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sábado, 18 de febrero de 2012

6103.- LOUISE BOGAN


LOUISE BOGAN
(Maine, EEUU, 1897; New York, EEUU, 1970)




Medusa


Había llegado a la casa en una caverna de árboles
Frente a un cielo puro.
Todo se movía -colgaba una campana lista para ser tañida.
Sol y reflejos pasaron rodando.


Entonces estuvieron ante mí los desnudos ojos
Y la cabellera sibilante
En la ventana, vistos a través de una puerta.
Los ojos sin pestañas, las serpientes en la frente,
Formadas en el aire.


Ahora, esta es una escena muerta para siempre.
Nada despertará.
El fin no iluminará más que esto,
La lluvia no la empañará.


El agua caerá y dejará de caer
Y la repicada campana no emitirá sonido.
Desde el fondo del suelo,
siempre crecerá hierba para heno.


Y yo estaré aquí como una sombra,
Bajo el gran día equilibrado,
La mirada en el polvo amarillento que levantaba el viento.
Y que no se dispersa.


(Livermore Falls, Maine, 1897-Nueva York, 1970)
Versión de J. Aulicino








Medusa


I had come to the house, in a cave of trees,
Facing a sheer sky.
Everything moved,—a bell hung ready to strike,
Sun and reflection wheeled by.


When the bare eyes were before me
And the hissing hair,
Held up at a window, seen through a door.
The stiff bald eyes, the serpents on the forehead
Formed in the air.


This is a dead scene forever now.
Nothing will ever stir.
The end will never brighten it more than this,
Nor the rain blur.


The water will always fall, and will not fall,
And the tipped bell make no sound.
The grass will always be growing for hay
Deep on the ground.


And I shall stand here like a shadow
Under the great balanced day,
My eyes on the yellow dust, that was lifting in the wind,
And does not drift away.
















Decimoquinta despedida


I


Podés obtener todo de mí, menos mi aliento,
la vida ligera en mi garganta no va a pausarse
ni por tu amor ni por tu pérdida ni por nada.
¿Debo convertirme en la alcahueta de la muerte,
excavar la verde tierra en busca de la oscuridad debajo de ella,
dejar que el polvo me encierre, cubriendo todo lo que fue
con todo lo que será? Mejor, de las garras del tiempo,
la endurecida cara debajo de la sutil corona.


Más fresca que las piedras en los pozos, más dulce, más amable
que las calientes, traidoras palabras, mi respiración se mueve
cerca de mi sangre que se zambulle. ¡Sé fuerte, y colgá
como neblina indivisa sobre mi pecho y mi mente,
respiración mía! Olvidaremos el corazón que ama
aunque en mi cuerpo lata su espada, y su colmillo.


II


Salí a errar cuando pensé que la soledad era el ancho
olor a pasto cortado sobre los campos abandonados
o sobre cualquier sombra que el aislamiento produce.
La soledad era el corazón dentro de tu costado.
Tu pensamiento, más allá de mi alcance, era un aire inclinado
rodeado por tantos bordes como el viento.
¿Cómo podría juzgarte tierno o cruel
cuando todo el claro espacio que vuela estaba a tu cuidado?


Ahora que te dejo, los simples días vacíos
me van a hacer una solitaria, - jamás ese frío,
resonante corazón volverá a golpear entre mis brazos
otra vez, como consternado por la distancia,- sólo
niveles del atardecer, ahora, detrás de una colina,
o un último gallo desde las granjas oscurecidas.


Versión de Tom Maver










Fifteenth Farewell


I


You may have all things from me, save my breath,
The slight life in my throat will not give pause
For your love, nor your loss, nor any cause.
Shall I be made a panderer to death,
Dig the green ground for darkness underneath,
Let the dust serve me, covering all that was
With all that will be? Better, from time's claws,
The hardened face under the subtle wreath.


Cooler than stones in wells, sweeter, more kind
Than hot, perfidious words, my breathing moves
Close to my plunging blood. Be strong, and hang
Unriven mist over my breast and mind,
My breath! We shall forget the heart that loves,
Though in my body beat its blade, and its fang.




II


I erred, when I thought loneliness the wide
Scent of mown grass over forsaken fields,
Or any shadow isolation yields.
Loneliness was the heart within your side.
Your thought, beyond my touch, was tilted air
Ringed with as many borders as the wind.
How could I judge you gentle or unkind
When all bright flying space was in your care?


Now that I leave you, I shall be made lonely
By simple empty days, never that chill
Resonant heart to strike between my arms
Again, as though distraught for distance, only
Levels of evening, now, behind a hill,
Or a late cock-crow from the darkening farms.


from The blue estuaries (Poems 1923 – 1968), The Noonday Press, 
New York, 1995.
















El sueño


Oh Dios, en el sueño el terrible caballo comenzó
A piafar en el aire, tratando de alcanzarme con sus golpes.
Por sus crines se derramaba el miedo guardado 
durante treinta y cinco años,
Y un desquite igualmente antiguo, o casi, resoplaba por su nariz.


Cobarde total, yacía y lloraba en el suelo
Cuando apareció una fornida criatura y saltó hacia las riendas.
Otra mujer, mientras yo yacía medio desvanecida,
Saltó en el aire tratando de asir el cuero y la cadena.


Dale, me dijo, algo tuyo como talismán.
Arrójale, me dijo, alguna pobre cosa que sólo tú poseas.
No, no, grité, me odia; está ansioso por herir,
Y que yo me rinda o no, es lo mismo.


Mas, como el león de la leyenda, cuando arrojé el guante
Arrancado de mi sudorosa, fría mano derecha,
La terrible bestia, que nadie puede entender,
Se acercó a mí y bajó amorosamente su cabeza.


(Livermore Falls, Maine, 1897-Nueva York, 1970), 
Poesía norteamericana contemporánea, William Shand 
y Alberto Girri, Distribuidora Mexicana de Libros, 
México, 1976








The Dream


O God, in the dream the terrible horse began 
To paw at the air, and make for me with his blows, 
Fear kept for thirty-five years poured through his mane, 
And retribution equally old, or nearly, breathed through his nose. 


Coward complete, I lay and wept on the ground 
When some strong creature appeared, and leapt for the rein. 
Another woman, as I lay half in a swound 
Leapt in the air, and clutched at the leather and chain. 


Give him, she said, something of yours as a charm. 
Throw him, she said, some poor thing you alone claim. 
No, no, I cried, he hates me; he is out for harm, 
And whether I yield or not, it is all the same. 


But, like a lion in a legend, when I flung the glove 
Pulled from my sweating, my cold right hand; 
The terrible beast, that no one may understand, 
Came to my side, and put down his head in love.


LaVerne Harrell Clark/Texas Woman's University/Artistic Network