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jueves, 6 de diciembre de 2012

OMAR GARZÓN PINTO [8809]



Omar Garzón Pinto. Natural de Bogotá, Colombia. Estudiante de Ciencias Sociales y profesor de Geografía e Historia en el Colegio San Basilio de su ciudad de natal. Tallerista de la Fundación Andrés Barbosa Vivas FUNDAVIVAS, y miembro de la Liga Latinoamericana de Artistas, colectivo de poesía, teatro, pintura y ex­-libris dirgido por el artísta plástico colombiano Alonso Jiménez. Como poeta ha sido invitado a diversos recitales entre los que se destacan: Recitales del Gato y Poesía independiente (Bogotá, 2012); III Festival de Literartura de Bogotá, organizado por la Fundación Fahreheit 451 (Bogotá 2012); I Recital de poesía Universidad Minuto de Dios, en el marco de la Toma Cultural Universitaria (Bogotá, 2012); IV versión de las Jornadas Universitarias de Poesía, organizadas por la Corporación Ulrika (Bogotá, 2011); Homenaje a Raúl Gómez Jattin, organizado por el Taller de poesía de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá, 2011); III y IV versión del Recital de poesía Universidad de La Salle (Bogotá, 2011). Participó con su trabajo Los Nuevos: entre la política y la poética, como ponenete en las III Jornadas Universitarias de Poesía, organizadas por la Corporación Ulrika (Bogotá, 2010) y con la ponenecia La ruta de los poetas Afrocolombianos desde Candelario Obeso hasta Jorge Artel en el Día de la afrocolombianidad, organizado por la Corporación de Identidad Cultural CORPIDENCU (Bogotá, 2011). Entre 2010 y 2011 participó en los talleres de extención cultural “Poesía Latinoamericana” y “Taller creación poética” de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. En 2011 publica su primer poemario titulado Faro desnudo (ilustraciones del Alonso Jiménez), editado por la Liga Latinoamericana de Artistas. Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones como el Cuaderno de Apuntes del Café Literario de la Biblioteca Pública Francisco José de Caldas, la Revista Cultural Parabras diversas, el Periódico Riel y la revista Fahreheit 451, entre otras.



Noche en Bojayá

Al sur del Darién
los hijos de la tierra
observan, respiran, se estremecen,
en una pequeña iglesia,
el miedo y la zozobra también.

Se quita el ministro los hábitos;
tiene la cara pálida y fría.
De pronto… ¡Un estruendo infernal!
¡Decenas de voces
de mulatas como en parto
derrumban las paredes!

Fuego, lluvia;
Negros se vuelven los dientes,
de llanto se tiñe la brisa…

Una muñeca de trapo
en el altar…

Una puerta tendida en el suelo…

Lágrimas con olor a ceniza…

Árboles de selva húmeda…

Ríos en duelo…

Cuentan la historia
mientras llora un niño.





Soldado de permiso con premio entre los dedos

¿En qué momento un brazo
toma la forma de una hoja que cae?
¿En qué momento la partida de un barco
se divisa en lo profundo del océano?
¿En qué momento un hombre libertario
hace el papel de un inquisidor?

En el momento en que un dedo nocturno
mata a una paloma y le cierra los ojos.
En el momento en que un centinela
renuncia a su torre y se embriaga con oro.
En el mismo momento en que una guerra
se convierte en un hijo muerto.





Caso de bardolatría

Dije que este sería mi último verso leído,
pero otra vez mentí;
Lo mismo dice la muerte de mis noches,
ese viento no sé de donde,
no sé de cuando.

La muerte, como la poesía,
es un vicio que nunca llega,
que nunca termina…





Cosas de niños

Estuve en Alejandría.
Aprendí que el fuego quema conciencias
y no papeles.
Que el viento pasea cenizas de letras y voces.
Que el mar es testigo de lo que no sabemos
y una lanza nos mata todos los días.

Nos hacemos más fuego y menos gente.






Venas abiertas

Hoy espero bajo la lluvia.

No soy un árbol,
nunca lo quise ser.

Ahora mojado
entre las sombras
que me señalan,
pero tampoco luz.

Un trueno, dos, tres, cuatro,
¡Doce!
Y ninguno me cae encima.

Tan sencillo llorar
cuando eres fiel
a una existencia
que no es un árbol.





El mesón y la vida

Este refugio entre albahaca y azafrán.
Un techo manchado de aceite: aurora boreal,
que refleja el recuerdo mi infancia
con elegantes pinceles mojados
y voces prohibidas y flores abiertas.
Verde refugio; santuario nostálgico
donde me resguardo del mundo sensible,
del mundo de grises telas y paisajes opacos.
Me sumerjo en mi cueva afable,
lugar ideal de copas, burdeos y riojas;
De platos como pinturas rupestres
llenos de frutas desnudas por mis manos,
por mis dientes y mis ojos huraños
como putas necesitadas de verdaderos bríos
(tristes niñas miradas senilmente).

Olvido que soy porcelana,
un simple adorno de mesa quebrándose,
y, solo aquí, soy persona,
solo aquí puedo morir bebiendo tés
y riendo, pero al fin vivir de verdad,
recreando recetas en platos vírgenes,
levantando las manos como olas.

¡Gritar, fumar, morir!
Pero al fin vivir.





Piel

Piel, límite de la vana realidad
y frontera de sueños fugaces,
de clamores eróticos
y transparentes;
De corazones descarriados,
y brazos impetuosos
que colindan con deseos sin rostro
tristemente desconocidos.
Ignorante piel
la que consiente dedos errantes
y humedece labios con gemidos,
se compara con las rosas
pero no sabe que es el rocío,
se duele y grita con las olas
sin embargo no recita el canto
de los pájaros.

Encanta su silueta pronunciada y blenda;
finamente esculpida, suavemente marcada
por rocas hirientes. Ya no es piel,
es hiel,
es deseo,
es ídolo,
es blanco y es negro;
es cicatriz,
es tiempo pasado y presente;
Es vanidad, es barro y es espejo.

Es la parte inerte de la muerte.






Fragmento de tu silueta

Sabes a mañanas de delicados aromas,
a destellos de luz extraviados
en lo profundo del rocío matinal;
Sabes a labios cerrados
con la yema de mis dedos,
al canto del agua
que brota de un olvidado manantial
y se sumerge en la inmensidad de tu piel,
siempre tan distante, tan soñada…

Sabes a néctar, a sabia, al verde de las hojas
que se mecen con el paso de la sombra de la vida.

Hoy sabes a amor,
a espejo, a dos almas encontradas como
un galardón esperado,
y la lluvia…  la lluvia siempre testiga
de tu silueta y de tu cabello,
como auroras sublimes.

Podría decir que mañana
sabrás a recuerdo,
a un sueño de jardines sicodélicos,
pero
tu nunca sabías, tus ojos nunca sabían,
siempre son, y tu voz nunca fue,
siempre es,
como un canto de paraísos desérticos
o estas líneas ¡o la nada!





Occiso II

Las estrellas se cubren
como el brillo de tus ojos
y la lluvia cabalga
mis labios secos
después de que sus ráfagas malignas
atravesaron tu vientre.





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