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viernes, 9 de marzo de 2012

6237.- LEONARDO NIN




Leonardo Nin (1974, Barahona, República Dominicana) Poeta, cuentista, novelista, ensayista y lingüista. Ha publicado varios libros de cuentos entre los que figuran: "Guazábaras (2003)" y "Sacrilegios del excomulgado (2008)”. También ha desarrollado una intensa labor literaria y de investigación lingüística y antropológica sobre las variaciones fonéticas del castellano en América y las influencias de las lenguas aborígenes nativas y africanas en las vertientes modernas de comunicación. En el 2007 fue galardonado con el premio nacional de la Juventud y sus trabajos literarios y de investigación han sido publicados en varias antologías y revistas literarias nacionales e internacionales, entre las que figuran: Viajeros del rocío: Veinticinco Narradores dominicanos de la diáspora Rubén Sánchez Féliz, Editora Nacional 2008, Sto. Dgo. Rep. Dom. Poesía del encuentro: Antología del VII encuentro internacional de poetas de Centro América. Adriano Corrales Arias, Mediaisla Editores 2010, San José, Costa Rica. El columpio de los sonámbulos: Narradores dominicanos de microcuentos, Fari Rosario, Editora Corripio 2011, Sto. Dgo. Rep. Dom. Nostalgias de Arena Antología de 13 poetas y narradores dominicanos en el exterior CONDEX, Secretaria de estado de dominicanos en el exterior, Santo Domingo, Republica Dominicana 2011.






Lunático


La luna,
se arrima alocada de mis aguas oscuras,
de mis dientes de niño en placenta,
de mis manos de mujer,
de mis senos de hombre,
de mi cuerpo de papel,
de mi lluvia de sapos y ritos desnudos,
de mi sinfonía de calabozos y ataúdes.
Y amaneció…










Cortometraje


En mi reloj las horas se pudren,
segundos infinitos,
cuentan hojas de un tronco seco,
cayendo, subiendo,
enterrado el punto donde,
suelo y cielo,
se hacen cadáver de hombre acostado.












Oda al carbón


Negra en tus ojos, Negra.
Negra oscuridad vestida en tu cuerpo de noche negra,
negra, en el monte cubriendo tu entrada negra,
negra, cuando mis manos golpean los atabales
de tu piel desnuda y disecada, Negra.


Negra la forma de quererme, Negra,
negra en el sudor de tu grajo,
negra detrás de la oreja negra,
negra la suerte que un día, Negra,
a morar a mis brazos te trajo negra.


Negra la forma de irte, Negra
negras tus excusas y lágrimas,
negro es el vacío que tengo, Negra.
Negra mi voz, que te llama, Negra.








La casa


Que útil resulta la casa,
cuando de las costillas de sus cuartos sobrantes,
se hacen otras casas pequeñas,
y con cuatro velas y una mortaja,
baja compañera fiel a dar abrigo a quien no lo necesita,
pudriéndose junta, descomponiéndose junta,
olvidando junta,
dejando de ser casa
para transformarse en morada eterna..












Vino-sapiens


Despertar soñoliento,
girasoles de raza ladran a Miguel Ángeles de paja,
pintando sin encargo,
los suelos blancos de infiernos congelados y fríos,
piadosamente vacíos y solos,
paraísos de pecadores incrépennos e irreverentemente santos,
como carpinteros crucificados en quicio de burdel.












Canción de cuna para un verso


Mundos inventados detrás de un manto roto,
fundición de signos en papel y tinta,
agujas en cera apuñalando almas,
en mis ojos congelados en túneles de asombro.

Pare la prosa, sucumbe el ritmo,
y un verso solitario llora en lo oscuro a tientas.
Manjar de letras, boca insaciable,
y el alma satisfecha eructa dejando sus huellas
estampadas en el pulcro papel que la limpia.



Realidad torcida de ombligos enterrados
bajo puertas reflejando existencias errantes,
párrafos ardientes hilvanando nubes,
cómplices nefastos de tiempos olvidados.

Cristales quebrados, escombros de años,
Y un niño extiende sus manos soñolientas al mundo.
Reflejos turbios, identidad oscura,
y la palabra, disfrazada de madre,
amamanta su sabia, al oceánico estómago de la esencia.



Maletas sangrando las espaldas de un éxodo,
a la nada voy, pies a rastras mis pinceles grises,
líneas mudas esculpo en la voz del sol.
Transustanciación inicua sin pan ni vino,
lenguaje inaudito de plantados seres,
Esparcidos al viento por perversa hoz.

Llueve armonía, campa silencio.
Y un niño se tambalea con pasos inseguros a lo incierto.
La madre se abstiene, le suelta la mano,
Y lo ve pederse entre los fortuitos y cuadriculados senderos de un verso.