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domingo, 1 de abril de 2012

6564.- VIRGINIA LUCAS


VIRGINIA LUCAS, (Montevideo, Uruguay, 1977), es poeta, performer, profesora y ensayista. Ha publicado los poemarios "Épicas Marinas" (2004) y "No es de acanto la flor en piedra" (2005). Ha sido traducida al catalán, al inglés y al portugués. Su último libro "Amé.Rica tu valor de cambio" será de próxima aparición bilingüe en Nueva York. Como ensayista obtuvo el Máster de la tesis "Gioconda con bigotes: montaje en Alejandra Pizarnik" y ha publicado la compilación de ensayos junto a Diego Sempol "Orsai: género, erotismo y subjetividad". Actualmente trabaja como Asesora en Letras del Ministerio de Educación y Cultura, y dicta cursos de Literartura Latinoamericana en la Facultad de Humanidades (UdelaR) de Uruguay.




De Épicas Marinas




Contrapunto, Ismena es Ismena, Antígona es Antígona


Ismena atesoró el silencio
entre palabras, guardaba
los anaqueles
- escondía el diccionario.


Ella, la hermana, había hurgado
las madejas, las hojas, la letra.
El mañana, entre el cirio
se leía / sobre las páginas,
del afán…
Se iba leyendo, entre anaqueles
- custodiado…


Mientras,
la palabra, fluía hirviente,
se escapaba, presurosa lumbre,
casi cirio consagrado/
paloma dislocada…


Ismena se atrevió, guardó


al silencio -con Antígona-
en la cueva,
- sigilosamente profanada
del desierto…
Bosquejo


Las niñas jugaban / en los cabellos de la
Palmera
Palabra florecida, sobre la arena
del mar
giraban en las curvas del molino
- inocentes


al borde del abismo…




II


El lenguaje del antiguo rayo conoció /
del amor la lengua


Antes del trueno / hubo silencio
luego del amor de la palabra


- callamos.
Estampa, del deseo




Sentada sobre el jazmín
los rizos pélvicos destilan
las páginas de ese
libro que por años he
guardado, como las letras
curvilíneas sobre la apergaminada
Historia, dulzor, incienso de comunión,
agua bendita, agua colonia fresca
olor a sacristía.
La fragancia me mira desde los ojos
de la virgen, colgada, cayendo
despide del manto celeste,
por debajo, sutil, escribe,
el contacto de la carne desnuda
sobre el mármol
y el jazmín
Géneros


Revestido está tu cuerpo por el texto
por el texto discurren las lanas,
las hebras rompen aguja, hilo
-fragmentos-


Laletranoentra. No penetra.


La hebra –a veces- logra alcanzar
los trazos de tu texto.
Entonces, cuando no penetra, cambio, digo no me penetrás.


- Yo te integro, no me poseés, yo unifico los fragmentos
y teorizo mi sentimiento y critico
mi emoción: varón, vos no me penetrás,
yo Mujer, integro
adentro


y subvierto, siglos de tradición
y poseimientos
Marina




Desatarte, desamarrate
las trenzas bajas


- almejarte a mí
como un crustáceo hambriento /
cortarte
una a una
las ligaduras del pubis,
delicadamente


Saciarme, bebiéndote el tronco /
húmedo
de corales y restos /
de sangre


y entonces, morirme


- en tu cadáver


hecha necrófila y hembra
Marina II




Poseyendo uno a uno los racimos de tu abdomen /
descuelgo mi lengua


-barca embravecida
o casi ola rompiéndose,
sola, en el inmenso
cuerpo / de la humedad


- oliendo, olerte o leerte:


“Hacerte mía, en fin, con las
narinas abiertas/
piernas / vaginas
que tragan todo…(.)”


Entre los sexos,
del aroma de las casas que me vieron sudar


- tragarte








"la palabra liberada
de deseo
de ser palabra"
Diana Bellessi






Entre las bellezas del jardín
quiso encontrar de la reliquia la flor aquella:


(pulso abierto busqué de sendas el amor,
abalorio santo de primavera...)


y entonces,


entonces fue por las piernas


fue el pulso primero de mi hembra
fue aquella dulzura de simiente


de néctar congraciado por la Abeja


Mientras libaba, cera caliente


mientras saciabas
entreabierta boca de mí en delicias
(mientras,
solo mientras, me sostuvo).




De "No es de acanto la flor en piedra"










La tez suave con la que rozas
la piel del pétalo abierto


Diría: voz rozando el espacio del cuerpo


Respiración
casi aliento
de la mañana


Diría: sonidos de piano en melopea
o musgo aconchabado
de grieta en pared de urna


Diría: día nublado


Lluvioso espasmo.


De "No es de acanto la flor en piedra"










A.


En Tacuarembó mirábamos a Montevideo con nostalgia.


En Montevideo, pensábamos en Tacuarembó, en las vacas, en los cerros,
en el mismo cordón de indecisión del crecimiento urbano,
algo, como un tango, tarareamos.


B.


La materialidad gana una jugada: “sí, se me inundó la casa, pero la tele está alta,
sobre una silla, sobre una mesa, en una caja”