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jueves, 7 de octubre de 2010

1634.- FERNANDO SARRÍA


Egea de los Caballeros (Zaragoza)
POEMARIOS PUBLICADOS: “El error de las hormigas”, editorial Eclipsados y “El Alhaquín”, accésit del premio Delegación de Gobierno de Zaragoza.

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Tendremos el lado amable del olvido

Tendremos el lado amable del olvido,
el que dejan los años sin fatiga,
cubierto por el polvo un hilo de cobre
guarece en sus extremos aún la vida.
Habrá del relámpago lo dulce,
el hervir de la sangre, no su duelo,
no el incendio
sino el reguero de luz entre los muslos.

Una caricia no tendrá
el peso del plomo de la pérdida
serán siempre leves, fugaces y sensibles
vuelo de pájaros en la piel cálida.
Las palabras dejarán de ser dagas,
astrágalo de dudas y mentiras
y alumbrarán el paso de los días
con el aroma de lo que fue hermoso,
mereció la pena, acarició el alma.
Y ahora mírame despacio,
dame de tus manos un último consejo,
parto lejos en este tren que tú nunca esperaste.







Que nada tenga el valor de lo perdido

Que nada tenga el valor de lo perdido
en esos viernes noche de bocatas
y de horas que robábamos al sueño…
Es cierto que todo era demasiado obvio,
incluso cuando devorabas los sándwiches vegetales
con afán de sucumbir como nosotros...
Era verte comer de pie y contonearte
mientras Police y su Roxanne
cabalgaban al borde de las birras y los porros,
y tú, embutida en aquellos Levis negros,
ajustados a tu cuerpo,
con la piel de melocotón que daba gusto rozar
dejando la mano cerca de tus muslos,
siempre me daba ese poco de ternura,
ese poco de lascivia,
que no me abandonaba
el resto de la noche
aun cuando me besabas y me decías
tantas veces desnudándote en mi cama:
esta será la última noche que me acuesto contigo…






Es la hora del crepúsculo

Es la hora del crepúsculo
cuando los pájaros son la púrpura vencida de la tarde.
Todos los silencios se desperezan
cuando vienen en su cohorte de débitos
y en su rumor de ángeles
custodian este aljibe de lluvias.
Perezco entorchado en las lágrimas,
¡que rojo es el pulso de esta muerte anunciada!...
habré de salvarme en tu vientre,
como otros días en que me habitas.
Desnudo soy parte de lo cálido,
en tu piel el resto del mundo apenas me percibe
y enredado en tu vestido
soy el desafío último que te queda
para respirar el resto de la noche.





UN POEMA CON TRANVÍAS

Hay calles de nombres olvidados
por donde todavía siguen esperando a los tranvías,
raíles donde los años se aposentan
en un orín doloroso
de días lluviosos en octubre
y fríos del todavía gélido febrero.
Así y todo las arrugas del tiempo
saben darles esa patina de todo lo pequeño,
tiendas diminutas cuando fueron de inolvidables sueños,
casas de barbero donde ahora hay locutorios,
el zapatero, el sastre, el vendedor de ultramarinos
todos perdidos entre la jubilación y el abandono,
bares y cafés que habitan en los traspasos
pero que guardan la barra alta, las mesas de mármol
y ese espejo antiguo por donde fuimos creciendo.
Hay calles cruzándote la vida,
con su olor de horno, a pan y a magdalenas,
a sardinas rancias en sus cubos
al olor a fragancia de una vecina,
y esos pasos, las huellas de un niño
y de tantos que desaparecieron
siempre esperando....


***


Tiene la ciudad un camino nocturno
de escaparates apagados,
charcos de lunas encendidas
y taxis con sus luces verdes
oteando la avenida.
Podemos buscar algo con que escapar,
bares de música alta y alcohol
o sonreír en los pequeños alardes de la amistad
mientras nos sentamos tomando café,
y sin embargo, profunda y oscura
la noche se hace de nosotros
y gira buscándonos dentro
para hacernos más humanos,
más desinhibidos,
más cercanos,
rozándonos dentro,
pero temerosos en el fondo
de que una mirada descubra en el otro
las pequeñas mentiras que escondemos.



***


Nada de lo que me digas
podrá cambiar el curso de las cosas.
Ahora tú mides tanto más
que al acercarte a mí,
tu sombra ciega mis palabras.
Pero aun así, esta relación fugaz
te dejará un sabor extraño,
el acaso imperdonable
de que nunca sucumbí en tus brazos
ni al vaivén de tus labios….
Ese río que tú explorabas
tenía unos márgenes
todavía alejados de tu deseo.


***



Un tren parte al horizonte púrpura del atardecer.
No sé por qué hay tanta tristeza en los pájaros.
Sólo dura unos minutos
pero diría que hemos envejecido diez años.


Del libro "El Alhaquín"




***

El error de las hormigas




El lenguaje de las hormigas es húmedo, constante,
ligero pero lleno de matices y sabores.
Nada se determina de antemano,
reconocen las sendas claras y oscuras de la tierra,
de un cuerpo sonrosado y de un anhelo.
Su murmullo es la marca de su saliva,
la piel siempre deseándolas
y aunque cierren los oídos, las ventanas,
las puertas de la cama,
ellas, pacientes, sabrán esperar.




1 comentario:

Olga Bernad dijo...

Me alegro por Fernando, llego desde su blog y me encanta encontrar sus poemas aquí.
Felicidades por esta labor.
Saludos.