas de su caverna.
William Blake.

A Roberto Chavarro Chavarro,
Hacedor de mundos.
A Rogitama.

I


EL VIENTO

Esta Terra tiene un viento esmeralda
esta brisa es la voz de los sauces
este trinar el viaje de un barco
cuyos peces de plata
navegan sobre un océano de tábanos y yarumos.

Cuando el viento de esta Tierra canta
se levantan las sombras,
las tórtolas hablan de lluvias
y el hombre moja de palabras
el pan para un nuevo vino.
Schuaima
Terra donde el viento danza entre el ciprés
levantando el faldón de las hojas.
¿Qué es lo que trae la brisa en sus labios?
¿Cuáles sus palabras desnudas?
¿Qué es lo que canta el viento del este
cuando gira como hilandera
otro diluvio pequeño
y los niños saltan como trigo,
las mujeres brotan como cántaros,
los espíritus se visten de lluvia
y desnuda la tierra su poro de árbol
para que crezca de nuevo la brisa
y florezca de nuevo el fruto?



II
LAS PIEDRAS

Las piedras de esta Terra
Parecen perlas
o nidos de pájaros prehistóricos.
Aquí las palabras huelen a viento
Y el silencio tiene forma de roca.
En las piedras de esta Tierra solemne
Se encierra el espíritu de la lluvia
El canto de los jilgueros
El color de los árboles y las selvas.
Piedras de Schuaima:
Montañas desnudas
Solitarias colinas
Peñas blancas que se botan como palomas
A un verde cielo de tierra;

Aquí mi mano saluda
un país constituido de piedras:
Rocas perfumadas, rocas uniformes, grises piedras para la pesca,
Grandes y escamosas rocas
Todas!
Piedras de Schuaima
Las amo por sabias y no por duras.



III
LOS PÁJAROS

Pájaros hay en Schuaima
Como abetos en la China
o místicos orientales en las orillas del Nilo
Pájaros ataviados de luz:
Currucas, navíos, toches, goletas,
Derroteros, serpentarios, piqueros de patas azules.
Los pájaros de esta Terra
conocen las violetas de Parma, los tábanos del este,
las arborescencias del Mississippi;
Mundos posibles en el crepitar de sus alas lluviosas;
Pájaros que parecen nubes de yarumo y trigo
remontando su vuelo
por bosques de arrayanes y dindes balsámicos.
Estos,
los viandantes de este piélago desnudo
los pájaros que soñara la Dulce Aniquirona
en su cantir por la memoria del bosque.
Pájaros de Schuaima
provistos de alas, de luz y madreselvas
decidme:
¿Qué es lo que gravita en las otras orillas?



IV
LOS RÍOS

Como un volcán en su canción de fuego
como una colina de nieve roja,
así vive Schuaima poblada de ríos.
Ríos que bajan por los llanos
como muchachas desnudas
con trenzas de agua en sus bocas.
El río más grande de Schuaima
se llama Calixto.
Llena la luna
ve descenderlo dormido
por las piedras y las campanuelas del valle.
La espuma con su risa blanca lo llama
Calixto, Calixto!
Gravita el río con sus plumas de agua
porque el viento besa su muerte
y su ronquido de dromedario.
Allí está
flotando en un mar de ríos Schuaima
innumerables volcanes hablando del agua:
Paris en forma de lago,
Rogitama un riachuelo de peces,
Calixto y sus rostros de plata
vaciando sus ojos
en ánforas de pescadores.
Como un espejo con cara de hombre
como un pensador de Rodin sobre el charco
yace Schuaima poblada de ríos.
Allí van los hombres moribundos
a dejar sus recuerdos y sus rostros.
Éste es el arca del olvido
el río en donde la memoria desciende
por entre colinas de sueños
y el hombre se va quedando dormido
mientras el agua le baja los párpados.



V
LA MÚSICA

La música es un Cahfíe gigante
inventado por Dios
para hablar con los hombres.
El lenguaje de Dios es la música
y la de esta Terra, la lluvia.
La lluvia es un Palo de Agua:
-Violonchelos oceánicos, clarinetes lluviosos
saxofones marinos-
y al través de ella
se esparcen las palabras
por un auditorio de arrendajos y tijeretas.
En Schuaima no hay orquestaciones
pero cuando llueve,
cuando caen xilófonos del cielo
el agua canta un blues sobre las piedras
y despiertan las orquestas del campo.
Música de las orillas;
El viento danza con el diluvio polkas para la pesca,
vibran las campanuelas del árbol
al ritmo de los allegros
y las arañas arpegian una guitarra de hilos
en las orillas del bosque.
Esta es la batuta del río, el soprano de los cahfíes,
la romanza de los pericos,
el cantabile del campo después de la lluvia.
En ocasiones las orquestas del hombre
hablan con castañuelas, con kitharas o violines
pero la gente se ha vuelto sorda.
E Schuaima la música no se toca,
la música camina sola
-como un niño en busca de rayuela-
y se levanta como el oboe,
gira como el contrabajo,
salta como la flauta.
Músicos del campo, sabios músicos del camino
tocad para mí, otra sinfonía.



VI
LOS POBLADORES

Los árboles en Schuaima
son hombres petrificados
que han adoptado el lenguaje de viejas torres de trigo.
Hombres que antes de madera fueron barro
antes de ceniza fuego
y llameaban en la noche
como una caracola de trigo
o una estrella de ramajes y arboladuras.
En mi memoria de extranjero
persiste su posición de Hidalgos
sus rostros de guerreros besados por el sol;
Su postura de arqueros
sobre un rocinante de musgos y de piedras.
Árboles de Schuaima
hombres leñosos que madrugan con su canto de corneja
y se vierten por la llanura
para desperdigar su sombra o su quejido.
Quijotes de talles gráciles
en donde Dulcinea teje una telaraña de invocaciones
mientras el obeso de Sancho
sueña con Barataria
en la curva olorosa del yarumo o del algarrobo.
Estos;
los árboles de Schuaima
hombres que han preferido vestirse de lluvia;
columnas de hojas secas en las riberas del bosque y del sueño.



VII
LAS POBLADORAS

Blancas manzanas revestidas con los ropajes
de las cuatro estaciones;
mariposas de fuego que llamean en la oscuridad
como bellas colmenas
rebosantes de luz y giros vertiginosos;
son las mujeres de Schuaima.

Sus tobillos y pies
-suspendidos en el néctar de las coronas-
sobrenadan con la música liviana de los ríos
o el rojo inescrutable de las estrellas negras.
Jamás en mis ojos
habían aromado tantas flores juntas
tantas esencias gravitando en el aire de las cosas.
Las mujeres de Schuaima
bajo un azul misterioso
en donde no caben las dudas
ni las iniquidades de otros colores.
He visto cientos de mujeres
-diminutas en tamaño como un grano de mostaza-
asemejar el infinito
y construir con sus danzas incorpóreas
la eternidad y el traslado a las edades más seniles.
Como el llamado de las novas y otras luminarias
ante el aleteo suplicante de algunos extranjeros
las pobladoras de Schuaima
levantan sus manos con regocijo
cantando sus himnos y sus viejos idiomas
al borde de las anegadas orillas.
Bienvenidos forasteros
a este ancho río de la muerte
esta es la Isla de Aniquirona,
aquí atesoran las despedidas de los hombres a la guerra,
las batallas de la ciencia
los ascensos a la luz
y la revolución de los cuatro pensamientos.
Las mujeres de Schuaima
nos dan la bienvenida.
En sus velos transparentes
alcanzamos a contemplar
la desnudez de su sabiduría
y lo pequeña que es la tierra
Frente a la magnitud inconmensurable de otros universos.



VIII
LA MUERTE

A Laurent Vigouroux, muerto en
Iquítos Perú, abril 24 de 1999.

Como situada en un espacio vago y remoto
la muerte se va aproximando
hasta tomarnos del brazo.
Uno puede pensar que ella es nuestra sombra o nuestro sueño,
quizás una hermana mayor
que hace mucho abandonó la casa
pero que de soslayo
sorprende con su presencia de ola
o su llanto de niña prodiga.
En la ebriedad de la noche
la muerte
con su canto de corneja,
con sus halos de oro arrojados al fuego,
nos despierta del sueño o del letargo
nos lanza hacia la calma definitiva de lo oscuro.
Entonces comprendemos
que siempre ha estado cerca
que su presencia era como el rumor de un río
bordeando la orilla de nuestra desembocadura más próxima.
Pero a la hora del abismo
A la hora del concierto fatídico
-cuando el ave Fanza canta su réquiem en el traspatio
o suenan antiguas campanas-
la muerte nos es tan peculiar
tan conocida
que la sombra impenetrable
súbita se transforma en estallidos de fuego
y la noche hórrida
en un laberinto de perfumes
en donde empiezan a florecer anémonas
en el solar distante de la otra orilla.



(DE ARTE POÉTICA)


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