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martes, 13 de marzo de 2012

6300.- VALENTÍN ARTEAGA



Valentín Arteaga y Sánchez-Guijaldo, poeta y religioso teatino español, nació en Campo de Criptana en 1936. Ha publicado ocho libros en prosa y más de veinte poemarios desde 1972 hasta la actualidad. Ha sido galardonado con numerosos premios, entre ellos: «Ciudad de Palma», «Ciudad de Puertollano», «Fray Luis de León», «Eladio Cabañero», «Ciudad de Linares», «Bahía de Algeciras», «Gerardo Diego», «Florentino Pérez Embid», «Jorge Manrique», «Santa Teresa de Jesús», «Ciudad de Cuenca», «Juan Alcaide», «Blas de Otero», «El Olivo» y el «XXVI Fernando Rielo de Poesía Mística».

Obras
- La esperanza del barro y otros poemas, Campo de Criptana, Hito, 1972.
- De par en par, Campo de Criptana, Hito, 1973.
- Dios en voz baja, Torrejón de Ardoz, Ateneo Popular, 1975.
- Y aún no había raíces..., Madrid, Algar (Colec. Síntesis de Poesía), 1979.
- Las barcas de la memoria, 1984.
- Un rostro va en su música, 1985.
- Mujer junto al poniente, Talavera de la Reina, Colec. Melibea, 1994.
- El viento y las alas, 1996.
- Umbral de la distancia, 1983.
- Arde el sol como un templo, 1980.
- Retablo de ceniza, 1981.
- La espalda de Adán, 1984.
- Inutilidad del crepúsculo, Madrid, 1989.
- Cayetano de Thiene: un testigo del sermón de la montaña, 1986.
- Cuando llueve en tus ojos, 1975.
- Resplandor para un éxtasis: exultación y deslumbramiento de Sor Úrsula..., 1993.
- El mar en la patena, 1981.
- Los peldaños de la luz, 2000.
- Tránsito, Jaén, Colec. Señales de Poesía, 2000.
- Siete salmos en vilo para arrodillar los colores, 1995.
- Cuando regresa el mar hasta mis labios, 1985.
- Tierra Clementísima.
- Misa de Navidad, 1984.
- Regreso al corazón del Evangelio: Vida Interior de Cayetano de Thiene, 2000.
- La niebla transitada, 1991.
- Padre nuestro sin más: San Cayetano de Thiene 1480-1980, 1980.
- Manual de ceremonias, 1992.
- Oficio en mi menor, 2008.
- 4 poetas manchegos: Juan Alcaide, Angel Crespo, Eladio Cabañero, Félix Grande, 1985.
- Con Joan Terrasa, La muerte plenitud de la vida: Diálogo con el P. Antonio Oliver, 1996
- Con Antonio López Torres, López Torres: Retrato y fábula de un pintor de Tomelloso, 1992
- «La sed en la poesía religiosa de Juan Alcaide». Revista Hito, cuaderno n.° 7; noviembre de 1969.








ALZA EL APOCALIPSIS SUS PEANAS




De nuevo va subiendo la hermosura,
peldaño tras peldaño, Apocalipsis
anclado en un recuerdo de palmeras
y desierto encendido; va al futuro
con la sangre hecha antorcha, tanteando
las barandas crujientes, hacia un templo
luz ya final. El hombre
se vacía en la cumbre de sí mismo
regresando, desnudo, a los fontales
espacios ardorosos, mar en frente,
olivos, viñas, tardes luminosas
y antiguas eras altas, diosas vírgenes
encima de las trillas, desatados
sus cabellos de música en los pórticos
del corralón final del santuario.
Este polvo ardoroso, esta hornacina
universal de hatos, cabras, dioses,
galeras de cebada, rosas, pozos
en el zaguán con parras del paisaje,
se elevarán en oro, maderamen
sagrados, y esta especie,
estriada de hoy, vendrá a la aurora
que espera, agazapada entre los siglos.
La postrer decepción de la belleza
subirá al esplendor, luego de densos
diluvios seculares; nos iremos
estirando otra vez, esbeltos, puros,
los hombres hacia dioses.
Habrá sido
un eclipse de sol, una ancha lágrima
partida al bies el tiempo, y las peanas
de las cosas ardidas tal vez suban
al poema del júbilo, en volandas.


De Retablo de ceniza (1981)











MÚSICA DE AMANECER - 6


PIEDRA animal tan múltiple, qué viento
cinceló su fijeza.
Su luz hiere las aves. Es un rostro
de extática ansiedad, de disparado
y ardoroso clamor, es casi límite
ceremonial del cuarzo y la gacela
elevados y eternos, ancha selva
el pensamiento aún.
Rostro que quede
quizá como señal.
Oh, temor de mirarlo, balbuceo
de la historia que estrena en las hipnosis
la luz cobre del aire, el sobresalto
del tiempo casi humano, perfil duro;
rostro que no ha vencido, pero empuja
las cancelas del aire. Rostro en piedra,
terca evidencia pura que hubo un día
vida aquí en el paisaje y en la música.


De Un rostro va en su música (1983)






MÚSICA DE MEDIODÍA - 6


CREO tu desnudez, dios me contemplo
nombrando tu hermosura tal un barco
que de pronto entrevemos desde siglos
de columbrar sorpresas, rodearse
de música y más música. El silencio
subraya las orillas de tus cejas.
La playa de tus labios se arrodilla
y entra el barco en el puerto de mis dedos
lo mismo que tu nombre. Es mediodía
en todo el mar ahora. Me desnudas
las olas y los ojos. Ahora eres:
la inocencia infinita, tiempo azul,
un sol de par en par. Abrimos puertas
totales al misterio. Un agua en llamas
se choca entre los dientes, la escollera
del corazón. Convierto tu hermosura
en arena caliente. Tienes huellas
de viajeros y náufragos. Yo soy
quien vino a redimirte. Vístete
sólo ya con la música, me has hecho
traslúcido también como tu cuerpo.


De Un rostro va en su música, (1983)







EXILIO EN PRIMERA PERSONA


La tristeza no existe, se insinúa.
El fraude, el desamor, los otros nortes.
Los muros medianeros, sí, entrevuelan
el tedio gris y oblicuo, todo el lienzo.
Sólo el tedio es verdad, tan puro, inerme.
La soledad más leve que levanta
casi apenas el aire, polvo al raso.
Una cerilla núbil en repudio.
Acaso nadie vive en estos predios.
Hay un retablo antiguo, sin imágenes.
El sol nos resquebraja las rendijas
y se ve el plenilunio, no la muerte.
La luz vocea campos y manceras,
diluviales horcates, un mutismo
de apedreadas hoces, los barbechos,
un sinsabor voraz por el paisaje.
Aquí he traído el día para verme
y no, no estoy ya triste, no lo he estado
jamás. El almanaque se me rompe
ante un cardo de vidrio melancólico.
¿Seré yo esta cardencha de latón,
el bronce vegetal de aquel sendero,
un cuadro por pintar cuando el verano
se tuesta en este horno de mis sienes?


De Umbral de la distancia, (1983)








El amor es la lámpara votiva y reverente
entre los ojos fríos. Balbucea el espíritu.
Ah, cuánto cierzo bate los portones cerrados
de la memoria. Vamos haciéndonos mayores
casi a la vez. Te invoco. Dónde están los vencejos
de tus tardes de oro, la barca en que viniste.
En ninguna ola llegas. Todo aquí nos lo traen
de otras tierras. El viento, ay, cómo grita, quema.
la ciudad está sola sin ti ahora mismo. El agua
no te copia. Yo iba hacia mí, te he buscado
por la orilla. No queda ni un recuerdo tan solo
del futuro. Ya somos esa huella en la arena
que despacio se borra. Ni siquiera he besado
tu frágil gesto, el vuelo de tus manos bañadas
de resplandor. La vida se deshace en el aire.
Seguro que volvemos cuando pasen los años
a memorar crepúsculos, a rozarnos los ojos.
Toda tú eres presente. Destruyes almanaques.
te enviaré en cada sobre pretéritos palomas.
tú estarás a la puerta de tu casa encalada,
joven como una diosa mirando a las columnas.
Quizá un invierno llegue cuando menos lo creas
para leer muy juntos, horóscopos de sándalo,
ponerle a los recuerdos su verdad expresiva.


De Las barcas de la memoria (1984)









LIMPIAME, amor, los labios de cerezas fugaces.
Me echo el agua desnudo, sin ningún ornamento.
Mas aunque todo fuera solamente palabras,
el agua está envolviéndome como capa pluvial.
el faro está encendido en un rincón del ábside
y nos purificamos, nos lavamos el cuerpo
para poder subir las barandas del día.
Hombres de las masías, chicas de los pinares,
pero de qué tenemos que lavarnos nosotros
tan antes de esta pura celebración agraz
si no hemos hecho nunca el amor en dialecto,
ni hemos bebido vino con los pobres, si somos
una tribu solar, una estirpe de reyes,
una raza de atletas con la frente signada.
Yo quiero, mar, mirarte derechamente hermoso.
Pero, sí, lávame las manos ahora enteras.
Deténganse los árboles, la lámpara, el camino:
Naufraga todo el bosque en las gradas del templo.
de las cimas del alma se me resbalan siglos,
parvas, pájaros, tardes, carmesíes palabras.
en las sacras se empozan poemas oceánicos.
Pero tú límpiame la frente con palomas. (…)


De Cuando regresa el mar hasta mis labios (1985)










He dicho paz, amigos, antes de revestirme.
Una muchacha fuma marihuana
en la Plaza Gomila. Por la Piazza Navona
oigo un canto español que me enternece
como un salmo tirante de dehesas
y huele a suero el campo por la tarde.
En San Cosme y San Damián están tocando
las campanas a amor, y Vía Véneto
es tan cosmopolita como un libro
de Ungaretti esta tarde, amiga mía,
siciliana muchacha de terracota pura.
Decido amar la paz sobre todas las cosas.
Hablamos de la Mancha por el Campo dei Fiori
y vivir es hermoso igual que una naranja,
o este cáliz de oro que me embelesa el ánimo,
dejar correr la barca en Biniancolla…


De Cuando regresa el mar hasta mis labios (1985)











CONSTATACION FELIZ


Toco mi cuerpo ahora, lo evidencio.
Constato el apellido de mi greda.
Qué maravilla tanta claridad
de mosaicos azules y jardines,
pozos, ventanas, patios, bovedillas
sosteniendo los éxtasis o el barro
con que estoy construido. Palpo el júbilo,
la añoranza de barca de mi pecho,
esta fragilidad de mi ceniza,
el péndulo del alma, rozo el sol,
el inmortal anhelo de las fuentes
de mis ojos de tierra, ah qué hermosísimo
tener cuerpo de lluvia, cerciorarse
que resuena la vida por mis pies,
súbese por la espina hasta los hombros
y arcilla enamorada es la pregunta
que edifica mi sangre. No estoy hecho
sino de mucha espera contenida,
de macizos deseos, tensa fiebre,
cañaveral respiro, ansia indomable,
un recuerdo infinito de jardines
y esta tristeza lenta que me raja
el cortezón maduro de mi carne.


De Manual de ceremonias (1992)









I-9




El principio y el término se juntan
por la mitad, se unen en el centro
del instante presente.
Lo que ya sucedió sucede ahora.
Cruzaba un ciego el puente aquella tarde
y lo sigue cruzando mientras tú,
abandonado al aire de ti mismo,
sujetas las barandas.
i En el momento último
me agarraré a tus manos como un niño!
El tiempo es como el agua.
El manantial primero nos conduce
a la orilla del mar.
En la orilla del mar por donde mires
la realidad acaba presentándose
delante de los ojos.
No cicatriza el tiempo la costumbre.
El tiempo viene y va como un milagro
puntual y futuro.
En sus brazos las madres llevan niños
como si fuesen cántaros.


Ah este cántaro
donde me apoyaría a todas horas
para saber que llegas de la lluvia
del principio y el término ya mismo.


De Tránsito (2000)









DIOS TE SALVE




Bien lo recuerdo,
entraste en mí lo mismo que una tromba
de lluvia inesperada o como un ángel
con todos los permisos para anunciar la luz.
(Las madres viven cerca de los ángeles y cerca de la sed
que agarrota la garganta de los campos)
Entraste torrencial mientras las fuentes recitaban Dios te salve
y todas las campanas del mundo repicaban al Ángelus.
Bien lo recuerdo,
eres como un viento muy suave que entorna los postigos.
(Musitaban las madres: Este hijo, este hijo.
Qué será de este hijo cuando remita el tiempo
la costumbre de amanecer temprano.
Fervorosas rezaron: Ave, María.
Tan parecidas a los ángeles de las Anunciaciones.)
Era que la gracia nos ponía
ante la madrugada. La Mujer, tan clarísima
en medio de lluvia,
iba a su oración y sus silencios


De Oficio en mí menor (2008)


http://www.ediciones-encuentro.es/ibioculus/view.php?menu=226