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miércoles, 1 de octubre de 2014

THÉODORE DE BANVILLE [11.133]



Théodore de Banville

Théodore de Banville (Nació 14 de marzo del año 1823 en Moulins, en Allier, Francia - Falleció 13 de marzo de 1891 en París) fue un poeta, crítico dramático francés y uno de los principales precursores del Parnasianismo.

Fue hijo de Claude Théodore Faullain de Banville (1785-1846) y de Zélie Huet (1799-1876). Realizó sus estudios en el liceo Condorcet. Victor Hugo y Théophile Gautier le animaron a que escribiera poesía y pronto se convirtió en una figura destacada de este arte. Colaboró como crítico dramático en distintos periódicos y diarios como le Pouvoir (1850) y le National (1869), convirtiéndose en miembro de la Revue fantaisiste (1861), donde también aparecían poetas que darían origen al movimiento parnasianista y otros movimientos del siglo XIX.

En 1866 se casa con Marie-Élisabeth Rochegrosse y organizó la primera representación de Gringoire. Un año más tarde publicó Les Exilés, que dedica a su mujer y que consideraría como una de sus mejores obras. El 24 de mayo de 1870 recibe la carta de un joven poeta que en ese año apenas tenía 15 años: Arthur Rimbaud. En dicha carta Rimbaud le copia distintos poemas de su creación, como Ophélie, Sensation, Soleil et chair, con la intención de poder recibir su apoyo para negociar con el editor Alphonse Lemerre, haciendo referencia de la siguiente forma: «(...)Que si je vous envoie quelques-uns de ces vers,-et cela en passant par Alph. Lamerre, le bon éditeur- c'est que j'aime tous les poètes (...)»

Así, en noviembre de 1871, Banville acoge en su casa a Rimbaud, aunque meses más tarde éste criticaría la poesía de Théodore en un poema titulado Ce qu'on dit au poète à propos des fleurs.

En 1872, con la publicación del Petit Traité de poésie française, Théodore de Banville rompería con el Simbolismo anterior. Junto con Charles Asselineau se encargaría de realizar la tercera edición de Las flores del mal de Charles Baudelaire.
Moriría poco después de haber publicado Marcelle Rabe. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse.

Obras

1842,Les Cariatides (poesía).
1846, Les Stalactites (poesía).
1857, Odelettes et Odes Funambulesques (poemas).
1866, Gringoire (pieza de teatro), comedia histórica, dedicada a Victor Hugo.
1866, 1871, 1876, colaboración en el Le Parnasse contemporain.
1867, Les Exilés
1869, Les Occidentales
1872, Petit Traité de poésie française, poesía, contrario al Simbolismo.
1873, Trente-six Ballades joyeuses.
1874, Rondels composés à la manière de Charles d'Orléans et Les Princesses (sonetos).
1881, Contes pour les Femmes.
1882, Mes souvenirs
1884, Contes héroïques.
1885, Lettres chimériques et Socrates et sa femme.
1887, Madame Robert, cuentos.
1888, Le Baiser.
1891, Marcelle Rabe.

Obras póstumas

1892, Dans la fournaise, (poesía).
1917, Critiques.






A Adolphe Gaïffe

Hombre joven sin melancolía, 
Rubio como un sol de Italia, 
Guarda bien tu bella locura. 

¡Es la sabiduría! Amar el vino, 
La belleza, la primavera divina, 
Esto basta. El resto es vano. 

Ratón, hasta al destino severo: 
y, cuando vuelva la primavera, 
Pon las flores en un vaso. 

¿El cuerpo bajo la tumba encerrado, 
Qué queda? De haber amado 
Durante dos o tres meses de Mayo. 

"Busco los efectos y las causas", 
Nos dicen los soñadores taciturnos.
¡ Palabras! ¡ Palabras!... ¡ Recojamos las rosas! 





PENTESILEA 

Durante el sitio de Troya, cantado por Homero en la “Ufada”, la reina de las amazonas, Pentesilea, hija de Marte, peleó contra los griegos, causando en ellos gran mortandad, hasta que Aquiles le salió al encuentro y la hirió de muerte. El héroe admiró su valor, lloró ante el cada-ver de su victima, y mató a Tersites. que la Insultaba. Tal es el asunto que ha inspirado la siguiente composición de Teodoro de Banville, literato, poeta y crítico francés (1823 1891).

Cuando sintió por la tremenda herida
Escapársele sangre, vida y alma,
Al cielo dirigió Pentesilea
Los fieros ojos, que encendió la audacia,
Y los cerró por siempre. Los guerreros.
Apoyando su frente altiva y pálida,
A la tienda de Aquiles la llevaron. 
Desprendiéronle el casco, en que ondulaba 
Aun el penacho que en la lid el viento 
Sacudía gallardo; la coraza 
Quitáronle también, y tan purpúrea 
Como brilla, al abrir una granada. 
Su rojo fondo, apareció en el blanco 
Femenil seno la espantosa llaga. 
En sus labios la cólera aun hervía;
Y como en espumosa catarata
El desbordado río se despeña,
Así, sobre sus hombros y su espalda, 
Cayó en revueltos bucles esparcida 
Su negra cabellera ensangrentada.

Clavó adusto en su víctima los ojos 
El matador; mas pronto pena amarga 
Le ablandó el corazón, y compasivo 
Admiró a la guerrera de las largas 
Crenchas flotantes, que a ningún esposo 
Acarició jamás, y que igualaba 
En beldad a las diosas. 
De repente Rompió a llorar. 
La convulsión volcánica 
Duró, de sus sollozos, largo rato; 
Largo rato el diluvio de sus lágrimas 
En la frente cayó de la amazona. 
Cual lluvia torrencial que un lirio baña.

Aquellos que, surcando el mar estéril, 
Para batir a Ilion, la que resguardan 
Cien torres, en la flota acompañaron 
Al invencible Aquiles, las entrañas 
Sintieron de terror estremecerse 
Al ver llorar a quien jamás llorara. 
Sólo Tersites, jorobado y cojo, 
Y quien orlan no más la frente calva
Cabellos ralos cual silvestres hierbas, 
Con lengua de escorpión estas palabras 
Al héroe dirigió: “De nuestros jefes, 
Esa mujer audaz dio muerte infausta 
A los mejores. Las aqueas huestes 
Hizo retroceder hasta la escuadra.
Y arrojaron sus flechas a la Estigia
Tantos guerreros nuestros como arrastra
Desatado huracán hojas marchitas.
¡Y tú gimes, cobarde, como brama
El cervatillo temeroso, y lloras
A esa mujer con mujeriles lágrimas!”

Escuchó Aquiles el horrible ultraje,
Y despertó con la espantosa rabia
Del león que en las líbicas arenas
Siente de pronto el aguijón que clava
Maligno insecto en la sangrienta herida.
Miró al bufón monstruoso cara a cara,
Alzó el puño cerrado, y en su cráneo
Lo desplomó como terrible maza.

Murió Tersites: su cabeza floja 
Abrióse, en cien pedazos destrozada, 
Como vasija que al salir del horno 
Disgusta al alfarero, que arrojándola 
Airado contra el muro, la hace añicos;
Y como el buey, cuya testuz quebranta
Golpe mortal, el mofador, exánime.
Rodó por tierra. Con crecientes ansias,
A la muerta amazona contemplando,
El noble Aquiles sin cesar lloraba.






Ariane

Dans Naxos, où les fleurs ouvrent leurs grands calices
Et que la douce mer baise avec des sanglots,
Dans l'île fortunée, enchantement des flots,
Le divin Iacchos apporte ses délices.

Entouré des lions, des panthères, des lices,
Le Dieu songe, les yeux voilés et demi-clos ;
Les Thyades au loin charment les verts îlots
Et de ses raisins noirs ornent leurs cheveux lisses.

Assise sur un tigre amené d'Orient,
Ariane triomphe, indolente, et riant
Aux lieux même où pleura son amour méprisée.

Elle va, nue et folle et les cheveux épars,
Et, songeant comme en rêve à son vainqueur Thésée,
Admire la douceur des fauves léopards.







Ballade pour la servante du cabaret

Ami, partez sans émoi ; l'Amour vous suit
Pour faire fête à votre belle hôtesse.
Vous dites donc qu'on aura cette nuit
Souper au vin du Rhin, grande liesse
Et cotillon chez une poëtesse.
Que j'aime mieux dans les quartiers lointains,
Au grand soleil ouvert tous les matins,
Ce cabaret flamboyant de Montrouge
Où la servante a des yeux libertins !
Vive Margot avec sa jupe rouge !

On peut trouver là-bas, si l'on séduit
Quelque farouche et svelte enchanteresse,
Un doux baiser pris et donné sans bruit,
Même, au besoin, un soupçon de caresse ;
Mais, voyez-vous, Margot est ma déesse.
J'ai tant chéri ses regards enfantins,
Et les boutons de rose si mutins
Qu'on voit fleurir dans son corset qui bouge !
Sa lèvre est folle et ses cheveux châtains :
Vive Margot avec sa jupe rouge !

J'ai quelquefois grimpé dans son réduit
Où le vieux mur a vu mainte prouesse.
Elle est si rose et si fraîche au déduit,
Quand rien ne gêne en leur rude allégresse
Son noble sang et sa verte jeunesse !
Le lys tremblant, la neige et les satins
Ne brillent pas plus que les blancs tétins
Et que les bras de cette belle gouge.
Pour égayer l'ivresse et les festins,
Vive Margot avec sa jupe rouge !

Prince, chacun nous suivons nos destins.
Restez ce soir dans les salons hautains
De Cidalise, et je retourne au bouge,
Aux gobelets, aux rires argentins.
Vive Margot avec sa jupe rouge !








Ballade pour une amoureuse

Muse au beau front, muse sereine,
Plus de satire, j'y consens.
N'offensons pas avec ma haine
Le calme éther d'où tu descends.
Je chante en ces vers caressants
Une lèvre de pourpre, éclose
Sous l'éclair des cieux rougissants,
Ici tout est couleur de rose.

Ma guerrière a le front d'Hélène.
Son long regard aux feux puissants
Resplendit comme une phalène.
Tout est digne de mes accents :
Là, sur ces contours frémissants
Où le rayon charmé se pose,
La neige et les lys fleurissants ;
Ici tout est couleur de rose.

Quelle tendre voix de sirène,
Au soir, aux astres pâlissants
Dira la blancheur de ma reine ?
Éteignez-vous, cieux languissants !
O chères délices ! je sens
Se poser sur mon front morose
Les longs baisers rafraîchissants !
Ici tout est couleur de rose.

Que de trésors éblouissants
Et dignes d'une apothéose !
Fleurs splendides, boutons naissants,
Ici tout est couleur de rose.






Carmen

Camille, en dénouant sur votre col de lait
Vos cheveux radieux plus beaux que ceux d'Hélène,
Égrenez tour à tour, ainsi qu'un chapelet,
Ces guirlandes de fleurs sur ces tapis de laine.

Tandis que la bouilloire, éveillée à demi,
Ronfle tout bas auprès du tison qui s'embrase,
Et que le feu charmant, tout à l'heure endormi,
Mélange l'améthyste avec la chrysoprase ;

Tandis qu'en murmurant, ces vins, célestes pleurs,
Tombent à flots pressés des cruches ruisselantes,
Et que ces chandeliers, semblables à des fleurs,
Mettent des rayons d'or dans les coupes sanglantes ;

Que les Dieux de vieux Saxe et les Nymphes d'airain
Semblent, en inclinant leur tête qui se penche,
Parmi les plâtres grecs au visage serein,
Se sourire de loin dans la lumière blanche ;

Les bras et les pieds nus, laissez votre beau corps
Dont le peignoir trahit la courbe aérienne,
Sur ce lit de damas étaler ses accords,
Ainsi qu'un dieu foulant la pourpre tyrienne.

Que votre bouche en fleur se mette à l'unisson
Du vin tiède et fumant, de la flamme azurée
Et de l'eau qui s'épuise à chanter sa chanson,
Et dites-nous des vers d'une voix mesurée.

Car il faut assouplir nos rythmes étrangers
Aux cothurnes étroits de la Grèce natale,
Pour attacher aux pas de l'Ode aux pieds légers
Le nombre harmonieux d'une lyre idéale.

Il faut à l'hexamètre, ainsi qu'aux purs arceaux
Des églises du Nord et des palais arabes,
Le calme, pour pouvoir dérouler les anneaux
Saints et mystérieux de ses douze syllabes !







Les Cariatides

C'est un palais du dieu, tout rempli de sa gloire.

Cariatides soeurs, des figures d'ivoire
Portent le monument qui monte à l'éther bleu,
Fier comme le témoin d'une immortelle histoire.

Quoique l'archer Soleil avec ses traits de feu
Morde leurs seins polis et vise à leurs prunelles,
Elles ne baissent pas les regards pour si peu.

Même le lourd amas des pierres solennelles
Sous lesquelles Atlas plierait comme un roseau,
Ne courbera jamais leurs têtes fraternelles.

Car elles savent bien que le mâle ciseau
Qui fouilla sur leurs fronts l'architrave et les frises
N'en chassera jamais le zéphyr et l'oiseau.

Hirondelles du ciel, sans peur d'être surprises
Vous pouvez faire un nid dans notre acanthe en fleur :
Vous n'y casserez pas votre aile, tièdes brises.

O filles de Paros, le sage ciseleur
Qui sur ces médaillons a mis les traits d'Hélène
Fuit le guerrier sanglant et le lâche oiseleur.

Bravez même l'orage avec son âpre haleine
Sans craindre le fardeau qui pèse à votre front,
Car vous ne portez pas l'injustice et la haine.

Sous vos portiques fiers, dont jamais nul affront
Ne fera tressaillir les radieuses lignes,
Les héros et les Dieux de l'amour passeront.

Les voyez-vous, les uns avec des folles vignes
Dans les cheveux, ceux-là tenant contre leur sein
La lyre qui s'accorde au chant des hommes-cygnes ?

Voici l'aïeul Orphée, attirant un essaim
D'abeilles, Lyaeus qui nous donna l'ivresse,
Éros le bienfaiteur et le pâle assassin.

Et derrière Aphrodite, ange à la blonde tresse,
Voici les grands vaincus dont les coeurs sont brisés,
Tous les bannis dont l'âme est pleine de tendresse ;

Tous ceux qui sans repos se tordent embrasés
Par la cruelle soif de l'amante idéale,
Et qui s'en vont au ciel, meurtris par les baisers,

Depuis Phryné, pareille à l'aube orientale,
Depuis cette lionne en quête d'un chasseur
Qui but sa perle au fond de la coupe fatale,

Jusqu'à toi, Prométhée, auguste ravisseur !
Jusqu'à don Juan qui cherche un lys dans les tempêtes !
Jusqu'à toi, jusqu'à toi, grande Sappho, ma soeur !

J'ai voulu, pour le jour des éternelles fêtes
Réparer, fils pieux de leur gloire jaloux,
Le myrte et les lauriers qui couronnent leurs têtes.

J'ai lavé de mes mains leurs pieds poudreux. Et vous,
Plus belles que le choeur des jeunes Atlantides,
Alors qu'ils vous verront d'un oeil terrible et doux,

Saluez ces martyrs, ô mes Cariatides !