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jueves, 21 de agosto de 2014

FÉLIX TURBAY TURBAY [10.985]

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Félix Turbay Turbay 

(Colombia: Carmen de Bolívar 1930 - Cartagena 2013) dentro de la pléyade de poetas colombianos y latinoamericanos es autor de una exquisita poesía, elaborada con la más alta factura.

Amado y admirado por sus amigos y contertulos, por su verbo y lucidez.

Félix Turbay Turbay es Premio Nacional de Poesía Jorge Gaitán Durán, amigo del movimiento piedracielista y tertuliante asiduo del famoso café El Automático, en Bogotá. Sus textos aparecieron en la revista Mito. Turbay Turbay trajo en los años sesenta a Jorge Luis Borges a Cartagena de Indias, y lo acompañó a recorrer las calles de la Heroica y en un ciclo de conferencias que el célebre escritor argentino dictó en la Universidad de Cartagena.

El universal poeta carmero se desempeñó en importantes cargos a nivel regional y nacional: Secretario General del Ministerio de Trabajo y ministro encargado de ambas carteras. Secretario de la alcaldía del Distrito de Cartagena y Alcalde encargado, y en el departamento, como Secretario de la Gobernación de Bolívar y gobernador encargado. Se desempeñó, igualmente, como cónsul de Colombia en Venezuela y embajador en el Líbano.

Con motivo de un recital de Félix Turbay en el Salón de actos del Museo Nacional, el maestro Héctor Rojas Herazo escribió una nota en la que se refiere al poeta y diplomático así: Con acento seguro, con dignidad emocional, con encendida fluencia, nos condujo a todos los allí presentes, por el complejo territorio de una poesía donde la amargura y la esperanza conviven como hermanas gemelas. Es la de este hombre, una voz desgarrada, una voz que se empina sobre la desolación de nuestra criatura, para decir ese terrible secreto que silencioso, en nuestra sangre, desde el principio de la voz y desde el primer asombro de los ojos. Su palabra trata de ascender a los orígenes. A ese primigenio encuentro del hombre, del hombre castigado con su carga de absoluto, con la magia de los seres creados.

El poeta Turbay mantuvo una hermandad con Rojas Herazo, de quien además, era compadre. Fue alumno del maestro Gustavo Ibarra Merlano a quien Félix recuerda de una manera especial, como a un ser excepcional, que no auscultaba conciencia sino soledades, y que entraba de una manera mágica al alma de sus alumnos, cuando, por allá en 1948, era profesor de griego en el Colegio San Pedro Claver. La vida de nuestro querido poeta ha transcurrido entre los afectos y cercanía de grandes hombres. Una especial atmósfera parecida a lo que Jorge García Usta llama “magia común”, y cuyo término usa para describir los afectos en los que gravita García Márquez, en el periodo de vida intelectual en Cartagena.

Félix  era uno de esos hombres que vienen al mundo a dejar un pensamiento y un legado estético e intemporal a la sociedad en la que viven.





ANTES DEL TIEMPO

No se trataba de fundar una ciudad.
Necesitaban habitar el futuro
como un primer asombro de las recordaciones,
y hablaban un idioma desconocido entonces
por el pasado. No tenían historia
ni tenían un ruido de espada entre los huesos.
Pero llegaron
y fundaron el dolor y la muerte que al fin necesitaban
para estar en el mundo.






Reino Incierto.

Abusaremos algún día
del más fuerte monarca, ya devastados sus ejércitos,
ya hirviente su palacio, carcomida
su piel brillante, untada su corona
de un aceite secreto que viene de la muerte.

Anterior a su lumbre, al oro de sus párpados,
algún salmo desierto lo estará recordando;
entre viejos bastiones, alguna dinastía
de música sangrante; sobre las tempestades,
alguna incierta pena del viento entre los álamos.

Después será posible levantar otro reino
hacia el mar, que es la tierra del sueño.






Poema inicial de la madre.

Madre ven, no te vayas, con tu mano
dale a mi corazón un nuevo aliento;
entre Dios y tu sombra, sólo el viento
tiene la identidad de lo lejano.

Con tu tiempo de amor, con tu temprano
desesperar, amor, fuiste lamento,
todo tu vientre tiene el vencimiento
de un profundo amor sacrificado.

Canta, espera retorna, siembra, anida,
madre, señora de la mansedumbre
territorio de un mundo inencontrado
en tu puerto de miel zarpó mi vida,

y en tu florecimiento inesperado,
matinal y sonámbulo, tu acento
fue llenando de luz mi pensamiento
con el temor de un grito recobrado.





Elegía en la Muerte de Luís Malo Alandete.

El jueves 21 de abril de 1951, a la una de la tarde, murió el
médico Luís Malo. Félix Turbay leyó el siguiente poema
como un homenaje a la memoria del destacado personaje.


Hoy tu recuerdo llega riguroso a mi alma,
descubriendo la vida, hundiéndose en la noche
final de las palabras, palpando en cada cosa
la blancura del mundo clausurada, soñando,
venciendo, rondándome los ojos y la cara,
cuidando de mi casa y mi familia
con sus brazos humanamente abiertos
desde el sitio que alzó tu vestidura
de espíritu y de huesos
hasta la juventud de los luceros.

Lo sé. No importa que las calles de tu pueblo
sientan que no caminas sobre ellas.
Tu pueblo tiene sensación de puerto
cada instante, minuto, cada hora
de tu dulce retorno. Todos saben que vuelves,
que te fuiste a curar un enfermo, que tu ida
es el comienzo de tu nueva vida,
de tu desesperada contextura
de hombre bueno, adherido al corazón de las batallas
como un amanecer a la alegría.

Espera. Deja que grité tu nombre en cada esquina,
en cada calle, en cada viento, en cada lágrima.
Me estás doliendo mucho en el recuerdo.
Me estás hiriendo mucho la ternura.
No trates de explicarme, no me digas
nada que pueda atarme a la amargura.
No pretendas llorar, que tu alegría
tampoco se apagó con tu partida.
Deja: Deja que me maltraten
que me lleven atado a un sitio lleno de ataúdes,
que me partan las manos y en la sangre
me hundan la semilla de la fiebre.

Yo sé que tú retornas. A curarme,
a decirme de nuevo: buenos días,
a regalarme dulces y centavos
como cuando era niño y te llamaba
desde la acera de mi casa-tuya.

No lo pienses así. Todos te quieren,
no hay uno solo que no te presienta,
no hay un solo domingo que no te lleve
canciones tuyas en su nacimiento.
La misma iglesia, si, el mismo cura,
la misma plaza buena y silenciosa,
las mujeres iguales, los señores
iguales como siempre, menos uno,
los mismos pastos y los mismos bueyes,
el viento igual, igual como la orquesta
con aquella esperanza campesina
de música morena arrodillada,
yo igual, todos iguales, esperando
tu voz y tu estatura. Licho Malo,
tu Purísima fuente de amistad.

Hoy tu presencia llega rigurosa a mi alma.
Mañana nuevamente hablaremos de todo.
Aquí mismo te espero, con el mismo vestido,
con la misma manera de esperarte
que siempre conociste.
Mis padres mis hermanos, mis amigos, mi pueblo,
y toda, toda, toda la sed de los caminos
te esperan, te reclaman, y sienten
que en los ojos les ha nacido un hombre
indeclinablemente universal.