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lunes, 1 de septiembre de 2014

THICH NHAT HANH [11.042]


Thich Nhat Hanh

Maestro Zen, poeta, activista por la paz, escritor de más de 100 libros, nominado para el Premio Nobel de la Paz… Una vida extraordinaria.

Thich Nhat Hanh, también conocido como “Thay” (“maestro” en vietnamita), nació en el Vietnam central en 1926 con el nombre de Nguyen Xuan Bao. A la edad de 16 años ingresó en el monasterio zen de Tu-Hieu, cerca de Hue, donde su principal maestro fue Chan Thanh Quy Tiet.

Se sometió a una sólida formación de la escuela Zen y del budismo Mahayana recibiendo la ordenación completa en 1949.

Thay ha combinado su conocimiento profundo de una variedad de métodos tradicionales de enseñanza con los métodos e ideas de la psicología occidental para formar su acercamiento a la práctica del zen moderno, y por ello se ha convertido en una influencia muy importante en el desarrollo del budismo para occidentales.

Poeta, activista por la paz y los derechos humanos, ha tenido una vida extraordinaria. La guerra de Vietnam enfrentó a los monasterios a la difícil cuestión de decidir si llevar una vida contemplativa y dedicarse sólo a la meditación en los monasterios o ayudar a sus conciudadanos que sufrían bajo los ataques de las bombas y la devastación de la guerra. Thay fue uno de los que decidió hacer ambas cosas, ayudando a fundar el movimiento del “Budismo comprometido”.

Ha dedicado su vida, desde entonces, al trabajo de la transformación personal para el beneficio de los individuos y la sociedad. En 1966, en Saigón, fundó la Escuela para el Servicio de Ayuda Social, una organización de ayuda para la reconstrucción de los pueblos y aldeas bombardeadas, la construcción de escuelas y centros médicos, el realojamiento de familias, y la organización de cooperativas agrícolas.

Con la ayuda de más de 10.000 estudiantes voluntarios, la SYSS basó su trabajo en los principios budistas de no violencia y acción compasiva. A pesar de la oposición del gobierno vietnamita, también fundó una Universidad Budista, una editorial y una influyente revista de activismo por la paz en Vietnam.

Tras visitar los Estados Unidos en 1966 en misión de paz, se le prohibió su vuelta a Vietnam. En sus viajes siguientes a los Estados Unidos, tuvo entrevistas con oficiales federales y del Pentágono, como Robert McNamara, a los que presentó argumentos para detener la guerra y pedir la paz.

Puede que Thay haya ayudado a cambiar el curso de la historia de los Estados Unidos, cuando pidió a Martin Luther King que se opusiera a la guerra de Vietnam públicamente, ayudando, de esta manera, al movimiento por la paz. Al año siguiente, King nominó a Thich Nhat Hanh para el Premio Nobel de la Paz. Más tarde, Thay encabezó la delegación budista en la Cumbre por la Paz en París.

En 1982 fundó Plum Village, una comunidad Budista en el exilio, en Francia, donde continúa su trabajo de ayuda a los refugiados, los llamados “boat people”, “gente de los barcos”, prisioneros políticos, y familias pobres de Vietnam y de todo el mundo. También ha recibido un merecido reconocimiento por su trabajo con los Veteranos de Vietnam, por sus retiros de meditación y su prolífica obra literaria sobre meditación, plena consciencia y paz.

En septiembre del 2001, justo pocos días después de los ataques al World Trade Center, dio un memorable discurso sobre la no violencia y el perdón en la Iglesia Riverside de Nueva York. En septiembre del 2003 pronunció un discurso a miembros del Congreso de los Estados Unidos, en un retiro de dos días. En la actualidad continúa viviendo en Plum Village, en la comunidad de meditación que él fundó, donde enseña, escribe y trabaja en sus jardines; dirige retiros por todo el mundo sobre el “arte de la vida consciente”.




MEDITACIÓN AL CAMINAR

Toma mi mano.
Caminaremos.
Sólo caminaremos.
Disfrutaremos nuestro caminar
sin pensar en llegar a ninguna parte.
Camina tranquilamente.
Camina con alegría.
Nuestra caminata es un paseo de paz.
Nuestra caminata es un paseo de felicidad.

Luego aprendemos
que no hay una caminata para la paz;
que la paz es el caminar;
que no hay una caminata para la felicidad;
que la felicidad es el caminar.
Caminamos por nosotros mismos.
Caminamos por cada uno,
siempre de la mano.

Camina y toca la paz cada momento.
Camina y toca la felicidad cada momento.
Cada paso trae una brisa fresca.
Cada paso hace brotar una flor bajo nuestros pies.
Besa la Tierra con tus pies.
Imprime sobre la Tierra tu amor y felicidad.

La Tierra estará a salvo
cuando sintamos en nosotros suficiente seguridad.





Thich Nhat Hanh junto al Dalai Lama




Llamadme por mis verdaderos nombres

No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente;
estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando
para reír y para llorar,
para temer y para esperar.

El ritmo de mi corazón
es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto
que se metamorfosea
en la superficie del río.

Y soy el pájaro
que se precipita para tragarlo.

Soy una rana
que nada feliz
en las aguas claras del estanque.

Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente
se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda,
todo piel y huesos,
mis piernas tan delgadas
como cañas de bambú.

Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.

Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.

Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente
en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera,
tan cálida que hace florecer
las flores de la Tierra entera…

Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena
los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres,
os lo ruego
para poder despertar
y que la puerta de mi corazón
pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.






Empezando a comer

Con el primer bocado, prometo ofrecer alegría.
Con el segundo, prometo ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás.
Con el tercero, prometo ver el gozo ajeno, en el mío propio.
Con el cuarto, prometo aprender el camino de desapego y ecuanimidad.





Terminando mi comida

El plato está vacío.
Mi hambre satisfecha.
Pero de ahora en adelante conscientemente me esforzaré en vivir, por el beneficio de todos los seres.






Tomando té

Manteniendo la taza de té con mis dos manos consigo focalizar mi atención.
Mi mente y cuerpo moran en el aquí y el ahora.






Lavando los platos

Lavar los platos, es como bañar un Buda bebé.





A Teacher Looking For His Disciple

I have been looking for you, my child, 
Since the time when rivers and mountains still lay in obscurity. 
I was looking for you when you were still in a deep sleep 
Although the conch had many times echoed in the ten directions.
Without leaving our ancient mountain I looked at distant lands 
And recognized your steps on so many different paths.
Where are you going, my child? 
There have been times when the mist has come
And enveloped the remote village but you are still 
Wandering in far away lands. 
I have called your name with each breath,
Confident that even though you have lost your
Way over there you will finally find a way back to me. 
Sometimes I manifest myself right on the path
You are treading but you still look at me as if I were a stranger 
You cannot see the connection between us in our
Former lives you cannot remember the old vow you made. 
You have not recognized me 
Because your mind is caught up in images concerning a distant future. 
In former lifetimes you have often taken my hand
and we have enjoyed walking together. 
We have sat together for a longtime at the foot of old pine trees. 
We have stood side by side in silence for hours 
Listening to the sound of the wind softly calling us 
And looking up at the while clouds floating by.
You have picked up and given to me the firstred autumn leaf 
And I have taken you through forests deep in snow. 
But wherever we go we always return to our
Ancient mountain to be near to the moon and stars 
To invite the big bell every morning to sound,
And help living beings to wake up. 
We have sat quietly on the An Tu mountain’ with the 
Great Bamboo Forest Master
Alongside the frangipani trees in blossom. 
We have taken boats out to sea to rescue the boat people as they drift. 
We have helped Master Van Hanh design the Thang
Long capital we have built together a thatched hermitage, 
And stretched out the net to rescue the nun Trac Tuyen When!
The sound of The rising tide was deafening 
On the banks of The Tien Duong river. 
Together we have opened the way and stepped
Into the immense space outside of space. 
After many years of working to tear asunder the net of time. 
We have saved up the light of shooting stars 
And made a torch helping those who want to go home 
After decades of wandering in distant places. 
But still there have been times when the
Seeds of a vagabond in you have come back to life 
you have left your teacher, your brothers and sisters 
Alone you go…

I look at you with compassion 
Although I know that this is not a true separation 
(Because I am already in each cell of your body) 
And that you may need once more to play the prodigal son. 
That is why I promise I shall be there for you
Any time you are in danger. 
Sometimes you have lain unconscious on the hot sands of frontier deserts.
I have manifested myself as a cloud to bring you cool shade. 
Late at night the cloud became the dew 
And the compassionate nectar falls drop by drop for you to drink. 
Sometimes you sit in a deep abyss of darkness
Completely alienated from you true home. 
I have manifested Myself as a long ladder and
Lightly thrown myself down
So that you can climb up to the area where there is light 
To discover again the blue of the sky and the
Sounds of the brook and the birds.
Sometimes I recognised you in Birmingham, 
In the Do Linh district or New England. 
I have sometimes met you in Hang Chau, Xiamen, or Shanghai 
I have sometimes found you in St. Petersburg or East Berlin. 
Sometimes, though only five years old, I have
Seen you and recognized you.
Because of the seed of bodhchita, you carry in your tender heart. 
Wherever I have seen you, I have always raised
My hand and made a signal to you,
Whether it be in the delta of the North, Saigon or the Thuan An Seaport. 
Sometimes you were the golden full moon hanging
Over the summit of The Kim Son Mountain, 
Or the little bird flying over the Dai Laoforest during a winter night. 
Often I have seen you 
But you have not seen me, 
Though while walking in the evening mist your clothes have been soaked.
But finally you have always come home. 
You have come home and sat at my feet on our ancient mountain
Listening to the birds calling and the monkeys
Screeching and the morning chanting echoing from the Buddha Hall. 
You have come back to me determined not to be a vagabond any longer. 
This morning the birds of the mountain joyfully welcome the bright sun. 
Do you know, my child, that the white clouds
Are still floating in the vault of the sky? 
Where are you now? 
The ancient mountain is still there in this
Place of the present moment. 
Although the white-crested wave still wants to
Go in the other direction, 
Look again, you will see me in you and in every leaf and flower bud. 
If you call my name, you will see me right away. 
Where are you going? 
The old frangipani tree offers its fragrant flowers this morning. 
You and I have never really been apart. Spring has come. 
The pines have put out new shining green needles 
And on the edge of the forest, the wild Plum
Trees have burst into flower.








Be A Bud

Be a bud sitting quietly on the hedge.

Be a smile, one part of wondrous existence.

Stand here. There is no need to depart.







Drink Your Tea

Drink your tea slowly and reverently,
as if it is the axis 
on which the world earth revolves 
- slowly, evenly, without 
rushing toward the future;
Live the actual moment.
Only this moment is life.








Looking For Each Other

 I have been looking for you, World Honored One,
since I was a little child.
With my first breath, I heard your call,
and began to look for you, Blessed One.
I’ve walked so many perilous paths,
confronted so many dangers,
endured despair, fear, hopes, and memories.
I’ve trekked to the farthest regions, immense and wild,
sailed the vast oceans,
traversed the highest summits, lost among the clouds.
I’ve lain dead, utterly alone,
on the sands of ancient deserts.
I’ve held in my heart so many tears of stone.

Blessed One, I’ve dreamed of drinking dewdrops
that sparkle with the light of far-off galaxies.
I’ve left footprints on celestial mountains
and screamed from the depths of Avici Hell, exhausted, crazed with despair
because I was so hungry, so thirsty.
For millions of lifetimes,
I’ve longed to see you,
but didn’t know where to look.
Yet, I’ve always felt your presence with a mysterious certainty.

I know that for thousands of lifetimes,
you and I have been one,
and the distance between us is only a flash of though.
Just yesterday while walking alone,
I saw the old path strewn with Autumn leaves,
and the brilliant moon, hanging over the gate,
suddenly appeared like the image of an old friend.
And all the stars confirmed that you were there!
All night, the rain of compassion continued to fall,
while lightning flashed through my window
and a great storm arose,
as if Earth and Sky were in battle.
Finally in me the rain stopped, the clouds parted.
The moon returned,
shining peacefully, calming Earth and Sky.
Looking into the mirror of the moon, suddenly
I saw myself,
and I saw you smiling, Blessed One.
How strange!

The moon of freedom has returned to me,
everything I thought I had lost.
From that moment on,
and in each moment that followed,
I saw that nothing had gone.
There is nothing that should be restored.
Every flower, every stone, and every leaf recognize me.
Wherever I turn, I see you smiling
the smile of no-birth and no-death.
The smile I received while looking at the mirror of the moon.
I see you sitting there, solid as Mount Meru,
calm as my own breath,
sitting as though no raging fire storm ever occurred,
sitting in complete peace and freedom.
At last I have found you, Blessed One,
and I have found myself.
There I sit.

The deep blue sky,
the snow-capped mountains painted against the horizon,
and the shining red sun sing with joy.
You, Blessed One, are my first love.
The love that is always present, always pure, and freshly new.
And I shall never need a love that will be called ‘last.’
You are the source of well-being flowing through numberless troubled lives,
the water from you spiritual stream always pure, as it was in the beginning.
You are the source of peace,
solidity, and inner freedom.
You are the Buddha, the Tathagata.
With my one-pointed mind
I vow to nourish your solidity and freedom in myself
so I can offer solidity and freedom to countless others,
now and forever.

From “ Call me by my true names”