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lunes, 23 de enero de 2012

5846.- JONATAN LÉPIZ

Jonatan Lépiz Vega (1981) Costa Rica. Licenciado en sociología y Master en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Costa Rica.




Jonatan Lépiz Vega: Batallar contra la noche (contra la desesperación

La poesía de Jonatan Lépiz Vega pertenece a una tradición que se debate entre el compromiso y la desesperación, entre el ser y el tener, entre el espejismo de la esperanza y el vacío. La tensión de los opuestos siempre en pugna oscila entre el mundo íntimo y el mundo exterior. ¿No sé por qué le tememos horror a los opuesto? El desencanto se instala como un personaje más de una poesía que busca entre los restos de los metarrelatos, para descubrir el gobierno de las palabras. Al principio, me fue difícil leer Batallar contra la noche, -cuestión de gusto-, quizá. Me recordaba la estética de libros como Donde habita el cangrejo de Eduardo Langagne, Quiero escribir, pero me sale espuma de Pedro Shimose o el extraordinario Diario del Cuartel de Carlos María Gutiérrez. Claro, siempre es preocupante citar fuentes cuando no se conoce la enciclopedia de un autor. De allí se saca, que es mejor quedarse con el libro y buscar lo que nos quiere decir o lo que no nos quiere decir.



El poemario Batallar contra la noche es formado por cuatro secciones: 
"Amanecer de perros", "Restos para dos", "Cartas de un amigo ebrio" y "Postdata". La sección "Amanecer de perros" desarrolla el arquetipo del poeta desde la óptica de un yo convulsivo que pasea por la ciudad y un alter ego que se enmascara con las figuras del empresario, el bohemio y el amigo. Se encuentra también el poema que da título al libro, una especie de manifiesto estético que recoge elementos diversos:


"Tenía necesidad de estar solo...
y de sentirse tan desligado de lo que lo rodeaba
como un forastero en una ciudad
en cuya estación se perdió".
Roberto Arlt
Los elementos perfectos para un gran poema a mi alcance,
la navidad secándose en la sala,
la fosforecencia de los peces,
los ensayos de Houellebecq,
el queque roído del cumpleaños,
el ajedrez de incas y españoles
suspendido en pleno holocausto.


1:47 de la mañana,
el retrato de la santa cena de Dalí frente a mis ojos,
mi conciencia choca por las paredes
como una partícula en pleno spin.
El viento brújula sin calles,
corazón: casa de madera abandonada.


No deja de ser interesante que el hablante lírico aún tiene la esperanza de poder crear un "gran poema" con elementos cotidianos y a la vez alienígenas. También, admirar como los dos últimos versos contrastan con el resto del poema, es allí donde la tensión entre la tradición y la ruptura estalla como una botella contra el vacío. En la segunda sección "Restos para dos", el poeta se enfrenta a los opuestos mítico-históricos: el yo y el otro, el amor y el deseo. ¿Se ama lo que se desea? ¿Se desea lo que se ama? Los poemas de esta sección oscilan entre la intimidad y la exterioridad. El poema Andres Calamaro junto al calendario piensa: "Hay tan pocas mujeres solas" es un interesante muestra de como el universo es una brújula:


Al este de San José una mujer vuela por primera vez
traspasa sus miedos niños con olor a fracaso.
Al sur otra se abre el pecho en llamas
deja escapar jaulas,
sueña con andamios
y manos que acaricien su cuerpo.


(En Heredia vos amaestrás ornitorrincos
acaricias lomos de libros
que te recuerdan de pronto
y escuchás la lluvia alborotar la madrugada)


Al oeste una mujer piensa en su gata
en las orquídeas muertas
la nubosidad que lleva meses en sus ojos.
Al norte otra se revive sitiada por el frío
acurrucada en su llanto
deshecha en los regazos de un dios
que no llena por dentro


La tercera sección "Cartas a un amigo ebrio" recoge la obra traducidad del poeta de la Generación Beat: Alexander Mickiewicz. Indiscutiblemente, el poeta beat es una teatralización del ego del hablante lírico, una fórmula puesta en escena por Fernando Pessoa, y a la vez, condimentado con una mitificación de los poetas norteamericanos del siglo XX. El poeta beat se eleva en la homosexualidad, la drogadición y el alcoholismo, para descubrir la razón de la opresión. Libertad y tiranía son opuestos sociológicos, sino opuestos psicológicos. El ix poema de esta sección dice:
Maldita ciudad que me envenena
me abandona en pleno ataque de mis dudas
me transforma en esto que detesto
me humilla en cada caño
en cada elemento de asco que se filtra por mi boca
Maldito paisaje que me borra
me disminuye hasta el átomo sin sentido
hasta la molécula que por inercia no produce reacciones químicas


Luego del tiempo
de la migración absoluta de los árboles al precipicio de la nada
quiero perderme porque quiero
no porque ya no haya campo para mí en las pocilgas de concreto
en las ecuaciones invariables de la economía sin corazón


Maldito aposento este que me interroga
Maldita urbe que no siente
que desespera en la locura
en su continua borrachera de deshechos
de aguas putrefactas
de condena a las raíces y a la tierra


La última sección se titula "Postdata" es formada por un solo poema que le da el mismo nombre a la sección. El libro Batallar contra la noche se distingue por la claridad, la economía del lenguaje, por la originalidad de las metáforas. No es de extrañar que haya pasado desapercido en los medios periodísticos costarricenses, donde los periodista usan su posición para hacerse autobombo, para publicitar sus carreras literarias, mientras talentos como los de Jonatan Lépiz y otros tienen que arañar la realidad, para extraer verdaderas jobras.Desde la generación de la poesía social, no he visto otra generación con una riqueza cuantitativa y cualitativa, como la que en la primera década del siglo XXI, viene andando con paso firme en la Costa Rica actual.
http://los7ahorcados.blogspot.com/2010/08/jonatan-lepiz-vega-batallar-contra-la.html












HUMPHREY BOGART EN SLOW MOTION


I


Duras palabras para un hombre,
especialmente cuando está saliendo
de su dormitorio.
Philip Marlowe (Humphrey Bogart)
en “El sueño eterno”, 1946




Al otro lado de la ventana
la ciudad detenida por el humo del cigarro
la bocanada de los barcos que la cruzan
como adivino algún día poner mis manos
sobre su vientre


somos gangsters del recuerdo
asesinos a manos llenas


duros detectives de lo incierto
trajeados con un gabán
que disimula secuelas de dolor


rodamos por sets
pantallas


y descubrimos un poco tarde
que únicamente somos
el borrador de un guión
en blanco y negro




(De: condenar a los proscritos. Inédito)












ACETATO


Mirá si el veneno no se quita las marcas van quedando así metidas en la piel como un pozo de odio La lluvia era otra cosa servía para disimular los errores uno no pensaba que se acabara No es cierto que aprendamos de las cosas que vamos matando de a poquitos a veces cortamos bosques drenamos ríos y todo se va secando No recuerdo parcelas de este girar y girar el continuo buscar la música el abrazo Uno se va poniendo viejo la piel se va agriando ya ni los gatos se te acercan Nunca fui el bueno el feo o el malo y no me acuerdo de los duelos que perdí Mirá si el veneno no se quita todo se va secando las marcas van quedando metidas en la piel la lluvia es un pozo de odio te digo que nunca fui el bueno o el valiente no importa cuánto lo creyera nos vamos matando de a poquitos nunca aprendemos nada nunca recordalo como la música despacio así bien despacio como la música nos vamos yendo




(De: the usual suspects. Inédito)












EFECTO ESTROBOSCÓPICO


I


Acá crecen las hormigas que mutaron de mi llanto,
traen el olvido escondido entre sus larvas,
acá, donde obstinadamente le construyen un balcón
a la esperanza,
acá, en el lugar donde arrojé a los vientos
los pedazos de tu nombre por última vez




La espiral dibujada en la ventana
bien podría ser un texto impresionista
o el recuerdo de alguien lejano.
No es cierto que el corazón aprenda
a sopesar las tristezas
o que la lluvia
lave los áticos que amontonamos en el alma.


…Hace cuánto fui deseable para él. ¿Se podrá medir el deseo por
aparcamientos en su cama, por ese constante sentir su presencia
irrumpiendo en mi sexo?
¿Será algo más? algo inconmensurable a mis entrañas, el constante
tomarnos de las manos, el desayuno con miradas evasivas, las ansias
de conversación, esfumadas porque sí. ¿Será el deseo? ¡Será!,
será sentirme desplazada en su cuerpo por visiones de otras sábanas…
esta increíble obstinación de quererlo siempre desde siempre,
de quererlo acá… ¿cuál será entonces la forma de mi rostro?...


Esa mujer que pasa frente a la casa,
todos los días bajo la lluvia,
mide con sus pasos los rincones de silencio
que sostienen mi cama.
¿cómo será dibujarla a mano sobre el colchón?
¿cómo serán los paisajes de este cuarto con su cuerpo
adherido a las paredes?


…No recuerdo sus manos, no, ya no me acuerdo de los signos que
dibujó sobre mi rostro, los deseos que sació sobre mi piel…no la
reconozco ya entre las formas de la noche…solo esta angustia, este
bombeo innecesario del hastío…¿cómo nos perdimos uno al otro
en este continuo mar de figuras mitológicas?... este arrebatar de
la conciencia…no la recuerdo, pero presiento su existencia en el
país de mis ayeres y sé que construyó alguna ciudad o un puente,
la mezquita de los infames, demarcó algún territorio al anochecer,
separó las sombras de los días y se atrevió a caminar jornadas sin
destino…la presiento, pero no la reconozco, hace tanto y tan extraño…
¿fui yo el que la perdí? ¿la fui desdibujando adrede de mis
mapas?...


La espiral dibujada en la ventana
todos los días bajo la lluvia.
El recuerdo de alguien lejano...
No es cierto que el corazón aprenda a sopesar las tristezas
¿cómo será dibujarla a mano sobre las sábanas?
¿o que la lluvia lave los áticos que amontonamos en el alma?
¿cómo serán los paisajes de este cuarto
con su cuerpo adherido a las paredes?






II


Quedó el hábito de encenderse fuego frente al espejo,
recorrer con rabia los surcos de tristeza,
mirar de reojo los platos que nadie levanta,
lanzarle ratones al gato para que no salga de su esquina,
la ausencia de sentirse vieja desde entonces.


...nunca fui capaz de comprenderle esa manía por la evasión y los
silencios... nunca logré el acercamiento definitivo hasta su alma.
Tenía la necesidad de estar atento a ganar la batalla contra la
muerte. Yo no, yo tenía necesidad de otras cosas menos esquemáticas.
Él en los bares, destilando euforia y todo aquello que nos aleje
del deseo. Yo de arriba a abajo por las calles desiertas, extrañando
sus manos en mi cuerpo... yo de arriba a abajo sentía, lentamente,
los besos de su olvido... nada más humano que extrañarlo, necesitarlo,
hundirme desesperada en su recuerdo, y yo... no era más que
otro despojo...


Algo anda mal en esta cuidad
las señales de humo se deshacen con la lluvia...
las sombras amontonan gatos de miedo
en la fila del bus hacia la nada...
la noche deja caer notas de una música,
que acompasa la sobremesa del silencio.
Los acordes del recuerdo me dicen que algo va mal,
se desplaza por las heridas de las calles
y las peregrinaciones de fantasmas
durante estaciones completas...


...recuerdo su presencia imponderable, lágrimas de todos los fantasmas
que me esperan... La cuarta mañana intentaba esto del difícil
arte del retorno. No era la niebla lo que me impedía el regreso,
era esa extraña sensación, de estar retornando a una casa llena de
espíritus secándose en las habitaciones, como muebles congelados
por el tiempo... ¿alguna vez dibuje su rostro?... ahora no es más que
sombra parte de la sombra... ¿me atreví a desencadenar guerras en
su cuerpo?...


Los cigarros no están...
He descubierto que los trenes se marchan
aunque los andenes se resistan.
El viento que se nubla entre las fábricas
trae noticias viejas,
por más que me niegue a enumerar solsticios
no puedo esconder los rincones de los años...
Algo va mal y lo sé por los hongos en las casas,
por esta sensación de hacerme viejo de repente.
Los carros tienen una piedad extraña
en el letargo de su rito,
es el sonido de fondo
que retumba antes de lo irremediable...


...no me refiero a la niebla, a los eslabones de memorias desgajadas,
la ropa vieja amontonada en las maletas, los sueños que nunca
se cumplieron y todos los que se vinieron abajo antes de tiempo...
detalles que no pude retener: su cuerpo sobre mi cuerpo y sus ojos
absorbiéndome la vida... sigo sin encontrarla de manera definitiva
en el recuerdo, ¿será que fue?... ¿será que me pierdo en los retratos
de otras vidas?...


Algo va mal con esta soledad que me acorrala,
con estas necias tempestades,
el continuo esconder tras la mesa mis pequeños fracasos.
Ahora tengo la costumbre
de guardar las tazas de café frente a las puertas
cansado de mirarme en películas
en las que no recuerdo los actores...
Algo va mal, lo sé por los restos de este amor
que ahora descansa entre los charcos y las luces.




(De: Batallar contra la Noche, Editorial Costa Rica, 2007)