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domingo, 1 de abril de 2012

6553.- VIVIANA PALETTA



VIVIANA PALETTA (Buenos Aires, Argentina 1967). Reside en Madrid desde 1991. Licenciada en Filología, ha realizado sus estudios de doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid. En 1986 recibió el primer premio de Poesía en el I Certamen Literario para la Mujer Argentina y, en 1989, fue seleccionada en cuento y poesía en la Primera Bienal de Arte Joven de Argentina. Junto a Javier Sáez de Ibarra dirige la colección de Narrativa Breve de la editorial Páginas de Espuma. Es editora de Veintisiete Letras.
En 2003 integró la antología Estruendomudo y publicó su libro de poemas El patrimonio del aire. Sus relatos y poemas han aparecido en publicaciones de Argentina, Colombia, España, Guatemala, México y Perú. Ha participado en Di algo para romper este silencio, libro-homenaje a Raymond Carver, coordinado por Guillermo Samperio (México, 2005), en Antología de seres de la noche, selección de Salvador Luis, Cecilia Eudave y Carlos Bustos (México-Florida, 2006) y en El arca. Bestiario y ficciones de treintaiún narradores hispanoamericanos, de Cecilia Eudave y Salvador Luis (Santiago de Chile-Lima, 2007). También está incluida en la antología Los poetas interiores. Una muestra de la nueva poesía argentina, seleccionada por Rodrigo Galarza (Madrid, 2005). Este año ha preparado la edición y el prólogo a los Cuentos completos de Rodolfo Walsh (Madrid, Veintisiete Letras) y está en prensa su poemario Las naciones hechizadas (Caracas, El Otro, El Mismo) al que pertenecen estos poemas.





VII


Es menester
tu cuerpo
apresurado en su sombra
atiborrado de luz.


Me roba
de la mano
el puntal gemido
el temblor hueco.









AIRE


[…] no entiendo la repugnancia sobre el uso del gas.
Estoy muy a favor del uso del gas contra tribus incivilizadas.
Winston Churchill




No tenemos ninguna convicción
salvo la respiración enardecida.


Y el aire que sigue su riguroso quehacer.


Bate una multitud cuando se agita.
Está azorado. Desencajado.
Y de tanto girar se desmadeja.


Irrumpe una algarada de viento:
no trae legiones, no trae timbales
ni estandartes ni ojivas.


Se vale de sí
de su propio aliento desfigurado
aire de aire.


Lleva una riada mostaza
que el viento mueve, esparce y desordena.


Nos envuelve en su marisma de niebla
bajo su manto nos calcina
como la nieve entretejida
como el retumbo del agua.


No tiene esqueleto.
Ni mecánica. Ni superficie.
Es un silbido
amarillo de Siena.
Un ardor que carda los cuerpos.


Pero me han dado
una copa de viento:
¿no la he de apurar?














El enemigo sentimental


Temo el frío del hombre, el ancho río,
la aurora gélida, mi cuerpo en hambre.
Devástame de mí. Soy el calambre
que roe el candil donde me ciño.
Calienta en el fragor la tumba helada.
Inúndame de él. Un cuerpo nimio
se escarcha en la sombra que me agarra.
Helándome de mí soy mi enemigo.










Librecambio


No se puede medir
esta extensión
con una lengua raquítica.
Hemos alcanzado el principio
de la igualdad
del dinero.
De más está decir que llueve
y un párpado aterido
concede la licencia
para dispararle.
Es un cuerpo vano. Se enreda entre las hojas.
La tarde ni se asombra.
Cambio es dinero.
Quietud es dinero.
Al cuerpo no le atañe lo que es.
No presiente su parcelación,
éxtasis de las mercancías.
Su don nadie en las guerras ajenas.
No va más allá de la fosa común
y su arpón sin rezo.
Sólo su cabeza vacila
entre la quietud y la escasez.











Fanfarria del arlequín

“Nuestra vida está colgada como de un hillico de su sola voluntad”.
Fray Luis de Granada

el hombre vocifera se levanta mira arriba se ejercita miente camina bosteza manufactura se lo llevan los diablos se compromete delira se detiene trastoca jura y perjura reflexiona muerde olvida comprende se apaga regala se beneficia susurra confía se desgañita pierde cae rememora compra echa los títeres a rodar imagina se recuesta transgrede desconoce se relaja condena transita se enrosca sueña devora se esconde utiliza propaga observa la ley se desmorona gasta intuye descansa se arma hasta los dientes reza va y viene acumula sospecha se dobla pierde ignora recapacita sucumbe devora con la mirada permanece otorga concluye practica bosteza se cae y se levanta cree despilfarra enciende borra con el codo se enardece vende trasiega se deteriora mastica cae se asombra nada y guarda la ropa silba esconde enreda encandila difunde pierde se apaga arranca se desmorona dispara tiene los días contados concluye deletrea se amilana incendia las tardes rumia cosecha dictamina no pega ojo salta observa hace números abusa trasciende detona pierde el tiempo canta arraiga en otra tierra desfila promete se curte reposa se contagia desconfía se atrinchera niega baraja se extravía ofrece retoma se pone en lugar de otro ataca se distrae encuentra lleva la cuenta regresiva se devana entre los hilos del prestidigitador

(de “Las naciones hechizadas”, Ediciones El Otro El Mismo, Mérida, Venezuela, dirigida por Víctor Bravo)