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lunes, 30 de enero de 2012

5894.- IGNACIO FERNÁNDEZ DE PALLEJA





Ignacio Fernández de Palleja (Treinta y Tres, Uruguay, 1978) Poeta y narrador.






La piedra es un anzuelo que se pesca a sí misma. La tiro a los
pies de ella, que se los está fotografiando, como quien busca sus
raíces. Las dos dimensiones prescinden de todas las infinitas
otras, dejan de lado cualquier otra ley que no sea la del instante
rectangular.


Queda colgada en el aire, para siempre por golpear su
pie, inconsciente de su viaje y de su imagen, pasiva frente al
impulso irreflexivo de mi mano. La mano también fue una
piedra arrojada por un anzuelo movido por hilos invisibles.
Pienso que, en el origen, todo fue una pedrada casual de un dios
perplejo. Esto es una piedra.












En la zona más lejana del país, los ñandúes empluman de
cenizas el verde que emerge del manto rojo. Los hombres abren
la tierra. Uno piensa si el color será fruto del jugo de las
revoluciones que hubo por allí, de las sucesivas destrucciones.
Abajo del manto herrumbrado viene el cimiento gris y amorfo,
duro como un trauma ancestral. Una chispa lo vuela todo.
Entonces, el basalto muestra sus oquedades forradas de
destellos filosos, preparados para hacer una droga de luz al
mínimo resquicio. Andan dispersas por el lugar rocas de
tamaños variados, inexpresivas por fuera, aspirando el celeste
con los dientes cristalinos sedientos de ser adorados,
convertidos en plata. Cáscara y pulpa de las frutas duras del
árbol subterráneo.


Encuentro una piedra con forma de huevo.
Absolutamente opaca, con incrustaciones de tierra. La guardo,
me la voy a llevar. Estoy resuelto a nunca partirla, para que en
su interior haya un cristal y al mismo tiempo no lo haya, para
que se geste en su mayor brillo la posibilidad.














Un río de piedras avanza por la gran vagina verde. Los labios se
abren al sol como una milhoja diversa. El surco de piedras se
llena, cada tanto y de repente, de piscinas cristalinas. Son
símbolos de un arroyo que es un brillo por abajo. Es joya
dentro de joya en un orgasmo perpetuo, que inunda el aire
quebrado de alegría que lubrica. Los pájaros salen del tajo
empapados y se hacen palabras.




“poemas desde un Peugeot rojo y una carretera quieta”, Civiles Iletrados,
Maldonado, 2010.