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martes, 12 de agosto de 2014

NAJWAN DARWISH [10.894]



Najwan Darwish 

Palestina, 1978
Es uno de los poetas más importantes que trabajan en el idioma árabe. La poesía de Darwish ha sido traducido a diez idiomas. En 2009, el Hay Festival Beirut39 lo nombró uno de los treinta y nueve mejores escritores árabes menores de 40 años. Es asesor literario del Festival de Palestina de la Literatura.

OBRA:

In Ramallah Running (ed. Guy Mannes-Abbott), Black Dog Publishing, London, 2012
Printemps Arabes, Le Souffle et les Mots, Riveneuve Editions, France, 2012
Voix Vives de Méditerranée en Méditerranée, Anthologie Sète 2011, Éditions Bruno Doucey, Paris, 2011
Revolutionary Poets Brigade (ed. Jack Hirschman), Caza de Poesia, California, 2010
Beirut39 (anthology), Bloomsbury Publishing, London, 2010
Wherever I Lie Is Your Bed (Two Lines World Writing in Translation) (ed. Margaret Jull Costa and Marilyn Hacker), Center for the Art of Translation, San Francisco, 2009
Language for A New Century, Contemporary Poetry from the Middle East, Asia, and Beyond, Norton, New York, 2008
Le Poème Palestinien Contemporain, Le Taillis Pré, Belgique, 2008
Palabras Pour la Lectura (ed. Javier Pérez Iglesias), Castilla-La Mancha, Spain, 2007
Pères (Taysir Batniji, texts by Catherine David and Najwan Darwish), Editions Talmart, Paris, 2007
En Tous Lieux Nulle Part Ici: Une Anthologie (ed. Henri Deluy), Le Blue Ciel, Coutras, 2006




Presentamos, en versión de Alí Calderón, tres textos del poeta palestino Najwan Darwish, uno de los escritores en lengua árabe más significativos de su generación. En 2009 el Hay Festival del Beirut lo designó como uno de los 39 autores de gran relevancia menores de 40 años del mundo árabe. Su poesía se caracteriza por abordar el tema político de manera descarnada y decidida. Estas versiones serían imposibles sin el apoyo de Kareem James Abu-Zeid y Kamal Boullata
http://circulodepoesia.com/






Jesuralén

Si te abandono torno en piedra
si regreso a ti me torno piedra

Te llamo Medusa
Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra
tú   pila bautismal que hizo arder Roma

El rumor de los asesinados sus poemas en las colinas
los rebeldes censuran a sus cronistas
mientras tanto dejo el mar y vuelvo
a ti vuelvo
por este arroyo en que corre tu desesperación

Escucho a los recitadores del Corán las mortajas los cadáveres
escucho el polvo de quienes se conduelen
aún no cumplo treinta pero me has sepultado una vez y otra
y nuevamente por tu culpa
emerjo de la tierra
permite a quienes oran por ti andarse al infierno
quienes venden souvenirs de tu dolor
aquellos que están de pie conmigo en las fotografías

Te llamo Medusa
Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra
tú   pila bautismal que arde todavía






Quss Bin Saida*

“Por que observo a la gente
yéndose y no volviendo?
Quss Bin Saida

por qué escucho aún
después de dos mil años
el tono monótono de tus sermones?
No me vengas con tu predicación
No se le predicará más a la gente.
Guárdate tu consejo.
Nadie lo necesita.
Soy uno más entre la muchedumbre
y lo que he podido ver es suficiente
para irme
y no pensar jamás en el regreso.

* Quss Bin Saida fue un orador pre islámico que vivió en el siglo VI.






El autobús de la pesadilla

Los vi rellenar bolsas de plástico con los cuerpos de mis tías
En las esquinas de las bolsas se anega su sangre aún caliente
(Pero no tengo ninguna tía)
Supe que asesinaron a Natasha, mi hija de tres años
(Pero no tengo ninguna hija)
Me dijeron que violaron a mi esposa arrastraron su cuerpo por las escaleras
la tiraron en la calle
(Pero ni siquiera estoy casado)
De hecho esos son mis anteojos, los que fueron aplastados por sus botas
(Pero yo no uso anteojos)

Me quedé a dormir donde mis padres y tuve entonces un sueño sobre una casa
Al despertar miré a mis hermanos
en la horca colgados
del techo de la Iglesia de la Resurrección
El Señor dijo inmisericorde: este es mi propio sufrimiento
Junté el orgullo que les quedaba a los ahorcados   respondí: en mi opinión, es el nuestro

El dolor alumbra todo lo amo más que a mis peores sueños

No voy a huir al norte
Señor
no me cuentes entre los refugiados

En breve continuaremos este informe

Debo dormir ahora
no sea  que pierda el autobús de pesadilla que se dirige a Sabra y a Shitila*



*  Las tropas israelíes, que en ese momento ocupaban Beirut y eran comandadas por Ariel Sharon como ministro de Defensa, permitieron la entrada a los campamentos de las milicias libanesas para que perpetraran una masacre contra una población compuesta principalmente de adolescentes, niños y mujeres. Esta masacre mereció la calificación de acto de genocidio por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas a través de su resolución 37/123. Sabra y Chatila eran dos campos de las Naciones Unidas para albergue de los exiliados palestinos, en los arrabales de la ciudad de Beirut, capital de la República del Líbano. Estos dos campamentos -como resultado de la invasión israelí a el Libano y de la posterior evacuación de las tropas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) convenida entre las partes, con la intervención de los Estados Unidos- quedaron bajo control y jurisdicción del Ejército de Israel, el cual, moral y jurídicamente, era responsable y garante de la vida de los moradores de esos dos campamentos, de acuerdo con las Convenciones Internacionales respectivas. Entre los días 16 y 18 de septiembre de 1982 y como resultado de una conspiración urdida por los jefes del Ejército israelí de ocupación, los campamentos fueron invadidos por bandas criminales que, con amplio respaldo logístico de las tropas sionistas -incluyendo una profusa iluminación de los campamentos con luces de Bengala- procedieron a masacrar a la inerme población civil. Esa población civil era en su mayoría ancianos, mujeres y niños, provocando un número de víctimas fatales las que, según la procedencia de la información, varía entre los 1.500 y los 3.000. En su furia homicida los criminales no respetaron ni a los animales domésticos y con idéntica saña ametrallaron caballos y perros. Luego procedieron a derrumbar viviendas para sepultar a las víctimas entre los escombros. La difusión por los medios de comunicación de esta incalificable masacre produjo un estremecimiento de horror en la opinión pública mundial y desde los más diversos sectores se alzaron airadas voces de protesta clamando el total esclarecimiento de los hechos y el castigo tanto de los responsables como de sus agentes actores. Mientras el gobierno israelí creó una comisión ad hoc para investigar lo sucedido en Sabra y Chatila (Ver: Comisión Kahan), por otro lado un grupo de juristas de reconocido prestigio internacional de los Estados Unidos, Canadá, Francia, Sudáfrica e Irlanda, creó una comisión para investigar las violaciones israelíes de las leyes internacionales en el Líbano. Presidente de la comisión fue designado el poeta irlandes y Premio Nobel de la Paz, Sean Mac Bride. Empero y mientras la comisión ad hoc israelí resultaba ser nada más que un subterfugio para enmascarar y diluir responsabilidades y una válvula de escape para la creciente presión de la opinión pública, la comisión internacional presidida por Sean Mac Bride ponía en descubierto todos los detalles de la confabulación urdida para perpetrar tan horrendo crimen. (Palestinalibre.org)




JERUSALEM

When I leave you I turn to stone
and when I come back I turn to stone

I name you Medusa
I name you the older sister of Sodom and Gomorrah
you baptismal basin that burned Rome

The murdered hum their poems on the hills
and the rebels reproach the tellers of their stories
while I leave the sea behind and come back
to you, come back
by this small river that flows in your despair

I hear the reciters of the Quran and the shrouders of corpses
I hear the dust of the condolers
I am not yet thirty, but you buried me, time and again
and each time, for your sake
I emerge from the earth
So let those who sing your praises go to Hell
those who sell souvenirs of your pain
all those who are standing with me now in the picture

I name you Medusa
I name you the older sister of Sodom and Gomorrah
you baptismal basin that still burns

When I leave you I turn to stone
When I come back I turn to stone

© Najwan Darwish 
First published on Poetry International, 2012
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© Translation: 2012, Kareem James Abu-Zeid
First published on Poetry International, 2012






IDENTITY CARD

Despite – as my friends joke – the Kurds being famous for their severity, I was gentler than a summer breeze as I embraced my brothers in the four corners of the world.
And I was the Armenian who did not believe the tears beneath the eyelids of history’s snow
that covers both the murdered and the murderers.
Is it so much, after all that has happened, to drop my poetry in the mud?
In every case I was a Syrian from Bethlehem raising the verses of my Armenian brother, and a Turk from Konya entering Jerusalem through Damascus Gate.
And a little while ago I arrived in Bayadir Wadi al-Sir and was welcomed by the breeze, that breeze that alone knew the meaning of a man coming from the Caucasus Mountains, his only companions his dignity and the bones of his ancestors. And when my heart first stepped on Algerian soil, I did not doubt for a moment that I was an Amazigh.
And everywhere I went they thought I was an Iraqi, and they were not wrong in this. And often I considered myself an Egyptian living and dying time and again by the Nile with my African forebears.
And before all else I was an Aramaean. It is no wonder that my uncles, at least, were from Byzantium, and that I was the Hijazi child coddled by Umar and Sophronius when Jerusalem was opened up again.
There is no place that resisted its invaders except that I was one of its people, there is no free man to whom I am not bound in kinship, and there is no single tree or cloud to which I am not indebted. And my scorn for Zionists will not prevent me from saying that I was a Jew expelled from Andalusia, and that I still weave meaning from the light of that setting sun.
In my house there is a window that opens onto Greece, an icon that points to Russia,
a sweet scent forever drifting from Hijaz,
and a mirror: no sooner do I stand before it than I see myself immersed in springtime in the gardens of Shiraz, and Isfahan, and Bukhara.

And by anything less than this, one is not an Arab.
© 2012, Najwan Darwish
First published on Poetry International, 2012
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© Translation: 2012, Kareem James Abu-Zeid
First published on Poetry International, 2012






A GLANCE IN THE MIRROR
Sometimes I glance in the mirror and see
the ideal I strive for
the gallant savior I wait for
I see a thread of beauty rippling
like a river of nobility
But soon enough I tell myself:
Shut up and look away
you Narcissus surrounded by Zionist lies
walls and checkpoints rising all around you
Shut up
and avert your gaze from your so-called beauty.

© 2012, Najwan Darwish 
First published on Poetry International, 2012
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© Translation: 2012, Kareem James Abu-Zeid
First published on Poetry International, 2012





DORMIR EN GAZA 

Fados, voy a dormir como duerme la gente durante el bombardeo
y el aire se desgarra
como en carne viva
Voy a soñar, entonces, con traiciones,
como sueña la gente cuando duerme durante el bombardeo

Me voy a despertar al mediodía para ver en el radio, como hace la gente:
¿Ya pararon las bombas?
¿Y cuántos muertos hubo?

Y sin embargo, mi tragedia, Fados,
es que la gente se divide
en dos categorías:
los que arrojan sus tormentos y pecados en la vía pública para poder dormir
y aquellos que acumulan sus tormentos y pecados y con ellos fabrican una cruz con la que cargan por las calles de Babel, de Gaza y de Beirut
y claman:
¿Aún hay más?
¿Aún hay más?

Hace dos años, me encontraba en Dahieh, al sur de Beirut, arrastrando una cruz tan grande como los edificios en ruina
¿Pero hoy, quién levantará una cruz de una espalda agotada en Jerusalén?

La tierra son tres clavos
y la piedad es un martillo
Golpea, Señor
Golpea con tus aviones

¿Aún hay más?

Diciembre de 2009

(Zaindenberg.   De la traducción inglesa)






DOCUMENTO DE IDENTIDAD 

Por más que, como dicen en broma mis amigos, los kurdos son famosos por severos,
yo fui más delicado que una brisa veraniega, al abrazar a mis hermanos en los cuatro confines de la tierra.
Y fui el armenio que no creyó en las lágrimas debajo de los párpados
de la nieve de la historia
que cubre tanto a los asesinados como a los asesinos.
¿Es tan grave, después de todo lo ocurrido, que arroje mi poesía al lodo?
En todos estos casos, fui un sirio de Belén que entonó las palabras de su hermano armenio, y fui un turco de Konya que atravesó la puerta de Damasco.
Hace poco, al llegar a Bayadir Wadi al-Sir, me recibió la brisa, la única que sabe qué significa ser de las montañas del Cáucaso, tener por compañía única tu dignidad y los huesos de tus antepasados. Y tan pronto pisó mi corazón tierra argelina, no dudé ni un segundo de que estaba en Amazigh.
Y, fuera donde fuera, me creían iraquí, y no se equivocaban. Y algunas veces creo ser egipcio, que vive y muere una y otra vez a la orilla del Nilo con mis ancestros africanos.
Y antes de todo eso fui arameo. Por eso no me extraña que mis tíos hayan sido bizantinos, ni que yo fuera un hijo de Hejaz mimado por Omar y por Sofronio cuando se abrió Jerusalén.
No existe lugar que haya resistido a quienes lo invadieron si yo no me contaba entre su pueblo, no hay hombre libre con quien no me liguen lazos de parentesco, y no hay un solo árbol ni una nube con los que no esté en deuda.
Y mi odio a los sionistas no impedirá que diga que también fui un judío al que expulsaron de Andalucía, y que hasta el día de hoy le hallo sentido a la luz de ese ocaso.
Tengo en mi casa una ventana que da a Grecia, un ícono que apunta a Rusia,
un dulce aroma que llega todo el tiempo de Hejaz,
y un espejo: no bien me paro frente a él me veo sumergido en primavera en los jardines de Shiraz, de Isfaján, de Bujará.

Y por menos de esto, uno no es árabe.

(Zaindenberg.   De la traducción inglesa)